DOSSIERS - documentos de análisis y debate

 

 

 


En esta edición, la sección Dossier de Ñuqanchik, se enriquece con el aporte de Maruja Martínez Castilla y su ensayo: "Trovador de un mundo en ocaso, Flores Galindo: la historia como pasión"


  1. LA PROPUESTA DE EVO MORALES / GARCIA LINERA EN BOLIVIA:
    ¿UN CAPITALISMO ANDINO-AMAZÓNICO?
    -
    Eric Toussaint

  2. POBREZA, DESIGUALDAD Y DESARROLLO EN EL PERÚ 2008-2009 - INFORME ANUAL 

  3. CIUDADANIA INTERNACIONAL - Noam Chomsky

  4. ROMPER EL CERCO OPRESOR: UTOPIA Y REALIDAD EN LA POESÍA 
    DE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS
    -
    Manuel Larrú Salazar

  5. Del Capitalismo como "sistema parásito" - Zygmunt Bauman

  6. De Quimeras y Chiméricas (CHINA-EEUU) - Opinión Sur

  7. EL LENGUAJE COMO MÍSTICA, MITO Y ÉTICA - Waldimir Sierra

  8. La nueva ofensiva imperialista en America Latina - La jugada del Caribe - Rebelión

  9. El último capítulo del marxismo filosófico - Beatriz Sarlo

  10. El posneoliberalismo y sus bifurcaciones - Ana Esther Ceceña

  11. "Trovador de un mundo en ocaso, Flores Galindo: la historia como pasión" - Maruja Martínez C.

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LA PROPUESTA DE EVO MORALES / GARCIA LINERA EN BOLIVIA:
¿UN CAPITALISMO ANDINO-AMAZÓNICO?

 

Por Eric Toussaint

Enfrentamientos izquierda-derecha en Venezuela y Bolivia 

Venezuela y Bolivia sufren verdaderas batallas entre la izquierda en el gobierno y la derecha que, a pesar de estar en la oposición, posee el poder económico y mediático, sin contar los poderosos apoyos que cuenta en el aparato del Estado —ministerios, justicia, una parte del ejército y en la jerarquía religiosa (sobre todo católica y protestante)—.

En Venezuela, las batallas más agresivas libradas por la derecha comenzaron después del tercer año del gobierno de Chávez, es decir a comienzos del 2002. Tomó la forma de grandes enfrentamientos, como en el golpe de Estado de abril de 2002, en el lock-out patronal de diciembre de 2002 - enero de 2002, en la ocupación de la plaza Altamira en Caracas por generales sediciosos y dirigentes de la oposición política. Y estos actos comenzaron a disminuir su intensidad después de agosto 2004, gracias a la victoria del No en el referéndum revocatorio del presidente Chávez[2] . Desde entonces, la derecha busca ocasiones para retomar la iniciativa, pero su capacidad de movilización se ha reducido mucho.

En Bolivia, la derecha entabló verdaderas batallas en 2007 y 2008, después de menos de dos años de gobierno de Morales. Utilizó muchas veces la violencia y eligió una estrategia de batallas frontales en 2008. La victoria de Evo Morales en el referéndum revocatorio de agosto de 2008, con el 67,43 % de los votos[3] , no condujo a una reducción de la violencia de la derecha. Por el contrario, esta violencia fue in crescendo durante varias semanas después de su fracaso en el referéndum, especialmente porque se sentía capaz de reunir una mayoría en varios departamentos clave del este del país. La muy fuerte reacción del gobierno y la movilización popular frente al asesinato de partidarios de Evo Morales en el departamento de Pando (unido a la condena internacional, en particular por UNASUR, que se reunió de manera extraordinaria en septiembre de 2008 para aportar su apoyo al gobierno constitucional) acabaron en un armisticio (provisorio) . Después de un año de boicot, la derecha se comprometió a aceptar la organización de un referéndum sobre la nueva Constitución, que desembocó en una nueva victoria de Morales a fines de enero de 2009, ya que fue aprobada por el 62 % de los votantes.

Retorno sobre los enfrentamientos en Bolivia en 2008

En el año 2008 el gobierno de Evo Morales tuvo que hacer frente a la violenta oposición de una derecha que representa los intereses de la clase capitalista local (industriales, grandes terratenientes y grupos financieros) , vinculada a los intereses de transnacionales privadas que explotan los recursos naturales (petróleo gas, diversos minerales). El vicepresidente, Álvaro García Linera, presentó en una entrevista[4] una visión estratégica de este enfrentamiento. Parte del hecho comprobado de que la derecha, negándose a aceptar su posición de fuerza política minoritaria optó por la secesión de los ricos departamentos orientales[5] . Describe a continuación la política seguida por el gobierno, que rechazó repetidamente el enfrentamiento antes de recurrir a la fuerza. He aquí algunos párrafos destacables de la entrevista:

«La derecha no estaba dispuesta a ser incluida en el proyecto nacional-popular como fuerza minoritaria y dirigida, y optaba por la conflagración territorial La lucha por el poder se acercaba al momento de su resolución bélica o última, en la medida en que en última instancia, el poder del Estado es coerción. A esto es que denominamos “punto de bifurcación”, o momento en que la crisis de Estado, iniciada ocho años atrás, se resuelve ya sea mediante una restauración del viejo poder estatal o bien mediante la consolidación del nuevo bloque de poder popular. […]

»Tras los resultados del referéndum aprobatorio en agosto, el bloque cívico-prefectural [es decir la derecha, nota del autor] inició su escalada golpista: toman las instituciones, esperamos; atacan a la policía, esperamos; destruyen y saquean las instituciones públicas en cuatro departamentos, esperamos; desarman a soldados, esperamos; toman aeropuertos, esperamos; destruyen ductos, esperamos. Ellos mismos se lanzan desbocados a un callejón sin salida.[…]»

Y viene Pando…

«El prefecto desata la masacre de Pando[6] en un intento de dar una señal de escarmiento a los líderes populares… y este acto colma la tolerancia de la totalidad de la sociedad boliviana. La masacre de campesinos igualará a los prefectos con su mentor, Sánchez de Losada [el presidente derrocado en octubre de 2003 par la ira popular] o García Meza[7] , y pondrá en manos del Estado la obligatoriedad de una intervención rápida, contundente, en defensa de la democracia y la sociedad. Y sin dudar un solo segundo, se lo hará en el eslabón más débil de la cadena golpista, Pando. Se tratará del primer estado de sitio en la historia boliviana dictado en defensa y protección de la sociedad, encontrando el pleno apoyo de la población, horrorizada por la acción de los golpistas.

Esto, sumado al rechazo internacional de los golpistas, detendrá en seco la iniciativa cívico-prefectural, dando lugar a su repliegue desordenado. Es el momento de una contraofensiva popular, cuya primera línea de acción serán las organizaciones sociales y populares del propio departamento de Santa Cruz[8] . No sólo campesinos y colonizadores[9] se movilizaron, sino también pobladores de los barrios plebeyos de Santa Cruz y especialmente jóvenes urbanos, quienes, en memorables jornadas de resistencia a las bandas fascistas, defenderán sus distritos y quebrarán el dominio clientelar de las logias cruceñas.

»La contundencia y la firmeza de la respuesta político-militar del gobierno contra el golpe, sumada a la estrategia de movilización social en Santa Cruz y hacia Santa Cruz, creó una articulación virtuosa social-estatal pocas veces vista en la historia política de Bolivia. Esa era la dimensión y la extensión general del “ejército” y las “divisiones movilizadas” en contra del golpe. Esa era la fuerza de choque que el proyecto indígena-popular desplegaba para el momento definitorio de fuerza. La derecha evaluó sus fuerzas de choque aisladas y en desbandada, comprobó la voluntad política del mando indígena-popular que estaba dispuesto a todo y prefirió abdicar de sus propósitos y rendirse. De este modo, se cierra el ciclo de la crisis estatal, de la polarización política y se impondrá, en una medición bélica de fuerzas sociales, la estructura duradera del nuevo Estado.»
García Linera prosigue estableciendo un paralelo histórico:

«Una cosa parecida sucedió el año 1985[10] , cuando los mineros, que eran el núcleo del Estado nacionalista, se rindieron ante las divisiones del ejército que resguardaban el proyecto neoliberal. Hoy le tocó al bloque empresarial- terrateniente asumir la derrota y dar paso a la nueva correlación de fuerzas políticas de la sociedad. A su modo, septiembre-octubre del 2008 tendrá el mismo efecto estatal que la derrota de la “marcha por la vida” de los mineros de 1986. Sólo que ahora será el bloque plebeyo el que festejará la victoria y las elites adineradas tendrán que asumir su derrota histórica. [...]».

Hasta aquí, García Linera desarrolla un punto de vista optimista sobre la derrota política de la derecha, pero más adelante en la entrevista, él mismo señala que a ésta no le faltan puntos de apoyo para reaccionar y tratar de recuperar la iniciativa para acabar con la experiencia de izquierda en curso:

«La burguesía rentista e intermediaria ya no tiene a las empresas petroleras como generosas financistas de sus ingresos. La red clientelar agraria que los rentistas de la tierra crearon en el ámbito agroindustrial se ha debilitado enormemente con la presencia de la empresa estatal de alimentos EMAPA, y la presencia pública en la cadena soyera, triguera, arrocera llega entre un 20 a un 30 % del total de la producción. Pero aún el bloque opositor irreductible conserva otros espacios importantes de poder agrario[11] , comercial y financiero, y eso le da a la larga capacidad de agregación, presión y confrontación. Pero hoy, y eso puede durar unos años, lo que no tiene es un proyecto de Estado; cuánto tiempo no lo tendrá, quién sabe, pero tiene un proyecto de tratar de impedir que siga avanzando el proyecto popular.

A diferencia de las clases populares, que en 1985 son derrotadas, y materialmente son desestructuradas para dar lugar a un ciclo lento de reorganización n, la derecha no. La derecha ha sufrido un golpe político, ha perdido el mando del Estado, ha perdido la capacidad de seducir estatalmente a la sociedad, pero tiene mucho poder económico todavía. Es distinta la forma de consolidación del punto de bifurcación cuando es el sector popular el derrotado, política y materialmente, que cuando se trata del sector empresarial, porque puede perder en lo político pero conserva poder económico que le permite tener poder de veto permanente.»

Reivindicaciones de los pueblos indígenas originarios[12] y progresos en la Constitución de 2009

Para entender el proyecto político indigenista defendido por importantes organizaciones relacionadas con el MAS, el partido que llevó a Evo Morales a la presidencia de Bolivia, hay que remitirse al Pacto de Unidad, hecho público en septiembre del 2006 para preparar la Asamblea Constituyente.

Autonomía:

«La autonomía indígena, originaria y campesina, en tanto que eje fundamental del proceso de descolonización  y de autodeterminación, es la condición y la base de libertad de nuestros pueblos y naciones. Ella se basa en unos principios fundamentales, generadores de unidad y de articulación social, económica y política, no solamente entre nuestros pueblos y naciones, sino igualmente en la sociedad en su conjunto. Ella tiende a la construcción permanente de una vida plena, entera, mediante formas propias de representación, administración y propiedad de nuestro territorio.»

Régimen de bienes raíces y territorial:

«El derecho original sobre los recursos no renovables pertenece a las naciones y los pueblos indígenas originarios y campesinos. La propiedad de los recursos no renovables, en cuanto a ella, en partes iguales a las naciones y los pueblos indígenas originarios y campesinos y al Estado unitario plurinacional.» Esta formulación está sujeta a diferentes interpretaciones. En efecto, lo que tiende a predominar en la política del gobierno de Evo Morales es la explotación de los recursos naturales por el Estado, como afirma con toda claridad el vicepresidente de la República en una reciente entrevista (véase más adelante «la explotación de los recursos petroleros de la región amazónica de Bolivia»).

Latifundio:

«[El Estado] debe distribuir las tierras de manera equitativa, garantizar los derechos y necesidades actuales y futuras de las naciones y los pueblos originarios y campesinos y velar por el bienestar del conjunto de la población.»

Educación:

«La prioridad del Estado plurinacional es dar a la educación, pilar fundamental, un carácter intracultural, intercultural, pluricultural y plurilingüe, en todos los escalones y bajo diversas formas; conforme con la diversidad étnica y lingüística del país, la enseñanza y la administración utilizarán prioritariamente la lengua indígena, el español después como lengua de comunicación intercultural.»

El Pacto de Unidad reclama también la coexistencia de los sistemas jurídicos indígenas originarios y campesinos con el sistema jurídico occidental y la creación de un cuarto poder independiente del Estado: el poder social instituyente alternativo que encuentra su fuente en los movimientos sociales. El tema del poder social plurinacional fue ampliamente debatido, en tanto que «cuarto poder» de carácter civil y corporativo (sus miembros serían elegidos por los usos y costumbres y por sufragio universal).Tendría como atribución «velar y controlar» los poderes del Estado y la facultad de sancionar, manteniéndose independiente de los mismos —un idea que finalmente no fue recogida en la Nueva Constitución Política del Estado (NCPE)—.

La nueva Constitución, aprobada finalmente en enero del 2009 en referéndum constitucional por el 62 % de los votos, constituye un adelanto para los pueblos indígenas y originarios. Esta Constitución garantiza, entre otras cosas, el reconocimiento de las lenguas indígenas, el reconocimiento de los derechos de las naciones y pueblos indígenas al ejercicio de su propio sistema político, jurídico y económico, el establecimiento de territorios «indígenas originarios campesinos» dotados de competencias en términos de definición de la forma propia de desarrollo, de la administración de la justicia indígena, de la gestión de los recursos naturales renovables, etc. Estos derechos están garantizados en varias partes de la Constitución. A continuación la versión integral de la Parte I , Título II, Capítulo 4 de la nueva constitución boliviana:

DERECHOS DE LAS NACIONES Y PUEBLOS INDÍGENAS ORIGINARIOS CAMPESINOS

Artículo 30.

I. Es nación y pueblo indígena originario campesino, toda la colectividad humana que comparta identidad cultural, idioma, tradición histórica, instituciones, territorialidad y cosmovisión, cuya existencia es anterior a la invasión colonial española.
II. En el marco de la unidad del Estado y de acuerdo con esta Constitución las naciones y pueblos indígena originario campesino gozan de los siguientes derechos:
1. A existir libremente.
2. A su identidad cultural, creencia religiosa, espiritualidades, prácticas y costumbres, y a su propia cosmovisión.
3. A que la identidad cultural de cada uno de sus miembros, si así lo desea, se inscriba junto a la ciudadanía boliviana en su cédula de identidad, pasaporte u otros documentos de identificación con validez legal.
4. A la libre determinación y territorialidad.
5. A que sus instituciones sean parte de la estructura general del Estado.
6. A la titulación colectiva de tierras y territorios.
7. A la protección de sus lugares sagrados.
8. A crear y administrar sistemas, medios y redes de comunicación propios.
9. A que sus saberes y conocimientos tradicionales, su medicina tradicional, sus idiomas, sus rituales y sus símbolos y vestimentas sean valorados, respetados y promocionados.
10. A vivir en un medio ambiente sano, con manejo y aprovechamiento adecuado de los ecosistemas.
11. A la propiedad intelectual colectiva de sus saberes, ciencias y conocimientos, así como a su valoración, uso, promoción y desarrollo.
12. A una educación intracultural, intercultural y plurilingüe en todo el sistema educativo.
13. Al sistema de salud universal y gratuito que respete su cosmovisión y prácticas tradicionales.
14. Al ejercicio de sus sistemas políticos, jurídicos y económicos acorde a su cosmovisión.
15. A ser consultados mediante procedimientos apropiados, y en particular a través de sus instituciones, cada vez que se prevean medidas legislativas o administrativas susceptibles de afectarles. En este marco, se respetará y garantizará el derecho a la consulta previa obligatoria, realizada por el Estado, de buena fe y concertada, respecto a la explotación de los recursos naturales no renovables en el territorio que habitan[13] .
16. A la participación en los beneficios de la explotación de los recursos naturales en sus territorios.
17. A la gestión territorial indígena autónoma, y al uso y aprovechamiento exclusivo de los recursos naturales renovables existentes en su territorio sin perjuicio de los derechos legítimamente adquiridos por terceros.
18. A la participación en los órganos e instituciones del Estado.

III. El Estado garantiza, respeta y protege los derechos de las naciones y pueblos indígena originario campesinos consagrados en esta Constitución y la ley.

Artículo 31.

I. Las naciones y pueblos indígenas originarios en peligro de extinción, en situación de aislamiento voluntario y no contactado serán protegidos y respetados en sus formas de vida individual y colectiva.

II. Las naciones y pueblos indígenas en aislamiento y no contactados gozan del derecho a mantenerse en esa condición, a la delimitación y consolidación legal del territorio que ocupan y habitan.

Artículo 32

El pueblo afro-boliviano goza, en todo lo que corresponda, de los derechos económicos, sociales, políticos y culturales reconocidos en la Constitución para las naciones y pueblos indígena originarios campesinos.

La prueba del poder para el MAS

El partido del presidente Evo Morales, el MAS-IPSP (Movimiento Al Socialismo – Instrumento Político para la Soberanía de los Pueblos) tiene la particularidad de haber sido creado, a finales del los años 90, por organizaciones sindicales campesinas[14] . En lo que respecta a la naturaleza social del MAS, Pablo Stefanoni[15] se pregunta actualmente si no sería más interesante estudiar este movimiento político en tanto que partido de pequeños propietarios rurales y urbanos (comerciantes, pequeños empresarios) de origen indígena. Desde este punto de vista se modifica la comprensión de esta organización política, vista hasta aquí como una emanación de los movimientos sociales de los más oprimidos. En efecto, se trata de pequeños propietarios, que sería un error marginar, pues encajan perfectamente en un proceso de construcción de una sociedad alternativa a la capitalista, una sociedad de transición hacia el socialismo. Stefanoni plantea otra pregunta que profundiza el interrogante: «La acumulación familiar —rebautizada “capitalismo andino”— ¿no se basa de todos modos en formas de explotación y autoexplotación de los menos iguales, generalmente peores, que las que prevalecen en el capitalismo formal, regulado por el derecho del trabajo?»[16]

Disponiendo desde el año 2006 de una mayoría en la Cámara de diputados, el MAS ha afrontado el ejercicio del poder político. Con el tiempo, como todo partido de izquierda que hace el ejercicio concreto de la participación en las instituciones parlamentarias y en el gobierno, se produce una evolución. El MAS no es una excepción. Como dice claramente Stefanoni, el razonamiento de cierto número de militantes cambia: «de la política debe servir para cambiar el país», se pasa a «¿por qué no tengo derecho a un cargo, cuando he hecho campaña y me he batido para que el MAS gane?». Es esto tan frecuente por que, según una regla de funcionamiento del MAS, los candidatos pagan ellos mismos los gastos de su campaña electoral, lo que significa que cierto número de ellos (¿la mayoría?) se endeuda para poder emprender una campaña que le permita tener posibilidades de ser elegido[17] . En ciertos casos, también se comprometen a fin de asegurar los apoyos. Esto propicia el clientelismo, que ya impregnaba la vida política del país.

Cuando el MAS, accedió al gobierno, proclamó que rompía con una tradición que quería que el partido victorioso despidiera a un buen número de funcionarios para reemplazarlos por sus miembros o sus protegidos/clientes . Fijó el máximo de los reemplazos en un nivel muy bajo, el 5 % de funcionarios, a fin de garantizar la institucionalización no partidaria de la función pública. Esta decisión ha sido difícilmente aceptada por una parte de los militantes, que esperaban que su esfuerzo durante la campaña electoral o en la lucha fuera recompensado con puestos de trabajo. Finalmente, la dirección del MAS flexibilizó su posición y fue más allá del límite del cinco por ciento.

En enero del 2007, estalló un escándalo en La Paz : ciertos militantes del MAS se hicieron pagar su apoyo a unos candidatos funcionarios. Pero esto no adquirió proporciones masivas. A principios del 2009, un segundo escándalo causó mas daño: Santos Ramírez, dirigente histórico del MAS[18] que había estado al frente de la empresa petrolera pública YPFB, fue descubierto en flagrante delito de corrupción a gran escala. El MAS en el gobierno reaccionó con firmeza a fin de dar el ejemplo. Santos Ramírez fue arrestado a la espera de su proceso. El MAS demostró a la sociedad que aunque alguno de sus dirigentes no estén inmunizados contra la corrupción, el partido rompía con la tradición de impunidad de los mandatarios políticos y era favorable a su condena en caso de delito. Dicho esto, el escándalo Santos Ramírez provocó una verdadera conmoción, que dejará secuelas.[19]

Morales, inmediatamente después de acceder a la presidencia, tomó una medida ejemplar a fin de demostrar que ponía fin a los privilegios: redujo su propio sueldo. Evidentemente, esto fue muy bien visto por la población, con toda razón. La medida implicaba así mismo la rebaja de los sueldos de los demás mandatarios, pues era inconcebible que éstos ganaran más que el presidente y no dieran el mismo ejemplo rechazando sus privilegios. Luego el gobierno creyó oportuno flexibilizar su posición para permitir que los directivos de las empresas públicas percibieran altas retribuciones. Están autorizados a ganar más que el presidente de la República. Álvaro García Linera, quien justifica esta decisión, la denomina la NEP boliviana, haciendo referencia a la NEP aplicada por recomendación de Lenin a principios de los años 20 en la Rusia soviética[20] . Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, aboga por un «capitalismo andino-amazónico»

García Linera es partidario del desarrollo de un capitalismo andino-amazónico en el cual el Estado desempeña un papel clave. Sin deformar la propuesta, se puede considerar que el vicepresidente boliviano es partidario de una forma andino-amazónica de capitalismo de Estado. De modo metafórico, utilizando la imagen del tren, describe con claridad la jerarquía de actores de este modelo: «Es que el Estado es lo único que puede unir a la sociedad, es el que asume la síntesis de la voluntad general y el que planifica el marco estratégico y el primer vagón de la locomotora. El segundo es la inversión privada boliviana; el tercero es la inversión extranjera; el cuarto es la microempresa; el quinto, la economía campesina y el sexto, la economía indígena. Éste es el orden estratégico en el que tiene que estructurarse la economía del país.»[21] . La perspectiva abierta por Álvaro García Linera es claramente diferente u opuesta a un auténtico socialismo del siglo XXI. Hay que reconocer que no lo oculta con rimbombantes frases socialistas. Su proyecto corresponde a uno de los posibles guiones para el futuro.

Stefanoni atribuye a Evo Morales una perspectiva cercana o idéntica a la de su vicepresidente:

«Lejos de alentar la lucha de clases en su acepción marxista, Evo Morales reactualiza los clivajes ya mencionados —nación/antinación, pueblo/oligarquía — y promueve de hecho una nueva “alianza de clases” —sin utilizar para ello ese término, que recuerda los años 50. Una alianza que incluye los “empresarios patriotas” y los “militares nacionalistas” para construir un “país productivo y moderno”, gracias a los beneficios de los recursos naturales “recuperados por el Estado”. Lo esencial del programa económico gubernamental se basa así en la modernización/ industrialización de una economía atrasada, bajo la dirección de un Estado fuerte que reemplace a una inexistente burguesía nacional.»[22]

Esto nos lleva a las antípodas de las numerosas posiciones adoptadas por Evo Morales en otros países y en los foros internacionales cuando denuncia el sistema capitalista y declara que hay que desembarazar de éste al planeta.

Por otra parte, García Linera cuestiona cierta visión «ongista» [23] :
«[Las] visiones de un mundo indígena con su propia cosmovisión, radicalmente opuesta a Occidente, es típica de indigenistas de último momento o fuertemente vinculados a ONG, lo cual no quita que existan lógicas organizativas, económicas y políticas diferenciadas. En el fondo, todos quieren ser modernos. Los sublevados de Felipe Quispe, en el año 2000, pedían tractores e Internet. Esto no implica el abandono de sus lógicas organizativas, y se ve en las prácticas económicas indígenas. El desarrollo empresarial indígena tiene una lógica muy flexible. Le apuesta a la acumulación pero nunca lo arriesga todo en la acumulación. Primero trabajo solo, con mi entorno familiar, núcleo básico último e irreductible, me va bien, contrato personas y sigo trabajando, me va muy bien, contrato más personas y dejo de trabajar, me va mal, vuelvo al segundo piso, me va muy mal, vuelvo al mundo familiar donde soporto todo.

Nunca se acaba de romper con la lógica familiar… Quieren modernizarse pero lo hacen a su manera. Pueden exportar, globalizarse, pero el núcleo familiar sigue siendo la reserva última, que es capaz de sobrevivir a pan y agua. Cuando crece la actividad económica a 10, 15 trabajadores, en lugar de avanzar a 30 o 40, 50, paran, surge otra empresita, del hijo, del cuñado, hay una lógica de apostarle nunca a una sola cosa. Distinto a una acumulación más racional, weberiana, con economías de escala, más innovación tecnológica. En este caso, la familia nunca es el sustento último de la actividad productiva, es un sustento de los vínculos, de las redes, de mercados, lógicas matrimoniales… Hay una lógica propia del mundo indígena pero no es una lógica antagonizada, separada, con la lógica “occidental”. Quienes han participado de los últimos movimientos fácilmente se dan cuenta de eso.»[24]

La explotación de los recursos petroleros de la región amazónica de Bolivia
De un modo coherente, con respecto a la perspectiva de un «capitalismo “andino-amazónico”», García Linera se manifiesta, en la entrevista que sigue, a favor de la explotación de los recursos petroleros de la región amazónica. También aquí defiende una realpolitik apartada del frecuente discurso ecologista del presidente boliviano.

«En el caso de la exploración de gas y petróleo en el Norte paceño, lo que buscamos es producir hidrocarburos para equilibrar geográficamente las fuentes de riqueza colectiva de la sociedad, generar excedente estatal y simultáneamente preservar el entorno espacial en coordinación con las comunidades indígenas. Hoy no estamos abriendo paso en el norte amazónico para que entre Repsol o Petrobras. Estamos abriendo paso en la Amazonía para que entre el Estado. […] ¿Es obligatorio sacar gas y petróleo del norte amazónico de La Paz ? Sí. ¿Por qué?, porque necesitamos equilibrar las estructuras económicas de la sociedad boliviana, porque el rápido desarrollo de Tarija[25] con el 90 % del gas va a generar desequilibrios a largo plazo. […] ¿Si las comunidades dicen que no igual el Estado va a entrar? Aquí viene el debate, ¿qué ha pasado? Cuando hemos consultado a la CPILAP (Central de Pueblos Indígenas de La Paz ), nos ha pedido que vayamos a negociar a Bruselas con su buffet de abogados y que respetemos unos enunciados medio-ambientalistas publicados por USAID.

¿Cómo es eso? ¿Quién está impidiendo que el Estado explore petróleo en el norte de La Paz : las comunidades indígenas Tacanas, una ONG,[26] o países extranjeros? Por ello, hemos ido a negociar comunidad por comunidad y allí hemos encontrado el apoyo de las comunidades indígenas para llevar adelante la exploración y explotación petrolera. El gobierno indígena-popular ha consolidado la larga lucha de los pueblos por tierra y territorio. En el caso de los pueblos indígenas minoritarios de tierras bajas, el Estado ha consolidado millones de hectáreas como territorialidad histórica de muchos pueblos de pequeña densidad demográfica; pero junto al derecho a la tierra de un pueblo está el derecho del Estado, del Estado conducido por el movimiento indígena-popular y campesino, de sobreponer el interés colectivo mayor de todos los pueblos. Y así vamos a proceder hacia delante.»[27]

Esta posición adoptada no deja de recordar las diferencias políticas que se manifiestan en Ecuador entre Rafael Correa, por una parte, afín a las posiciones de García Linera, y, por la otra, la CONAIE (Confederación de Naciones Indígenas de Ecuador) y la ONG Acción Ecológica. Correa criticó en repetidas ocasiones las posiciones de los «izquierdistas» y de los «ecologistas radicales» que se oponen a la explotación de los recursos naturales del país. De todos modos, a pesar de estas críticas, la posición oficial del gobierno y del presidente ecuatoriano consiste hasta ahora en proponer a la comunidad internacional no emprender la explotación del petróleo que se encuentra en el territorio Yasuni, situado en la Amazonía ecuatoriana[28] . Alberto Acosta (ex presidente de la Asamblea Constituyente en 2008 y miembro del mismo partido que Rafael Correa, pero defensor de posiciones sensiblemente distintas en varios temas) es uno de los grandes promotores y defensores de la propuesta ecuatoriana[29] .

Es lógico plantearse las siguientes preguntas: al tratar de convencer, en nombre del «bloque indígena-popular» (según la expresión de García Linera), a los pueblos amazónicos de que acepten la explotación de los recursos no renovables del subsuelo de los territorios ancestrales que ocupan, ¿no se inscribe el gobierno de Evo Morales en la prosecución de un modelo extractivo productivista? Un gobierno de derecha ¿no habría tenido que afrontar una resistencia popular muy fuerte de los pueblos indígenas si hubiese querido explotar en su territorio el petróleo de la Amazonía boliviana? Si dentro de algunos años la derecha volviera al poder, ¿no reduciría radicalmente las concesiones que el poder central ha otorgado a los pueblos originarios cuando quiso obtener el derecho de explotar los recursos de sus territorios? En ese caso, ¿no habría sido mejor para los pueblos originarios indígenas rechazar la explotación industrial de los recursos naturales no renovables?

