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El Mundo es ancho, hagámoslo nuestro |
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Entrevista
con Alvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, tras las elecciones Por
Mercedes López San Miguel (Página 12 – Argentina) El ex guerrillero dice que forma
parte de un proceso de transformación estructural de su país, que a
largo plazo será una sociedad comunitaria, postcapitalista.
En
las elecciones del domingo pasado el gobernante Movimiento Al Socialismo
(MAS) ganó, pero no avanzó todo lo que hubiera querido hacia el Oriente
del país. ¿Esto a que se debió? Yo diría que se avanzó mucho. En
el 2005, el presidente Evo obtuvo el 54 por ciento del electorado, en
gobernaciones sacamos el 18 por ciento y logramos tomar el control de tres
prefecturas. Hoy nuestro voto de gobernaciones llega al 53 por ciento,
pasamos de tres a seis. Hubiéramos querido avanzar más, pero en términos
realistas es una triplicación del porcentaje y una duplicación del número
de gobernaciones. Igual sucedió en municipios: en 2004 llegamos a obtener
100 alcaldías de un total de 330, hoy solamente como MAS tenemos entre
240 y 250 municipios. Quisiéramos tener los 330, ¿quién no?, pero es
una fuerte presencia territorial en el país, incluso en regiones de la
zona del Oriente en donde teníamos cero de presencia como en Santa Cruz,
en donde ahora vamos a bordear las 26 alcaldías. ¿Y
qué pasó con la alcaldía de Nos hubiera gustado ganar. En 2005
ni siquiera ganamos la prefectura y un años antes perdimos la alcaldía.
Lo que pasa que en elecciones municipales y regionales entran en juego
otros elementos. No se pusieron en juego proyectos de sociedad, de Estado
ni de economía, sino el ámbito doméstico de la gestión municipal. Más
que una elección de carácter político ha sido una votación en torno a
personalidades locales vinculadas con la capacidad de gestión local. La
oposición presentó un candidato con una buena experiencia, frente a la
candidata nuestra que no tenía esa trayectoria. Parece evidente que fuera por la
ruptura con el MSM y este llamado del presidente a votar sólo por el
partido gobernante.
¿Qué
responde a las críticas que se le hacen al gobierno de que existe un
personalismo de Evo Morales y que el partido se transformó en el único
posible? En ningún momento el MAS tiene la
intención de convertirse en partido único, porque incluso internamente
es una coalición de múltiples movimientos: campesinos, indígenas,
barriales, obreros, en sí mismo es la expresión de la amplia diversidad
clasista y cultural de nuestra sociedad. Adentro hay pluralidad, nosotros
estamos convencidos de la importancia de la pluralidad política. Buscamos
una mayor presencia territorial para mejorar la gestión. Tuvimos
gobernadores que se dedicaron a dar golpes de Estado y no a gestionar.
Habiéndose resuelto el gran debate político estructural de qué tipo de
sociedad deseamos construir quisiéramos que avance la industrialización,
porque tenemos buenos recursos. Queremos que la modernización avance rápido,
sin los obstáculos que tuvimos en 2007, 2008 y 2009. ¿Y
hacia dónde va este proceso socialista? Son tres pilares de transformación
estructural que han sido definidos por ¿Cuánto
afecta a este proceso la crisis mundial? Bolivia ha sido la economía que más
creció el año pasado en América Latina por dos motivos. El primero es
el énfasis en la importancia del mercado interno a través de la ampliación
de la demanda, las políticas sociales a los más excluidos, a los
asalariados, a los sectores agrícolas, que han ampliado el consumo de
bienes y de servicios y eso ha dinamizado la economía. La mitad del
crecimiento se debe a la propia dinámica de la demanda interna. Una parte
del excedente económico de la explotación de los recursos naturales se
retiene en el país. En el 2005, el porcentaje de la ganancia del gas con
el que se queda el Estado era del 30 por ciento, actualmente es entre el
68 y el 80. El otro tema son las reservas internacionales. Cuando llegamos
al gobierno eran de 1.700 millones de dólares, hoy tenemos 8.500 millones
de dólares. Hay una retención al excedente que le permite, aun en
tiempos de crisis, disponer de flujos monetarios que pueden ser utilizados
por el Estado para dinamizar la economía tanto en las exportaciones como
supliendo la caída de precios o en el ámbito del consumo interno.