 


[1] Sobre la elección de Evo Morales a la presidencia de la república y sus dos primeros años de mandato presidencial, ver Eric Toussaint, “Bolivia: avances sobre los bienes comunes y la reforma constitucional”. http://www.cadtm. org/Bolivia- avances-sobre- los-bienes
[2] El referéndum revocatorio constituyó una verdadera derrota para la derecha, ya que Chávez fue plebiscitado con un 59,10 % de sufragios a favor (5.800.629 votos), o sea una diferencia de 1.810.000 votos con los que decían sí a la revocación. http://es.wikipedia .org/wiki/ Refer%C3% A9ndum_presidenc ial_de_Venezuela _de_2004
[3] http://es.wikipedia .org/wiki/ Refer%C3% A9ndum_revocator io_de_Bolivia_ de_2008 y http://www.nodo50. org/plataformabo livariana/ Externos/ ResultadosRefRev Bolivia.pdf
[4] La entrevista fue realizada por Maristella Svampa, Pablo Stefanoni y Ricardo Bajo. Se tituló «La derecha no ha sido aún derrotada en el plano económico». El texto completo se publicó en el excelente número de Alternatives Sud, CETRI, dedicado a Bolivia, « La Bolivia d’Evo. Démocratique, indianiste et socialiste?, Vol. XVI, 2009/3, Lovaina-la-Nueva, http://www.cetri. be/spip.php? rubrique119=fr
[5] Los departamentos orientales, que forman la Media luna, son Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija. En conjunto, representan el 36 % de la población del país y el 45 % del PIB.
[6] Unos quince campesinos fueron asesinados y otras decenas resultaron heridos el 11 de septiembre de 2008 en El Porvenir, provincia de Pando. Su prefecto, Leopoldo Fernández, uno de los mascarones de proa de la oposición de derecha, directamente implicado en la masacre, está en prisión por disposición del poder central.
[7] Dictador que tomó el poder por un sangriento golpe de Estado el 17 de julio de 1980 a la cabeza de un grupo de militares relacionados con el narcotráfico y con el apoyo de la junta militar argentina. El año que se mantuvo en el poder estuvo marcado por un auténtico terror, con cerca de 500 asesinatos y 4.000 encarcelados. Uno los asesinados en el putsch fue el diputado Marcelo Quiroga Santa Cruz, quien había participado en la iniciativa del proceso contra el ex-dictador Hugo Banzer. El 15 de enero de 1981 tuvo lugar el asesinato de ocho dirigentes de la dirección clandestina del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR).
[8] El departamento de Santa Cruz constituye el epicentro de la reacción de la derecha.
[9] Los colonizadores son campesinos que ocuparon nuevos terrenos, ya sea en el marco de la política de colonización promovida par el Estado en los años 30, o bien en el marco de movimientos de población autoorganizadas. Es el caso de las familias que emigraron a la provincia del Chapare, en el departamento de Cochabamba, para cultivar coca. En una primera etapa provenían del altiplano pero luego, a partir del plan de ajuste estructural aplicado en 1985, de las regiones mineras de Oruro y Potosí a causa del cierre de las minas y la consiguiente pérdida de empleo. La familia de Evo Morales era una de estas familias campesinas que dejaron las altas mesetas, áridas y frías, para asentase en las tierras cálidas y húmedas de baja altitud del Chapare. De todos modos, como se ha dicho antes, si bien los cocaleros son efectivamente parte de los colonizadores, éstos no se reducen a los cultivadores de coca. Así, aunque en la movilización contra Santa Cruz participaron los cocaleros del Chapare, fueron sobre todo colonos campesinos de la zona de San Julián los que estuvieron en primera línea.
[10] Muy afectada por la crisis de la deuda que estalló en 1982, Bolivia fue sometida a un plan neoliberal de choque a partir de 1985: privatización de las minas y del petróleo, reducción masiva de salarios y de empleos, apertura económica forzada, reducción del gasto público. El autor intelectual de este plan de ajuste estructural fue el economista estadounidense Jeffrey Sachs, quien a continuación concibió el plan de choque aplicado en Rusia y luego se convirtió en un partidario de la anulación de la deuda de los países pobres, en particular de los países del África subsahariana. .
[11] Según Charles André Udry, en los departamentos de Beni y Santa Cruz, 14 familias poseen 312.966 hectáreas . Una parte de estas tierras no se explotan. Estas familias son, desde hace largo tiempo, pilares de los partidos de la derecha más dura. Actualmente, estas familias —que se apropiaron del suelo entre 1953 y 1992, en particular durante los regímenes dictatoriales militares— se suman a las barricadas contra la aplicación de la reforma agraria.. ("Réforme agraire et réappropriation territoriale indigène", http://risal. collectifs. net/spip. php?article2017)
[12] Los pueblos autóctonos bolivianos son generalmente designados como «originarios» en los Andes e «indígenas» en la Amazonía. La nueva Constitución boliviana erige como sujeto de derecho las poblaciones «indígenas originarias campesinas» cuando se trata de dotar a las comunidades rurales de derechos colectivos.
[13] Hay que señalar que si bien la consulta de las poblaciones afectadas por la explotación de los recursos naturales no renovables es obligatorio (lo cual es positivo), ¡su resultado no es vinculante!
[14] Las organizaciones sindicales participantes del MAS son la CSUTCB (Confederación n sindical única de trabajadores campesinos de Bolivia), la CSCB (Confederación n sindical de colonizadores de Bolivia) y la CNMCIOB-«BS » (Confederación n nacional de mujeres campesinas, indígenas y originarias de Bolivia - «Bartolina Sisa». A partir de 1988, la CSUTCB , principal confederación sindical campesina boliviana (que agrupa en su seno a una parte de los «cocaleros») se pronunció a favor de la construcción de un instrumento político propio de los sindicatos. Los sindicalistas, después de haber comprobado que no llegaban a obtener un cambio político en el nivel gubernamental, dijeron que tenían que dotarse de un brazo político a fin de estar presentes en el Parlamento y en todos los niveles del poder, pasando por la participación en las elecciones. A finales de los años 90, Evo Morales y sus partidarios lanzaron el MAS-IPSP en la línea de la orientación adoptada en 1988, concerniente a la creación de un instrumento político del movimiento social. Con el correr del tiempo, el MAS llegó a ser la fuerza política de izquierda más importante, aunque también otras experiencias políticas se desarrollaron en la misma orientación de la CSUTCB , en particular el MIP (Movimiento indígena Pachakuti), de Felipe Quispe, sin hablar de numerosos partidos de izquierda que tienen un origen más antiguo. Felipe Quispe participó junto con Álvaro García Linera, actual vicepresidente de la República , en la guerrilla katarista EGTK y fue secretario ejecutivo de la CSUTCB.
[15] Pablo Stefanoni es coautor con Hervé Do Alto del libro Evo Morales, de la coca al Palacio (Malatesta, La Paz , 2006).
[16] Pablo Stefanoni, «L’Indianisation du nationalisme ou la refondation permanente de la Bolivie », in « La Bolivie d’Evo. Démocratique, indianiste et socialiste?», Alternatives Sud Vol. XVI, CETRI, Lovaina-la-Nueva, 2009/3. http://www.cetri. be/spip.php? rubrique119=fr . Escribe: «El gobierno actual replanteó la flexibilización del trabajo aprobada en los años 90 —en particular el “despido libre”—, pero estas reglas no rigen las economías familiares e informales, que son las que predominan en ciudades enteras, como El Alto, vecina a La Paz , con cerca de un millón de habitantes. […] La superioridad de la cosmovisión indígena [una pantalla que oculta a menudo prácticas corporativistas o de unas identidades culturales profundamente arraigadas] sobre la cosmovisión liberal es apenas debatida y la voluntad de destacar la dimensión étnica de la opresión casi ha hecho desaparecer su dimensión de clase. No es una casualidad que los avances en materia de derechos del movimiento obrero sean escasos o nulos.»
[17] De hecho, esta regla cierra el acceso a los más pobres a la candidatura a un cargo de diputado, de senador o de miembro de la Asamblea Constituyente. En realidad, no es raro ver que, en el momento de confeccionar las listas electorales, dirigentes sindicales bien preparados en cuanto a su formación política, tengan que ceder su lugar a unos intelectuales de clase media o pequeños empresarios, con un mayor capital económico.
[18] Según García Linera, Santos Ramírez podía pretender ser el sucesor de Evo Morales como candidato del MAS a la presidencia de la República.
[19] Véase Hervé Do Alto, «“¿Más de lo mismo” o ruptura con los “tradicionales?” Bolivia y el MAS: un caso de democratización paradójico», Le Monde diplomatique, (Edición boliviana), Nº 11, febrero de 2009.
[20] «De ahí que hayamos tenido que aprobar una ley que habilite salarios más elevados que el del presidente para cuadros técnicos de empresas estratégicas. Es nuestra forma local de la NEP leninista (Nueva Política Económica, en la Rusia posrevolucionaria) . El objetivo de la NEP , además de la alianza con los campesinos, era fundamentalmente reclutar técnicos para administrar los niveles subalternos del Estado, habida cuenta de que si bien el Estado es una estructura política, tiene niveles burocrático-administrativos y técnico-científicos que requieren conocimientos y saberes que no pueden ser adquiridos ni transformados rápidamente. Lenin, para terminar la catástrofe económica que se dio inmediatamente después de la revolución, tuvo que recontratar a los técnicos del antiguo Estado, hasta crear gradualmente una administración más simple. E instruyó: debajo de cada técnico pongan un joven que aprenda, y nosotros estamos haciendo lo mismo. Ya lo iniciamos en el 2006: se cambia la organización y las personas de los niveles decisionales de la administración publica (ministros, viceministros y algunos directores), pero no se toca la estructura secundaria de la administración estatal del Estado, hasta formar cuadros estatales, jóvenes, que sustituyan a los antiguos cuadros.» in Maristella Svampa, Pablo Stefanoni y Ricardo Bajo, entrevista a Álvaro García Linera, «La derecha aún no fue derrotada económicamente» .
[21] In Ortiz P. (2007), «Fue un error no liderar el pedido autonómico» (entrevista a Álvaro García Linera), El Deber, Santa Cruz de la Sierra , 21 de enero de 2007. http://www.eldeber. com.bo/2007/ 2007-01-21/ vernotaaldia. php?id=512
[22] Pablo Stefanoni in «L’Indianisation du nationalisme ou la refondation permanente de la Bolivie », in Alternatives Sud, « La Bolivie d’Evo. Démocratique, indianiste et socialiste?» Vol XVI -2009/3, Lovaina-la-Nueva, http://www.cetri. be/spip.php? rubrique119=fr
[23] Neologismo para designar lo relacionado con el mundo de las ONG.
[24] In Svampa M., Stefanoni P. (2007), «Evo simboliza el quiebre de un imaginario restringido a la subalternidad de los indígenas», (entrevista a Álvaro García Linera), in Monasterios K., Stefanoni P. y Do Alto H. (dir.), Reinventando la nación en Bolivia, CLACSO-Plural, La Paz,
[25] El prefecto de la provincia de Tarija es parte de la oposición de derecha en compañía de los prefectos de las provincias de Santa Cruz, Beni y Pando.
[26] En el caso de Bolivia, sin embargo, tal discurso de franca oposición a las ONG es tanto más chocante cuando se muestra en total contradicción con la propia composición del gobierno, donde los ministros han salido en su mayoría de los cuadros de este tipo de instituciones. Entre ellas, el CEJIS (Centro de Estudios Jurídicos y de Investigaciones Sociales), reconocido por los movimientos indígenas de Oriente como un apoyo indefectible en la reconquista por los pueblos autóctonos de sus prerrogativas sobre sus territorios ancestrales. Algunos pesos pesados del equipo de Morales han hecho en ellas su formación, como Carlos Romero, actualmente ministro de las Autonomías.
[27] Entrevista realizada por Maristella Svampa, Pablo Stefanoni y Ricardo Bajo titulada: «La derecha no ha sido aún derrotada en el plano economico». Traducción Denise Comanne y Eric Toussaint. Alternatives Sud, « La Bolivie d’Evo. Démocratique, indianiste et socialiste»?, Vol XVI -2009/3, Lovaina-la-Nueva.
[28] Rafael Correa ha defendido varias veces esta posición en las reuniones de las Naciones Unidas así como en otras instancias internacionales. Esta propuesta, conocida como el proyecto ITT (siglas del nombre de sendas perforaciones de exploración en la zona: Ishpingo-Tambococha -Tiputini) , es una de las iniciativas del gobierno ecuatoriano con el fin de luchar contra el cambio climático. Se trata de la no explotación de unos 850 millones de barriles de petróleo en la zona del parque Yasuní, reserva natural cuya biodiversidad es una de las más importantes del mundo. La explotación de un petróleo pesado podría reportar al Estado entre 5.000 y 6.000 millones de dólares (al precio de unos 70 dólares el barril).
[29] Véase una entrevista sumamente importante a Alberto Acosta realizada por Matthieu Le Quang titulada «Le projet ITT: laisser le pétrole en terre ou le chemin vers un autre modèle de développement» , www.cadtm.org/ Le-projet- ITT-laisser- le-petrole. En castellano, «La moratoria petrolífera en la Amazonía ecuatoriana, una propuesta inspiradora para la Cumbre de Copenhague», www.cadtm.org/ La-moratoria- petrolifera- en-la. Alberto Acosta da su versión sobre el origen del proyecto y presenta un gran número de factores contradictorios que intervienen en su concreción.  

 

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INFORME ANUAL

POBREZA, DESIGUALDAD Y DESARROLLO EN EL PERÚ 2008-2009

A despecho de las expresiones triunfalistas sobre el blindaje de nuestra economía frente a la crisis financiera internacional, y las reiteradas declaraciones sobre supuestos éxitos económicos que benefician también a los pobres (el llamado goteo), este informe es contundente en demostrar con cifras y números, de manera objetiva e irrefutable, que la verborrea de García no es mas que parafernalia demagógica para tratar de ocultar su verdadera vocación: ser un gobernante para los ricos.

La epidemia comenzó en Estados Unidos - Oscar Ugarteche

- El economista Oscar Ugarteche señala que las economías abiertas como la del Perú no se pueden blindar, solo se las administra dentro de la crisis lo mejor que se puede. Tras ocho años de crecimiento estable, el Perú está menos mal que el resto. Pero sin aplicar ninguna medida contracíclica que distribuya mejor los recursos, tendrá que arrastrar el peso que significará a futuro enfrentar un incremento de la desigualdad en un país donde eso es lacerante y antiguo.

- El problema es la falta de una verdadera política contracíclica, que distribuiría el ingreso de manera más equitativa. En el Perú, a diferencia de Bolivia, Venezuela, Brasil y Argentina, no se está apostando por políticas distributivas, que en momentos de crisis tendrían un efecto contracíclico. Estos países iniciaron dichas medidas antes de la crisis y ahora, en este contexto, han decidido afianzarlas (…). Si se redistribuye con entusiasmo para contrapesar la caída de la demanda externa, a partir de los ingresos tributarios, se reactivaría la economía interna, sobre todo para los más vulnerables. Esta es una manera de hacer políticas contracíclicas. Otra es elevar la inversión pública en infraestructura para que genere empleo y vía salario se eleve la capacidad de compra y la dinámica económica interna.

- El gasto para la inversión pública en infraestructura está estancado, por eso se presentan protestas regionales. Hay una disonancia entre lo que el gobierno dice y la realidad nacional. Entonces, ante la ausencia de una política contracíclica, se van a ampliar las brechas de desigualdad, y la riqueza se seguirá concentrando más. En este contexto de crisis, el gobierno, a pesar de sus esfuerzos por mantener la inflación baja, está agudizando la desigualdad, fabricando riqueza a costa de despojar a un sector de la población de sus derechos, como sucede en la Amazonía. Es decir, se está empobreciendo a muchos para beneficiar a pocos, perjudicando incluso el medio ambiente.

- Esta es una crisis que cambiará el mundo como lo entendemos. Así sucedió en el siglo XV, cuando se replantearon los mercados, aparecieron las ciudades, la imprenta y la grafía como medio de comunicación masivo y se estableció una relación distinta entre el hombre y la naturaleza. Así de contundente parece ser esta crisis, que nos confronta con una nueva forma de entender el mundo desde la economía y la política. Es una crisis epocal.

Si el gobierno quisiera sacar de la pobreza al país solo con el crecimiento económico del PBI, se necesitarían más de 80 años de crecimiento, por encima de los 5 puntos. Con el “boom”, la desigualdad no se redujo pero creció en 6% el consumo de los más ricos.

 


Un milagro no fue suficiente - Pedro Francke

- No existe suficiente información para analizar la pobreza durante la primera mitad del año 2009. Los datos publicados por el INEI, miden la pobreza con casi dos años de retraso. Si revisamos las últimas cifras de pobreza, estaríamos hablando de la pobreza del año 2007. Ese dato, en sí mismo, ya representa una información muy relevante: mes a mes podemos conocer, apenas con poco más de 30 días de retraso, la evolución del PBI, las exportaciones y los impuestos; pero tenemos que esperar entre cuatro y seis meses si queremos información estadística sobre los salarios; y más de año y medio para analizar el diagnóstico de la pobreza. Esto es reflejo de la falta de interés de la política en este tema.

-En los años de crecimiento del Perú, donde dos de cada cinco peruanos son pobres, la desigualdad se mantuvo inamovible. Durante el llamado “milagro”, el consumo aumentó para todos los niveles socioeconómicos, pero a tasas diferentes. Mientras que entre los más ricos el consumo se incrementó 6%, entre los pobres se movió algunos decimales".

-Los efectos del crecimiento sobre la pobreza que se mantienen en 39.3% no llegaron por igual a las distintas regiones. En efecto, según el informe “¿Qué nos dicen los cambios en la pobreza del Perú entre 2004 y 2007?”, del Banco Mundial?, la pobreza se redujo 2,6% en la costa urbana, en la selva rural se contrajo 0,7% y en la sierra rural 0,3%. Según el BM, la pobreza pudo reducirse 4 puntos más de lo que se redujo entre el 2004 y el 2007. Es decir, pudo bajar de 39% a 34%, pero la mala redistribución lo impidió. Las zonas rurales andinas, que concentran el 73% de pobres, donde viven 2 de cada 3 pobres extremos, la pobreza se redujo solo en algunos puntos decimales.

-Dos efectos principales parecen conspirar en esta situación de pobreza y desigualdad: el primero se refiere  al comportamiento de los salarios: el empleo aumentaba pero los salarios reales no, a pesar de que la productividad por trabajador también aumentaba sustancialmente. Lo segundo, es que el crecimiento económico se concentró en Lima y la costa. En miles de millones, el PBI se incrementó en 32% desde el 2002. El excedente de explotación (utilidades) pasó de 58,7% a 65% en el PBI. Pero la riqueza se concentró en sectores como la minería, agroindustria, construcción y manufactura. Según la consultora Gerens, en el 2007 las 1.000 empresas más rentables del país generaron valor económico por encima de los US$5.055 millones para sus accionistas. A pesar de que entre las 1.000 empresas existían solo 52 mineras y petroleras, estas concentraron el 80% del valor generado por todas.

- Mantener la mano de obra con salarios deprimidos y derechos limitados reduce la posibilidad de acabar con la pobreza, al constreñir el mercado interno al que le venden la mayor parte de agricultores y pymes. Dar poca importancia al gasto social (educación, salud y protección social) reduce los efectos distributivos, limita la acumulación de capital humano y mantiene a un ritmo lento los avances de las Metas del Milenio. La política fiscal debe contemplar, además de aumentar el gasto público en infraestructura, pequeñas obras intensivas en empleo temporal y gasto social, lo que tendría respuestas más rápidas y mayores efectos sociales en no menos de 2% del PBI (US$ 2,500 millones) para 2009, en canales de regadío, trochas y mantenimiento de carreteras. Este gasto público adicional deberá aplicarse mediante los gobiernos regionales y los municipios en un 80%.

- Si el gobierno quisiera salir de la pobreza solo con el crecimiento económico del PBI, se necesitarían más de 80 años constantes de crecimiento, por encima de los 5 puntos, sin índices de inflación superiores a los 2 puntos, para que distritos andinos y rurales como los de Huancavelica, los más pobres del país, salgan de la pobreza.

3. En los últimos ocho años el país creció a tasas aceleradas, pero los salarios se estancaron mientras que las utilidades de las empresas que operan en el país crecieron por encima de las ganancias de las 500 compañías más  importantes del mundo.

 


 

Los salarios de la inequidad - Humberto Campodónico

-Entre el 2002 y 2007, el salario ha seguido cayéndose. En 2002, a inicios del “boom”, los ingresos alcanzaban el 25% del PBI, mientras que en el 2007, en pleno proceso de expansión, los salarios se redujeron al 21.9%. O sea que durante los años de crecimiento económico los salarios perdieron 3 puntos porcentuales.

-El 5.5% de la población de Lima Metropolitana tiene el 33% del total de los ingresos, lo que equivale a que esa población gana seis veces lo que le corresponde si los ingresos se distribuyeran equitativamente. Mientras el sueldo promedio dentro del sector socioeconómico A equivale a S/.12.118, es decir 20 veces más que el salario promedio en el E, que es de S/.660.

- Durante los años de crecimiento económico se prometió a la población que ya vendrían los años de “chorreo”. Se dijo que había que ser “pacientes y tolerantes”. Pero se mantuvo en lo esencial la legislación antiobrera promulgada por Fujimori: flexibilización del empleo, facilitación del despido, creación de las “services”.

- Del 2001 al 2008, el crecimiento del PBI en el Perú fue de 58%, de lejos el más alto de nuestra historia reciente. En ese mismo periodo, la rentabilidad promedio de las empresas también creció ininterrumpidamente, pasando del 5% anual en el 2001 al 22% anual en el 2008. Como la rentabilidad equivale a la Utilidad Neta de las empresas dividida entre su patrimonio, esas tasas de crecimiento indican que, en estos 8 años de “boom” económico, la mayoría de las  empresas recuperaron el íntegro del capital invertido. Según Rodrigo Prialé, director gerente de la consultora Gerens, este repunte empresarial excede generosamente la velocidad con la que crecieron las 500 empresas más rentables del planeta.

4. El conflicto en Bagua revela que faltan mecanismos para que los pueblos amazónicos expresen sus necesidades. Paralelamente, el año pasado se presentaron 245 solicitudes de revocatorias de autoridades locales lo que revela falta de legitimidad del sistema político.

 

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Rezagos de una monarquía – Nelson Manrique

- El racismo anti-indígena es una de las herencias oligárquicas que con mayor fuerza ha bloqueado los intentos de construir un orden moderno en el Perú. La democracia no puede existir allí donde no se reconoce la existencia de una común sustancia humana. La existencia de ciudadanos “de primera” y “de segunda” es la consecuencia necesaria de la convicción racista, de que existen humanos “de primera” y “de segunda”. La incorporación de los indígenas a la nación se acepta, asociada a una especie de chantaje por el cual se les reconoce el derecho a incorporarse como ciudadanos a condición de que dejen de ser indios.

- Las comunidades están habitadas por más de 2’500.000 de personas, lo que equivale al 40% de la población rural total. Son importantes abastecedoras de alimentos para el mercado interno, y su participación en la oferta agropecuaria nacional oscila entre el 25% y el 30% del valor bruto de la producción. Las comunidades permiten la reproducción social, cultural y económica de un amplio sector de la población peruana, en gran parte marginada por las políticas del Estado.

- Los decretos legislativos aprobados para implementar el TLC con EE UU y que promueven la inversión privada en los territorios de las comunidades, vulneran múltiples derechos. Para los campesinos la venta de sus tierras significaría perder tanto la condición de comunero cuanto los medios materiales para la reproducción social de su existencia. Su destino más probable, si tal cosa sucediera, sería desarraigarse y unirse a la vasta migración hacia los grandes cinturones de miseria creados en torno a las grandes ciudades.

- Los indígenas contemporáneos peruanos defienden el patrimonio cultural de quienes produjeron la más grande revolución agrícola de la historia de la humanidad. Debería preservarse ese patrimonio inestimable y promover su desarrollo. No tratar de liquidarlo en nombre de una visión unilateral y reduccionista de desarrollo, que contempla los intereses de unos pocos, amenazando un patrimonio que, como en el caso de la Amazonía , es de interés de todos.

 

 

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CIUDADANÍA INTERNACIONAL

Guerra, drogas y política, elementos del mundo bipolar

Conferencia magistral de Noam Chomsky en la Sala Nezahualcóyotl (México D.F.)
A continuación se reproducen sus palabras:

Al pensar en cuestiones internacionales, es útil tener presentes varios principios de generalidad e importancia considerables. El primero es la máxima de Tucídides: Los fuertes hacen lo que quieren, y los débiles sufren como es menester. Esto tiene un importante corolario: todo Estado poderoso descansa en especialistas en apologética, cuya tarea es mostrar que lo que hacen los fuertes es noble y justo y lo que sufren los débiles es su culpa. En el Occidente contemporáneo a estos especialistas se les llama intelectuales y, con excepciones marginales, cumplen su tarea asignada con habilidad y sentimientos de superioridad moral, pese a lo disparatado de sus alegatos. Su práctica se remonta a los orígenes de la historia de la que tenemos registro.

Los principales arquitectos

Un segundo punto, que no hay que olvidar, lo expresó Adam Smith. Él se refería a Inglaterra, la potencia más grande de su tiempo, pero sus observaciones son generalizables. Smith observaba que los principales arquitectos de políticas públicas en Inglaterra eran los comerciantes y los fabricantes, quienes se aseguraban de que sus intereses fueran bien servidos por tales políticas, por gravoso que fuera el efecto en otros -incluido el pueblo de Inglaterra- y pese a la severidad que tuvieran para quienes sufren la salvaje injusticia de los europeos en otras partes.

Smith fue una de esas raras figuras que se apartaron de la práctica normal de retratar a Inglaterra como una potencia angelical, única en la historia del mundo, dedicada sin egoísmo al bienestar de los bárbaros. Un ejemplo revelador, en estos términos exactos, es un ensayo clásico de John Stuart Mill, uno de los más decentes e inteligentes intelectuales occidentales, en el que explicaba por qué Inglaterra tenía que culminar su conquista de la India en aras de los más puros fines humanitarios. Lo escribió justo en el momento de mayores atrocidades de Inglaterra en la India, cuando el verdadero fin de una mayor conquista era permitir a Inglaterra apoderarse del monopolio del opio y establecer la más extraordinaria empresa de narcotráfico en la historia mundial, y así obligar a China, con lanchas cañoneras y venenos, a aceptar las mercancías de fabricación británicas, que China no quería.

La plegaria de Mill es la norma cultural. La máxima de Smith es la norma histórica.

Hoy, los principales arquitectos de las políticas públicas no son los comerciantes y los fabricantes, sino las instituciones financieras y las corporaciones trasnacionales.

Una refinada versión actual de la máxima de Smith es la teoría de la inversión en política, desarrollada por el economista político Thomas Ferguson, la cual considera que las elecciones son la ocasión para que grupos de inversionistas se unan con el fin de controlar el Estado, en esencia comprando las elecciones.

Como muestra Ferguson, esta teoría es un mecanismo muy bueno para predecir políticas públicas durante un periodo largo.

Entonces, para lo ocurrido en 2008 debimos haber anticipado que los intereses de las industrias financieras tendrían prioridad para el gobierno de Obama. Fueron sus principales proveedoras de fondos y se inclinaron mucho más por Obama que por McCain. Y así resultó ser. El semanario de negocios Business Week se ufana ahora de que la industria de las aseguradoras ganó la batalla por la atención a la salud, y de que las instituciones financieras que crearon la crisis actual emergen incólumes y aun fortalecidas, tras un enorme rescate público -lo que acomoda el escenario para la siguiente crisis, apuntan los editores. Y añaden que otras corporaciones aprendieron valiosas lecciones de estos triunfos y ahora organizan grandes campañas para frenar la aprobación de cualquier medida relacionada con energía y conservación (por suave que sea), con pleno conocimiento de que frenar esas medidas negará a sus nietos cualquier posibilidad de supervivencia decente. Por supuesto, no es que sean malas personas, ni son ignorantes. Ocurre que las decisiones son imperativos institucionales. Quienes deciden no seguir las reglas son excluidos, a veces en formas muy notables.

Las elecciones en Estados Unidos son montajes espectaculares (extravagantes), conducidos por la enorme industria de las relaciones públicas que floreció hace un siglo en los países más libres del mundo, Inglaterra y Estados Unidos, donde las luchas populares habían ganado la suficiente libertad para que el público ya no tan fácilmente fuera controlado por la fuerza. Entonces, los arquitectos de las políticas públicas se dieron cuenta de que iba a ser necesario controlar las actitudes y las opiniones. Uno de los elementos de la tarea era controlar las elecciones.

Estados Unidos no es una democracia guiada como Irán, donde los candidatos requieren la aprobación de los clérigos imperantes. En sociedades libres, como Estados Unidos, son las concentraciones de capital las que aprueban candidatos y, entre quienes pasan por el filtro, los resultados terminan casi siempre determinados por los gastos de campaña.

Los operadores políticos están siempre muy conscientes de que con frecuencia el público disiente profundamente, en algunos puntos, de los arquitectos de las políticas públicas. Entonces, las campañas electorales evitan ahondar en cualquier punto y favorecen las consignas, las florituras de oratoria, las personalidades y el chismorreo. Cada año la industria de la publicidad otorga un premio a la mejor campaña promocional del año. En 2008 el premio se lo llevó la campaña de Obama, derrotando incluso a las computadoras Apple. Los ejecutivos estaban eufóricos. Se ufanaban abiertamente de que éste era su éxito más grande desde que comenzaron a promocionar candidatos cual si fueran pasta de dientes o fármacos que asocian con estilos de vida, técnicas que cobraron fuerza durante el periodo neoliberal, primero que nada con Reagan.

En los cursos de economía, uno aprende que los mercados se basan en consumidores informados que eligen racionalmente sus opciones. Pero quien mire un anuncio de televisión sabe que las empresas destinan enormes recursos a crear consumidores uniformados que eligen irracionalmente sus opciones. Los mismos dispositivos utilizados para derruir mercados se adaptan al objetivo de socavar la democracia, creando votantes desinformados que tomarán decisiones irracionales a partir de una limitada serie de opciones compatibles con los intereses de los dos partidos, que a lo sumo son facciones competidoras de un solo partido empresarial.

Tanto en el mundo de los negocios como en el político, los arquitectos de las políticas públicas son constantemente hostiles con los mercados y con la democracia, excepto cuando buscan ventajas temporales. Por supuesto, la retórica puede decir otra cosa, pero los hechos son bastante claros.

La máxima de Adam Smith tiene algunas excepciones, que son muy instructivas. Un ejemplo contemporáneo importante son las políticas de Washington hacia Cuba desde que ésta obtuvo su independencia, hace 50 años. Estados Unidos es una sociedad que goza de una libertad poco común, así que contamos con buen acceso a los registros internos que revelan el pensamiento y los planes de los arquitectos de las políticas públicas. A los pocos meses de la independencia de Cuba, el gobierno de Eisenhower formuló planes secretos para derrocar al régimen e inició programas de guerra económica y de terrorismo, cuya escala fue aumentada bruscamente por Kennedy, y que continúan en varias formas hasta nuestros días. Desde el inicio, la intención explícita fue castigar lo suficiente al pueblo cubano para que derrocara al régimen criminal. Su crimen era haber logrado desafiar políticas estadounidenses que databan de la década de 1820, cuando la doctrina Monroe declaró la intención estadounidense de dominar el hemisferio occidental sin tolerar interferencia alguna de fuera ni de dentro.

Aunque las políticas bipartidistas hacia Cuba concuerdan con la máxima de Tucídides, entran en conflicto con el principio de Adam Smith, y como tales nos brindan una mirada especial sobre cómo se configuran las políticas. Durante décadas, el pueblo estadounidense ha favorecido la normalización de relaciones con Cuba. Desatender la voluntad de la población es normal, pero en este caso es más interesante que sectores poderosos del mundo de los negocios favorezcan también la normalización: las agro-empresas, las corporaciones farmacéuticas y de energía, y otros que comúnmente fijan los marcos de trabajo básicos para la construcción de políticas. En este caso sus intereses son atropellados por un principio de los asuntos internacionales que no recibe el reconocimiento apropiado en los tratados académicos en la materia: podríamos llamarlo el principio de la Mafia. El Padrino no tolera que nadie lo desafíe y se salga con la suya, ni siquiera el pequeño tendero que no puede pagarle protección. Es muy peligroso. Debe, por tanto, erradicarse brutalmente, de tal modo que otros entiendan que desobedecer no es opción. Que alguien logre desafiar al Amo puede volverse un virus que disemine el contagio, por tomar prestado el término usado por Kissinger cuando se preparaba a derrocar el gobierno de Allende.