Crecimos 3,5 por ciento, sin crisis hubiéramos crecido más. Redujimos la
pobreza extrema en ocho puntos en tres años. ¿Cómo
ve las relaciones con Argentina? Muy cordiales. No podemos dejar de
valorar el espaldarazo que nos dieron el Gobierno y el pueblo argentinos
en momentos complicados. Una vez en la confrontación con las empresas
petroleras, cuando hicimos la nacionalización que nos permitió aumentar
la retención, las empresas amenazaron con detener la explotación de los
campos y el gobierno argentino dijo que nos apoyaba, financieramente si
era necesario. Otra vez fue cuando se dio el golpe de Estado en 2008 por
parte de la coalición cívica y rápidamente se realizó un encuentro de
emergencia de ¿Cómo
ve la región, ahora que en Chile cambió el signo político y es probable
que suceda en Brasil? Es un momento excepcional para América
latina. Hay una oleada general de desneoliberalización de sus estructuras
económicas y políticas, unos más radicalmente y otros menos. Un nuevo
protagonismo del Estado, un reforzamiento de las políticas sociales en el
país, una búsqueda de equilibrio entre gestión y recursos estratégicos.
Es probable que quizá en algún país se dé un retroceso. Eso es
justamente lo previsible. Los países no son soldados, tienen ritmos
distintos, pero hay un humor colectivo, un sentido de hacia dónde se
tiene que ir. El sentido de la época es hacia adelante. El hecho de que
cada uno de nuestros países busca vías propias abandonando el recetario
neoliberal de los noventa hace que cada país enfrente de mejor manera el
bajón de la economía mundial. ¿Mejoraron
las relaciones con Estados Unidos con la administración Obama? No. Lamentablemente, no. La nueva
gestión de Obama trajo esperanza porque creíamos que podía haber un
giro de timón en esa actitud antagonista y en momentos conspirativa que
tuvo la administración Bush contra nosotros. Pero no sucedió.
Encontramos una continuidad de esas políticas: sigue el chantaje, sigue
la presencia de distintos despachos del Estado norteamericano y sus
intermediarios para entrometerse en nuestro país reclutando dirigentes
sociales, inculcándoles una formación deformada del concepto de
democracia y de desarrollo, promoviendo divisiones al interior de los
movimientos sociales, dejando de lado sus responsabilidades en la lucha
contra el narcotráfico, haciendo que recaigan todos los gastos en nuestro
país. Y en otras partes del continente Estados Unidos incrementa su
presencia militar con las bases en Colombia, el aumento de efectivos en
Perú, el uso de fuerzas armadas de modo innecesario en la crisis
haitiana. El apoyo al golpe en Honduras. No vemos un cambio de actitud con
el continente y menos hacia Bolivia. Continúa la actitud contenciosa y
agresiva. Pese a ello nosotros tendemos la mano. En
Argentina se aprobó una ley que apunta a desmonopolizar los medios de
comunicación. ¿Prevén impulsar algún proyecto en este sentido? Fue un gran avance lo que aprobó
Argentina. En Bolivia hay un debate interno de los periodistas para
modificar la legislatura sobre los medios de comunicación. Más que la
concentración de medios existe una "partidización" que es
igual de nefasta. Ante el colapso de los partidos tradicionales, algunos
medios, amparándose en la libertad de expresión, convirtieron sus
canales de televisión y radios en plataformas de campaña política
permanente. Hemos denunciado ese hecho y esperado un debate del gremio de
los periodistas. Lo vemos saludable. En algún momento ese debate en la
sociedad civil podría trasladarse a una norma legal. Es importante que
emerja como iniciativa de la sociedad civil para que no sea asumida como
una intromisión. Fuente: http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/elmundo/4-143629-2010-04-10.html . . . . . . . . . . . Bolivia:
un nuevo movimiento contra el cambio climático Por
Naomi Klein
Sin embargo, los países ricos
tienen poco interés en aprender estas lecciones y, al contrario,
promueven un plan que, en el mejor de los casos, incrementaría la
temperatura global promedio en dos centígrados. Eso implicaría que se
derritieran los glaciares de los Andes y los Himalaya, le dijo Morales a
las miles de personas reunidas en el estadio, como parte de La cumbre climática en Bolivia ha
tenido sus momentos de alegría, levedad y absurdos. Sin embargo, en el
fondo, se siente la emoción que provocó este encuentro: rabia contra la
impotencia. No hay por qué sorprenderse.
Bolivia está en medio de una dramática transformación política, una
que nacionalizó las industrias clave y elevó como nunca antes las voces
de los indígenas. Pero en lo que se refiere a su crisis existencial más
apremiante –el hecho de que sus glaciares se derriten a un ritmo
alarmante, lo cual amenaza el suministro de agua en dos de las principales
ciudades–, los bolivianos no pueden cambiar su destino por sí solos. Eso se debe a que las acciones que
provocan el derretimiento no se realizan en Bolivia, sino en las
autopistas y las zonas industriales de los países fuertemente
industrializados. En Copenhague, los dirigentes de las naciones en
peligro, como Bolivia y Tuvalu, argumentaron apasionadamente en favor del
tipo de reducciones a las emisiones de gases que podrían evitar una catástrofe.
Amablemente les dijeron que la voluntad política en el Norte simplemente
no existía. Y más: Estados Unidos dejó claro que no necesitaba que países
pequeños como Bolivia fueran parte de una solución climática. Negociaría
un acuerdo con otros emisores pesados a puerta cerrada y el resto del
mundo sería informado de los resultados e invitado a firmar, lo cual es
precisamente lo que ocurrió con el Acuerdo de Copenhague. Cuando Bolivia
y Ecuador rehusaron aprobarlo en automático, el gobierno estadunidense
recortó su ayuda climática en 3 millones y 2.5 millones de dólares,
respectivamente. No es un proceso de a gratis, explicó Jonathan Pershing,
negociador climático estadunidense. (Aquí está la respuesta para
cualquiera que se pregunte por qué los activistas del Sur rechazan la
idea del apoyo climático y, en cambio, demandan el pago de deudas climáticas.)
El mensaje de Pershing era escalofriante: si eres pobre, no tienes derecho
a priorizar tu propio supervivencia.
El gobierno boliviano arrancó las
discusiones proponiendo cuatro grandes ideas: que se debería otorgar
derechos a la naturaleza, que protejan de la aniquilación a los
ecosistemas (una declaración universal de los derechos de la madre
tierra); que aquellos que violen esos derechos y otros acuerdos
ambientales internacionales deberían enfrentar consecuencias legales (un
tribunal de justicia climática); que los países pobres deberían recibir
varios tipos de compensación por una crisis que ellos enfrentan pero
tuvieron poco que ver en crear (deuda climática), y que debería haber un
mecanismo para que la gente en el mundo exprese sus puntos de vista sobre
estos temas (un referéndum mundial de los pueblos sobre cambio climático). La siguiente etapa fue invitar a
la sociedad civil global a ir discutiendo los detalles. Se instalaron 17
grupos de trabajo y después de semanas de discusión en línea se
reunieron durante una semana en Cochabamba, con el fin de presentar sus
recomendaciones finales al término de la cumbre. El proceso es fascinante
pero lejos de ser perfecto (por ejemplo, como señaló Jim Shultz de
Democracy Center, al parecer, el grupo de trabajo sobre el referendo
invirtió más tiempo discutiendo si añadir una pregunta sobre abolir el