Ésa ha sido una doctrina principal en la política exterior estadounidense durante el periodo de su dominio global y, por supuesto, tiene muchos precedentes. Otro ejemplo, que no tengo tiempo de revisar aquí, es la política estadounidense hacia Irán a partir de 1979.

Tomó su tiempo cumplir los objetivos plasmados en la doctrina Monroe, y algunos de éstos siguen topándose con muchos impedimentos. El fin último perdura y es incuestionable. Adquirió mucho mayor significación cuando, tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se convirtió en una potencia global dominante y desplazó a su rival británico. La justificación se ha analizado con lucidez.

Por ejemplo, cuando Washington se preparaba para derrocar al gobierno de Allende, el Consejo de Seguridad Nacional puntualizó que si Estados Unidos no lograba controlar América Latina, no podría esperar consolidar un orden en ninguna parte del mundo, es decir, imponer con eficacia su dominio sobre el planeta. La credibilidad de la Casa Blanca se vería socavada, como lo expresó Henry Kissinger. Otros también podrían intentar salirse con la suya en el desafío si el virus chileno no era destruido antes de que diseminara el contagio. Por tanto, la democracia parlamentaria en Chile tuvo que irse, y así ocurrió el primer 11 de septiembre, en 1973, que está borrado de la historia en Occidente, aunque en términos de consecuencias para Chile y más allá sobrepase, por mucho, los terribles crímenes del 11 de septiembre de 2001.

Aunque las máximas de Tucídides y Smith, y el principio de la Mafia, no dan cuenta de todas las decisiones de política exterior, cubren una gama bastante amplia, como también lo hace el corolario referente al papel de los intelectuales. No son el final de la sabiduría, pero se encaminan a él.

Con el contexto proporcionado hasta el momento, miremos el momento unipolar, que es el tópico de gran cantidad de discusiones académicas y populares desde que se colapsó la Unión Soviética, hace 20 años, dejando a Estados Unidos como la única superpotencia global en vez de ser sólo la primera superpotencia, como antes. Aprendemos mucho acerca de la naturaleza de la guerra fría, y del desarrollo de los acontecimientos desde entonces, mirando cómo reacciona Washington a la desaparición de su enemigo global, esa conspiración monolítica y despiadada para apoderarse del mundo, como la describía Kennedy.

Unas semanas después de la caída del Muro de Berlín, Estados Unidos invadió Panamá. El propósito era secuestrar a un delincuente menor, que fue llevado a Florida y sentenciado por crímenes que había cometido, en gran medida, mientras cobraba en la CIA. De valioso amigo se convirtió en demonio malvado por intentar adoptar una actitud desafiante y salirse con la suya, al andarse con pies de plomo en el apoyo a las guerras terroristas de Reagan en Nicaragua.

La invasión mató a varios miles de personas pobres en Panamá, según fuentes panameñas, y reinstauró el dominio de los banqueros y narcotraficantes ligados a Estados Unidos. Fue apenas algo más que una nota de pie de página en la historia, pero en algunos aspectos rompió la tendencia. Uno de ellos fue que se hizo necesario contar con un nuevo pretexto, y éste llegó rápido: la amenaza de narcotraficantes de origen latino que buscan destruir a Estados Unidos. Richard Nixon ya había declarado la guerra contra las drogas, pero ésta asumió un nuevo y significativo papel durante el momento unipolar.

Sofisticación tecnológica en el tercer mundo

La necesidad de un nuevo pretexto guió también la reacción oficial en Washington ante el colapso de la superpotencia enemiga. El gobierno de Bush padre trazó el nuevo rumbo a los pocos meses: en resumidas cuentas, todo se mantendrá bastante igual, pero tendremos nuevos pretextos. Todavía requerimos de un enorme sistema militar, pero ahora hay un nuevo justificante: la sofisticación tecnológica de las potencias del tercer mundo. Tenemos que mantener la base industrial de defensa, eufemismo para describir la industria de alta tecnología apoyada por el Estado. Debemos mantener fuerzas de intervención dirigidas a las regiones ricas en energéticos de Medio Oriente, donde no haríamos responsable al Kremlin de las amenazas significativas a nuestros intereses, a diferencia de las décadas de engaño cuando eso ocurría.

Todo lo anterior pasó muy en silencio, apenas si se notó. Pero para quienes confían en entender el mundo, es bastante ilustrativo.

Como pretexto para una intervención, fue útil invocar una guerra a las drogas, pero como pretexto es muy estrecho. Se necesitaba uno de más arrastre. Rápidamente las elites se volcaron a la tarea y cumplieron su misión. Declararon una revolución normativa que confería a Estados Unidos el derecho a una intervención por razones humanitarias escogida por definición, por la más noble de las razones.

Para expresarlo con sutileza, ni las víctimas tradicionales se inmutaron. Las conferencias de alto nivel en el Sur global condenaron con amargura "el así llamado 'derecho' a una intervención humanitaria". Era necesario un refinamiento adicional, por lo que se diseñó el concepto de responsabilidad de proteger. Quienes prestan atención a la historia no se sorprenderán al descubrir que las potencias occidentales ejercen su responsabilidad de proteger de modo muy selectivo, en adherencia estricta a las tres máximas descritas. Los hechos perturban de tan obvios, y requieren considerable agilidad de las clases intelectuales: otra reveladora historia que debo dejar de lado.

Conforme el momento unipolar se iluminó, otra cuestión que se puso al frente fue el destino de la OTAN. La justificación tradicional para la organización era la defensa contra las agresiones soviéticas. Al desaparecer la Unión Soviética se evaporó el pretexto. Las almas ingenuas, que tienen fe en las doctrinas del momento, habrían esperado que la OTAN desapareciera también; por el contrario, se expandió con rapidez. Los detalles revelan mucho acerca de la guerra fría y de lo que siguió. A nivel más general revelan cómo se forman y ejecutan las políticas de los estados.

A medida que se colapsó la Unión Soviética, Mijail Gorbachov hizo una pasmosa concesión: permitió que una Alemania unificada se uniera a una alianza militar hostil encabezada por la superpotencia global, pese a que Alemania por sí sola casi había destruido Rusia en dos ocasiones durante el siglo XX. Sin embargo, fue un quid pro quo, un esto por aquello, una reciprocidad. El gobierno de Bush prometió a Gorbachov que la OTAN no se extendería a Alemania oriental, y que desde luego no llegaría más al oriente. También le aseguró al mandatario soviético que la organización se transformaría en un ente más político. Gorbachov propuso también una zona libre de armas nucleares desde el Ártico al Mar Negro, un paso hacia una zona de paz que eliminara cualquier amenaza a Europa occidental u oriental. Tal propuesta se pasó por alto sin consideración alguna.

Poco después llegó Bill Clinton al cargo. Muy pronto se desvanecieron los compromisos de Washington. No es necesario abundar sobre la promesa de que la OTAN se convertiría en un ente más político. Clinton expandió la organización hacia el este, y Bush fue más allá. En apariencia Barack Obama intenta continuar la expansión.

Un día antes del primer viaje de Barack Obama a Rusia, su asistente especial en Seguridad Nacional y Asuntos Eurasiáticos informó a la prensa: No vamos a dar seguridades a los rusos, ni a darles ni intercambiar nada con ellos respecto de la expansión de la OTAN o la defensa con misiles.

Se refería a los programas de defensa con misiles estadunidenses en Europa oriental y a la posibilidad de convertir en miembros de la OTAN a dos vecinos de Rusia, Ucrania y Georgia. Ambos pasos eran vistos por los analistas occidentales como serias amenazas a la seguridad rusa, por lo que, de igual modo, podían inflamar las tensiones internacionales.

Ahora, la jurisdicción de la OTAN es todavía más amplia. El asesor de Seguridad Nacional de Obama, el comandante de Marina James Jones, hace llamados a que la organización se amplíe al sur y también al este, de modo que se refuerce el control estadunidense sobre las reservas energéticas de Medio Oriente. El general Jones también aboga por una fuerza de respuesta de OTAN, que confiera a la alianza militar encabezada por Estados Unidos mucho mayor capacidad y flexibilidad para efectuar acciones con rapidez y en distancias muy largas, objetivo que ahora Washington se empeña en lograr en Afganistán.

El secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, informó a la conferencia de la organización que las tropas de la alianza tienen que custodiar los ductos de crudo y gas que van directamente a Occidente y, de modo más general, proteger las rutas marinas utilizadas por los buques cisternas y otras cruciales infraestructuras del sistema energético. Dicha decisión expresa de forma más explícita las políticas posteriores a la guerra fría: remodelar la OTAN para volverla una fuerza de intervención global encabezada por Estados Unidos, cuya preocupación especial sea el control de los energéticos. Supuestamente, la tarea incluye la protección de un ducto de 7 mil 600 millones de dólares que conduciría gas natural de Turkmenistán a Pakistán e India, pasando por la provincia de Kandahar, en Afganistán, donde están desplegadas las tropas canadienses. La meta es bloquear la posibilidad de que un ducto alterno brinde a Pakistán e India gas procedente de Irán, y disminuir la dominación rusa de las exportaciones energéticas de Asia central, según informó la prensa canadiense, bosquejando con realismo algunos de los contornos del nuevo gran juego en el que la fuerza de intervención internacional encabezada por Estados Unidos va a ser un jugador principal.

Desde los primeros días posteriores a la guerra fría, se entendía que Europa occidental podría optar por un curso independiente, tal vez con una visión gaullista de Europa, del Atlántico a los Urales. En este caso el problema no es un virus que pueda diseminar el contagio, sino una pandemia que podría desmantelar todo el sistema de control global. Se supone que, al menos en parte, la OTAN intenta contrarrestar esa seria amenaza. La expansión actual de la alianza, y los ambiciosos objetivos de la nueva organización, dan nuevo empuje a esos fines.

Los acontecimientos continúan atravesando el momento unipolar, adhiriéndose bien a los principios que rigen los asuntos internacionales. Más en específico, las políticas se conforman muy cerca de las doctrinas del orden mundial formuladas por los planificadores estadunidenses de alto nivel durante la Segunda Guerra Mundial. A partir de 1939, reconocieron que, fuera cual fuese el resultado de la guerra, Estados Unidos se convertiría en una potencia global y desplazaría a Gran Bretaña. En concordancia, desarrollaron planes para que Estados Unidos ejerciera control sobre una porción sustancial del planeta. Esta gran área, como le llaman, habría de comprender por lo menos el hemisferio occidental, el antiguo imperio británico, el Lejano Oriente y los recursos energéticos de Asia occidental. En esta gran área, Estados Unidos habría de mantener un poder incuestionable, una supremacía militar y económica, y actuaría para garantizar los límites de cualquier ejercicio de soberanía por parte de estados que pudieran interferir con sus designios globales. Al principio los planificadores pensaron que Alemania predominaría en Europa, pero conforme Rusia comenzó a demoler la Wermacht (las fuerzas armadas nazis), la visión se hizo más y más expansiva, y se buscó que la gran área incorporara la mayor extensión de Eurasia que fuera posible, por lo menos Europa occidental, el corazón económico de Eurasia.

Se desarrollaron planes detallados y racionales para la organización global, y a cada región se le asignó lo que se le llamó su función. Al Sur en general se le asignó un papel de servicio: proporcionar recursos, mano de obra barata, mercados, oportunidades de inversión y más tarde otros servicios, tales como recibir la exportación de desperdicios y contaminación. En ese entonces, Estados Unidos no estaba tan interesado en África, así que la pasó a Europa para que explotara su reconstrucción a partir de la destrucción de la guerra. Uno podría imaginar relaciones diferentes entre África y Europa a la luz de la historia, pero no se tuvieron en cuenta. En contraste, se reconoció que las reservas de petróleo de Medio Oriente eran una estupenda fuente de poder estratégico y uno de los premios materiales más grandes en la historia del mundo: la más importante de las áreas estratégicas del mundo, para ponerlo en palabras de Eisenhower. Y los planificadores se daban cuenta de que el control del crudo de Medio Oriente proporcionaría a Estados Unidos el control sustancial del mundo.

Quienes consideran significativas las continuidades de la historia tal vez recuerden que los planificadores de Truman hacían eco de las doctrinas de los demócratas jacksonianos al momento de la anexión de Texas y de la conquista de medio México, un siglo antes. Tales predecesores anticiparon que las conquistas proporcionarían a Estados Unidos un virtual monopolio del algodón, el combustible de la primera revolución industrial: Ese monopolio, ahora asegurado, pone a todas las naciones a nuestros pies, declaró el presidente Tyler. En esa forma, Estados Unidos podría esquivar el disuasivo británico, el mayor problema de esa época, y ganar influencia internacional sin precedente.

Concepciones semejantes guiaron a Washington en su política petrolera. De acuerdo con ella -explicaba el Consejo de Seguridad Nacional de Eisenhower-, Estados Unidos debe respaldar regímenes rudos y brutales y bloquear la democracia y el desarrollo, aunque eso provoque una campaña de odio contra nosotros, como observó el presidente Eisenhower 50 años antes de que George W. Bush preguntara en tono plañidero por qué nos odian y concluyera que debía ser porque odiaban nuestra libertad.

Con respecto a América Latina, los planificadores posteriores a la Segunda Guerra Mundial concluyeron que la primera amenaza a los intereses estadunidenses la representan los regímenes radicales y nacionalistas que apelan a las masas de población y buscan satisfacer la demanda popular de mejoramiento inmediato de los bajos estándares de vida de las masas y el desarrollo a favor de las necesidades internas del país. Estas tendencias entran en conflicto con las demanda de un clima económico y político que propicie la inversión privada, con la adecuada repatriación de las ganancias y la protección de nuestras materias primas. Gran parte de la historia subsiguiente fluye de estas concepciones que nadie cuestiona.

TLC, cura recomendada

En el caso especial de México, el taller de desarrollo de estrategias para América Latina, celebrado en el Pentágono en 1990, halló que las relaciones Estados Unidos-México eran extraordinariamente positivas, y que no las perturbaba ni el robo de elecciones, ni la violencia de Estado, ni la tortura o el escandaloso trato dado o obreros y campesinos, ni otros detalles menores. Los participantes en el taller sí vieron una nube en el horizonte: la amenaza de "una 'apertura a la democracia' en México", la cual, temían, podría poner en el cargo a un gobierno más interesado en desafiar a Estados Unidos sobre bases económicas y nacionalistas. La cura recomendada fue un tratado Estados Unidos-México que encerrara al vecino en su interior y proponerle las reformas neoliberales de la década de 1980, que ataran de manos a los actuales y futuros gobiernos mexicanos en materia de políticas económicas.

En resumen, el TLCAN, impuesto puntualmente por el Poder Ejecutivo en oposición a la voluntad popular.

Y al momento en que el TLCAN entraba en vigor, en 1994, el presidente Clinton instituía también la Operación Guardián, que militarizó la frontera mexicana. Él la explicó así: no entregaremos nuestras fronteras a quienes desean explotar nuestra historia de compasión y justicia. No mencionó nada acerca de la compasión y la justicia que inspiraron la imposición de tales fronteras, ni explicó cómo el gran sacerdote de la globalización neoliberal entendía la observación de Adam Smith de que la libre circulación de mano de obra es la piedra fundacional del libre comercio.

La elección del tiempo para implantar la Operación Guardián no fue para nada accidental. Los analistas racionales anticiparon que abrir México a una avalancha de exportaciones agroindustriales altamente subsidiadas tarde o temprano socavaría la agricultura mexicana, y que las empresas mexicanas no aguantarían la competencia con las enormes corporaciones apoyadas por el Estado que, conforme al tratado, deberían operar libremente en México. Una consecuencia probable sería la huída de muchas personas a Estados Unidos junto con quienes huyen de los países de Centroamérica, arrasados por el terrorismo reaganiano. La militarización de la frontera fue un remedio natural.

Las actitudes populares hacia quienes huyen de sus países -conocidos como extranjeros ilegales son complejas. Prestan servicios valiosos en su calidad de mano de obra superbarata y fácilmente explotable. En Estados Unidos las agro empresas, la construcción y otras industrias descansan sustancialmente en ellos, y ellos contribuyen a la riqueza de las comunidades en que residen. Por otra parte, despiertan tradicionales sentimientos antiemigrantes, persistente y extraño rasgo en esta sociedad de emigrantes que arrastra una historia de vergonzoso trato hacia ellos. Hace pocas semanas, los hermanos Kennedy fueron vitoreados como héroes estadounidenses. Pero a fines del siglo XIX los letreros de ni perros ni irlandeses no los habrían dejado entrar a los restaurantes de Boston. Hoy los emprendedores asiáticos son una fulgurante innovación en el sector de alta tecnología. Hace un siglo, acciones racistas de exclusión impedían el acceso de asiáticos, porque se les consideraba amenazas a la pureza de la sociedad estadunidense.

Sean cuales fueren la historia y las realidades económicas, los inmigrantes han sido siempre percibidos por los pobres y los trabajadores como una amenaza a sus empleos, sus modos de vida y su subsistencia. Es importante tener en cuenta que la gente que hoy protesta con furia ha recibido agravios reales. Es víctima de los programas de manejo financiero de la economía y de globalización neoliberal, diseñados para transferir la producción hacia fuera y poner a los trabajadores a competir unos con otros a escala mundial, bajando los salarios y las prestaciones, mientras se protege de las fuerzas del mercado a los profesionales con estudios. Los efectos han sido severos desde los años de Reagan, y con frecuencia se manifiestan de modos feos y extremos, como muestran las primeras planas de los diarios en los días que corren. Los dos partidos políticos compiten por ver cuál de ellos puede proclamar en forma más ferviente su dedicación a la sádica doctrina de que se debe negar la atención a la salud a los extranjeros ilegales. Su postura es consistente con el principio, establecido por la Suprema Corte, de que, de acuerdo con la ley, esas criaturas no son personas, y por tanto no son sujetos de los derechos concedidos a las personas. En este mismo momento la Suprema Corte considera la cuestión de si las corporaciones deben poder comprar elecciones abiertamente en lugar de hacerlo de modos más indirectos: asunto constitucional complejo, porque las cortes han determinado que, a diferencia de los inmigrantes indocumentados, las corporaciones son personas reales, de acuerdo con la ley, y así, de hecho, tienen derechos que rebasan los de las personas de carne y hueso, incluidos los derechos consagrados por los tan mal nombrados acuerdos de libre comercio. Estas reveladoras coincidencias no me provocan comentario alguno. La ley es en verdad un asunto solemne y majestuoso.

El espectro de la planificación es estrecho, pero permite alguna variación. El gobierno de Bush II fue tan lejos, que llegó al extremo del militarismo agresivo y ejerció un arrogante desprecio, inclusive hacia sus aliados. Fue condenado duramente por estas prácticas, aun dentro de las corrientes principales de opinión. El segundo periodo de Bush fue más moderado. Algunas de sus figuras más extremistas fueron expulsadas: Rumsfeld, Wolfowitz, Douglas Feith y otros. A Cheney no lo pudieron quitar porque él era la administración. Las políticas comenzaron a retornar más hacia la norma. Al llegar Obama al cargo, Condoleeza Rice predecía que seguiría las políticas del segundo periodo de Bush, y eso es en gran medida lo que ha ocurrido, más allá del estilo retórico diferente, que parece haber encantado a buena parte del mundo… tal vez por el descanso que significa que Bush se haya ido.

En el punto más candente de la crisis de los misiles cubanos, un asesor de alto rango del gobierno de Kennedy expresó muy bien algo que hoy es una diferencia básica entre George Bush y Barack Obama. Los planificadores de Kennedy tomaban decisiones que literalmente amenazaban a Gran Bretaña con la aniquilación, pero sin informar a los británicos.

En ese punto, el asesor definió la relación especial con el Reino Unido. "Gran Bretaña -dijo- es nuestro teniente"; el término más de moda hoy sería socio. Gran Bretaña, por supuesto, prefiere el término en boga. Bush y sus cohortes se dirigían al mundo tratando a todos como nuestros tenientes. Así, al anunciar la invasión de Irak, informaron a Naciones Unidas que podía obedecer las órdenes estadounidenses, o volverse irrelevante. Es natural que una desvergonzada arrogancia así levante hostilidades.

Obama adopta un curso de acción diferente. Con afabilidad saluda a los líderes y pueblos del mundo como socios y únicamente en privado continúa tratándolos como tenientes, como subordinados. Los líderes extranjeros prefieren con mucho esta postura, y el público en ocasiones queda hipnotizado por ella. Pero es sabio atender a los hechos, y no a la retórica o a las conductas agradables. Porque es común que los hechos cuenten una historia diferente. En este caso también.

Tecnología de la destrucción

El actual sistema mundial permanece unipolar en una sola dimensión: el ámbito de la fuerza. Estados Unidos gasta casi lo mismo que el resto del mundo junto en fuerza militar, y está mucho más avanzado en la tecnología de la destrucción. Está solo también en la posesión de cientos de bases militares por todo el mundo, y en la ocupación de dos países situados en cruciales regiones productoras de energéticos. En estas regiones está estableciendo, además, enormes mega-embajadas; cada una de ellas es en realidad es una ciudad dentro de otra: clara indicación de futuras intenciones. En Bagdad se calcula que los costos de la mega-embajada asciendan de mil 500 millones de dólares este año a mil 800 millones en los años venideros. Se desconocen los costos de sus contrapartes en Pakistán y Afganistán, como también se desconoce el destino de las enormes bases militares que Estados Unidos instaló en Irak.

El sistema global de bases se comienza a extender ahora por América Latina. Estados Unidos ha sido expulsado de sus bases en Sudamérica; el caso más reciente es el de la base de Manta, en Ecuador, pero recientemente logró arreglos para utilizar siete nuevas bases militares en Colombia, y se supone que intenta mantener la base de Palmerola, en Honduras, que jugó un papel central en las guerras terroristas de Reagan. La Cuarta Flota estadounidense, desbandada en los años 50 del siglo XX, fue reactivada en 2008, poco después de la invasión colombiana a Ecuador. Su responsabilidad cubre el Caribe, Centro y Sudamérica, y las aguas circundantes. La Marina incluye, entre sus variadas operaciones, acciones contra el tráfico ilícito, maniobras simuladas de cooperación en seguridad, interacciones ejército-ejército y entrenamiento bilateral y multilateral. Es entendible que la reactivación de la flota provoque protestas y preocupación de gobiernos como el de Brasil, el de Venezuela y otros.

La preocupación de los sudamericanos se ha incrementado por un documento de abril de 2009, producido por el comando de movilidad aérea estadounidense (US Air Mobility Command), que propone que la base de Palanquero, en Colombia, pueda convertirse en el sitio de seguridad cooperativa desde el cual puedan ejecutarse operaciones de movilidad. El informe anota que, desde Palanquero, casi medio continente puede ser cubierto con un C-17 (un aerotransporte militar) sin recargar combustible. Esto podría formar parte de una estrategia global en ruta, que ayude a lograr una estrategia regional de combate y con la movilidad de los trayectos hacia África. Por ahora, la estrategia para situar la base en Palanquero debe ser suficiente para fijar el alcance de la movilidad aérea en el continente sudamericano, concluye el documento, pero prosigue explorando opciones para extender el sistema a África con bases adicionales, todo como parte de un sistema global de vigilancia, control e intervención.

Estos planes forman parte de una política más general de militarización de América Latina. El entrenamiento de oficiales latinoamericanos se ha incrementado abruptamente en los últimos 10 años, mucho más allá de los niveles de la guerra fría.

La policía es entrenada en tácticas de infantería ligera. Su misión es combatir pandillas de jóvenes y populismo radical, término este último que debe de entenderse muy bien en América Latina.

El pretexto es la guerra contra las drogas, pero es difícil tomar eso muy en serio, aun si aceptáramos la extraordinaria suposición de que Estados Unidos tiene derecho a encabezar una guerra en tierras extranjeras. Las razones son bien conocidas, y fueron expresadas una vez más a fines de febrero por la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, encabezada por los ex presidentes Cardoso, Zedillo y Gaviria. Su informe concluye que la guerra al narcotráfico ha sido un fracaso total y demanda un drástico cambio de política, que se aleje de las medidas de fuerza en los ámbitos interno y externo e intente medidas menos costosas y más efectivas.

Los estudios llevados a cabo por el gobierno estadounidense, y otras investigaciones, han mostrado que la forma más efectiva y menos costosa de controlar el uso de drogas es la prevención, el tratamiento y la educación. Han mostrado además que los métodos más costosos y menos eficaces son las operaciones fuera del propio país, tales como las fumigaciones y la persecución violenta. El hecho de que se privilegien consistentemente los métodos menos eficaces y más costosos sobre los mejores es suficiente para mostrarnos que los objetivos de la guerra contra las drogas no son los que se anuncian. Para determinar los objetivos reales, podemos adoptar el principio jurídico de que las consecuencias previsibles constituyen prueba de la intención. Y las consecuencias no son oscuras: subyace en los programas una contrainsurgencia en el extranjero y una forma de limpieza social en lo interno, enviando enormes números de personas superfluas, casi todas hombres negros, a las penitenciarías, fenómeno que condujo ya a la tasa de encarcelamiento más alta del mundo, por mucho, desde que se iniciaron los programas, hace 30 años.

Aunque el mundo es unipolar en la dimensión militar, no siempre ha sido así en la dimensión económica. A principios de la década de 1970, el mundo se había vuelto económicamente tripolar, con centros comparables en Norteamérica, Europa y el noreste asiático. Ahora la economía global se ha vuelto aún más diversa, en particular tras el rápido crecimiento de las economías asiáticas que desafiaron las reglas del neoliberal Consenso de Washington.

También América Latina comienza a liberarse por sí sola de este yugo. Los esfuerzos estadunidenses por militarizarla son una respuesta a estos procesos, particularmente en Sudamérica, la cual por vez primera desde las conquistas europeas comienza a enfrentar los problemas fundamentales que han plagado el continente. He ahí el inicio de movimientos encaminados a la integración de países que tradicionalmente se orientaban hacia Occidente, no uno hacia el otro, y también un impulso por diversificar las relaciones económicas y otras relaciones internacionales. Están también, por último, algunos esfuerzos serios por dar respuesta a la patología latinoamericana de que son los estrechos sectores acaudalados los que gobiernan en medio de un mar de miseria, quedando los ricos libres de responsabilidades, excepto la de enriquecerse a sí mismos. Esto último es muy diferente de Asia oriental, como se puede medir observando la fuga de capitales. En Asia oriental tales fugas se han controlado con mucha fuerza. En Corea del Sur, por ejemplo, durante su periodo de rápido crecimiento, la exportación de capitales podía acarrear la pena de muerte.

Estos procesos en América Latina, en ocasiones encabezados por impresionantes movimientos populares de masas, son de gran significación. No es sorpresivo que provoquen amargas reacciones entre las elites tradicionales, respaldadas por la superpotencia hemisférica. Las barreras son formidables, pero, si logran remontarse, los resultados van a cambiar en forma significativa el curso de la historia latinoamericana, y sus impactos más allá de ella no serán pequeños.

Traducción: Ramón Vera Herrera
La Jornada 28-09-2009

 

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ROMPER EL CERCO OPRESOR: UTOPIA Y REALIDAD
 EN LA POESÍA DE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS

                                                                                                      Manuel Larrú Salazar -                                                                                                    Universidad de San Marcos

Introducción

Aunque muchos críticos peruanos y peruanistas como Alberto Escobar (1972), Antonio Cornejo Polar (1973), Martin Lienhard 1981), William Rowe (1979), Roland Forgues (1989), por citar sólo algunos estudiosos de la obra arguediana habían subrayado el intenso lirismo que aflora en la narrativa de nuestro gran escritor, cuya filiación parece obedecer antes que a una voluntad estilística, a la percepción de un mundo repleto de vitalidad aun en sus componentes mínimos, percepción que tiene como núcleo liminar un modo de asumir la realidad desde claves culturales quechuas, visible por ejemplo en la noción de kausay, lo viviente, aquello que alienta y unimisma al sujeto que percibe con todo lo percibido, es en Katatay (Temblar), el breve pero extraordinario poemario de Arguedas, donde esa fuerza lírica y esa articulación coparticipatoria se muestra con claridad indudable.

Este nexo entre lenguaje y realidad fue puesto de relieve por el propio escritor andahuaylino  en diversos trabajos y testimonios.  En su "Introducción" al poema Tupac Amaru kamaq Taytanchisman ("A nuestro padre creador Túpac Amaru"), dice:

"Palabras del quechua contienen con una densidad y vida  incomparable la materia del hombre y de la naturaleza y el vínculo intenso  que por fortuna aún existe entre lo uno y lo otro. El indígena peruano está abrigado, consolado, iluminado, bendecido por la naturaleza; su amor y su odio, cuando son desencadenados, se precipitan por eso, con toda esa materia, y también su lenguaje" (Arguedas 1972, 68).     

Ese amor y odio que el agente poético de Katatay desencadena haciendo uso de la palabra quechua que al igual que la naturaleza abriga, consuela, ilumina, están concentrados en un proyecto necesario: "romper el cerco oEpresor" que durante siglos había separado a las dos cumunidades lingüísticas, cerco injusto que no sólo se traduce en marginación socio-económica, sino en el secular conflicto entre oralidad y escritura.

Esta relación conflictiva entre ambas tecnologías comunicativas tuvo su bautismo en el trágico encuentro de Cajamarca, graficado por la voz suprema y sagrada del Inca y por la sagrada escritura, el breviario, que levanta, como un pendón de Conquista, el representante de esa letra, el padre Valverde, como atinadamente señalara Antonio Cornejo Polar en su hermoso libro Escribir en el aire.   Pero si hiciéramos un ejercicio de imaginación y en un gran contrapicado, en un plano general, pudiéramos espectar desde lejos a ambos actores del drama que se estaba desarrollando en Cajamarca veríamos, acaso, a una sola silueta, silueta dual, cuyos límites estarían marcados por la ausencia de filtros que pudieran hacer posible una comunicación genuina, verdadera.

Yuri Lotman, en sus estudios acerca de la semiósfera cultural, propone que la comunicación entre dos esferas semióticas, digamos entre dos culturas diferentes,  solo es posible cuando existen filtros traductores bilinguales que permiten el tránsito a través de las fronteras de cada unidad cultural.  La ausencia de estos filtros, que implica la generación, la creación como dice Lotman, de imágenes falsas acerca del otro, o su uso incompetente, tendrá larga consecuencia en la compleja relación entre lo indiígena y lo criollo produciéndose, por ejemplo en la cuentística oral quechua , relatos que justamente ponene de relieve esta problemática. Esto es, la incapacidad de distinguir y diferenciar, de conocer al otro, con quaien secularmente no existió una genuine comunicación.

Ilustra lo aquí señalado el relato quechua "Hablar castellano cuesta caro", que recoge Alejandro Ortiz Rescaniere en su ya clásico libro De Adaneva a Inkarri.

Hablar castellano cuesta caro

Un apretado resumen del relato nos informa que una comunidad de las alturas de Huanta (Ayacucho) está perdiendo el litigio, por la posesión de la tierra, que mantienen con el gamonal de la región.  Las leyes están en castellano, que ellos no hablan, y se han dado cuenta que el tinterillo que pudieron contratar se ha vendido al abogado del terrateniente. Entonces, reunidos en cabildo, deciden comprar castellano en la propia mata, en Lima. Eligen a los tres más memoriosos para este fin.

Los tres huantinos llegan a Lima y se alojan en casa de un paisano acriollado, quien acepta venderles castellano.  Este paisano incrementa el precio de cada palabra cuando se da cuenta que los viajeros desconocen el valor del dinero.  Contando lo poco que han traído, los alojados ven que no les alcanza para mucho, así que eligen tres palabras que asumen fundamentales: “Nosotros” (Ñoqayku); “Porque queremos” (Munaspayku), “Eso mismo queremos” (Chaytam munaspaykum).  Memorizando cada palabra retornan a su tierra, pero en las alturas se topan con un cadáver recién degollado. Apeándose de sus mulas se acercan y comienzan a despedir el alma de ese pobre muerto. En eso llega la Guardia Civil; los policias, entre insultos, los acusan del crimen. Ellos, que no comprenden esa lengua, sin embargo perciben el problema y para aclarar las cosas deciden utilizar el castellano recién comprado.  Ante la pregunta de un guardia: “¿Quién mató a este pobre hombre?”, uno de los huantinos responde: “¡Nosotros!”; “¿Por qué lo mataron?” –interroga el uniformado, “¡Porque queremos!”, responde el otro. “¡Ahora irán a la cárcel!”, concluye el Celador de la Ley, “¡Eso mismo queremos!”, replica el tercer huantino.

Conducidos ante el juez, éste les hace las mismas preguntas que hiciera el guardia, recibiendo –por supuesto- las mismas respuestas que antes dieran los huantinos.  El juez entonces los condena a 25 años de cárcel. El narrador de “Hablar castellano cuesta caro”, relato contado en quechua, concluye solicitando a los escuchas que se compadezcan de los tres huantinos llevándoles siquiera un poco de coca a la cárcel de Huamanga.

Este no es un texto extraño ni inusual en la narrativa oral andina. Por el contrario, abundan los relatos sobre el tópico de la incomunicación lingüística (por ejemplo los publicados por Johny Payne: Cuentos cusqueños o el testimonio de Máximo Damián en El violín de Isua, recopilado por J. Gushikén). Un elemento común une sin embargo a todos ellos: el lograr la jocosidad y la risa en el auditorio, como en una operación perlocutiva, no obstante estarse narrando una frustación o una desgracia. De ahí que en su mayoría estos relatos tomen como actores del suceso a individuos provenientes de zonas más ”atrasadas”, menos ”decentes”, zonas identificadas inmediatamente por el receptor del relato que, por tanto, es capaz de leer las claves que el texto encierra. En rigor estos espacios se hayan ocupados por el quechua y por la incompetencia de sus usuarios respecto del uso de la “letra”.

Asumimos aquí la noción de la letra como el lugar donde impera semióticamente la escritura. Si bien en su conjunto en estos textos se relieva el problema que genera el entrecruzamiento de dos competencias, culturales y lingüísticas, parecen subrayar a través de la risa, la parodia o el sarcasmo, la necesidad de aprehender el funcionamiento e incluso de apropiarse de los mecanismos de dominio del otro, en la medida que la incapacidad supone la represión, el castigo o incluso la muerte del incompetente.

Otra característica común a estas narraciones es la de presentar a los actores en movimiento. Son forasteros que se ubican en el lugar de lo ajeno sin haberse aclimatado en los múltiples usos del otro espacio cultural.  Estos textos en los que el nivel dialógico interno presenta un grado cero corresponden a lo que llamaremos “relatos de frontera”. Entendemos por frontera al encuentro conflictivo de lenguajes alosémióticos entre sí, en los que aún no se han insertado filtros que hagan posible una traducción

Los relatos dan cuenta de la separación y el impacto, al mismo tiempo, entre dos culturas, dos lenguas, entre oralidad y escritura. Desde el eje de la recepción, sin embargo, implican a dos receptores relacionados por un “locus” común: su perte­nencia a un mismo sistema cultural, aunque diferenciados por el tránsito realizado al interior de otro espacio por uno de ellos. Desde esta perspectiva el emisor del relato es aquél cuya competencia le permite la distinción. Se trata, por tanto, de un sujeto enunciatario que ha atravesado la frontera, el cerco entre dos culturas,  y se encuentra instalado en el espacio cultural del otro.

 Quisiéramos acercarnos, ahora, a los mecanismos de ruptura y superación de tal cerco, que fluye del discurso emitido por la intensa voz del yo-poético presente en los poemas de Katatay, el hermoso libro de poemas de José María Arguedas , y cuya propuesta central implica en el poemario una relación más igualitaria, capaz de fundar una nueva realidad entre los dos grandes conformantes del espacio social peruano: los usuarios de las tradiciones vernáculas y los recipientarios de las hispano-criollas.  Hay que indicar de inmediato que no obstante estar escritos originariamente en quechua, lo que supondría una acción comunicativa hacia lectores de este idioma milenario, Arguedas traduce la mayoría de ellos (Jesús Ruiz Durand concluyó la traducción de "Ima Guayasamín" -"Qué Guayasamín"- y Leo Casas tradujo el último poema de homenaje a Cuba: "Cubapaq"), dirigiéndose entonces nuestro escritor a dos receptores, por mucho que el "yo" poético asuma un carácter representacional de lo quechua, con voz colectiva inicialmente: "Estoy gritando. Soy tu pueblo, tu hiciste de nuevo mi alma; mis lágrimas las hiciste de nuevo; mi herida ordenaste que no se cerrara, que doliera cada vez más."  ("A nuestro Padre Creador...") , o por ejemplo en "Oda al Jet", individualmente: "Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo: no os encuentro, ya no sois, he llegado al estadio que vuestros sacerdotes, y los antiguos, llamaron el Mundo de Arriba. / En este mundo estoy, sentado, más cómodamente que en ningún sitio, sobre un lomo de fuego, / hierro encendido, blanquísimo, hecho por la mano del hombre, pez de viento" (Arguedas, op. cit., 37). El receptor es dual y la dualidad es uno de los signos marcados de la cultura andina.  

El Proyecto

En el discurso general de Arguedas, en el que incluimos a su obra narrativa, sus trabajos como antropólogo, como recopilador y traductor de poesía oral, y a su producción poética, detectamos el tránsito no excluyente de tres núcleos significativos, o códigos de base: 1) el proceso de identificación, 2) el encuentro con el otro, y 3) la transformación producida por ese encuentro.

Identificación, encuentro y transformación constituyen unidades básicas que se ejemplifican especialmente, aunque no únicamente, en su obra narrativa.

Denominamos identificación a la etapa en que Arguedas describe, desde adentro, cómo es el mundo andino, sus conflictos, sus valores, su estructuración. Se trata de un hacer visible y comprensible un espacio socio-cultural asumido por la cultura hegemónica como impenetrable, extraño, ajeno. Sobre lo andino "sólo los acorraladores hablaban mirándola a distancia y con repugnancia o curiosidad" afirma nuestro autor en su texto "No soy un aculturado". (Arguedas, 1990: 256). Esta etapa, que en su obra narrativa va desde Agua hasta Yawar Fiesta también implica, perlocutivamente, la identificación del escritor como representante válido de una visión del mundo.

El periodo que llamamos encuentro con el otro, alude a un espacio referencial de intersección y conflicto entre dos visiones del mundo, dos culturas; situación harto problemática que debe superarse mediante la destrucción del cerco. Esta etapa en la narrativa se cumple con dos novelas: Los Ríos profundos y Todas las sangres. La última secuencia que conformaría su proyecto de quebrar "el cerco opresor", expresada mediante el núcleo significativo  que aquí llamamos transformación, ya no sólo supone el encuentro con el otro sino que a partir de los mencanismos de comprensión y lectura de la realidad generados desde el mundo quechua  se interesa por el desarrollo, la transculturación y la continuidad de lo andino en el choque producido entre ambas culturas. Los zorros..., obra plural y polifónica, es demostrativa de esta última etapa.

Hemos indicado que se trata de un proceso no excluyente.  La síntesis de ese proceso- recordemos que Katatay fue escrito entre 1962 y 1969, es decir entre los dos últimos momentos aquí descritos de manera harto esquemática-, implica la condensación y la profundización de ese proceso.  Universos más que narrativos, discursivos, que suponen la identificación poética del mundo andino, con su marco de valores, de testimonio de pervivencia, como ocurre con el Himno-canción a Tupac Amaru, hasta su proceso transformativo, de incorporación a la modernidad ejemplificada en la opción liberadora que trasunta "Oda al Jet", o el poema dedicado a Cuba. 

El lenguaje poético

En la poesía de Arguedas nos encontramos con una forma que el autor denomina haylli-taki y que traduce como "himno-canción". El Haylli así como el Taki, constituyen estructuras versales provenientes de la tradición oral quechua, cuyas raíces son prehispánicas.

Jean-Philippe Husson (1993) indica que el Haylli es una pieza caracterizada por su ardor y alegría.  En propiedad, se trata de una forma poética cantada, acompañada de música, de carácter triunfal, cuya estructura es interiormente dialógica,  Es decir, implica una dualidad de emisores que en su intervención completan el sentido del texto. La secuencia completa de este diálogo constituye el canto triunfal y de regocijo, cuyos tema pueden ser de corte amoroso, agrario o de adoración a los apus tutelares o dioses montaña.

El siguiente Haylli recogido por Guaman Poma de Ayala y citado por Husson, es demostrativo de esta descripción:

!Ayaw haylli, yaw haylli!                                  ! Triunfo, triunfo!

¿Uchuyuqchu chakrayki?                     ¿Lleva pimientos tu parcela?

Uchuy tumpalla samusaq.                 So color de los pimientos vendré.

¿Tikayuqchu chakrayki?                      ¿Lleva flores tu parcela?

Tikay tumpalla samusaq.                 So color de las flores, vendré.

!Chaymi Quya!        !He aquí la reina!                 !Ahaylli!  !triunfo!

!Chaymi paya!        !He aquí la dama!                 !Ahaylli!  !Triunfo!

!Patallampi!            !En su terraza!                       !Ahaylli!  !Triunfo!

!Chaymi ñusta!       !He aquíla princesa!              !Ahaylli!  !Triunfo!

!Chaymi siklla!        ! He aquí la hermosa!            !Ahaylli!  !Triunfo!

 

El Taki a su vez implica el carácter más subjetivo e íntimo del emisor poético. Son versos y música construidos para ser emitidos no dialógicamente, como el Haylli, sino personalmente. Supone un lirismo mayor que trasunta estados de ánimo del yo poético.

Lo ejemplificaremos con esta estrofa recogida por Arguedas en su texto  Canto Kechwa (1989):

Sapay rikukuni                                                  Qué solo me veo

mana piqnillayoq                                                            sin nadie, sin nadie

puna wayta jina                                                             como flor de la puna

llaki llantullayoq                                                         mi sombra nomás tengo

                                                                                     como flor de la puna.

 Como puede apreciarse, se trata de dos formas muy distintas  una de otra en su aparato formal, en su modulación (una colectiva, la otra individual), en su funcionalidad y aun en su significación. Arguedas, conocedor experto (como recopilador, traductor y usuario) de estas formas de la retórica quechua, las transforma completamente, hace estallar su estructura para introducir contenidos nuevos. No es que sea sólo un renovador de la literatura peruana producida en castellano, sino que hace también lo propio con la tradición poética quechua.

El poema "A nuestro padre creador Tupac Amaru" constituye un contrapunto, una dialogía interna, entre el Haylli y el Taki.  El primero, en este poema, se caracteriza por su narratividad, por su carácter épico, por su inserción en las categorías míticas andinas, mientras que el segundo, Taki, por su concisión y brevedad, su lirismo más intenso, su dimensión más íntima.  Veamos una parte del Haylli:

"Tupac Amaru, Amaruq churin, Apu Salkantaypa ritinmanta ruwasqa; llantuykin, Apu suyu sombran hina sonqo ruruykupi mastarikun, may pachakama"

 "Tupac Amaru, hijo del Dios Serpiente; hecho con la nieve del Salkantay, tu sombra llega al profundo corazón como la sombra del dios montaña, sin cesar y sin límites".

            Y una parte de un Taki en este poema:

 Mayun takisian                                         Está cantando el río,

tuyan waqasian,                                              está llorando la calandria,

wayran muyusian,                                           está dando vueltas el viento,

ichu, tuta punchay sukasian                      día y noche la paja de la estepa vibra.

Este tratamiento renovador de la poesía quechua no supone el cambio completo del sentido de ambas formas, sino más bien un llevarlo más allá, una estrategia escritural para ampliar sus posibilidades comunicativas. En efecto, si el Haylli tradicional se caracteriza por ser una canción que incorpora el diálogo interno, en Arguedas este diálogo supone la participación del lector; es el receptor que se incorpora a la secuencia poética completando el sentido triunfal del texto.

 ¿Cuál es ese sentido triunfal?  Ciertamente, y como lo precisa Antonio Cornejo Polar:

"[se trata de] la plasmación más intensa del proceso de fundación de (una) nueva realidad y de la índole profunda del mundo que se avecina con vigor indetenible. El haylli-taki expresa la voz plural de los indios contemporáneos. Arguedas los sitúa en una dimensión histórica: son los runas que han logrado sobrevivir a la opresión secular y que ahora invaden y comienzan a dominar las ciudades que siempre les fueron hostiles" (Cornejo, 1990:298).

Pero la renovación del nivel formal, con el uso por ejemplo del verso libre manteniendo un ritmo, una cadencia fónica proveniente de la poesía oral quechua, aunque en sí misma resulte importante para una historia de la escritura poética en este idioma, está al servicio de una necesidad: el encuentro igualitario con el "otro" de la cultura nacional. 

Pachacuti y Tinkuy   

En las operaciones del sistema dual andino: hanan y hurin (arriba y abajo), existen dos mecanismos que aluden a la relación con el otro. Los conocidos como kuti y tinkuy, y que algunos estudiosos han denominado, con riesgo, mesianismo.

El primero, que se realiza en la voz pachacuti, implica el relevo de contrarios, el cambio de roles entre lo de arriba y lo de abajo, la inversión del cosmos y del orden. El segundo,  tinkuy, alude al encuentro tensional entre ambas unidades de la dualidad, en una suerte de danza discursiva que permite el intercambio y la relación asimétrica.

 A lo largo de los siglos ese encuentro con el otro fue reconocido como pachacuti: mundo al revés, como lo atestiguan la Crónica de Guaman Poma o el movimiento Taki Onqoy.  Ese pachacuti generado por la conquista y manifestado en todas las formas de la marginación y de la desestructuracíon del mundo andino, es en rigor el producto  de la ausencia de intercambio equivalente.

 ¿Cómo superar esta situación? ¿Cómo tender puentes posibles para el tránsito intercultural equitativo?  Toda la literatura de Arguedas, su vida misma, su obra poética, nos habla de ese tránsito posible.

 Si el taki onqoy, el canto de la enfermedad generada por una relación no igualitaria, metafóricamente hablando, produjo una tradición oral que alude al mundo al revés en la vinculación mundo andino-mundo criollo, como ocurre en los relatos de pishtakos, asesinos temibles, identificados siempre como blancos o mestizos, o en Inkarri, la divinidad sumergida capaz de transformar el mundo para superar una realidad injusta, en la poesía de Arguedas se trata más bien de producir un wañuy onqoy, esto es, matar a la enfermedad.  El mecanismo para ello es el tinkuy, el encuentro coparticipatorio que haga posible el reconocimiento mutuo de las capacidades y potencialidades de los dos actores culturales del Perú.

 El poema "Llamado a los doctores" es exactamente eso. Es la apelación al otro para demostrarle la capacidad creativa del hombre andino, su fuerza milenaria, en la búsqueda de una conjunción que haga posible la fundación de un nuevo mundo. Veamos algunos fragmentos de este poema:

 "Dicen que ya no sabemos nada, que somos el atraso, que nos han de cambiar la cabeza por otra mejor.

Dicen que  nuestro corazón tampoco conviene a los tiempos, que está lleno de temores, de lágrimas (…) Dicen que algunos doctores afirman eso de nosotros; doctores que se reproducen en nuestra misma tierra, que aquí engordan o que se vuelven amarillos (…) ¿Qué hay a la orilla de esos ríos que tú no conoces, doctor? Acércate a mí; levántame hasta la cabina de tu helicóptero. Yo te invitaré el licor de mil savias diferentes. (…) Curaré tus fatigas que a veces te nubla como bala de plomo; te recrearé con la luz de las cien flores de quinua, con la imagen de su danza al soplo de los  vientos (…). ¿Trabajé siglos  de años y meses para que alguien que no me conoce y a quien no conozco me corte la cabeza con una máquina pequeña?

No, hermanito mío.  No ayudes a afilar esa máquina contra mí, acércate, deja que te conozca. (…) Sabemos que pretenden desfigurar nuestros rostros con barro, mostrarnos así, desfigurados, ante nuestros hijos para que ellos nos maten (…). No sabemos bien qué ha de pasar (…), somos hijos del padre de todos los ríos, del padre de todas las montañas. ¿Es que ya no vale nada el mundo, hermanito doctor?"   

 De este modo, el cerco opresor contra el que se levanta la escritura apasionada de Arguedas puede ser destruido. Aprender mutuamente, el uno del otro, es el mecanismo de salida.

 El itinerario de ese aprendizaje, desde la perspectiva quechua que adopta el emisor poético de Katatay, supone un tránsito. Tránsito que va desde el uso de un yo colectivo y plural que apela a la divinidad mítica: el dios-serpiente Tupac Amaru, testimoniándole su inserción y gradual dominio de otro espacio cultural, hasta el uso de un yo personal, como ocurre en "Oda al Jet" o "A Cuba", donde el agente poético ha transformado esa dimensión mítica, de apelación al apu tutelar indígena, por una dimensión histórica: esto es, el ser humano concreto y su maravillosa capacidad creativa:

 "El hombre es dios. Yo soy hombre.  El hizo este incontable pez golondrina de viento", dice acerca del Jet, "!Gracias hombre! No hijo del Dios Padre sino su hacedor. Gracias, padre mío, mi contemporáneo. Nadie sabe hasta qué mundo lanzarás tu flecha.  Hombre dios, mueve este pez golondrina para que tu sangre creadora se ilumine más cada hora. (...) Que esta golondrina de oro de los cielos fecunde otros dioses en tu corazón cada día" (Katatay, 39).

 Aprendizaje del otro sin renunciar a las raíces propias. Creo que esa es la gran enseñanza que nos propone Arguedas, cuya actualidad es tan evidente en estos tiempos en que la tecnología y la modernización, ciertamente necesarias, también producen confusión sobre nuestra identidad plural y sobre nuestras raíces culturales, sobre nuestras memorias.

José María Arguedas no sólo supo detectar la presencia de fronteras culturales cuyo tránsito era secularmente injusto y destructivo para uno de los componentes, el más antiguo, de la nación (y en el fondo la misma injusticia también dañaba y oprimía al propio agente de la opresión) sino que al proponer en su intensa poesía la necesidad de aprender a mirarnos y reconocernos, esto es de desarrollar las posibilidades de una articulación equitativa, nos estaba (nos sigue) señalando una tarea integrativa necesaria y en verdad nada utópica como algunos han querido ver, en tanto que quebrar el cerco opresor no puede sino potenciar y enriquecer -curar- a ese gran cuerpo vivo, el país, nutrido por todas las sangres y tan urgido, superando sus traumas históricos y recientes, de encontrar una vía posible para su propio desarrollo.

              

Bibliografía citada

ARGUEDAS, José María. Temblar. Katatay. Lima, INC, 1972.

--------            Canto kechwa. Lima, Ed. Horizonte, 1989.

-------- El zorro de arriba y el zorro de abajo. Edición crítica de Eve-Marie Fell. Madrid, CSIC, 1990.

CORNEJO POLAR, Antonio. Los universos narrativos en José María Arguedas. Bs.As., Ed. Losada, 1973.

-------- Un ensayo sobre los Zorros". En: El zorro de arriba y el zorro de abajo. Edición crítica de Eve-Marie Fell. Madrid, CSIC, 1990.

ESCOBAR, Alberto. "Presentación" a Katatay. Lima, INC, 1972.

FORGUES, Roland. J.M. Arguedas. Del pensamiento dialéctico al pensamiento trágico. Historia de una utopía. Lima, Ed.Horizonte, 1989.

GUAMAN POMA DE AYALA, Felipe. El primer nueua coronica y buen gobierno. México, Ed. Siglo XXI, 1980.

HUAMAN, Miguel Angel. Poesía y utopía andina. Lima, Desco, 1988.

HUSSON, Jean-Philippe. "La poesía quechua prehispánica: sus reglas, sus categorías, sus temas...". En: Revista de Crítica Literaria Latinoamericana. Año XIX, No. 37, Lima 1993.      

LIENHARD, Martín. Cultura popular andina y forma novelesca. Zorros y danzantes en la última novela de Arguedas. Lima, Tarea, 1981.

ROWE, William. Mito e ideología en la obra de José María Arguedas. Lima, INC, 1979.     

 

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Del capitalismo como "sistema parásito"

Por: Zygmunt Bauman

"Todavía no empezamos a pensar con seriedad en la sustentabilidad de nuestra sociedad impulsada a crédito y consumo", afirma el sociólogo polaco. Para el autor de Modernidad líquida gobiernos e instituciones han aprendido muy poco de la crisis económica reciente: la respuesta a la quiebra fue endeudarse aun más. Por

º Tal como el reciente "tsunami financiero" demostró a millones de personas que creían en los mercados capitalistas y en la banca capitalista como métodos evidentes para la resolución exitosa de problemas, el capitalismo se especializa en la creación de problemas, no en su resolución.

Al igual que los sistemas de los números naturales del famoso teorema de Kurt Gödel, el capitalismo no puede ser al mismo tiempo coherente y completo. Si es coherente con sus propios principios, surgen problemas que no puede abordar; y si trata de resolverlos, no puede hacerlo sin caer en la falta de coherencia con sus propias premisas. Mucho antes de que Gödel escribiera su teorema, Rosa Luxemburgo publicó su estudio sobre la "acumulación capitalista" en el que sugería que el capitalismo no puede sobrevivir sin economías "no capitalistas"; puede proceder según sus principios siempre cuando haya "territorios vírgenes" abiertos a la expansión y la explotación, si bien cuando los conquista con fines de explotación, el capitalismo los priva de su virginidad precapitalista y de esa forma agota las reservas que lo nutren. En buena medida es como una serpiente que se devora la cola: en un primer momento la comida abunda, pero pronto se hace cada vez más difícil de tragar, y poco después no queda nada que comer ni tampoco quien lo coma...

El capitalismo es en esencia un sistema parásito. Como todos los parásitos, puede prosperar un tiempo una vez que encuentra el organismo aún no explotado del que pueda alimentarse, pero no puede hacerlo sin dañar al anfitrión ni sin destruir tarde o temprano las condiciones de su prosperidad o hasta de su propia supervivencia.

Rosa Luxemburgo, que escribió en una era de imperialismo rampante y conquista territorial, no pudo prever que las tierras premodernas de continentes exóticos no eran los únicos posibles "anfitriones" de los que el capitalismo podía alimentarse para prolongar su vida e iniciar sucesivos ciclos de prosperidad. El capitalismo reveló desde entonces su asombroso ingenio para buscar y encontrar nuevas especies de anfitriones cada vez que la especie explotada con anterioridad se debilitaba. Una vez que anexó todas las tierras vírgenes "precapitalistas", el capitalismo inventó la "virginidad secundaria". Millones de hombres y mujeres que se dedicaban a ahorrar en lugar de a vivir del crédito fueron transformados con astucia en uno de esos territorios vírgenes aún no explotados.

La introducción de las tarjetas de crédito fue el indicio de lo que se avecinaba. Las tarjetas de crédito habían hecho irrupción en el mercado con una consigna elocuente y seductora: "elimine la espera para concretar el deseo". ¿Se desea algo pero no se ahorró lo suficiente para pagarlo? Bueno, en los viejos tiempos, que por fortuna ya quedaron atrás, había que postergar las satisfacciones (esa postergación, según Max Weber, uno de los padres de la sociología moderna, era el principio que hizo posible el advenimiento del capitalismo moderno): ajustarse el cinturón, negarse otros placeres, gastar de manera prudente y frugal y ahorrar el dinero que se podía apartar con la esperanza de que con el debido cuidado y paciencia se reuniría lo suficiente para concretar los sueños.

Gracias a Dios y a la benevolencia de los bancos, ya no es así. Con una tarjeta de crédito, ese orden se puede invertir: ¡disfrute ahora, pague después! La tarjeta de crédito nos da la libertad de manejar las propias satisfacciones, de obtener las cosas cuando las queremos, no cuando las ganamos y podemos pagarlas.

A los efectos de evitar reducir el efecto de las tarjetas de crédito y del crédito fácil a sólo una ganancia extraordinaria para quienes prestan, la deuda tenía que (¡y lo hizo con gran rapidez!) transformarse en un activo permanente de generación de ganancia. ¿No puede pagar su deuda? No se preocupe: a diferencia de los viejos prestamistas siniestros, ansiosos de recuperar lo que habían prestado en el plazo fijado de antemano, nosotros, los modernos prestamistas amistosos, no pedimos el reembolso de nuestro dinero sino que le ofrecemos darle aun más crédito para devolver la deuda anterior y quedarse con algún dinero adicional (vale decir, deuda) para pagar nuevos placeres. Somos los bancos a los que les gusta decir "sí". Los bancos amistosos. Los bancos sonrientes, como afirmaba uno de los comerciales más ingeniosos.

La trampa del crédito

Lo que ninguno de los comerciales declaraba abiertamente era que en realidad los bancos no querían que sus deudores reembolsaran los préstamos. Si los deudores devolvieran con puntualidad lo prestado, ya no estarían endeudados. Es su deuda (el interés mensual que se paga sobre la misma) lo que los prestamistas modernos amistosos (y de una notable sagacidad) decidieron y lograron reformular como la fuente principal de su ganancia ininterrumpida. Los clientes que devuelven con rapidez el dinero que pidieron son la pesadilla de los prestamistas. La gente que se niega a gastar dinero que no ganó y se abstiene de pedirlo prestado no resulta útil a los prestamistas, así como tampoco las personas que (motivadas por la prudencia o por un sentido anticuado del honor) se apresuran a pagar sus deudas a tiempo. Para beneficio suyo y de sus accionistas, los bancos y proveedores de tarjetas de crédito dependen ahora de un "servicio" ininterrumpido de deudas y no del rápido reembolso de las mismas. Por lo que a ellos concierne, un "deudor ideal" es el que nunca reembolsa el crédito por completo. Se pagan multas si se quiere reembolsar la totalidad de un crédito hipotecario antes del plazo acordado... Hasta la reciente "crisis del crédito", los bancos y emisores de tarjetas de crédito se mostraban más que dispuestos a ofrecer nuevos préstamos a deudores insolventes para cubrir los intereses impagos de créditos anteriores. Una de las principales compañías de tarjetas de crédito de Gran Bretaña se negó hace poco a renovar las tarjetas de los clientes que pagaban la totalidad de su deuda cada mes y, por lo tanto, no incurrían en interés punitorio alguno.

Para resumir, la "crisis del crédito" no fue resultado del fracaso de los bancos. Al contrario, fue un resultado por completo esperable, si bien inesperado, el fruto de su notable éxito: éxito en lo relativo a transformar a la enorme mayoría de los hombres y mujeres, viejos y jóvenes, en un ejército de deudores. Obtuvieron lo que querían conseguir: un ejército de deudores eternos, la auto perpetuación de la situación de "endeudamiento", mientras que se buscan más deudas como la única instancia realista de ahorro a partir de las deudas en que ya se incurrió.

Ingresar a esa situación se hizo más fácil que nunca en la historia de la humanidad, mientras que salir de la misma nunca fue tan difícil. Ya se tentó, sedujo y endeudó a todos aquellos a los que podía convertirse en deudores, así como a millones de otros a los que no se podía ni debía incitar a pedir prestado.

Como en todas las mutaciones anteriores del capitalismo, también esta vez el Estado asistió al establecimiento de nuevos terrenos fértiles para la explotación capitalista: fue a iniciativa del presidente Clinton que se introdujeron en los Estados Unidos las hipotecas subprime auspiciadas por el gobierno para ofrecer crédito para la compra de casas a personas que no tenían medios para reembolsar esos préstamos, y para transformar así en deudores a sectores de la población que hasta el momento habían sido inaccesibles a la explotación mediante el crédito...

Sin embargo, así como la desaparición de la gente descalza significa problemas para la industria del calzado, la desaparición de la gente no endeudada anuncia un desastre para el sector del crédito. La famosa predicción de Rosa Luxemburgo se cumplió una vez más: otra vez el capitalismo estuvo peligrosamente cerca del suicido al conseguir agotar la reserva de nuevos territorios vírgenes para la explotación...

Hasta ahora, la reacción a la "crisis del crédito", por más impresionante y hasta revolucionaria que pueda parecer una vez procesada en los titulares de los medios y las declaraciones de los políticos, fue "más de lo mismo", con la vana esperanza de que las posibilidades vigorizadoras de ganancia y consumo de esa etapa aún no se hayan agotado por completo: un intento de recapitalizar a los prestadores de dinero y de hacer que sus deudores vuelvan a ser dignos de crédito, de modo tal que el negocio de prestar y tomar prestado, de endeudarse y permanecer así, pueda retornar a lo "habitual".

El Estado benefactor para los ricos (que, a diferencia de su homónimo para los pobres, nunca vio cuestionada su racionalidad, y mucho menos interrumpidas sus operaciones) volvió a los salones de exposición tras abandonar las dependencias de servicio a las que se había relegado sus oficinas de forma temporaria para evitar comparaciones envidiosas.

Lo que los bancos no podían obtener -por medio de sus habituales tácticas de tentación y seducción-, lo hizo el Estado mediante la aplicación de su capacidad coercitiva, al obligar a la población a incurrir de forma colectiva en deudas de proporciones que no tenían precedentes: gravando/hipotecando el nivel de vida de generaciones que aún no habían nacido...

Los músculos del Estado, que hacía mucho tiempo que no se usaban con esos fines, volvieron a flexionarse en público, esta vez en aras de la continuación del juego cuyos participantes hacen que esa flexión se considere indignante, pero inevitable; un juego que, curiosamente, no puede soportar que el Estado ejercite sus músculos pero no puede sobrevivir sin ello.

Ahora, centenares de años después de que Rosa Luxemburgo diera a conocer su pensamiento, sabemos que la fuerza del capitalismo reside en su asombroso ingenio para buscar y encontrar nuevas especies de anfitriones cada vez que la especie que se explotó antes se debilita demasiado o muere, así como en la expedición y la velocidad virulentas con que se adapta a las idiosincrasias de sus nuevas pasturas. En el número de noviembre de 2008 de The New York Review of Books (en el artículo "La crisis y qué hacer al respecto"), el inteligente analista y maestro del arte del marketing George Soros presentó el itinerario de las empresas capitalistas como una sucesión de "burbujas" de dimensiones que excedían en mucho su capacidad y explotaban con rapidez una vez que se alcanzaba el límite de su resistencia.