capitalismo que discutiendo cómo se le hace para llevar a cabo una
consulta global). Sin embargo, el entusiasta compromiso de Bolivia con la
democracia participativa podría ser la contribución más importante de
la cumbre. Esto porque luego de la debacle de
Copenhague un tema de discusión tremendamente peligroso se volvió viral:
la verdadera culpable del fracaso era la democracia en sí. El proceso de Con la cumbre de Cochabamba,
Bolivia intenta globalizar lo que logró a escala nacional e invitar al
mundo a participar en redactar una agenda climática conjunta, antes del
próximo encuentro sobre cambio climático de Si está en lo correcto, el proceso boliviano podría no sólo salvar a nuestro planeta que está calentándose, sino también a nuestras democracias en vías del fracaso. No está mal el trato. . .. . . . . . . . . La
política de desarme del gobierno Obama Por:
José Luis Fiori
Después de quince meses de discursos e indecisiones, el presidente Barak
Obama consiguió transformar en hechos, lo que desea ser la marca de su
política exterior, dirigida al desarme y al control nuclear. En el inicio
del mes de abril, Obama redefinió la estrategia nuclear de los Estados
Unidos, prometiendo no utilizar más armas atómicas contra países que no
las posean y que hayan firmado o cumplan con el Tratado de No proliferación
Nuclear (TNP). Luego, de inmediato, el día 8 de abril, Barak Obama firmó
– en Praga – un acuerdo con el presidente ruso Dimitry Mevedev, con el
objetivo de reducir el arsenal nuclear de las dos mayores potencias atómicas
el mundo. Y cuatro días después, Barak Obama lideró la reunión de Hasta aquí la retórica y la puesta en escena fueron perfectas, pero los límites
y las contradicciones de esta nueva propuesta de desarme del presidente
Obama, son muy visibles. En primer lugar, lo que él llamó “nueva
estrategia nuclear norteamericana” no pasa de una decisión y de un
compromiso verbal que puede ser revertido y abandonado en cualquier
momento, dependiendo de las circunstancias y de una decisión arbitraria
de los propios Estados Unidos. En segundo lugar, el acuerdo entre los
presidentes Obama y Mevedev contempla una reducción insignificante y casi
simbólica, de sus arsenales atómicos, permitiendo al mismo tiempo, la
substitución y modernización de las cabezas nucleares de los vectores
existentes. Además de eso, el nuevo acuerdo de desarme no incluye ninguna
discusión con respecto al aumento geométrico de los gastos militares
norteamericanos en este año 2010, ni en relación al perfeccionamiento de
los nuevos vectores X 51 de
Los reveses económicos y militares de los Estados Unidos, en la primera década
del Siglo XXI, alcanzaron al proyecto de poder global de EE.UU., pero él
no fue abandonado. Hoy está en curso un realineamiento interno de las
fuerzas dentro del establishment norteamericano – como ocurrió en la década
del ´70 – y de esta lucha interna podrá surgir una nueva estrategia
internacional como pasó en los años ´80, durante el gobierno de Reagan.
Pero estos procesos de realineamiento suelen ser lentos y sus resultados
dependerán de la propia lucha interna y de los desdoblamientos de los
conflictos externos en que los Estados Unidos están involucrados. De
cualquier manera, lo que es importante comprender es que sea cual fuere
del resultado de esta disputa interna,
los EE.UU. no se retirarán voluntariamente del poder global que ya
conquistaron y no renunciarán a su futura expansión. La política
exterior de las potencias globales tiene una lógica propia, y por eso
mismo, con o sin política de desarme, los Estados Unidos deberán seguir
aumentando su capacidad militar de forma continua, y a una velocidad que
crecerá en los próximos años, en la medida en que se aproxime la hora
de la superación de la economía norteamericana por la economía china. . .. . . . . . . . . En
el euro se decide el destino de Por: Jürgen Habermas
Días decisivos: Occidente celebra el 8 de mayo y Rusia el 9 de mayo la
victoria sobre La canciller llegó desde Bruselas, donde había tratado de una derrota de
un tipo completamente distinto. La imagen de la conferencia de prensa en
la que se anunció la decisión de los jefes de Gobierno de Mientras que en Moscú Merkel estaba a la sombra de la tradición de la
antigua República Federal, este 8 de mayo pasado, en Bruselas, la
canciller dejaba tras sí algo distinto: la lucha de semanas de una
empedernida defensora de los intereses nacionales del Estado económicamente
más poderoso de Hasta que no se ha producido la última conmoción bursátil, la canciller
no ha cedido, ablandada por el masaje anímico colectivo del presidente de
Estados Unidos, del Fondo Monetario Internacional y del Banco Central
Europeo. Por temor a las armas de destrucción masiva de la prensa
amarillista parecía haber perdido de vista la potencia de las armas de
destrucción masiva de los mercados financieros. No quería de ninguna
manera una eurozona sobre la que el presidente de La
cesura Desde entonces, todos los afectados empiezan a vislumbrar el alcance de la
decisión que se tomó el 8 de mayo de 2010 en Bruselas. Las medidas de
emergencia sobre el euro adoptadas de la noche a la mañana han tenido
consecuencias distintas de las de todos los bail outs habidos hasta
la fecha. Como ahora es El hecho de que a partir de ahora los contribuyentes de la zona euro avalen
solidariamente los riesgos presupuestarios del resto de los Estados
miembros supone un cambio de paradigma. Se ha tomado conciencia así de un
problema reprimido desde hacía mucho tiempo. La crisis financiera,
amplificada a crisis de Estado, nos trae el recuerdo de los errores
originales de una Unión Política incompleta que se ha quedado a mitad de
camino. En un espacio económico de dimensiones continentales, sumamente
poblado, surgió un Mercado Común con una moneda parcialmente común, sin
que al mismo tiempo se introdujeran competencias que sirvieran para
coordinar eficazmente las políticas económicas de los Estados miembros.
Incluso la sección de Economía del Frankfurter Allgemeine Zeitung
considera que "la unión monetaria está en la encrucijada". El
periódico atiza con un escenario de horror la nostalgia por el marco alemán
en contra de los "países con monedas débiles", mientras que
una amoldable canciller habla repentinamente de que los europeos deben
buscar "una mayor integración económica y financiera". Pero no
hay, a lo ancho y a lo largo, huella alguna de la conciencia de una
profunda cesura. Unos confunden la conexión causal entre la crisis del
euro y la crisis bancaria y apuntan exclusivamente el desastre a la falta
de disciplina presupuestaria. Otros se afanan denodadamente en reducir el
problema de la falta de coordinación entre las políticas económicas
nacionales a una mera cuestión de mejora de la gestión. Los países de la zona euro se enfrentan a la alternativa entre una
profundización de la cooperación europea y la renuncia al euro. No se
trata de la "vigilancia recíproca de las políticas económicas"
(Trichet), sino de una actuación común. Y la política alemana está mal
preparada para esto. Cambio
generacional y nueva indiferencia Tras el Holocausto, hicieron falta esfuerzos de décadas -desde Adenauer y
Heinemann, pasando por Brandt y Helmut Schmidt, hasta Weizsäcker y Kohl-
para el retorno de El manifiesto interés de los alemanes por una unificación europea pacífica
no era suficiente para desactivar la desconfianza hacia ellos, históricamente
fundamentada. Los alemanes occidentales parecían conformarse con la
división nacional. A ellos, con el recuerdo de sus excesos nacionalistas,
no habría de resultarles difícil renunciar a la reivindicación de sus