La "crisis del crédito" no marca el fin del capitalismo; sólo el agotamiento de una de sus sucesivas pasturas... La búsqueda de un nuevo prado comenzará pronto, tal como en el pasado, alentada por el Estado capitalista mediante la movilización compulsiva de recursos públicos (por medio de impuestos en lugar de a través de una seducción de mercado que se encuentra temporariamente fuera de operaciones). Se buscarán nuevas "tierras vírgenes" y se intentará por derecha o por izquierda abrirlas a la explotación hasta que sus posibilidades de aumentar las ganancias de accionistas y las bonificaciones de los directores quede a su vez agotada.

Como siempre (como también aprendimos en el siglo XX a partir de una larga serie de descubrimientos matemáticos desde Henri Poincaré hasta Edward Lorenz) un mínimo paso al costado puede llevar a un precipicio y terminar en una catástrofe. Hasta los más pequeños avances pueden desencadenar inundaciones y terminar en diluvio...

Los anuncios de otro "descubrimiento" de una isla desconocida atraen multitudes de aventureros que exceden en mucho las dimensiones del territorio virgen, multitudes que en un abrir y cerrar de ojos tendrían que volver corriendo a sus embarcaciones para huir del inminente desastre, esperando contra toda esperanza que las embarcaciones sigan ahí, intactas, protegidas...

La gran pregunta es en qué momento la lista de tierras disponibles para una "virginización secundaria" se agotará, y las exploraciones, por más frenéticas e ingeniosas que sean, dejarán de generar respiros temporarios. Los mercados, que están dominados por la "mentalidad cazadora" líquida moderna que reemplazó a la actitud de guardabosques premoderna y a la clásica postura moderna de jardinero, seguramente no se van a molestar en plantear esa pregunta, dado que viven de una alegre escapada de caza a otra como otra oportunidad de posponer, no importa qué tan brevemente ni a qué precio, el momento en que se detecte la verdad.

Todavía no empezamos a pensar con seriedad en la sustentabilidad de nuestra sociedad impulsada a crédito y consumo. "El regreso a la normalidad" pronostica un regreso a vías malas y siempre peligrosas. La intención de hacerlo es alarmante: indica que ni la gente que dirige las instituciones financieras, ni nuestros gobiernos, llegaron al fondo del problema con sus diagnósticos, y mucho menos con sus actos.

Parafraseando a Héctor Sants, el director de la Autoridad de Servicios Financieros, que hace poco confesó la existencia de "modelos empresarios mal equipados para sobrevivir al estrés (...), algo que lamentamos", Simon Jenkins, un analista de The Guardian de extraordinaria agudeza, observó que "fue como si un piloto protestara porque su avión vuela bien a excepción de los motores". Bauman Básico | Znan (Polonia), 1925, Sociólogo.

Formado en la Universidad de Varsovia, donde enseñó hasta que las purgas antisemitas del gobierno lo obligaron a exiliarse, Bauman desarrolló en Israel, EE.UU. e Inglaterra (donde es profesor emérito) sus estudios sobre la relación estrecha entre holocausto y modernidad. Desde los años 90 trabaja la contraposición entre una pasada Modernidad sólida y la actual, como una Modernidad "líquida", caracterizada por la incapacidad de individuos e instituciones de solidificar sus lazos. Entre sus libros se destacan Modernidad líquida y El arte de la vida. [giecoleon]

Fuente: Revista Ñ

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DE QUIMERAS Y CHIMÉRICAS

RELACION CHINA-USA

Por: Juan Eugenio Corradi

La relación China-Estados Unidos (Chimérica) se ha vuelto problemática, mientras que las nuevas relaciones entre China y América Latina (Chiméricas) se vuelve una realidad promisoria. Nace un mundo nuevo con perspectivas de desarrollo insospechadas en el pasado. El desarrollo del Brasil ejemplifica el nuevo mundo; el de México ejemplifica los antiguos problemas de la dependencia.

En un capítulo de mi libro Los hilos del desorden (Opinión Sur, 2006) traté de presentar de manera anecdótica y folclórica los principales contornos de una nueva división internacional del trabajo que combinaba los intereses de los Estados Unidos y de China. Las exportaciones chinas y el consumo norteamericano impulsaban entonces a toda la economía mundial. Desde el año 2000 en adelante, esa simbiosis produjo tasas de crecimiento robustas en los Estados Unidos y tasa espectaculares para China. Parecía, de primera impresión, que en ese negocio ganaban todos. Sin embargo, cuando me puse a mirar en forma pormenorizada a esa relación, pude constatar que tenía rasgos extraños y desequilibrados.

Ya en 2005, para un observador que no se dejase obnubilar por la exuberancia irracional de los mercados, el arreglo se había hecho muy poco sostenible. El desequilibrio en los términos de intercambio era tal que anunciaba una crisis. El acuerdo sino-americano se reducía a la extensión de una larga línea de crédito por parte de la República Popular China a los Estados Unidos para que los norteamericanos pudiese consumir a un nivel superior al de sus medios, es decir, mucho más allá de sus ingresos reales. Se trataba de una indulgencia por la que los propios Estados Unidos habían castigado a los países latinoamericanos durante muchos años. Esta vez, parecía que los norteamericanos habían contraído, y con creces, el hábito dispendioso de sus vecinos del sur.

Por largo tiempo, el control del gasto excesivo era el meollo de las recetas de estabilización pregonadas e impuestas por el Fondo Monetario Internacional en los países en vías de desarrollo, bajo la influencia indiscutida de los Estados Unidos. Con frecuencia se traducían en políticas pro-cíclicas que dejaron a más de un país en la cuneta. Esta experiencia desagradable y asaz repetida mostró, a la larga, que "ser prudente" en circunstancias criticas no es nada prudente. Se confirmó la sentencia del poeta William Blake: "Prudencia es una vieja rica, solterona y fea a quien le hace la corte un señor llamado Incapaz."

La situación es muy distinta hoy en día. Los países latinoamericanos han ordenado sus cuentas. Son las economías centrales las que hoy reciben las viejas recetas prudenciales y las que deberán tarde o temprano tomar la amarga medicina que otrora dispensaban a los países en vías de desarrollo. El 3 de noviembre de 2009 el Fondo Monetario Internacional advirtió a los bancos centrales de los países industrializados: "Si bien seria prematuro comenzar a abandonar el soporte financiero, los gobiernos no deben dudar en anunciar una estrategia de salida ya en este momento." En esencia ese fue un llamado a la austeridad fiscal, aunque matizado por el riesgo de que un ajuste de cinturón prematura podría detener la recuperación. Este es un dilema nuevo para los países avanzados. Para los latinoamericanos, ser trata de un terreno peligroso pero bien conocido.

Durante los gloriosos años de la globalización reciente, los historiadores Niall Ferguson y Moritz Schularick inventaron el vocablo "Chimérica" para referirse a la combinación de las economías china y norteamericana, respectivamente. La expresión suscitó interés en la intelectualidad occidental y entre los periodistas también. Recientemente, los autores nos advierten que eligieron el vocablo porque "creímos que el binomio era una quimera -un híbrido monstruoso como la bestia de leyenda: en parte un león, en parte una cabra, en parte una víbora," y agregaron una advertencia sombría: "Ahora estamos presenciando los estertores de agonía de aquel monstruo." La causa de su muerte es simple: no existe una línea de crédito infinita, y los norteamericanos han llegado al final de la suya. De ahora en adelante deberán consumir menos y ahorrar más para poder salir del hueco de deudas en el que se han enterrado. Y efectivamente, la crisis económica mundial comenzó con un cierre del crédito. La consecuencia más grave e inmediata ha sido la deflación. De ahí el recurso a medidas desesperadas de rescate financiero y los distintos programas de estímulo improvisados para reflotar la economía y restablecer el intercambio. Sin embargo, ese proceso de "cura" llevara largo tiempo, y en el mejor de los escenarios proyectivos las tasas futuras de crecimiento en casi todo el mundo serán modestas. El proceso más significativo del periodo actual es el re-equilibrio en el crecimiento.

¿Cuál será el perfil de tal re-equilibrio en las distintas partes del planeta? ¿Qué desalineamientos y nuevos alineamientos geopolíticos se sucederán? El futuro no es predecible porque depende de la acción y la elección. Se presenta, eso si, como un terreno de senderos que se bifurcan. Me ocupare aquí de dos bifurcaciones: del futuro de la mentada "Chimérica", y en consecuencia, de las opciones que se presentan a los diversos países latinoamericanos. Más precisamente, me pregunto si existe la opción "Chiméricas", es decir China y las Américas al sur del Rio Grande.

Para comenzar, ¿cuáles son las perspectivas de Chimérica? ¿Quiénes ganan y quienes pierden en este problemático matrimonio? Como señalan Ferguson y Schularick, "Con el 13 por ciento (combinados) de la superficie de la superficie física del mundo y con un cuarto de su población, Chimérica sin embargo se atribuyó un tercio de la producción global y dos quintos del crecimiento mundial entre 1998 y 2007." Es impresionante.

Pero si desagregamos esas cifras y analizamos el impacto diferencial entre los socios, llegamos rápidamente al meollo problemático de su asociación. Los Estados Unidos pudieron mantener un alto nivel de vida y la apariencia de un crecimiento sano (tanto en productividad como en el PBI) gastando en exceso de su ingreso nacional, emitiendo deuda en su propia moneda, un sesgo que ayudó mucho a prolongar el simulacro de prosperidad. Una vez alcanzado el limite sostenible del endeudamiento privado (hoy transferido en parte importante al sector público) deberá reconvertir su economía y dedicarse mucho más a producir bienes tangibles, no ficticios, en el comercio mundial. Tiene el potencial para hacerlo en varias áreas estratégicas: el sector aeroespacial, innovaciones bio-médicas, energía alternativa, y servicios especializados, al mismo tiempo que es capaz de mantener la delantera en tecnologías de información y comunicación. Todos estos sectores tienen un fuerte componente militar, lo que le da una ventaja importante a los EE.UU. en la medida en que el país continúe a producir, aunque con bastante desperdicio y errores, un bien público global, a saber, la seguridad internacional (no tenemos espacio en esta nota para describir la transición entre el imperialismo clásico y la seguridad global).

Para los Estados Unidos, el desafío es considerable, ya que se trata de hacer marcha cuesta arriba en un contexto económico depresivo. Durante los alegres años del consumo exagerado, los EE.UU. dejaron de ocuparse de tres sectores fundamentales: las educación básica, la salud pública, y la infraestructura física. Tomaré la educación como ejemplo ilustrativo. En el siglo 19, la educación publica en Norteamérica fue todo un éxito y una inspiración para el resto del mundo. Los planes y las propuestas de Horace Mann inspiraron al estadista argentino Domingo Faustino Sarmiento, a desarrollar un programa de educación publica y gratuita, en los niveles primario y secundario, que fue el primero en América Latina y que le dio a la Argentina una ventaja de desarrollo por encima de sus hermanas repúblicas, ya que mantuvo la delantera en desarrollo social y económico aun en los periodos de decadencia posteriores. Avancemos ahora hacia el siglo 21. En el año 2006, en un ranking de capacidad y desempeño escolar de jóvenes de 15 anos en 30 países industrializados, los adolescentes norteamericanos ocupaban tan solo el puesto número 21 en ciencias y el 25 en matemáticas. En otras palabras, los EE.UU. se han retrasado en forma notable. Las cifras para la Argentina son igualmente alarmantes.

Este fenómeno no es ni único ni nuevo. Ha sido estudiado por una disciplina que se llama economía institucional comparada. Se han ofrecido varias explicaciones al respecto. Por ejemplo, el economista Thorstein Veblen explicó como los países de desarrollo industrial tardío hacían grandes avances en materia de tecnología y superaban a los viejos países industriales que habían inventado esa tecnología en primer lugar. En ellos la necesidad de proteger los valores nominales capitalizados de la inversión era un obstáculo al desarrollo de nuevas iniciativas e innovaciones tecnológicas. Tal es el caso hoy de los Estados Unidos y de algunos países europeos. Veblen hacía hincapié en la influencia negativa de algunas estructuras de propiedad y en la concentración financiera de los países que perdían impulso.

Veblen sostenía que otros países crecían con gran velocidad por no tener el lastre del desarrollo previo. Llamó a este fenómeno: "la penalidad de los pioneros." En su época (1915) el país "emergente" más fuerte era la Alemania Imperial. En nuestra época es sin duda la República Popular China. Son países que, en su momento, se vieron libres de restricciones por no tener que mantener una vieja trama de capital invertido. Dan un salto por sobre los países de desarrollo anterior.

Por su parte, el teórico de la acción colectiva Mancur Olson, en su libro Auge y Decadencia de las Naciones (1982) elaboró la tesis de Veblen, imprimiéndole un carácter más sociológico. Olson sostenía que a medida que pasa el tiempo, en varios países desarrollados se forman coaliciones distribucionistas, como por ejemplo la coalición de granjeros del algodón en el sector agrario, o de los productores de acero en el sector industrial, o de fuertes sindicatos en el sector del mercado de trabajo, que tienen un poderoso incentivo para formar grupos de presión y así influenciar diversas políticas a su favor. Esas políticas tienden a ser proteccionistas y a resistir la innovación tecnológica, y por lo tanto comprometen el desarrollo económico general de un país.

Pero, como los beneficios sectoriales de esas políticas se concentran en unas pocas coaliciones mientras el peso negativo se diluye en toda la sociedad, los grupos de interés no encuentran gran resistencia pública en su actuar. Es una ley del comportamiento que Olson denomina "la lógica de la acción colectiva" (que es asimétrica). A medida que pasa el tiempo, se acumulan las coaliciones distribucionistas y el país que las cobija entra en un proceso de decadencia económica.

Podemos sacar un corolario práctico de esta tesis. La dificultad que hoy encuentra una reforma cabal y sostenida del modelo económico en los países de capitalismo occidental tardío se debe a lo siguiente: las buenas políticas se ven obstaculizadas por la mala política, y la mala política está enraizada en un sistema bloqueado de intereses contrapuestos.

China, al contrario, aprovechó su relación desequilibrada con los Estados Unidos para desarrollar una base industrial formidable. Es posiblemente el caso más impresionante de industrialización de la historia universal. La industrialización a su vez trajo a cientos de millones de campesinos a trabajar como obreros en las ciudades. Generó también una nueva clase media, baja sin duda y por el momento, pero de enorme peso numérico (estos estratos son equivalentes a la población total de los Estados Unidos). El "casamiento de conveniencia" con los Estados Unidos tal vez no dure mucho más, pero entretanto ha desarrollado en forma espectacular todas las dimensiones del "capital" en China: capital económico, capital social, capital cultural, y capital simbólico, más allá del sueño más audaz de los revolucionarios más avizores. Si bien Marx primero y Mao después enfatizaron el carácter revolucionario del capitalismo, jamás se les ocurrió pensar que el comunismo desarrollista seria una manera de "quemar etapas" para llegar a un capitalismo avanzado y dinámico. Sin embargo fue así, a partir del "giro copernicano" que imprimió Deng Xiao Ping a China.

Sin duda el progreso chino ha acarreado un costo considerable y hoy da señales de stress estructural: el medio ambiente ha sido muy dañado, el gobierno es autoritario aunque menos totalitario que antes, el régimen se muestra nervioso e irritado frente a cualquier atisbo de oposición, no se respetan los derechos humanos, y la población envejece. Todo esto tenderá a la larga a frenar el impulso económico. Pero el impulso es hasta el momento impresionante. Separarse del modelo "Chimérica" será difícil y no muy rápido. Pero representa una tarea fascinante, ya que tarde o temprano China desarrollará su mercado interno, el nivel de vida mejorará para las grandes mayorías, y lo hará de manera más respetuosa del medio ambiente que lo que hizo en una etapa equivalente el mundo occidental -aunque sólo sea por necesidad.

En ese sentido, China tiene algo que aprender del Brasil. A pesar de una notable reducción de la pobreza, el coeficiente Gini de desigualdad de ingresos ha aumentado en China mientras que ha disminuido en Brasil. De acuerdo con las cifras del economista Francisco Ferreira del Banco Mundial, Brasil ha reducido las brecha de ingresos unos 6 puntos porcentuales desde 2001 -más que toda América Latina en esta década. Mientras el 10 por ciento del sector de más altos ingresos vio incrementar su ingreso acumulativo en un 7 por ciento del 2001 al 2006, la base de la pirámide social (el 10 por ciento de más bajos ingresos) tuvo un aumento acumulativo del 58 por ciento, de acuerdo con los cálculos de Marcelo Cortes Neri, director del Centro de Políticas Sociales de la Fundación Getulio Vargas en Rio de Janeiro (1).

Para China, una estrategia de corte brasileño sería buena para las masas y buena para la economía, a medida que el país se libere de su dependencia excesiva de las exportaciones, es decir del "desarrollo hacia afuera," y centra su economía en la estrategia que hizo en otra época el milagro norteamericano. Porque debemos recordar, mientras hoy recorremos las ruinas industriales de ciudades norteamericanas como Detroit, que los Estados Unidos fueron en su época un lugar donde se producían objetos tangibles, donde se generaban puestos de trabajo sólidos y seguros, donde se pagaban buenos salarios, y donde la producción en masa para el mercado interno era escuela para el resto del mundo y la cuna de una pujante clase media.

En la próxima transición hacia una sociedad industrial más prospera y compleja, China encontrará otros socios de intercambio, y socios en la producción de bienes y servicios, y flujos de personas y de ideas con otras naciones. Algunas de éstas serán precisamente los países de América Latina, con los que los lazos se harán más estrechos y densos que los que ya existen. Se abre la perspectiva halagüeña de un mundo multipolar, en el que puede sobresalir la relación China-América Latina, que cabe bautizar con la sigla "Chiméricas."

Algunos países latinoamericanos ya están en pleno proceso de estrechar esos lazos. Como sostiene el economista argentino Carlos Garramon en un reciente artículo publicado en Opinión Sur, los países latinoamericanos productores de commodities están en una posición estratégica muy favorable para encontrar en China un socio fuerte, a medida que ese país reemplace a los Estados Unidos como locomotora de la recuperación económica mundial. Solamente el Cono Sur produce un alto porcentaje mundial de granos, carnes y minerales, y tiene reservas energéticas que rivalizan con las del Medio Oriente. Y el Cono Sur tiene, por añadidura, un país de tamaño continental equiparable a China continental. China y Brasil son dos gigantes antes dormidos que han despertado en nuestra época. Brasil es ya uno de los países más atractivos del conjunto de los BRICs: ha alcanzado un cierto grado de diversidad económica, de estabilidad política, y de continuidad democrática, que puede conjugar con las ventajas de la economía de escala.

Las nueva clase media brasileña impulsa no sólo el mercado interno sino que dinamiza también las economías de los países vecinos. Brasil es un gran polo económico regional. Al mismo tiempo Brasil tiene por lo general buenas relaciones con los Estados Unidos, por lo que es capaz de mediar en los conflictos más agudos que a veces surgen entre los EEUU y otros países latinoamericanos. Hay más: Brasil, junto a varios otros países de la región, esta en condiciones de capear la tormenta económica que se ha desencadenado en el planeta por tener sus cuentas en orden. Debemos recordar al respecto que para los países latinoamericanos, la crisis es una crisis de comercio más que una crisis financiera. Como concluye Garramon, en un futuro cercano la recuperación asomará temprano en Latinoamérica, con tasas de crecimiento del orden del 3 al 4 por ciento. El 2010, año del bicentenario, se muestra más promisorio en América Latina que en otras regiones. Y es justamente con las otras regiones prósperas, en especial China, que se formaran nuevas alianzas productivas y comerciales.

Al contrario de Chimérica, las Chiméricas no son quimeras. omo prueba a contrario de esta tesis, citaré para concluir, el caso de México, que es el caso estructuralmente negativo entre los grandes países latinoamericanos en el escenario posterior a la crisis. Desde que abrió su rígido sistema político y al mismo tiempo su economía a través de la Asociación de Libre Comercio de América del Norte (ALCA; NAFTA en ingles), México ató sus destinos muy estrechamente al de los Estados Unidos. La relación, ambigua en su desarrollo, se ha vuelo un freno para el potencial de crecimiento justo y equilibrado de México en el contexto de la crisis actual. En el pasado, las crisis financieras mexicanas terminaban en un rescate de su economía por parte del gran vecino del norte.

En la crisis actual, originaria en los Estados Unidos, México no logra zafar de la caída por estar precisamente atado a la economía norteamericana. La situación es aun más difícil porque a causa de su relación bilateral con los EE.UU. México se dio el lujo de postergar reformas internas que hoy le hubiesen abierto vías alternativas de desarrollo. En otras palabras, la asociación demasiado estrecha con el Norte ha terminado aislando a México de otras regiones del mundo. La recuperación mexicana depende, mucho más que la de otros países latinoamericanos, de la recuperación norteamericana, y ésta se hace esperar. El tratado de libre comercio trajo a México inversiones industriales de frontera que aprovechaban la gran diferencia en costos laborales: maquilas, automotores, construcción y turismo fueron motores de un crecimiento que dependía del consumo norteamericano. Por otra parte, la gran desigualdad social y la proximidad geográfica hicieron de México un exportador masivo de mano de obra, y una economía dependiente de las remesas de sus emigrantes. Con la crisis, todos esos valores positivos se han invertido y hasta los emigrantes hoy dependen de la ayuda de sus familiares en México.

Al contrario del Brasil y de otros países grandes de América Latina, México entró en recesión muy temprano y tardará más tiempo en salir de ella. Se encuentra en desventaja porque en el pasado desatendió otros lazos que no fueran norteamericanos. Al final de cuentas, ALCA resultó una quimera, mientras que la opción Chiméricas se esta volviendo una realidad. ALCA no trajo cambios positivos en la estructura económica y social mexicana. Al contrario, permitió la supervivencia de monopolios y oligopolios, y de una arcaica organización laboral, justo cuando la reforma de esas estructuras le hubiese permitido salir airoso de la crisis y asomarse a otro mundo que nace y que ya alcanza a sus hermanas repúblicas. A la larga, México despertará también, pero será un proceso más lento y pesado que el que esta en marcha en América del Sur. Por el momento, es primavera en Brasilia e invierno en tierra azteca.

Fuente: OPINION SUR: Revista Mensual / Nº76, diciembre 2009

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EL LENGUAJE COMO MÍSTICA, MITO Y ÉTICA, CON BENJAMIN Y ARGUEDAS HACIA LA NORMATIVIDAD SOCIAL

 

Por: Wladimir Sierra

A Bea  

 ¿Qué tan próximo puede estar el pensamiento de un filósofo judeo-alemán con el de un literato andino-americano? Ésta es la pregunta que anima este ensayo. Creemos que a pesar de la distancia histórico-cultural que separa la producción de Walter Benjamin de la de José María Arguedas, sus concepciones sobre el lenguaje terminan siendo complementarias. Las formulaciones hechas por Benjamin en Sobre el lenguaje en general y el lenguaje humano inspiradas en la mística judía se complementan con las que nos dejara el pensamiento mítico de Arguedas en Los ríos profundos. El reto que nos proponemos es explorar las posibilidades de recuperación de postulados inquietantes respecto a la filosofía contemporánea del lenguaje.

El texto, en su primera parte, reconstruye las tesis principales formuladas por Walter Benjamin en su ensayo de juventud; en un segundo momento transformaremos en postulados filosóficos las ideas que sobre el lenguaje se encuentran en la poética arguediana, finalmente trataremos de complementar estos dos pensamientos y desde ahí proponer una crítica a la filosofía contemporánea del lenguaje  que desemboque en los prolegómenos de una ética con base en la historicidad lingüística.

EL LENGUAJE COMO ESPIRITUALIDAD DEL SER

Conocida es la influencia que la mística judaica ejerció sobre el pensamiento de Benjamin, curiosa es, por ejemplo, la fusión que se produce entre misticismo y materialismo histórico en su célebre texto Sobre el concepto de historia. Sin embargo, creemos que donde de modo más diáfano se da la unidad entre el logos occidental y la mística judía es  precisamente en el ensayo Sobre el lenguaje en general y sobre el lenguaje del hombre (1916). A continuación trataremos de separar analíticamente las tesis principales que articulan este ensayo.

La primera tesis con que se abre el texto nos dice que el lenguaje no es reducible al lenguaje humano hablado, sino que “cada expresión de la vida espiritual del hombre puede ser entendida como un tipo de lenguaje”2 (30). Así toda actividad humana no fonética también es una forma de expresión lingüística. No se trata solo de las actividades pragmático-humanas como el comer o el caminar, sino también de los productos del trabajo humano, por ejemplo, la urbanidad3. Benjamin lo formula de este modo: “Toda comunicación del contenido espiritual es lenguaje”4. (30)

La segunda tesis, no obstante, da el salto místico dentro de la comprensión del lenguaje. No sólo aquello que tiene que ver con lo humano posee su propio lenguaje, sino que el lenguaje es común a todo lo existente. “No hay ningún acontecimiento o cosa —escribe— ni en la naturaleza viva o muerta que no participe de algún modo del lenguaje, pues a todos les es esencial comunicar su parte espiritual”5. (30) Pero no se trata de que las cosas, para tener existencia, requieran del artilugio lingüístico humano, no es un antropologismo o un antropomorfismo lingüístico, sino que el ser mismo está constituido lingüístico-espiritualmente. Esto va a probarse en las tesis posteriores.

La tercera tesis afirma que el lenguaje se funda en el espíritu pero el espíritu no puede presentarse sino a través del lenguaje. Lo espiritual tiene su expresión y su existencia óntica en el lenguaje, en la capacidad de ser comunicado. Sin embargo, lo espiritual rebasa lo lingüístico: este último sólo es su forma de manifestación particular.

La cuarta tesis establece el fundamento místico del lenguaje: las palabras no expresan cosas sino transmiten la esencia lingüística de éstas, no es lo mismo la esencia espiritual de una cosa  que su esencia lingüística. Lo lingüístico hace alusión al logos, a la razón lingüística humana; lo espiritual, en cambio, refiere a la pertenencia ontológica de las cosas. En relación al ser, la esencia de la cosa es espiritual, en cuanto al hombre esta esencia deviene lengua. Leamos a Benjamin:

Qué comunica el lenguaje: él comunica su esencia espiritual. Es fundamental saber que esa esencia espiritual se transmite en el lenguaje y no a través del lenguaje [...] La esencia espiritual es idéntica a la esencia lingüística solo en tanto es comunicable. Lo que es comunicable de un ser espiritual es su esencia lingüística.6 (31, 32)

La esencia espiritual de los entes se transmite hacia su exterioridad como esencia lingüística, no se debe confundir la esencia lingüística de los entes con el lenguaje humano, esencia lingüística de los entes significa su capacidad expresivo-comunicativa, de ahí la afirmación tajante de Benjamin: “Todo lenguaje se comunica a sí mismo”7 (32).

El lenguaje del ser humano es una de las formas expresivo-comunicativas de los entes. En el lenguaje humano se comunica la esencia lingüística del hombre; esto significa que “el hombre comunica su propia esencia espiritual en su lenguaje”8 (33). Como se ve, solo en el ser humano la esencia lingüística coincide con su esencia espiritual, por cuanto el lenguaje del hombre es nominativo y está articulado en palabras; “la esencia lingüística del hombre es, por tanto, el nominar las cosas.9” (33)

De esta última afirmación se desprende la quinta tesis: el lenguaje que nombra no es igual al lenguaje en general. El lenguaje que nombra es el humano, el lenguaje que expresa es el de los entes. La lámpara  comunica su esencia lingüística, el hombre la nombra, si ella no comunicase su esencia lingüística el hombre no podría nombrarla. En el nombrar la lámpara el hombre comunica su esencia lingüística y espiritual.

Pero en el nombrar las cosas el hombre comunica su esencia espiritual porque “en los nombres se comunica la esencia espiritual del hombre con Dios”10 (34). De ahí que el lenguaje humano es el único que puede comunicar en sí mismo la totalidad de la esencia espiritual del hombre. Esa esencia espiritual es el nombrar las esencias lingüísticas de las cosas.

La creación divina se completa, en tanto las cosas en el hombre conservan sus nombres, desde el cual el lenguaje habla en nombres. Se puede señalar a los nombres como el lenguaje de la lengua.11 (35)

En los nombres se encuentra la esencia espiritual de las cosas en cuanto parte comunicativa con la esencia espiritual del hombre, por eso el lenguaje humano es el espacio de expresividad de las esencias espirituales de las cosas, de lo único espiritual que puede ser comunicado.

Finalmente, el origen de la espiritualidad, de la esencia espiritual de las cosas, es dado por Dios en el acto de la creación, ésta es la sexta tesis. La palabra divina (das Wort) funda espiritualmente —en el momento de su enunciación— la esencialidad de las cosas. Las cosas poseen esencia espiritual porque son creaciones divinas, en su espiritualidad las cosas pertenecen a la divinidad.

El ser humano, único ente no creado por la palabra, sino del barro, es dotado con la capacidad de nombrar, con lenguaje oral. En el nombrar las cosas el hombre recupera de ellas su esencia lingüística, la parte espiritual que puede ser traducida al lenguaje humano. Éste, como queda claro, no atrapa la totalidad de la espiritualidad de la cosa, sino sólo aquello pronunciable: su esencia lingüística. Benjamin afirma: “En los nombres no queda la palabra de Dios como creadora, queda recogida en una parte, aunque sea recogida lingüísticamente.12” (41)

La divinidad, la palabra de Dios, su esencia, se conecta de modo deficiente con el ser humano en su lenguaje. En la lengua humana, a través de las esencialidades lingüísticas de las cosas, se transmite parte de la esencia divina. La palabra divina deviene nombre en el lenguaje humano y entre la palabra y el nombre pende la esencialidad espiritual y lingüística de las cosas, vale decir, la creación toda. El nombre propio es lo común del hombre con la palabra creadora de Dios.13 (41)

La deficiencia del lenguaje humano —el lenguaje que nombra— es reconstruida por Benjamín desde la conmoción significativa que nos causó la expulsión del paraíso. Dentro del Edén, afirma Benjamin, la palabra de Dios se mostraba de modo diáfano a los seres humanos, la violación del mandato divino condenó, al ser humano, al oscurecimiento de la palabra divina, a la incapacidad de ser atrapada en su totalidad, de ahí que no sólo el trabajo es producto de la expulsión del paraíso, sino sobre todo la necesidad humana del conocimiento. Leamos a Benjamín:

El pecado es el momento del nacimiento de la palabra humana, en la cual en nombre ya no vive sin ser violentado, el cual salió del lenguaje de los nombres, del conocimiento, se puede decir, de su propia magia, para volverse desde afuera igualmente mágico. La palabra debe comunicar algo (fuera de sí misma). Eso es en verdad el pecado del espíritu de la lengua14. (44)

Producida —para los hombres— la fractura entre palabra divina y esencialidad espiritual de las cosas, éstos van a tener, a través del conocimiento, que posibilitar el restablecimiento del contacto con la divinidad: conocer es nombrar, vale decir, recuperar limitadamente la esencialidad divina en la esencia lingüística de las cosas.