derechos de soberanía, asumir en Europa el papel del principal
contribuyente neto y, si hacía falta, adelantar créditos que, en
cualquier caso, redundaban en beneficio de
Hoy las élites alemanas disfrutan de una recuperada normalidad nacional
estatal. Al final de un largo camino hacia Occidente han adquirido
su certificado de madurez democrática y pueden volver a ser como los
demás. Ha desaparecido aquella nerviosa disposición a acomodarse con
mayor prontitud a la constelación posnacional de un pueblo vencido también
moralmente y obligado a la autocrítica. En un mundo globalizado todos
deben aprender a incorporar a la propia perspectiva la de los otros, en
vez de retraerse a la mezcla egocéntrica de esteticismo y optimización
del beneficio. Un síntoma político del retroceso de la disposición a
aprender son las sentencias sobre los tratados de Maastricht y Lisboa del
Tribunal Constitucional alemán, que se aferran a superados dogmatismos
jurídicos relativos a la soberanía. La mentalidad del ensimismado coloso
centroeuropeo, que gira en torno a sí misma y que carece de ambición
normativa, ya no es ni siquiera garantía de que La
adormecida conciencia de crisis Cambiar de mentalidad no es razón alguna para hacer reproches; pero la
nueva indiferencia tiene consecuencias para la percepción política del
desafío actual. ¿Quién está realmente dispuesto a sacar de la crisis
bancaria aquellas conclusiones que la cumbre del G-20 de Londres plasmó
en bellas declaraciones de intenciones... y a luchar por ellas? Por lo que respecta a la doma del asilvestrado capitalismo financiero, nadie
puede engañarse sobre la voluntad mayoritaria de las poblaciones. Por
primera vez en la historia del capitalismo, en el otoño de 2008 sólo
pudo salvarse la columna vertebral del sistema económico mundial,
impulsado por los mercados financieros, gracias a las garantías de los
contribuyentes. Y este hecho -que el capitalismo no pueda ya reproducirse
por sus solas fuerzas- se ha fijado desde entonces en las conciencias de
los ciudadanos que, como ciudadanos-contribuyentes, tuvieron que salir
fiadores del fracaso del sistema. Las exigencias de los expertos están sobre la mesa. Se está hablando sobre
el aumento de los fondos propios de los bancos, una mayor transparencia
para las actuaciones de los fondos especulativos de inversión, la mejora
de los controles de las bolsas y las agencias de calificación de riesgos
financieros, la prohibición de instrumentos especulativos llenos de
imaginación pero dañinos para las economías nacionales, la imposición
de una tasa a las transacciones financieras, el reforzamiento de las
provisiones bancarias, la separación de la banca de inversión y
comercial o la disgregación preventiva de los complejos bancarios demasiados
grandes para caer. En la cara de Josef Ackermann, presidente del
Deutsche Bank y astuto lobbista mayor de la banca alemana, se
reflejaba un cierto nerviosismo cuando la periodista televisiva Maybrit
Illner le daba a elegir entre algunos de estos "instrumentos de
tortura" de los legisladores. No es que la regulación de los mercados financieros sea tarea sencilla.
Para llevarla a cabo también se requiere, sin duda, el conocimiento
especializado de los banqueros más taimados. Pero las buenas intenciones
fracasan no tanto por la complejidad de los mercados como por la
pusilanimidad y falta de independencia de los Gobiernos nacionales.
Fracasan por una apresurada renuncia a una cooperación internacional que
se ponga como fin el desarrollo de las capacidades de actuación políticas
de las que se carece... y ello en todo el mundo, en En épocas de crisis, incluso los individuos pueden hacer historia. Nuestra
enervada élite política, que prefiere seguir los titulares del Bildzeitung,
no puede convencerse a sí misma de que son las poblaciones quienes
impiden una unificación europea más profunda. Saben perfectamente que el
retrato demoscópico de la opinión de la gente no es lo mismo que el
resultado de la formación de una voluntad democrática deliberativamente
constituida de los ciudadanos. Hasta hora, no ha habido en país alguno
una sola elección europea o un solo referéndum en el que se haya
decidido sobre algo que no sean temas y listas electorales nacionales. Sin
mencionar siquiera la miopía nacional-estatal de la izquierda (y aquí no
hablo sólo del partido alemán Con un poco de nervio político, la crisis de la moneda común puede acabar
produciendo aquello que algunos esperaron en tiempos de la política
exterior común europea: la conciencia, por encima de las fronteras
nacionales, de compartir un destino europeo común.
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