Resumiendo, podemos señalar que para Benjamin el ser se funda ontológicamente en la palabra divina y que su reconstrucción —la del ser— se da de modo parcial a través del lenguaje que nombra, es decir, a través del lenguaje humano. Esta afirmación abre un abismo cognoscitivo de carácter místico, sin con esto caer en ningún agnosticismo, la coincidencia parcial entre palabra (Dios) y nombre (ser humano) asegura la pertenencia de todos los entes al ser y funda su existencia en la espiritualidad. En el tercer punto volveremos sobre las consecuencias filosóficas de esta postura.

EL LENGUAJE COMO MATERIALIDAD DEL SER

A pesar de que en las intenciones de José María Arguedas nunca estuvo esbozar cierta filosofía andina, ni tampoco formular alguna teoría sobre el lenguaje, en su poética se encuentran muchos elementos que, previa sistematización, nos pueden llevar a la formulación de nociones extremadamente interesantes sobre el lenguaje y el ser, vale decir, a pensar en una filosofía del lenguaje.

La visión que sobre el lenguaje se extrae de la literatura arguediana tiene un fuerte trasfondo mítico. Parte de su literatura, especialmente Los ríos profundos, está dedicada a la reconstrucción del mundo simbólico de las comunidades agrarias andinas. En otro lugar tratamos de explicar la relación que entre luminosidad y sonoridad se da en la articulación del ser en la concepción arguediana15. Por necesidades propias de este ensayo trataremos de tocar sólo las tesis referentes a la sonoridad, advirtiendo, sin embargo, que esta reducción compromete la totalidad de la reflexión del peruano. Además es pertinente recordar, como será notorio, que en las citas de las obras de Arguedas se constatará su pertenencia a la literatura, sin embargo, intentemos no tomarlas como metáforas, sino como postulados propios de un mundo mítico. 

Seguidamente señalaremos las tesis principales que sobre el lenguaje se pueden extraer de la poética de Arguedas.

Para Arguedas, el ser humano está dotado de lenguaje como lo están todos los seres del cosmos, entendiendo por seres del cosmos tanto los que solemos llamar animados, como también los inanimados. A diferencia de Benjamin, los lenguajes de estos últimos, para Arguedas, son sonoros, lo que supone que los seres naturales se hallan en constante sonoridad y el ser humano como todos los seres también se halla sonando. El hombre, queda claro, no tiene ningún privilegio sobre los otros seres. Así, refiriéndose a ciertas sonoridades Arguedas nos dice: “El Pachachaca brama en el silencio; el ruido de sus aguas se extiende como otro universo en el universo, y bajo esa superficie se puede oír a los insectos, aún  el salto de las langostas entre los arbustos”. (139) Queda claro, pues, que el río como también los insectos y las langostas poseen sus propios lenguajes, todos éstos —el humano incluido— se desplazan en el silencio.

El lenguaje humano está constituido para Arguedas de los sonidos de los otros seres del cosmos. Pero no porque éste los nombre, sino porque el sonido de estos seres fluye a través de la boca de los hombres, el lenguaje humano es, pues, acumulación de la sonoridad de los seres del cosmos y nada más. Arguedas lo relata de este modo: la «tuya» “no sube a las regiones frías. Su canto trasmite los secretos de los valles profundos. Los hombres del Perú, desde su origen, han compuesto música, oyéndola, viéndola cruzar el espacio, bajo las montañas y las nubes que en ninguna otra región del mundo son tan extremas. ¡Tuya, tuya! Mientras oía su canto, que es, seguramente, la materia de que estoy hecho, la difusa región de donde me arrancaron para lanzarme entre los hombres…” (145)

En la poética de Arguedas se desgaja la pertenencia del ser del hombre a la sonoridad de los otros seres naturales. La esencia del ser del hombre —como también de los otros seres— son las sonoridades cósmicas, y ésta es la difusa región de donde me arrancaron, el arché griego.

Del mismo modo, el lenguaje de cualquiera de los seres es exterioridad de los sonidos de los otros seres. En los sonidos de  cualquier ser se hacen presentes los sonidos de los otros seres. Notemos, en esta cita, cómo el lenguaje humano aparece en los otros lenguajes: “la voz aguda de las mujeres… como una llamarada que alcanza las cumbres heladas de las montañas y envuelve el cielo, la llanura y los ríos. Nada en el horizonte queda sin que le haya tocado ese coro.” (I, M, S. 190) No es pues ni uno de los seres, ni tampoco el hombre el origen de la sonoridad. Todas ellas pueden expresarse por cualquiera de los seres que pueblan el cosmos sonoro.  El ser es por eso ciclicidad sonora.

El sonido posee significación y esta significación es inseparable de su ubicación y de su vibración sentimental. Los sonidos de cualquiera de los entes del cosmos llevan en su sonoridad su significación, vale decir, su esencia como existente, sin embargo, esta esencia no es autónoma sino que va determinada por el campo sonoro al que se pertenece, o más bien, por  el espacio de la sonoridad donde se ubica, su existir es siempre un existir con los otros y a través de éstos con el todo. “El canto del zumbayllu se interna en el oído, aviva en la memoria la imagen de los ríos, de los árboles negros que cuelgan en las paredes de los abismos”. (45) El Zumbayllu puede avivar la memoria porque su terminación -yllu está inscrita en un campo sonoro propio: de aquellos objetos que producen un tipo específico de música.16 

Por otro lado, la significación compromete siempre emoción y sensibilidad, el sonido de los seres es sonido emotivo y sensible. Sonar significa transmitir ubicación sonoro-sensible, el sonido nos ubica en campos de existencia emotiva. “Los waynos más dulces, los cantos de amor más apasionados y los más tristes (…) fueron hechos por la tuya.” (I.M.S. 154) O en otra parte: La voz del río, confundido,  en el canto que es su fruto más verdadero, su entraña, su imán viviente, su voz humana, cargada de dolor y de furia, mejor y más poderosa que su propia voz del río, río gigante que clavó mil leguas de abismos en la roca dura.” (I.M.S. 155) De este modo se hace extensible el carácter sensible y sobre todo emotivo del sonido a todos los seres del cosmos, así como la voz humana puede transmitir en su tonalidad emociones, también la voz del río o la de la tuya pueden transmitir emotividad.

El sonido finalmente nos proporciona dimensión histórica, vale decir, pertenencia temporal. El sonido nos ubica en la distancia de la temporalidad, en los tiempos que propician la existencia de ciertas sonoridades. Los sonidos no se encuentran produciéndose incesantemente, sino que su aparecer constante depende de condiciones determinadas en que se presentan los seres. Veámoslo:

 … mi padre decidía  irse de un pueblo a otro, cuando las montañas, los caminos, los campos de juego, el lugar donde duermen los pájaros, cuando el detalle del pueblo comenzaba a formar parte de la memoria. A mi padre le gustaba oír huaynos; no sabía cantar, bailaba mal, pero recordaba a qué pueblo, a qué comunidad, a qué valle pertenecía tal o cual canto”. (57)

La sonoridad es producida en condiciones especiales de existencia, de ahí que ciertos sonidos nos re-ubican en esas condiciones, en ese tiempo histórico. Los seres y las condiciones que produjeron cierta sonoridad pueden no estar presentes (momentáneamente) pero su sonoridad queda grabada en las sonoridades de los otros seres, y cuando ésta se expresa hace presente nuevamente las condiciones fundacionales.

Para Arguedas, entonces, el fundamento del ser de los entes es la sonoridad. Esta sonoridad es absolutamente material, nace de la misma materialidad de estos entes, porque la materialidad es sonora; sin embargo, no se trata de una sola materialidad, sino de muchas materialidades agrupadas en campos de sonoridad y conectadas a través de su presencia en la sonoridad —la lengua— de los otros seres. Arguedas nos propone una multi-onto-fonología, es decir una pluralidad de campos fundados en sus propias sonoridades en constante movilidad.

El lenguaje como historicidad del ser: otro tipo de onto-ética lingüística

A pesar de sus diferencias, tanto la propuesta filosófica de Benjamin cuanto la postura literaria de Arguedas fundamentan el lenguaje en un más allá lingüístico. El primero lo hace en la palabra divina, el segundo en la sonoridad material. Ambos soportan la fortaleza y perennidad del lenguaje en un origen trascendente y absoluto, para ellos los seres humanos —y todos los otros seres existentes— fundan su ser desde la apropiación de un trascendente lingüístico. Ambos nos ponen sobre el supuesto de una fono-ontología, material para el uno, divina para el otro.

Nuestro propósito es recuperar, en las siguientes líneas, la tesis principal de estos autores sin recaer en la necesidad metafísica de fundamentar el lenguaje desde un más allá humano, pero manteniendo su dimensión trascendental. Sobre esta recuperación intentaremos montar algunas líneas argumentales de una posible ética histórico-lingüística.

Arguedas y Benjamín tienen claro en sus textos que el lenguaje en su ejecución —es decir, en el habla— nos conecta con un espacio trascendente: para el uno, religioso; para el otro, mítico. Ese más allá del habla nos obliga a mantener con ella una relación de subordinación ontológica, nos abre hacia el respeto de la lengua porque esta nos trasciende, determina y constituye existencialmente. En la práctica lingüística los seres humanos accedemos, por un lado, a la comunión con el ser y, por el otro, a nuestra afirmación trascendental.

El desarrollo de las teorías lingüísticas y de la filosofía del lenguaje, en un dialogar profundo con la racionalización moderna, fue minando de a poco el supuesto trascendental ontológico de la lengua y transformando a ésta en pura inmanencia humana. En la visión actual la lengua no nos conecta ni con la divinidad ni con la naturaleza, nuestros lenguajes no son pues el resultado de ninguna expresividad trascendental, sino, por el contrario, creación contextual de determinados grupos humanos. El lenguaje devino, entonces, instrumento de comunicación y nada más, destruyendo de este modo su carácter ontológico determinante.

¿Es posible, sobre los resultados de la racionalización moderna, recuperar este carácter sin recaer en la metafísica? Creemos que sí. El supuesto trascendental del lenguaje no solo puede estar en la mística religiosa o en la naturaleza mitificada, sino sobre todo —y desde la Modernidad — en la misma historia humana. El lenguaje no es trascendente por ser creación histórica humana, sino porque la historia de la lengua (la historia humana) nos trasciende en tanto individuos y en tanto historias sociales determinadas. El lenguaje es nuestra conexión con un más allá que desde nuestra inmanencia física nos queda superado fácticamente. De ahí que sea el habla humana el único puente con nuestra propia historicidad.

El lenguaje es el medio que nos permite nacer como seres simbólicos. Es a través de su apropiación que los seres humanos nos ubicamos en la estructura simbólica de una época dada. Sin embargo, el lenguaje no pertenece solo a esa época, sino que es sedimentación de la historia humana acumulada. Todas las lenguas concentran y llevan en sí la historia humana, en cada expresión que se actualiza en el habla diaria desde el presente aparece el legado de muchas generaciones. Desde ahí el lenguaje es trascendental: toda la historia humana se expresa en el habla, más allá de nuestra individualidad y de la contingencia epocal.

 El lenguaje nos trasciende y nos determina porque a través de él se hace presente el-ya-no-estar de muchas —quizá de todas— las experiencias humanas. En su actualización los seres humanos y las sociedades presentes traen a sonoridad toda la riqueza de la historia pasada; en el habla cotidiana reaparecen, codificadas como lenguas, miles de relaciones que fueron configurando y construyendo la historia humana.

La historia humana, nuestro real trascendente, queda para nosotros codificada como lenguaje y en cada enunciado de toda lengua los seres humanos nos apropiamos de nuestra historia al mismo tiempo que nos constituimos como tales. 

Comprendido el carácter histórico-trascendental del lenguaje, éste se convierte en el horizonte y reservorio de sedimentación de las culturas humanas y en el espacio de actualización de este horizonte.

Estar frente al lenguaje es estar frente a la historia humana como único trascendente; un horizonte desde donde naturaleza y divinidad, entre muchas otras cosas, cobran significación, estar en el lenguaje es estar en el más allá histórico que nos fundamenta y desde ahí queremos abrir una posibilidad ética.

Estamos en el lenguaje cuando hablamos, estamos frente al lenguaje cuando escuchamos. Los dos modos son trascendentes, sin embargo, esta trascendencia aparece de manera diáfana cuando estamos frente al lenguaje, cuando entramos en diálogo, cuando enfrentamos a otro ser humano que nos invita hacia el lenguaje. En ese otro ser humano el lenguaje se despliega como trascendencia histórica humana y nos introduce en la recuperación de ese más allá, nos vuelve trascendentes a nuestra individualidad y a nuestra propia época.

El ser humano que nos abre hacia el lenguaje se vuelve trascendente porque a través de su voz se actualiza la historia humana. El lugar de aparecimiento del momento ético está en el reconocimiento de esa trascendencia vivificada en el habla del otro. El acto ético se construye en el respeto absoluto a ese ser humano que me abre a la dimensión histórica, en el respeto a mi concreción como humanidad determinada por la apertura lingüística de historia17. La totalidad histórica concentrada en la expresión lingüística se nos da siempre en su modo concreto, en la enunciación del otro lingüístico determinada por una práctica vital humana, en esa concreción se abre el puente hacia la recuperación de la historia humana.

Desde esta perspectiva, el otro del habla se convierte en la única posibilidad de mi realización como ser humano, en la condición indispensable de mi existencia histórico-cultural. El respeto al otro de la comunicación no solo implica el respeto a la historia concentrada en su habla, sino y sobre todo a la posibilidad de mi realización como ser humano. Violentar, desconocer al otro comunicativo es violentar y desconocer a la historia humana y a través de ella violentarme y desconocerme.

La ética, pues, está fundamentada en el trascendente histórico-lingüístico que representa todo ser humano. La ética es el respeto, la consideración y el mantenimiento del otro porque a través y en ese otro se despliega la historia humana, historia que me constituye y me determina como existente cultural. La ética deviene ontología relacional: sólo el respeto y la pervivencia del otro comunicativo me permite configurarme como ser social, mi condición humana me exige el respeto al otro de la comunicación, al otro de la apertura lingüístico-histórica.

¿Qué sucede si violentamos al otro comunicativo y a través de éste a nosotros mismos? ¿qué pasa, entonces, si no actuamos éticamente? La violencia sobre el otro de la comunicación se puede dar de dos modos: 1) cuando desconocemos intencionalmente en sus enunciaciones la validez semántica o pragmática que pretende comunicarnos y, 2) cuando no otorgamos a ese otro la totalidad de la riqueza acumulada en la lengua determinada para cada época.

El desconocimiento sostenido de la intencionalidad lingüística del otro determinado por causas estratégicas (en el sentido habermasiano) provoca, en él, la erosión de la continuidad con el legado histórico expresada en el vaciamiento parcial del nivel semántico y/o pragmático. Pero como la recuperación de mi propia historicidad me es abierta por ese otro comunicativo, ella misma se ve afectada y llevada a su desconstitución. De ahí que en la violencia del habla del otro de la comunicación se funda la imposibilidad de mi propia realización como ser humano. 

La restricción de cualquier ser humano a la adquisición plena del lenguaje ocasionada sobre todo por desigualdades e injusticias sociales, se revierte en formas de socialización  comunicativa deficientes. No adquirir lenguaje de modo pleno es idéntico a no convertirse en ser humano de modo pleno, la deficiencia lingüística es deficiencia en la apropiación de la historia humana. Mientras más individuos en una sociedad posean formas deficientes de apropiación lingüística menor será el nivel de humanización de esa misma sociedad y menores serán las posibilidades de conexión con la historia que determina su grado de humanidad.

El comportamiento ético correcto, entonces, no aparece como una opción a ser considerada en nuestras relaciones socio-comunicativas, sino como un imperativo que nos obliga a respetar al otro lingüístico so pena de perder nuestra única posibilidad de humanizarnos. El respeto al otro es el fundamento necesario de nuestro propio respeto y de nuestra propia humanización.

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Notas

1 Este texto es el desarrollo de una exposición libre hecha al interior de un círculo de estudiantes latinoamericanos a mediados de 2002 en la ciudad de Berlín. El deseo de algunos de ellos que se transforme en un ensayo escrito tuvo que esperar cuatro años. El texto va dedicado a la querida Beatriz Pantin, quien animara estos encuentros en su propia casa.

2 Jede Äusserung mensschlichen Geisteslebens kann als eine Art der Sprache aufgefasst warden. (La traducción al castellano de ésta y las demás citas pertenece al autor.)

3 Desde aquí se vuelve comprensible por qué Benjamín pretende reconstruir la historia del capitalismo europeo desde el análisis (semiótico diríamos hoy) de los Pasajes de París. En los productos humanos está contenida —cifrada lingüísticamente— la historia que los produjo.

4 jede Mitteilung geistiger Inhalte ist Sprache.

5 Es gibt kein Geschehen oder Ding weder in der belebten noch in der unbelebten Natur, das nicht in gewisser Weise an der Sprache teilhätte, denn es ist jedem wesentlich, seinen geistigen Inhalt mitzuteilen.

6 Was teilt die Sprache mit? Sie teilt das ihr entsprechende geistige Wesen mit. Es ist fundamental zu wissen, dass dieses geistige Wesen sich in der Sprache mitteilt und nicht durch die Sprache (…) Das geistige Wesen ist mit dem sprachlichen indentisch, nur sofern es mitteibar ist.  Was an einem geistigen Wesen mitteilbar ist, das ist sein sprachliches Wesen.

7 jede Sprache teilt sich selbst mit.

8 Der Mensch teil sein eigenes geistiges Wesen in seiner Sprache mit.

9 Das sprachliche Wesen des Menschen ist also, das er die Dinge benennt.

10 im Namen teilt das geistige Wesen des Menschen sich Gott mit.

11 Gottes Schöpfung vollendet sich, indem die Dinge ihren Namen von Menschen erhalten, aus dem im Namen die Sprache allein spricht. Mann kann den Namen als die Sprache der Sprache bezeichnen.

12 Im Namen ist das Wort Gottes nicht schaffend gebliben, es ist an  einem Teil empfangend, wenn auch sprachempfangend, geworden.

13 Der Eigenname ist die Gemeinschaft des Menschen mit dem schöpferischen Wort Gottes.

14 Der Sündenfall ist die Geburtsstunde des menschlichen Wortes, in dem der Name nicht mehr unverletzt lebte, das aus der Namesprache, der rkennenden, man darf sagen: der immanenten eigenen Magie heraustrat, um ausdrücklich, vor aussen gleichsam, magisch zu werden. Das Wort soll etwas mitteilen (ausser sich selbst). Das ist wirklich der Sündenfall des Sprachgeistes.

15 Véase: Sierra, Wladimir, Heterogeneidad Estructural: http://www.diss.fu-berlin.de/2002/109/

16 La terminación quechua yllu es una onomatopeya. Yllu representa en una de sus formas la música que producen las pequeñas alas en vuelo; música que surge del movimiento de objetos leves.

17 Desde la perspectiva de Benjamin y Arguedas el acto ético tendría que estar fundamentado en el respeto a Dios y a la Naturaleza como origen creador.

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La nueva ofensiva imperialista en America Latina.

La jugada del Caribe

Por: Ana Esther Ceceña, Humberto Miranda, David Barrios, Rodrigo Yedra (Rebelión)

 
Ay! Haití la negra, llorando está

    Pablo Milanés

El 12 de enero de 2010 fue un día de mucha incertidumbre, pero también de muchas confirmaciones. Puerto Príncipe, lo más cercano a un centro urbano moderno en el país más pobre del hemisferio occidental, amaneció con un terremoto de 7 grados de intensidad que dejó al pueblo, al Presidente y al propio Dios sin casa, al derrumbarse incluso el Palacio Presidencial y la Catedral.

Ese pequeño pedazo de La Española , pionero en la sublevación independentista, se debate hoy entre una catástrofe económica que lo ha sumido en la pobreza y le ha cancelado la autosuficiencia alimentaria1, una catástrofe natural comparable a un bombardeo nuclear aunque sin efectos radioactivos, y una nueva ocupación que refuerza su condición de colonia.

La inmediata respuesta solidaria de la comunidad mundial enviando alimentos, medicinas y cobijas, se combinó con la presencia de médicos cubanos que desde hace 11 años trabajan apoyando al pueblo de Haití y que en estos momentos jugaron un papel central en la atención a las víctimas. Las difíciles condiciones del país, no obstante, no facilitaron la distribución rápida de la ayuda humanitaria, y los medios de comunicación, en cierta medida lidereados por la CNN , fueron colocando como sentido común la idea de una situación de creciente caos e ingobernabilidad, que justificaba la presencia militar no sólo de los integrantes de la MINUSTAH 2, sobre terreno desde 2004, sino de nuevos contingentes de ¡tropas de asalto!

Si bien al inicio se había autorizado a la MINUSTAH colocar hasta 6.700 efectivos militares en Haití, ese tope fue incrementándose hasta alcanzar el 30 de noviembre de 2009 una cifra de 9.065 efectivos uniformados, incluidos 7.031 soldados3 y 2.034 policías4, apoyados por 488 funcionarios internacionales, 1.212 funcionarios nacionales y 214 voluntarios de la ONU. Esta Misión, con un presupuesto anual promedio de 600 millones de dólares, ha sido denunciada por la organización inglesa Save the Children (No one to turn on to, 2008) por las sistemáticas violaciones sexuales, maltrato o incitación a la prostitución de niñas y niños haitianos, además de ser denunciada por organizaciones de derechos humanos y misiones de observación de la sociedad civil por los atropellos que con toda impunidad se cometen en nombre del restablecimiento de la paz.

Fuerza supuestamente de paz compuesta por uniformados de muchos países, notoriamente latinoamericanos, la MINUSTAH ha sido repudiada desde un inicio por la población haitiana por tratarse de una imposición que conculca las facultades de autodeterminación y el ejercicio de una democracia plena en Haití, además de estar autorizada para reprimir a los haitianos hasta en caso de sospecha.5

Hoy, en una jugada muy audaz, es directamente el Comando Conjunto de Estados Unidos, a través del Comando Sur, quien se erige como autoridad suprema controlando movimientos aéreos, marinos y terrestres. La MINUSTAH y sus efectivos quedan bajo las órdenes de las divisiones del Comando Sur en virtud de la atención al desastre.

Nadie objeta estos movimientos del ajedrez del poder hegemónico que en muy pocas horas transformaron la geopolítica continental. La comunidad internacional parece haberse hecho cargo de Haití como si fuera un desierto sin capacidad de organización propia desde 2004, y mucho más ahora después del terremoto. La comunidad internacional parece aceptar que las disposiciones de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos son universales y que las tropas son necesarias para apaciguar a ese pueblo indómito.

Descartando la hipótesis de que el propio Estados Unidos haya provocado el terremoto,6 lo cierto es que unas horas después del desastre ya estaba en suelo haitiano la dramáticamente célebre 82 División Aerotransportada del ejército de Estados Unidos, responsable de las invasiones a Dominicana (1965), Granada (1983) y Panamá (1989), y, para el 26 de enero, el número de soldados que e movió hacia Haití, sumando los que hay en tierra y mar, asciende a 12,500.7 Nadie sabe a ciencia cierta qué función puedan estar cumpliendo los integrantes de una brigada netamente ofensiva, equipada con armamento sofisticado que incluye misiles, y con capacidad de neutralización y aniquilamiento de fuerzas vivas y la toma de territorios en muy breve plazo. Es decir, una fuerza de asalto de respuesta rápida. Habría sólo que recordar que en Granada y Panamá se trataba de operativos de invasión y ahora de uno, en principio, humanitario.

Dadas las circunstancias podría en verdad hablarse de una invasión limpia, al no necesitar despliegue de fuerza aérea y artillería para el bombardeo previo. El terremoto hizo el trabajo sucio, sin bajas para el invasor.

No hay mejor teatro de operaciones.

Estados Unidos desplegó eficientemente todo un operativo de guerra y se ha ocupado mucho más de controlar que de apoyar. Se hizo cargo de las comunicaciones controlando no sólo el aeropuerto sino todos los movimientos en las costas, al punto que el Vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, sostiene que Estados Unidos ".está aprovechando una desgracia terrible de un pueblo hermano para asentar presencia militar permanente, en una estrategia de militarización, de control en el continente"8, y el presidente Evo Morales está llamando a una reunión de las Naciones Unidas para detener la escalada. Pero ni la ONU está en condiciones de interpelar las decisiones interventoras de Estados Unidos, ni los halcones están en disposición de soltar la presa. El imperio ha tomado muy en serio la pérdida estratégica que han significado los procesos revolucionarios recientes en Latinoamérica.

Además del buque hospital USNS Comfort, con cerca de mil elementos de personal médico que curiosamente atienden sólo alrededor de 100 pacientes diarios, se colocó en las costas de Haití, que por la cercanía ( 74 km .) son también las costas de Cuba, un portaviones nuclear (USS Carl Vinson) y dos buques de asalto anfibio (USS Bataan, USS Nassau). Todas estas naves, en realidad, son bases militares itinerantes que complementan las posiciones en tierra y que otorgan una mayor versatilidad y flexibilidad a las redes de control militarizado.

De acuerdo con información oficial, se han creado oportunamente dos nuevas Fuerzas de Tarea:

 El Comando Sur de Estados Unidos ha establecido la Fuerza de Tarea Conjunta- Haití (JTF-H) para observar los esfuerzos de ayuda de los militares de Estados Unidos en Haití y ha nombrado al Teniente General del Ejército de Estados Unidos Ken Keen9 como su comandante. Más de 20,000 militares norteamericanos, 23 navíos y más de 120 aviones están apoyando las operaciones para proveer ayuda y cuidado a más de tres millones de haitianos afectados por el terremoto del 12 de enero.10

La otra Fuerza de Tarea, la 48, tiene sede ni más ni menos que en Cuba, en la base de Guantánamo, y por ahora se ocupa de coordinar ".los activos de tierra y aire para entregar oportunamente la ayuda humanitaria a Haití" según Patricia Wolfe, comandante de la Fuerza , quien recuerda que:

El suministro oportuno de esta ayuda es sólo posible por la estrecha proximidad de la Base Naval de la Bahía de Guantánamo (GTMO) con el área afectada. GTMO es obviamente una posición clave para atender los requerimientos estratégicos en esta región. (http://www.navy.mil/search/display.asp?story_id=50733)

De manera que si esto no es una ofensiva de guerra contra Haití tal vez sí lo sea para sus vecinos. Las nuevas posiciones ocupadas no sólo rodean el Caribe sino que cortan el paso entre Cuba y Venezuela y, mediante triangulaciones con las bases de la zona crean condiciones de aislamiento para cada una de las islas caribeñas.

Cuba, por lo pronto, queda cubierta por todos los flancos.

Con estas dos nuevas Fuerzas de Tarea a partir del desastre, una con sede en Haití y otra ubicada en Guantánamo, se puede pensar que estamos en el inicio de una reorganización completa de la estrategia militar en esta región o, por lo menos, de una reorganización operativa con miras más ambiciosas que en el pasado, y preparando condiciones de intervención inmediata en cualquier situación y lugar que así lo requiera, desde su perspectiva, en el área.

Con las viejas y nuevas bases en Colombia, las potenciales bases en Panamá, Palmerola, Guantánamo, Aruba y Curaçao, Estados Unidos tiene una situación de total control de movimientos en la región caribeña, o amazónico-caribeña. México queda cercado en el Golfo y sometido por la Inciativa Mérida , y en coordinación con Colombia como parte del corredor de contención que Estados Unidos ha ido propiciando para detener los procesos de transformación en el continente.

Buena jugada! Haití queda ocupado, Cuba rodeada, la IV flota ondeando sus banderas en todo el Caribe y Venezuela acosada.

Pero en el Caribe no hay guerra. El Caribe es una zona de paz... y catástrofes.

NOTAS

[1] Hasta los años 70 del siglo XX Haití fue autosuficiente en arroz, que es la base de la alimentación. A partir de entonces y como producto de una combinación de políticas neoliberales, se perdió la suficiencia al punto que hoy se importa más del 80 % del arroz que se consume. Pero en general de una dieta alimenticia que se producía en un 90 % dentro del país, hoy se importa el 55 % (Rodríguez, José Luis, citado en Sánchez, José Tomás, ¿Qué hacemos en Haití? , www.ea.com.py).

[2] Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití.

[3] Los países que aportan personal militar, con Brasil a la cabeza, son: Argentina, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Ecuador, Estados Unidos, Filipinas, Francia, Guatemala, Jordania, Nepal, Paraguay, Perú, República de Corea, Sri Lanka y Uruguay.

[4] Países que aportan personal policiaco: Argentina, Benin, Bangladesh, Brasil, Burkina Faso, Camerún, Canadá, Chad, Chile, China, Colombia, Côte d'Ivoire, Croacia, Egipto, El Salvador, España, Estados Unidos, Federación de Rusia, Filipinas, Francia, Guinea, Jordania, India, Jamaica, Madagascar, Malí, Nepal, Níger, Nigeria, Pakistán, República Centroafricana, Rwanda, Rumanía, Senegal, Serbia, Sri Lanka, Suiza, Togo, Turquía, Uruguay y Yemen.

[5] La sospecha se ha ido instalando como elemento de justificación para acciones punitivas de parte de las fuerzas públicas, negando así las atribuciones de las instancias de justicia. En el caso de las misiones humanitarias o de paz, cuyo propósito debería ser restablecer y/o garantizar las condiciones para un funcionamiento regular de las instituciones democráticas, no debería permitirse tal grado de impunidad a las tropas que están autorizadas a disparar si creen que alguien parece sospechoso.

[6] Lo mismo ocurrió con el ataque a las torres gemelas. Algunos investigadores y periodistas han sostenido que se trató de un autoatentado para justificar los cambios drásticos de política militar que le sucedieron. Y en este caso ya circulan escritos basados en informaciones sobre el Proyecto HAARP con base en Alaska, sosteniendo la hipótesis de la capacidad de generar cambios climáticos y catástrofes como el terremoto en Haití.

[7] http://www.abn.info.ve/noticia.php?articulo=217451&lee=16

[8] "Bolivia teme que Haití se convierta en otra base militar estadounidense". En DiarioCoLatino.com, San Salvador, enero 28, 2010. http://www.diariocolatino.com/es/20100119/internacionales/75895/

[9] Ken Keen es el Military Deputy Commander (Comandante suplente o adjunto) del Comando Sur y tiene amplia experiencia en la región, además de haber comandado la Fuerza de Tarea Ranger en la Operación Tormenta en el Desierto y de haber formado parte del Comando Conjunto del EUCOM en 2007-2009. Se trata de un militar de la más alta categoría y experiencia en zonas de guerra y conflicto, en plenas funciones, con trabajo reciente en áreas de alto riesgo estratégico. En América Latina fungió como Oficial de las Fuerzas Especiales en Panamá (1977-1980); Oficial del Grupo de Entrenamiento Militar en Honduras (1980); Comandante del Grupo Militar de Estados Unidos en Colombia (2001-2003); Comandante del Ejército del Sur de Estados Unidos (2005-2007) y estudiante en el Comando Brasileño y el Colegio del Comando General en Brasil (Brazilian Command and General Staff College) (1987-1988). ( http://www.southcom.mil/AppsSC/pages/dcdrBio.php ). No hay que descuidar este último dato y los vínculos que implica, sobre todo teniendo en cuenta el papel de las Fuerzas Armadas brasileñas como comandantes de la MINUSTAH.

[10] Consultado en la página de internet del Comando Sur el día viernes 29 de enero de 2009 http://www.southcom.mil/AppsSC/factFiles.php?id=138

Rebelión publicó este artículo a petición expresa de los autores, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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El último capítulo del marxismo filosófico

Por Beatriz Sarlo

Adorno, , Benjamin, Marcuse, Habermas son apellidos centrales del pensamiento del siglo XX ligados a la Teoría Crítica y rescatados por " La Escuela de Fráncfort", una monumental biografía intelectual colectiva, recién editada en castellano. Beatriz Sarlo analiza la obra de ese grupo excepcional, que exploró la dialéctica, el marxismo y el freudismo. Luis Ignacio García escribe sobre la influencia en el país.

 

THURINGEN, 1923. Participantes de una semana de estudios marxistas y parte del entorno del Instituto para la Investigación Social. Entre ellos, Georg Luckacs (arriba, el 4° de la derecha) y Felix Weil (arriba, el 2° de la izquierda).

 

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Inútil buscar una definición sintética de la Escuela de Fráncfort. Existieron diferencias (no siempre las mismas ni en el mismo momento) entre sus integrantes más ilustres como Theodor W. Adorno, Max Horkheimer y Herbert Marcuse. Cada uno de ellos exploró a su manera y con distintos acentos la dialéctica, el marxismo y el freudismo. Algunos hicieron sus contribuciones más profundas en la estética y otros, en lo social. Finalmente, un nombre icónico, como el de Walter Benjamin, no perteneció realmente al Instituto que fue la base administrativa de la Escuela ; y la teoría de la acción comunicativa de Jürgen Habermas no es una consecuencia inevitable del pensamiento de sus mentores de juventud.

Sin embargo, casi todos creemos saber de qué se habla cuando se menciona a la Escuela de Fráncfort y la Teoría Crítica. Versiones difundidas en el sentido común culto fusionan las posiciones de Adorno sobre estética y su intervención decisiva en el campo de la música moderna, la mirada detallista e innovadora de Benjamin sobre la cultura urbana y material, la gran suma filosófico-histórica de Horkheimer y Adorno sobre la razón ilustrada, las exploraciones de Marcuse sobre la subjetividad en el capitalismo. Ellos, los francfortianos, discutieron largamente mientras mantenían una identidad que, pese a los conflictos, es rara en otros grupos. Son un mosaico, pero los unía una tarea común que hoy ya podemos definir (sin olvidar, por supuesto, el proyecto de Sartre) como el último gran capítulo de la dialéctica, el último capítulo posible del marxismo filosófico.

La Escuela de Fráncfort, de Rolf Wiggershaus, publicado en alemán en 1986 y ahora editado en castellano, es una historia de este grupo excepcional.

 

Los comienzos

En 1940, murió, después de años de parálisis física e inhabilidad mental, el primer director del Instituto para la Investigación Social que se fundó en 1924 con dinero aportado por Felix Weil, hijo de un exportador de cereales que se había enriquecido en la Argentina. Los tres años y medio que lo dirigió Carl Grünberg son un comienzo. Las autoridades universitarias alemanas miraban con desconfianza a ese Instituto financiado por un joven mecenas marxista, que promovía un programa marxista de investigaciones y repartía sus becas entre estudiantes también marxistas, muchos de ellos militantes del Partido Comunista.

Providencialmente, la enfermedad de Grünberg hizo posible un nuevo comienzo. Cuando, en 1930, dejó la dirección del Instituto, el nombramiento de un casi desconocido Max Horkheimer fue una decisión administrativa que contenía en su centro el futuro institucional de la Teoría Crítica. Los anales del Instituto pasaron a llamarse Zeitschrift für Sozialforschung, nombre que se volvió clásico. En su conferencia inaugural, Horkheimer establecía un delicado equilibrio entre el programa francamente marxista de su antecesor (suscripto por el mecenas Weil) y una fórmula que pudiera sonar aceptable en el medio universitario alemán que, aunque singularmente avanzado en Fráncfort, de todos modos no habría tolerado por mucho tiempo un programa de investigación exclusivamente centrado sobre el marxismo.

Así, Horkheimer se refiere a la filosofía clásica alemana, a la idea de totalidad en Hegel y extrae de allí la fundación metodológica y teórica de un proyecto que investigara las relaciones de economía, sociedad y cultura.

Como queda ampliamente probado por Rolf Wiggershaus, la llegada de Horkheimer fue inesperada, estratégicamente astuta y finalmente providencial. Con todo detallismo, Wiggershaus cita las cartas, las instrucciones y las observaciones ministeriales que armaron el tinglado en el cual pareció prudente aprovechar la enfermedad de Grünberg para imprimir un giro.

En la extensa lista de nombres que protagonizan o son figuras secundarias de este primer capítulo, Wiggershaus ofrece pruebas de una recurrencia: son muchos los judíos (conservadores o liberales, pero siempre ilustrados y de sentimientos profundamente alemanes, es decir, judíos integrados), burgueses urbanos, grandes comerciantes o industriales con inclinaciones a la acción pública prestigiosa y el mecenazgo de las artes y las ciencias.

Aunque Wiggershaus no lo subraya especialmente, es significativa esta tipología porque, frente a ella, las persecuciones del nazismo, que sucederían muy pocos años después, no se vuelven incomprensibles para quienes las desataron, pero sí, en gran medida, para quienes las padecieron en esta franja que no estaba habituada ni a la segregación ni al desprecio.

Personalidades

Después del "relato de comienzos", se pasa a las biografías tempranas de los principales integrantes del grupo: desde las novelas escritas por Horkheimer en su juventud a la formación judaica y psicoanalítica de Erich Fromm, que se plantea el cruce teórico entre la teoría de los instintos y la teoría de clases, y termina fijando en el Instituto la primera sede universitaria del psicoanálisis en Alemania.

Estas detalladas e interesantes "vidas francfortianas", de todos modos, interrumpen el curso de una historia. Arman un friso biográfico, donde no es posible detenerse en lo que quizás hubieran sido algunos paralelos significativos (Horkheimer como una especie de Engels joven y judío, por ejemplo, poniendo de manifiesto, por si hiciera falta una vez más, la pertenencia de los judíos al suelo de la cultura alemana, y también las insospechadas supervivencias de romanticismo social en sus obras juveniles). Quizás, el intercalado de las vidas en curso de formación intelectual no haya sido la mejor estrategia expositiva, aunque cada vida tomada en sí misma es interesante como una miniatura. Otra estrategia de exposición habría partido de los grandes teóricos leídos por casi todos, como Lukacs o Korsch o Weber, para delinear un trayecto común a la época.

Sin embargo, aunque las biografías juveniles interrumpan la historia de los primeros años del Instituto, abren una perspectiva desde la que se comprueba que allí se reunieron tendencias que estaban un poco por todas partes en la izquierda marxista alemana intelectual y juvenil, que se consolidaron porque el Instituto les dio una adscripción académica y el dinero que la universidad de Fráncfort no habría invertido.

El capítulo donde transcurren estos primeros años lleva el nombre significativo pero intrigante de "El ocaso" (Dämmerung, que la edición en inglés traduce, menos herméticamente, por "Amanecer", tal como lo permite la palabra alemana). El título es el de un libro de Horkheimer, publicado en 1934, donde Wiggershaus encuentra la prueba de que tenía ya el programa de una filosofía futura y de una "teoría científica de la sociedad". Ese programa atravesó más de tres décadas, como convicción, como promesa, como horizonte discutido por la propia Teoría Crítica. José Sazbón, gran especialista argentino desparecido hace dos años, sintetizó el conflicto finalmente generado por la idea de totalidad que los lineamientos de Horkheimer compartían con Lukacs. Sazbón concluye que el hegelianismo totalizante del programa de Horkheimer se "dislocará" en las vías recorridas por muchos francfortianos: el psicoanálisis, la antropología, la crítica nietzscheana.

Las historias intelectuales que incluye Wiggershaus en este primer capítulo son una demostración de que, desde el comienzo, la teoría crítica era mucho más y mucho menos de lo que prometía. Lo muestra el itinerario, en los años veinte, de Theodor Adorno, que hace un pasaje breve y frustrante por el Instituto, se va a Berlín donde tiene una relación fundamental con Benjamin y regresa para trabajar con Paul Tillich y establecerse en ese marco institucional, aunque desconfiando o recusando la idea de una totalidad inalcanzable en la filosofía contemporánea.

Pero un verdadero ocaso, no simplemente el de la idea hegeliana de totalidad, amenazaba a los jóvenes de Fráncfort. El mismo día en que Hitler fue nombrado canciller del Reich, las SA (tropas de choque de camisas pardas) se apoderaron de la casa de Horkheimer. Comenzó el exilio que llevó a los francfortianos a Estados Unidos. Adorno, siempre siguiendo un camino diferido o diferente, intentó una carrera en Oxford, donde se lo ubicó, para su humillación, en el lugar del estudiante de doctorado. Wiggershaus cita largamente la correspondencia de 1934 entre Adorno y Horkheimer: "Usted (le escribe Horkheimer) si no ha cambiado mucho, es una de las pocas personas de las cuales el Instituto y la especial tarea teórica que busca cumplir tienen algo que esperar en el plano intelectual".

Aunque la afirmación fuera, en ese momento, injusta con Erich Fromm, todo acontece en el relato de Wiggershaus como si Horkheimer conociera el borrador del futuro o como si algunos rasgos personales de Adorno alcanzaran para explicarlo. "Fijaciones" o celos, desconfianza hacia otros intelectuales como Kracauer, disidencias pequeñas pero significativas que terminaron en separaciones, como con Erich Fromm. Ambos, Adorno y Horkheimer, sentían en cambio una rara atracción por Benjamin, precisamente el que no llegó nunca al exilio.

Wiggershaus deja dos cosas en claro. La primera, más indiscutible por menos teleológica, es que tanto Horkheimer como Adorno estaban fascinados con Benjamin, y se lo comunicaban mutuamente en varias cartas de 1936, aunque quizá nunca pensaron que pudiera integrarse del todo a la empresa común, por la persistencia en Benjamin en "conceptos teológicos" insertados en una filosofía donde tampoco terminaba de reconocerse la dialéctica. La segunda, que era casi inevitable que Adorno y Horkheimer terminaran trabajando juntos en la Dialéctica de la Ilustración , como si el nazismo, los desencuentros del año 34, en que uno ya estaba en Nueva York y el otro todavía tentado en seguir una carrera como crítico musical en Alemania, hubieran sido detalles de una historia empírica que nunca llegaron a poner en peligro esa obra esencial. Sin embargo, Wiggershaus también muestra que Horkheimer, siempre tajante en sus intervenciones como organizador, vaciló entre una colaboración filosófica de gran alcance con Adorno y el camino multidisciplinario inscripto en el programa fundador nunca abandonado, incluso cuando el Instituto regresó a su primera sede alemana después de la guerra.

 

Diálogos en el exilio

Durante el período norteamericano, esa vía multidisciplinaria hizo posible la alianza con Paul Lazarsfeld, trazando un desvío más académico y empirista. Eran, sin embargo, hombres de texturas intelectuales muy diferentes: Lazarsfeld, cuando en 1938 Adorno se sumó al proyecto de investigación sobre la radio y sus efectos, le estampó el estereotipo del "profesor alemán que, no obstante, dice una cantidad de cosas interesantes". Por esta misma extrañeza de origen y formación, Horkheimer se ve obligado a explicar varias veces por qué la Zeitschrift für Sozialforschung siguió siendo publicada en alemán hasta 1939, evitando las traducciones siempre peligrosas (por su tendencia a las "simplificaciones y popularizaciones"), y también porque en ese momento era la única revista independiente publicada en esa lengua. Precisamente en su último número en alemán, se publicó un artículo de alto impacto de Horkheimer: "Los judíos y Europa".

Es característico del relato de Wiggershaus recorrer cuántos caminos laterales aparezcan. El proyecto inconcluso de Benjamin sobre París, capital del siglo XIX es abordado en una pequeña monografía intercalada en uno de los capítulos dedicados al Instituto en Estados Unidos. Con excelentes fuentes documentales sigue el tortuoso itinerario del intercambio entre Adorno y Benjamin, y las objeciones de Horkheimer, que son menos significativas. Sin duda, el intercambio entre Adorno y Benjamin es un punto muy alto de debate y colaboración, de desacuerdo, reconocimiento y también ceguera, pero surge el legítimo interrogante de si también lo fue en la historia del Instituto, donde Benjamin no aparece nunca como una figura central, sino como aquel intelectual magnético que atrae a algunos de sus miembros.

Otro ejemplo de excelente análisis intercalado es el de Filosofía de la nueva música; Wiggershaus rastrea las razones del extraordinario impacto y la "felicidad intelectual" que el texto de Adorno le produjo a Horkheimer. Esas páginas, como las dedicadas a Benjamin, son también intermezzi felices dentro del tono predominante de análisis de relaciones intelectuales e institucionales. La tercera inserción monográfica de estas características es dedicada a la génesis y discusión de Dialéctica de la Ilustración , esa obra magna que se convierte en una clave de bóveda del proyecto, recoge líneas inconclusas del pensamiento benjaminiano y le da una centralidad a Horkheimer y Adorno, desplazando hacia otros espacios, de manera definitiva o por bastantes años, a Fromm, Pollock y Marcuse.

El libro de Wiggershaus es una historia de la línea central y de múltiples caminos laterales. Cada una de las ocasiones en que Adorno disiente con Horkheimer (por ejemplo acerca del ensayo de Marcuse sobre el carácter afirmativo de la cultura, para mencionar sólo un caso), prueba que el mismo término de Escuela es poco apropiado. Parece mejor, referirse al Instituto, ya que esta denominación administrativa y académica no establece los mismos compromisos de unidad que estuvo siempre amenazada por las desavenencias filosóficas de un grupo que se diferencia a medida que pasa el tiempo.

Pero las disensiones no fueron solamente teóricas o metodológicas. Sobre todo en los Estados Unidos, en los difíciles años de fines de los treinta y comienzos de los cuarenta, cuando llegan definitivamente todos los emigrados, valen también los conflictos por la escasez de fondos; los manejos financieros de Horkheimer que, secretamente, se reserva una parte importante de los de la Fundación que había financiado al Instituto en Alemania; su tenacidad para presentar proyectos que intersectaran aquello que los financiadores académicos americanos y también del American Jewish Committee podían aceptar y lo que la gente del Instituto podía y se interesaba en hacer. Horkheimer, por otra parte, incitaba a los miembros con quienes simpatizaba menos a buscar sus medios de vida en otras agencias, especialmente en las del Estado norteamericano, como en los casos de Marcuse y Pollock.

El proyecto sobre antisemitismo fue el último gran proyecto diseñado en los Estados Unidos. En el comité consultivo de la investigación se alinearon celebridades no sólo originadas en el Instituto sino también grandes nombres como Margaret Mead o Robert Merton. Wiggershaus, al compilar esos nombres, pone en evidencia que, originarios de Fráncfort, sólo quedaban Adorno y Horkheimer, además de Leo Löwenthal. En las infinitas maniobras que exigió la aceptación del proyecto queda de manifiesto no sólo la destreza administrativa de Horkheimer sino también la inserción lograda en el exilio.

El regres o

Llega, justo en ese momento, el fin de la guerra. Quienes, como Marcuse, trabajaban en agencias de los Estados Unidos especializadas en los problemas del conflicto, se quedaron sin trabajo y Horkheimer les hizo saber que no les estaban esperando sus antiguos puestos, aunque el futuro de la Zeitschrift ocupara a Marcuse tanto como a él y a Adorno. En la nueva situación, la revista podía recuperar un espacio público europeo que estuvo clausurado durante el nazismo. Europa, visitada en esos años de posguerra, puede que "esté condenada por la historia", pero "el hecho de que todavía existe pertenece también a la imagen histórica y abriga la débil esperanza de que algo de lo humano sobreviva" (escribía Adorno a Horkheimer en 1949).

Muchos de los exiliados regresaron. En este punto del relato de Wiggershaus podría hacerse un señalamiento. Su historia es increíblemente detallada en lo que concierne a la génesis de obras y proyectos; los desplazamientos internos del grupo por afinidades filosóficas y personales; y las infinitas tácticas ensayadas frente a las instituciones norteamericanas en los planos financiero y académico. Una dimensión se extraña en toda esta prodigiosa reconstrucción: la del campo del exilio en su conjunto y la del impacto en estos europeos pura cepa de la sociedad americana en la que se insertaron. En este punto, el relato, que sigue todos los desvíos necesarios, no se propone la reconstrucción de una escena más amplia. Digamos que no es suficientemente materialista en lo que concierne al paisaje urbano, cultural y social en el que los exiliados vivieron y que había provocado en ellos el famoso reflejo del "espléndido aislamiento".

Esa ausencia de atmósfera no ocurre, en cambio, en el comienzo del sexto capítulo, el del regreso definitivo a Fráncfort. El choque es violento porque los hombres del Instituto habían emigrado de una Alemania donde la cultura producida por judíos e influida por ellos era esencial. La nación dividida a la que regresaban les presenta sólo el vacío donde esa cultura había vivido enérgicamente.

Fráncfort los recibió en triunfo. Sin embargo, para refundar el Instituto, era necesario conseguir los fondos. Para convencer no a inexistentes mecenas judíos sino a la burocracia estatal, Horkheimer argumenta casi con las mismas palabras de su programa inicial: unir la tradición filosófica y social alemana con las investigaciones empíricas, sólo que, en esta ocasión acaecida veinte años después, sumando los aportes metodológicos de la sociología norteamericana (con la que Adorno ya no tendrá más nada que ver). En 1951 se reabre el Instituto. Pero sus miembros van y vienen. En 1952, Adorno vuelve a Estados Unidos, en un viaje que le resulta más duro que el exilio. Marcuse, que desea regresar a Fráncfort y estrechar una colaboración con Horkheimer, una vez más, fracasa. Pero en 1955 él publica Eros y civilización, el libro que Wiggershaus llama con justicia la Dialéctica de la Ilustración de Marcuse.

Fue la consagración intelectual y pública de los fundadores. Pero también la aparición de nuevos personajes, como Jürgen Habermas, nacido en 1929 cuando se estaba fundando el Instituto, y que elegía escribir en los diarios sobre autores por los que Adorno sentía lejanía y hostilidad. Habermas recuerda el impacto de su primera reunión con Adorno: lo escuchó como si estuvieran hablándole Marx o Freud, los grandes de la cultura alemana en el pasado. Prevaleció la continuidad y, en 1965, Habermas obtuvo la cátedra que había sido de Horkheimer.

La doble imagen que se le ocurre a Habermas (la de una envergadura pretérita aunque presente) es también la que ilustra el final del libro de Wiggershaus. Los jóvenes de los sesenta encontraron una referencia en Fráncfort y, sobre todo, en las fórmulas que sintetizaban su proyecto marxista y dialéctico original. Pero quienes habían escrito y hecho posible ese proyecto estaban cada vez más lejos de ese nuevo mundo insurreccional y culturalmente revulsivo. Quizá la única excepción fuera Marcuse, que miraba intensamente esa sociedad capitalista tardía mientras Adorno, alejado, coronaba su obra filosófica y estética.

Wiggershaus reconstruye, con testimonios muy próximos a los hechos, el año 1967, donde Adorno va de un malentendido a otro en reuniones y conferencias con los estudiantes radicalizados. El relato deja ver perfectamente la naturaleza cultural, ideológica y generacional de una comunicación casi imposible: ni a Adorno le interesa la reforma de la universidad (que fue la bandera con la que comenzaron muchas de las revueltas juveniles de esos años), ni los estudiantes están en condiciones de seguirlo en el proyecto más duro, más difícil, con que el filósofo está terminando su vida. Malentendidos diferentes, pero igualmente insalvables, separaron a los estudiantes de Marcuse, que fue recibido por ellos como una voz de la revolución para escuchar que, en vez de darles un lugar de primera fila en ese futuro, les dice que no son ellos, los estudiantes, los principales protagonistas.

Este final, melancólico pero inevitable en esta gran biografía intelectual colectiva, tiene una vibración personal y el lector adivina en Rolf Wiggershaus (nacido en 1944) un testigo muy próximo de los avatares con los que compone su historia de la génesis y realización de la Teoría Crítica , de la revista y el Instituto. Toda ella provocaba a construir un libro al que es difícil llamar simplemente extenso. Es, al mismo tiempo, agotador e imprescindible. Wiggershaus ha sido implacable en la recopilación de fuentes documentales inéditas y en la revisión de las ya conocidas; se mueve en un terreno que le es familiar desde su doctorado con Habermas, pero no da nada por descontado: revisa todo y no se permite una elipsis en el relato; no da respiro, porque es un investigador que tampoco se lo permite. La escuela de Fráncfort es un atlas, una guía exhaustiva, un repertorio bibliográfico completo y una enciclopedia razonada.

 

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El posneoliberalismo y sus bifurcaciones

Por: Ana Esther Ceceña *

El fin del neoliberalismo

El neoliberalismo tocó fin definitivamente con la crisis estallada en 2008. No hay vuelta atrás. El mercado, por sí mismo, es autodestructivo. Necesita soportes y contenedores. La sociedad capitalista, arbitrada por el mercado, o bien se depreda, o bien se distiende. No tiene perspectivas de largo plazo.

Después de 30 años de neoliberalismo ocurrieron las dos cosas. La voracidad del mercado llevó a límites extremos la apropiación de la naturaleza y la desposesión de los seres humanos. Los territorios fueron desertificados y las poblaciones expulsadas. Los pueblos se levantaron y la catástrofe ecológica, con un altísimo grado de irreversibilidad, comenzó a manifestarse de manera violenta.

Los pueblos se rebelaron contra el avance del capitalismo bloqueando los caminos que lo llevaban a una mayor apropiación. Levantamientos armados cerraron el paso a las selvas; levantamientos civiles impiden la edificación de represas, la minería intensiva, la construcción de carreteras de uso pesado, la privatización de petróleo y gas y la monopolización del agua. El mercado, solo, no podía vencer a quienes ya estaban fuera de su alcance porque habían sido expulsados y desde ahí, desde el no-mercado, luchaban por la vida humana y natural, por los elementos esenciales, por otra relación con la naturaleza, por detener el saqueo.

El fin del neoliberalismo inicia cuando la medida de la desposesión toca la furia de los pueblos y los obliga a irrumpir en la escena.

Los cambios de fase

La sociedad capitalista contemporánea ha alcanzado un grado de complejidad que la vuelve altamente inestable. De la misma manera que ocurre con los sistemas biológicos (Prigogine, 2006), los sistemas sociales complejos tienen una capacidad infinita y en gran medida impredescible de reacción frente a los estímulos o cambios. El abigarramiento con el que se edificó esta sociedad, producto de la subsunción pero no eliminación de sociedades diferentes, con otras cosmovisiones, costumbres e historias, multiplica los comportamientos sociales y las percepciones y prácticas políticas a lo largo y ancho del mundo y abre con ello un espectro inmenso de sentidos de realidad y posibilidades de organización social.

La potencia cohesionadora del capitalismo ha permitido establecer diferentes momentos de lo que los físicos llaman equilibrio, en los que, a pesar de las profundas contradicciones de este sistema y del enorme abigarramiento que conlleva, disminuyen las tendencias disipadoras. No obstante, su duración es limitada. En el paso del equilibrio a la disipación aparecen constantemente las oportunidades de bifurcación que obligan al capitalismo a encontrar los elementos cohesionadores oportunos para construir un nuevo equilibrio o, en otras palabras, para restablecer las condiciones de valorización del capital. Pero siempre está presente el riesgo de ruptura, que apunta hacia posibles dislocamientos epistemológicos y sistémicos.

Los equilibrios internos del sistema, entendidos como patrones de acumulación en una terminología más económica, son modalidades de articulación social sustentadas en torno a un eje dinamizador u ordenador. Un eje de racionalidad complejo que, de acuerdo con las circunstancias, adopta diferentes figuras: en la fase fordista era claramente la cadena de montaje para la producción en gran escala y el estado en su carácter de organizador social; en el neoliberalismo el mercado; y en el posneoliberalismo es simultáneamente el estado como disciplinador del territorio global, es decir, bajo el comando de su vertiente militar, y las empresas como medio de expresión directa del sistema de poder, subvirtiendo los límites del derecho liberal construido en etapas anteriores del capitalismo.

Los posneoliberalismos y las bifurcaciones

La incertidumbre acerca del futuro lleva a caracterizarlo más como negación de una etapa que está siendo rebasada. Si la modalidad capitalista que emana de la crisis de los años setenta, que significó una profunda transformación del modo de producir y de organizar la producción y el mercado, fue denominada por muchos estudiosos como posfordista; hoy ocurre lo mismo con el tránsito del neoliberalismo a algo diferente, que si bien ya se perfila, todavía deja un amplio margen a la imprevisión.

Posfordismo se enuncia desde la perspectiva de los cambios en el proceso de trabajo y en la modalidad de actuación social del estado; neoliberalismo desde la perspectiva del mercado y del relativo abandono de la función socializadora del estado. En cualquiera de los dos casos no tiene nombre propio, o es un pos, y en ese sentido un campo completamente indefinido, o es un neo, que delimita aunque sin mucha creatividad, que hoy están dando paso a otro pos, mucho más sofisticado, que reúne las dos cualidades: pos-neo-liberalismo. Se trata de una categoría con poca vida propia en el sentido heurístico, aunque a la vez polisémica. Su virtud, quizá, es dejar abiertas todas las posibilidades de alternativa al neoliberalismo –desde el neofascismo hasta la bifurcación civilizatoria–, pero son inciertas e insuficientes su fuerza y cualidades explicativas.

En estas circunstancias, para avanzar en la precisión o modificación del concepto es indispensable detenerse en una caracterización de escenarios, entendiendo que el espectro de posibilidades incluye alternativas de reforzamiento del capitalismo –aunque sea un capitalismo con más dificultades de legitimidad–; de construcción de vías de salida del capitalismo a partir de las propias instituciones capitalistas; y de modos colectivos de concebir y llevar a la práctica organizaciones sociales no-capitalistas. Trabajar todos los niveles de abstracción y de realidad en los que este término ocupa el espacio de una alternativa carente de apelativo propio, o el de alternativas diversas en situación de coexistencia sin hegemonismos, lo que impide que alguna otorgue un contenido específico al proceso superador del neoliberalismo.

El posneoliberalismo del capital

Aun antes del estallido de la crisis actual, ya eran evidentes los límites infranqueables a los que había llegado el neoliberalismo. La bonanza de los años dorados del libre mercado permitió expandir el capitalismo hasta alcanzar, en todos sentidos, la escala planetaria; garantizó enormes ganancias y el fortalecimiento de los grandes capitales, quitó casi todos los diques a la apropiación privada; flexibilizó, precarizó y abarató los mercados de trabajo; y colocó a la naturaleza en situación de indefensión. Pero después de su momento innovador, que impuso nuevos ritmos no sólo a la producción y las comunicaciones sino también a las luchas sociales, empezaron a aparecer sus límites de posibilidad.

Dentro de éstos, es importante destacar por lo menos tres, referidos a las contradicciones inmanentes a la producción capitalista y su expresión específica en este momento de su desarrollo y a las contradicciones correspondientes al proceso de apropiación y a las relaciones sociales que va construyendo:

1. El éxito del neoliberalismo en extender los márgenes de expropiación, lo llevó a corroer los consensos sociales construidos por el llamado estado del bienestar, pero también a acortar los mercados. La baja general en los salarios, o incluso en el costo de reproducción de la fuerza de trabajo en un sentido más amplio, fue expulsándola paulatinamente del consumo más sofisticado que había alcanzado durante el fordismo. La respuesta capitalista consistió en reincorporar al mercado a esta población, cada vez más abundante, a través de la producción de bienes precarios en gran escala. No obstante, esta reincorporación no logra compensar ni de lejos el aumento en las capacidades de producción generadas con las tecnologías actuales, ni retribuir las ganancias esperadas. El grado de apropiación y concentración, el desarrollo tecnológico, la mundialización tanto de la producción como de la comercialización, es decir, el entramado de poder objetivado construido por el capital no se corresponde con las dimensiones y características de los entramados sociales. Es un poder que empieza a tener problemas serios de interlocución.

2. Estas enormes capacidades de transformación de la naturaleza en mercancía, en objeto útil para el capital, y la capacidad acumulada de gestión económica, fortalecida con los cambios de normas de uso del territorio y de concepción de las soberanías, llevaron a una carrera desatada por apropiarse todos los elementos orgánicos e inorgánicos del planeta. Conocer las selvas, doblegarlas, monopolizarlas, aislarlas, separarlas en sus componentes más simples y regresarlas al mundo convertidas en algún tipo de mercancía fue –es– uno de los caminos de afianzamiento de la supremacía económica; la ocupación de territorios para convertirlos en materia de valorización. Paradójicamente, el capitalismo de libre mercado promovió profundos cercamientos y amplias exclusiones. Pero con un peligro: Objetivar la vida es destruirla.

Con la introducción de tecnologías de secuenciación industrial, con el conocimiento detallado de genomas complejos con vistas a su manipulación, con los métodos de nanoexploración y transformación, con la manipulación climática y muchos otros de los desarrollos tecnológicos que se han conocido en los últimos 30 años, se traspasó el umbral de la mayor catástrofe ecológica registrada en el planeta. Esta lucha del capitalismo por dominar a la naturaleza e incluso intentar sustituirla artificialmente, ha terminado por eliminar ya un enorme número de especies, por provocar desequilibrios ecológicos y climáticos mayores y por poner a la propia humanidad, y con ella al capitalismo, en riesgo de extinción.

Pero quizá los límites más evidentes en este sentido se manifiestan en las crisis de escasez de los elementos fundamentales que sostienen el proceso productivo y de generación de valor como el petróleo; o de los que sostienen la producción de la vida, como el agua, en gran medida dilapidada por el mal uso al que ha sido sometida por el propio proceso capitalista. La paradoja, nuevamente, es que para evitar o compensar la escasez, se diseñan estrategias que refuerzan la catástrofe como la transformación de bosques en plantíos de soja o maíz transgénicos para producir biocombustibles, mucho menos rendidores y tan contaminantes y predatorios como el petróleo.

El capitalismo ha demostrado tener una especial habilidad para saltar obstáculos y encontrar nuevos caminos, sin embargo, los niveles de devastación alcanzados y la lógica con que avanza hacia el futuro permiten saber que las soluciones se dirigen hacia un callejón sin salida en el que incluso se van reduciendo las condiciones de valorización del capital.

3. Aunque el neoliberalismo ha sido caracterizado como momento de preponderancia del capital financiero, y eso llevó a hablar de un capitalismo desterritorializado, en verdad el neoliberalismo se caracterizó por una disputa encarnizada por la redefinición del uso y la posesión de los territorios, que ha llevado a redescubrir sociedades ocultas en los refugios de selvas, bosques, desiertos o glaciares que la modernidad no se había interesado en penetrar. La puesta en valor de estos territorios ha provocado una ofensiva de expulsión, desplazamiento o recolonización de estos pueblos, que, evidentemente, se han levantado en contra.

Esto, junto con las protestas y revueltas originadas por las políticas de ajuste estructural o de privatización de recursos, derechos y servicios promovidas por el neoliberalismo, ha marcado la escena política desde los años noventa del siglo pasado. Las condiciones de impunidad en que se generaron los primeros acuerdos de libre comercio, las primeras desregulaciones, los despojos de tierras y tantas otras medidas impulsadas desde la crisis y reorganización capitalista de los años setenta-ochenta, cambiaron a partir de los levantamientos de la década de los noventa en que se produce una inflexión de la dinámica social que empieza a detener las riendas sueltas del neoliberalismo.

No bastaba con darle todas las libertades al mercado. El mercado funge como disciplinador o cohesionador en tanto mantiene la capacidad desarticuladora y mientras las fuerzas sociales se reorganizan en correspondencia con las nuevas formas y contenidos del proceso de dominación. Tampoco podía ser una alternativa de largo plazo, en la medida que la voracidad del mercado lleva a destruir las condiciones de reproducción de la sociedad.

El propio sistema se vio obligado a trascender el neoliberalismo trasladando su eje ordenador desde la libertad individual (y la propiedad privada) promovida por el mercado hacia el control social y territorial, como medio de restablecer su posibilidad de futuro. La divisa ideológica del “libre mercado” fue sustituida por la “seguridad nacional” y una nueva fase capitalista empezó a abrirse paso con características como las siguientes:

1. Si el neoliberalismo coloca al mercado en situación de usar el planeta para los fines del mantenimiento de la hegemonía capitalista, en este caso comandada por Estados Unidos, en esta nueva fase, que se abre junto con la entrada del milenio, la misión queda a cargo de los mandos militares que emprenden un proceso de reordenamiento interno, organizativo y conceptual, y uno de reordenamiento planetario.

El cambio de situación del anteriormente llamado mundo socialista ya había exigido un cambio de visión geopolítica, que se corresponde con un nuevo diseño estratégico de penetración y control de los territorios, recursos y dinámicas sociales de la región centroasiática. El enorme peso de esta región para definir la supremacía económica interna del sistema impidió, desde el inicio, que ésta fuera dejada solamente en las manos de un mercado que, en las circunstancias confusas y desordenadas que siguieron al derrumbe de la Unión Soviética y del Muro de Berlín, podía hacer buenos negocios pero no condiciones de reordenar la región de acuerdo con los criterios de la hegemonía capitalista estadounidense. En esta región se empieza a perfilar lo que después se convertiría en política global: el comando militarizado del proceso de producción, reproducción y espacialización del capitalismo de los albores del siglo XXI.

2. Esta militarización atiende tanto a la potencial amenaza de otras coaliciones hegemónicas que dentro del capitalismo disputen el liderazgo estadounidense como al riesgo sistémico por cuestionamientos y construcción de alternativas de organización social no capitalistas. Sus propósitos son el mantenimiento de las jerarquías del poder, el aseguramiento de las condiciones que sustentan la hegemonía y la contrainsurgencia. Supone mantener una situación de guerra latente muy cercana a los estados de excepción y una persecución permanente de la disidencia.

Estos rasgos nos llevarían a pensar rápidamente en una vuelta del fascismo, si no fuera porque se combinan con otros que lo contradicen y que estarían indicando las pistas para su caracterización más allá de los “neos” y los “pos”.

Las guerras, y la política militar en general, han dejado de ser un asunto público. No solamente porque muchas de las guerras contemporáneas se han enfocado hacia lo que se llama “estados fallidos”, y en ese sentido no son entre “estados” sino de un estado contra la sociedad de otra nación, sino porque aunque sea un estado el que las emprende lo hace a través de una estructura externa que una vez contratada se rige por sus propias reglas y no responde a los criterios de la administración pública.

El outsourcing, que se ha vuelto recurrente en el capitalismo de nuestros días, tiene implicaciones muy profundas en el caso que nos ocupa. No se trata simplemente de privatizar una parte de las actividades del estado sino de romper el sentido mismo del estado. La cesión del ejercicio de la violencia de estado a particulares coloca la justicia en manos privadas y anula el estado de derecho. Ni siquiera es un estado de excepción. Se ha vaciado de autoridad y al romper el monopolio de la violencia la ha instalado en la sociedad.

En el fascismo había un estado fuerte capaz de organizar a la sociedad y de construir consensos. El estado centralizaba y disciplinaba. Hoy apelar al derecho y a las normas establecidas colectivamente ha empezado a ser un disparate y la instancia encargada de asegurar su cumplimiento las viola de cara a la sociedad. Ver, si no, los ejemplos de Guantánamo o de la ocupación de Irak.

Con la reciente crisis las instituciones capitalistas más importantes se han desfondado. El FMI y el Banco Mundial son repudiados hasta por sus constructores. Estamos entrando a un capitalismo sin derecho, a un capitalismo sin normas colectivas, a un capitalismo con un estado abiertamente faccioso. Al capitalismo mercenario.

El posneoliberalismo nacional alternativo

Otra vertiente de superación del neoliberalismo es la que protagonizan hoy varios estados latinoamericanos que se proclaman socialistas o en transición al socialismo y que han empezado a contravenir, e incluso revertir, la política neoliberal impuesta por el FMI y el Banco Mundial. Todas estas experiencias que iniciaron disputando electoralmente la presidencia, aunque distintas entre sí, comparten y construyen en colaboración algunos caminos para distanciarse de la ortodoxia dominante. Bolivia, Ecuador y Venezuela, de diferentes maneras y con ritmos propios, impulsan políticas de recuperación de soberanía y de poder participativo, que se ha plasmado en las nuevas Constituciones elaboradas por sus sociedades1.

La disputa con el FMI y el Banco Mundial ha determinado un alejamiento relativo de sus políticas y de las propias instituciones, al tiempo que se inicia la creación de una institucionalidad distinta, todavía muy incipiente, a través de instancias como el ALBA, el Banco del Sur, Petrocaribe y otras que, sin embargo, no marcan una pauta anticapitalista en sí mismas sino que apuntan, por el momento, a constituir un espacio de mayor independencia con respecto a la economía mundial, que haga propicia la construcción del socialismo. Considerando que, aun sin tener certeza de los resultados, se trata en estos casos por lo menos de un escenario posneoliberal diferente y confrontado con el que desarrollan las potencias dominantes, es conveniente destacar algunos de sus desafíos y paradojas.

1. Para avanzar en procesos de recuperación de soberanía, indispensable en términos de su relación con los grandes poderes mundiales --ya sea que vengan tras facetas estatales o empresariales--, y para emprender proyectos sociales de gran escala bajo una concepción socialista, requieren un fortalecimiento del estado y de su rectoría. Lo paradójico es que este estado es una institución creada por el propio capitalismo para asegurar la propiedad privada y el control social.

2. Los procesos de nacionalización emprendidos o los límites impuestos al capital transnacional, pasándolo de dueño a prestador de servicios, o a accionista minoritario, marca una diferencia sustancial en la capacidad para disponer de los recursos estratégicos de cada nación. La soberanía, en estos casos, es detentada y ejercida por el estado, pero eso todavía no transforma la concepción del modo de uso de estos recursos, al grado de que se estimulan proyectos de minería intensiva, aunque bajo otras normas de propiedad. Para un “cambio de modelo” esto no es suficiente, es un primer paso de continuidad incierta, si bien representa una reivindicación popular histórica.

3. El reforzamiento del interés nacional frente a los poderes globales o transnacionales va acompañado de una centralización estatal que no resulta fácilmente compatible con la plurinacionalidad postulada por las naciones o pueblos originarios, ni con la idea de una democracia participativa que acerque las instancias de deliberación y resolución a los niveles comunitarios.

4. Las Constituyentes han esbozado las líneas de construcción de una nueva sociedad. En Bolivia y Ecuador se propone cambiar los objetivos del “desarrollo” por los del “buen vivir”2, marcando una diferencia fundamental entre la carrera hacia delante del desarrollo con la marcha horizontal e incluso circular del buen vivir, que llamaría a recordar la metáfora zapatista de caminar al paso del más lento. La dislocación epistemológica que implica trasladarse al terreno del buen vivir coloca el proceso ya en el camino de una bifurcación societal y, por tanto, la discusión ya no es neoliberalismo o posneoliberalismo sino eso otro que ya no es capitalista y que recoge las experiencias milenarias de los pueblos pero también la crítica radical al capitalismo. Los apelativos son variados: socialismo comunitario, socialismo del siglo XXI, socialismo en el siglo XXI, o ni siquiera socialismo, sólo buen vivir, autonomía comunitaria u horizontes emancipatorios.

Ahora bien, la construcción de ese otro, que genéricamente podemos llamar el buen vivir, tiene que salirse del capitalismo pero a la vez tiene que transformar al capitalismo, con el riesgo, siempre presente, de quedar atrapado en el intento porque, entre otras razones, esta búsqueda se emprende desde la institucionalidad del estado (todavía capitalista), con toda la carga histórica y política que conlleva.

El posneoliberalismo de los pueblos

Otro proceso de salida del neoliberalismo es el que han emprendido los pueblos que no se han inclinado por la lucha electoral, fundamentalmente porque han decidido de entrada distanciarse de la institucionalidad dominante. En este proceso, con variantes, se han involucrado muchos de los pueblos indios de América, aunque no sólo, y su rechazo a la institucionalidad se sustenta en la combinación de las bifurcaciones con respecto a la dominación colonial que hablan de rebeliones larvadas a lo largo de más de 500 años, con las correspondientes a la dominación capitalista. Las naciones constituidas en el momento de la independencia de España y Portugal en realidad reprodujeron las relaciones de colonialidad interna y por ello no son reconocidas como espacios recuperables.

La resistencia y las rebeliones se levantan a veces admitiendo la nación, más no el estado, como espacio transitorio de resistencia, y a veces saltando esta instancia para lanzarse a una lucha anticapitalista-anticolonial y por la construcción-reconstrucción de formas de organización social simplemente distintas.

Desde esta perspectiva el proceso se realiza en los espacios comunitarios, transformando las redes cotidianas y creando condiciones de autodeterminación y autosustentación, siempre pensadas de manera abierta, en interlocución y en intercambio solidario con otras experiencias similares.

Recuperar y recrear formas de vida propias, humanas, de respeto con todos los otros seres vivos y con el entorno, con una politicidad libre y sin hegemonismos. Democracias descentradas. Este es el otro camino de salida del neoliberalismo, que sería muy empobrecedor llamar posneoliberalismo porque, incluso, es difícil de ubicar dentro del mismo campo semántico. Y todos sabemos que la semántica es también política y que también ahí es preciso subvertir los sentidos para que correspondan a los nuevos aires emancipatorios.

Lo que viene después del neoliberalismo es una abanico abierto con múltiples posibilidades. No estrechemos el horizonte cercándolo con términos que reducen su complejidad y empequeñecen sus capacidades creativas y emancipatorias. El mundo está lleno de muchos mundos con infinitas rutas de bifurcación. A los pueblos en lucha toca ir marcando los caminos.

Bibliografía

Acosta, Alberto 2008 “La compleja tarea de construir democráticamente una sociedad democrática” en Tendencia N° 8 (Quito).

Prigogine, Ilya 2006 (1988) El nacimiento del tiempo (Argentina: Tusquets).

Constitución de la República del Ecuador 2008.

Asamblea Constituyente de Bolivia 2007 Nueva Constitución Política del Estado (documento oficial)

* Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa de la autora, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes. .

 

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Trovador de un mundo en ocaso,  Flores Galindo: la historia como pasión

Por Maruja Martínez Castilla *

Hemos pasado de la obsesión por el pasado, al nacimiento de un nuevo tipo de
relación con la memoria y los recuerdos:
dejamos de estar dominados por los muertos y queremos hacer de la Historia sólo un instrumento
para edificar —como diría Basadre— una nueva morada.
Alberto Flores Galindo, 1988.

Introducción

Sin duda alguna, no se podría hablar de la historia del Perú en este siglo [XX] sin consultar a Alberto Flores Galindo (1949-1990). Muerto tempranamente, dejó una obra vasta, que todavía no se ha recopilado en su totalidad: siete libros y centenares de artículos y ensayos nos hablan de esta forma de hacer historia, con esa rara combinación entre erudición académica y lenguaje claro y sencillo.

Sería legítimo pensar que esa característica es algo de segundo orden. Mas no es así. Me atrevería a afirmar que fue intencionado. Escribía para los anónimos, para los menos. Quienes trabajamos con él recordamos su preocupación por los jóvenes y por los provincianos. Los temas que aborda en su corta vida tienen un centro: el ser peruano concreto.

En 1968, año paradigmático, ingresó a la Facultad de Historia de la Universidad Católica , luego de los dos años de rigor en la Facultad de Letras. También ese año comienza a dictar clases en esa misma universidad, actividad que no cesaría hasta el 12 de diciembre de 1989, cuando su clase fue una conversación con sus estudiantes del Post-Grado de Ciencias Sociales sobre un tema que era muy querido por él y que quedó inconcluso: Arguedas.

Fue en las aulas de esa misma universidad donde conoció a Sartre y se identificó con la preocupación de éste por la condición humana1, un tema que no abandonaría jamás2. Cuando presentó su tesis de bachillerato, Los mineros de la Cerro de Pasco 1900-1930, formuló la pregunta que rondaría la totalidad de su obra: «¿Quiénes son en realidad estos hombres? 3». Tenía entonces veintidós años. Cuando la tesis se convierte en libro, en 1974, señala de una forma aún más clara lo que sería el norte de su obra histórica:

Interesados en los mineros no por un quehacer puramente académico, sino por su importancia en función de la transformación de la sociedad peruana, ellos y los campesinos con los que están estrechamente ligados, constituyen el centro de nuestro trabajo... Nos va a interesar no sólo el grado de explotación económica a que estuvieron sometidos, sino también sus relaciones sociales, su vida cotidiana, sus canciones, sus sentimientos, etc.4

Desde entonces declaró la guerra a las certezas, a las ideas sin aristas, e instauró la interrogación como su método favorito de hacer historia: buscar no con el objetivo de encontrar, sino más bien de entender a sus protagonistas. En palabras de Antonio Melis, «[d]espués de tantos años de trabajo, lo que se exhibe no son certidumbres sino dudas fecundas5.

Cada uno de sus libros fue una ruptura: en Los mineros de la Cerro de Pasco rompe con la noción estrecha de «clase»; En Arequipa y el sur andino: con el análisis económico tradicional; en Aristocracia y plebe: con la imagen binaria de Lima; en Apogeo y crisis de la república aristocrática (escrito con Manuel Burga): con la historia lineal y bipolar, incorporando las rebeliones campesinas; en La agonía de Mariátegui: con la imagen estereotipada y dogmática que le atribuía cuanto tipo de doctrina dogmática hay («megáfono de ideas ajenas» le llama Eduardo Cáceres, parafraseando a AFG6).

Ya desde la década de los setenta, había sentado los puntos focales que constituyeron su contribución a la historia del Perú: Mariátegui, el movimiento obrero de los 20-30, la polémica con Haya y el primer aprismo, y los inicios del Partido Comunista; Túpac Amaru y el sur andino, temas a los que dedicó dos de sus libros; la fragmentación del país con miradas específicas a Lima, por un lado, y al campesinado por otro. Buscando un Inca sintetiza tal vez todas estas miradas, donde todo lo dicho anteriormente «se entrelaza».
El presente trabajo intenta trazar, en primer lugar, los rasgos mayores de la manera como Flores Galindo entendió e hizo la historia, incluyendo el concepto de totalidad y  las diversas  metodologías. Luego la visión que fue desarrollando sobre el Perú y la relación con el pasado, así como las temáticas regionalistas. En tercer lugar, la peculiar relación que construyó entre la historia y el marxismo. Y en cuarto lugar, la utopía andina, el radical  intento totalizador que de alguna manera culminaría sus estudios anteriores.

 

I. La historia total

Quienes pertenecemos a la generación de Flores Galindo o a otras generaciones anteriores, en nuestra educación escolar aprendimos la historia alrededor de culturas «muertas», héroes y batallas. Los personajes no sólo eran presidentes o generales. También había pescadores como Olaya, o rebeldes como Túpac Amaru o Pumacahua. Pero no tenían ninguna relación con el Perú que vivimos ni con las personas que conocimos. Había, pues, que romper ese modelo, no sólo en la universidad sino también en la escuela, como AFG lo señala saludando la publicación de un libro para primero de secundaria, redactado por Pablo Macera:

En la escuela... estudiar el pasado requiere únicamente de la memoria: nombres, fechas acontecimientos repetidos año tras año, terminan por delinear la imagen de una disciplina menor, aburrida y torpe, donde el presente no mantiene ninguna relación con el pasado y el país aparece desligado del mundo. Un saber inútil. De esta manera la enseñanza de la historia lejos de cimentar una conciencia nacional, sólo sirve para empobrecerla7.

Y, en el caso de la enseñanza superior, critica que en el Perú ha habido una tendencia a pensar en el pasado «como un simple relato de acontecimientos», como lo dice en el prólogo de una antología publicada en 1975 para los estudiantes de Ciencias Sociales de la Universidad Católica. El expreso propósito era introducirlos en las nuevas corrientes historiográficas que surgían para negar lo que había sido «la descripción en lugar del análisis; el apego exclusivo a la documentación erudita, anulando la inteligencia del investigador». Esta visión, acota, está siendo reemplazada por el interés en «los procesos estructurales y coyunturales, por el estudio de los sistemas sociales y el análisis de la lógica interna que los rige... La Historia contemporánea busca constituirse efectivamente en un dominio científico. Para este proceso han sido decisivos los aportes de otras ciencias sociales»8. No sólo fuentes, sino vinculación multidisciplinaria: literatura, economía, teoría política, sociología, antropología, y psicoanálisis. «Un libro de historia, sobre todo en el Perú, deber ser tenido en cuenta no sólo por lo que dicen, por lo que soluciona, sino también por los nuevos caminos que abre, los incentivos que puede despertar para futuras investigaciones»9.

De un modo similar, distancia de aquella otra visión tan común que reduce la historia del Perú a la división de dos grandes vertientes: la indígena/andina y la hispana, que deberían unirse. El mestizaje resultante resolvería la formación de una nación, objetivo que no había podido lograrse en los tiempos. El énfasis en una u otra vertiente darían forma a las tendencias indigenista e hispanista. Flores Galindo no vacila en saludar la intervención de las otras ciencias para poner en cuestión este paradigma binario de la historia peruana10.

Lejos de establecer las generalizaciones, su mirada fue más bien hacia las peculiaridades. Los historiadores peruanos, atrincherados en el indigenismo, el hispanismo o el marxismo, realizaban interpretaciones que fueran adecuadas para sus propias tendencias11. Flores Galindo no duda en reconocer que el oxígeno que la historia requería para deshacerse de tales corsés vendría de fuera: John Rowe, John Murra y Tom Zuidema, quienes «renovarían los conocimientos sobre los incas y, en general, sobre el mundo andino», buscando lo específico de éste12.

Sin embargo, lo que le interesa no son «los hechos» sino más bien las motivaciones, o las «mentalidades» colectivas. Los «hechos» sólo se explican por sus protagonistas, particularmente aquellos anónimos. O, como él mismo lo afirma:

Nuestros propósitos se inscriben dentro de la concepción de una «historia total», que sin olvidar la historia política (de acontecimientos, fechas y personajes) atienda a los fenómenos estructurales,, a los grandes procesos de la economía y la sociedad, y no olvide el rol que desempeñan las ideologías y las mentalidades colectivas»13.

La historia es una historia social, citando a Goubert y a Vilar, este último uno de sus maestros predilectos, dice que el interés es «por ‘todos los hombres’ y no solamente por aquellos que brillaron en su nacimiento», y recalca

Todos los hombres. A la historia tradicional sólo le interesan los hechos individuales, únicos irrepetibles. A la nueva historia le interesan todos los hechos. Los hechos por excelencia... son los hechos de masas: «masas de hombres (demografía), masas de bienes (economía), masas de pensamientos y creencias (fenómenos de mentalidades, pesados y lentos, fenómenos de opinión, más fugitivos)»14.

Pero el término masas podría conducir a la equívoca concepción de un conjunto de seres humanos anónimo y sin vida propia. Todo lo contrario, la historia que Flores Galindo postula intenta atravesar la vida de estos seres anónimos para darles un nombre en su relación con la historia que ellos viven, para hacer un «descubrimiento de lo cotidiano».

En su iluminador trabajo sobre la historiografía peruana, deslinda con las historias «biográficas», donde el historiador —Riva Agüero, o Garcilaso, por ejemplo— se identifica con una de las vertientes  —hispanista o indigenista— confundiendo el pasado con su propia imagen personal. Lo que hay que cambiar es la mirada: es necesario «¨[r]omper el espejo», dice Flores Galindo15.

Examinando esas tendencias encasilladoras en la historiografía tradicional, no duda en señalar dos excepciones notables: reconoce el valor que para él y toda la generación de —los entonces— jóvenes historiadores (Manuel Burga, Humberto Kapsoli, Heraclio Bonilla), tuvieron Jorge Basadre y Pablo Macera, «historiadores mayores»16 quienes —dice— han recorrido «itinerarios particulares», pues se han basado en la investigación, y en una visión de conjunto.

No obstante, sería la obra de un antropólogo la que para él constituiría el «fin de una forma de entender la historia peruana». La sal de los cerros, donde su autor, Stéfano Varese, «distingue con claridad entre la historia de la parte del país a la que pertenece y la historia de esos otros, habitantes de la Amazonía », logrando así quebrar la visión binaria de la historia peruana, y mostrar su imagen múltiple, compuesta por diversas tradiciones culturales: «Lo marginal y radicalmente distinto... niega la obsesión por el centro y la unidad»17.

No hay, pues, casualidades en su epígrafe a Apogeo y crisis de la república aristocrática: «... no hay que buscar la verdad en ningún lugar que no sea todo. Cada producto social y cada actitud, la más íntima, la más pública, encarnan alusivamente esa verdad. Una anécdota refleja toda una época lo mismo que una Constitución política. (Sartre)».

 

II. Metodologías

1. La interrogación a la historia

Alberto Flores Galindo solía decir que la tarea era «interrogar a la historia», para lograr hacerla «desde el futuro». Ciertamente, encontraremos en toda la obra de AFG el uso del verbo interrogar, y también las interrogaciones. Su forma de hacer historia residía en la complejidad de la formulación de las preguntas.

Y, respecto al presente, no se trataba sólo una manera de interrogar al pasado: «La lectura del pasado no puede ser ajena a los conflictos y tensiones del presente», afirma en la Introducción a Apogeo y crisis de la república aristocrática, libro publicado en 1980, al inicio del gobierno aprista. El estudio tradicional  siempre había partido de los escritos de Mariátegui o Haya. «Sugerimos un derrotero diferente —dice— que intenta ubicar a apristas y socialistas en el interior de la época en que surgieron y contra la cual terminarían enfrentándose» 18. El libro comienza por 1895, con la derrota de Cáceres por las montoneras pierolistas, y se cierra con el movimiento popular originado por la revolución aprista de 1932. Mas no hay una línea recta:

Hemos optado, liberándonos de un excesivo apego a las fechas, por tratar de referir y discutir algunos problemas centrales, teniendo presente en cada una de las páginas, los problemas que estuvieron en debate durante esos mismos años...: la persistencia en pleno siglo Xx de la feudalidad andina como una pesada herencia colonial, la presencia del capital mercantil como elemento organizador de un espacio en el sur andino y el surgimiento del capitalismo agrario en los dinámicos valles azucareros de la costa»19.

Así, la historia de los hombres concretos se entendía sólo recorriendo con ellos el mundo personal, económico y social que les tocó vivir. El uso de las interrogaciones sintetiza su actitud: más importante que las respuestas definitivas es la capacidad de plantearse nuevos problemas.

2. El diálogo con otras disciplinas

De hecho, conforme su horizonte histórico se ensanchaba, se hacía más fecundo el diálogo con otras disciplinas, no sólo aquellas relacionadas como podrían ser la Sociología , la Filosofía y la Antropología , sino también con otras como el Psicoanálisis o la Literatura. Los logros de este diálogo pueden verse particularmente en Buscando un Inca, y en su trabajo inconcluso sobre José María Arguedas.

Manuel Burga señala certeramente esta actitud abierta de AFG hacia otras disciplinas, particularmente en el caso de la ecología, y no por una razón menor:

... así como antes influyeron en su trabajo Pablo Macera, Ruggiero Romano, Robert Paris y José Aricó, su amistad con Juan Martínez Alier en el año final de su vida fue decisiva para completar su visión de la historia peruana: la historia social andina, al igual que la ecológica, es la historia de un deterioro progresivo, donde los intentos ciegos de modernización abortaron en resultados contrarios a los que se esperaban. Los sistemas andinos los había detectado ya a nivel de lo ideológico (utopía), lo económico (comunidades supervivientes), política (movimientos campesinos), y ahora de la ecología. La degradación parecía ser progresiva y provenir esencialmente de esa complicada relación entre la tradición andina (una forma de racionalidad) y la modernidad occidental (expresada en múltiples maneras)20.

Finalmente, en SUR, la institución que fundó en 1986, convocó, junto a historiadores, sociólogos y antropólogos, a artistas de teatro y críticos de arte, a físicos y matemáticos, y también a jóvenes estudiantes de Literatura.

3. Los métodos cuantitativos

La cuantificación, la demografía, las computadoras, todo ello le produce un sincero deslumbramiento y, de hecho, los utilizaría de una forma importante en toda su obra, aunque señalando en todo momento sus límites y la necesidad de articularlo a su especificidad. En el prólogo al segundo volumen de La Historia como ciencia social, antología de textos para los estudiantes de Ciencias Sociales de la Universidad Católica , en 1975, dice que en el ámbito de la Historia hay «dos procedimientos que han llegado a tener un desarrollo casi autónomo: la historia de los precios y la demografía histórica»21.

III.  El Perú

1. El estudio regional

Aún hasta hoy, no es fácil reconocerse peruano. Tenemos una vieja tradición de autodesprecio o de fracaso adelantado sobre las posibilidades de nuestro país. AFG acude a Basadre, para quien «el Perú como nación no sólo sería... un problema a encarar sino también una posibilidad que podía entreverse rastreando su pasado», lo que lo diferenció de muchos intelectuales de su generación, para quienes el nombre del Perú era sinónimo de frustración colectiva. Entre ellos, González Prada, que veía la historia de la república como el «festín plutocrático del guano» que terminaría en la derrota de la Guerra del Pacífico, o como Francisco García Calderón, cuyo pesimismo le hacía decir que en el Perú «toda empresa parece de antemano condenada al fracaso»22.

Había una forma peculiar de entender el país, este país diverso y desgarrado. Ya en su segundo libro, Arequipa y el sur andino (1976), estudia Arequipa desde una perspectiva regional, siguiendo el camino trazado por Mariátegui, Castro Pozo y Romero, como lo señala la introducción23. No la región vista sólo respecto al centro, sino también, y particularmente, las tensiones a su interior. La región no se diferencia del país por «un tipo de relaciones sociales de producción, sino más bien a partir de una articulación comercial (flujos mercantiles y monetarios)»24. No obstante, considera que Arequipa y el sur andino no es un libro sino un ensayo destinado a la discusión. Saliendo del ámbito académico esboza su otro norte: llegar a públicos amplios, principalmente a los maestros:

Nos interesaría poder llegar a un público más amplio, donde se encuentren quienes estén comprometidos con la historia presente del Perú, quienes la enseñan en los colegios y aquellos que recién se inician en su conocimiento. Creemos que no basta con criticar a la historia tradicional; es urgente proponer alternativas de interpretación por más provisionales que ellas sean. Estamos convencidos con Jean Chesneaux, de la necesidad colectiva del conocimiento histórico, creemos en la utilidad de la memoria para transformar el presente y pensamos, por lo tanto, que los problemas que nos preocupan (nación, el desarrollo desigual, el regionalismo) competen a un círculo mayor que el de los especialistas: la historia y la discusión sobre la historia o es asunto exclusivo de los historiadores25.

En su artículo «Región y regionalismo», publicado en 1981 profundiza en la importancia de la región en la historia peruana, tema que ya había comenzado a estudiar no sólo en Arequipa y el sur andino (1977), sino también en Apogeo y crisis de la república aristocrática (1980) y La agonía de Mariátegui (1981). No fue casual que todas las miradas regionales fueran hacia el sur andino: centro político de poder y rebeliones, circuitos comerciales en Arequipa, Cusco y Potosí, con rutas campesinas, coloniales y republicanas. «[L]a región es una geografía modelada por la historia pero a costa de conflictos y enfrentamientos», dice Flores Galindo,  observando empero el hecho de que «no ha sido frecuente el encuentro con los campesinos y la cuestión regional». ¿Indigenismo o neo-indigenismo? Tal vez adivinando los epítetos que tan fácilmente se lanzan en los medios académicos peruanos, dice que esto no es razón para «convertir en... criterio de verdad... el tener en cuenta la óptica campesina»26.

También intentando ubicar las coordenadas precisas, ahora en el caso de Lima, en 1989 cambia el título de Aristocracia y plebe por La ciudad sumergida. Ya hacía mucho tiempo que sabía que la aristocracia y también la plebe tiene múltiples rostros, y que no hay entre ellos la clara división escolar. Por eso estudia lo formal (comercio colonial, aristocracia, esclavos, economías rurales), y lo informal (pescadores artesanales, los mil rostros de la plebe, violencia cotidiana)27. Este libro, iluminador de los desgarros actuales de Lima, tuvo como intención entender las causas de la longevidad colonial. No es —en palabras de su autor— una historia urbana, ni tampoco una historia política. Los personajes centrales de este libro son entidades colectivas: grupos y posibles clases sociales. 

2. Tradición y modernidad

«¿Es positivo que la humanidad y en particular para sociedades como la nuestra, que las culturas tradicionales desaparezcan?...», fue una pregunta que AFG se hizo durante los últimos años. Le gustaba utilizar la frase mariateguiana de «la heterodoxia de la tradición». Tradición y modernidad no sólo están en conflicto. También pueden mirarse desde otras ópticas, como se vio en el diálogo entre Marx y los populistas rusos, quienes creían que el progreso no necesariamente tiene que pasar por caminos tan dolorosos.  «Sin adelantar una respuesta —se responde— considero que las convicciones que se abrigaron al terminar los años 70 sobre la irremediable disminución de los campesinos o la desaparición de las culturas tradicionales, no parecen haber sido del todo confirmadas», para concluir:

[...] el proceso de avance de la modernización capitalista, de expansión del mercado interno, ha sido frenado por la crisis económica que a diferencia de la crisis del 30 afecta no sólo a la ciudad, sino al campo. Una crisis que ya viene durando largo tiempo y que parece constituir no sólo un fenómeno pasajero sino una verdadera quiebra dentro de la estructura social y económica del Perú28.

Es necesario redescubrir el mundo andino: «No se trata de «buscar un Inca», sino de dominar los recuerdos, utilizando la carga pasional de la utopía para formular un discurso nuevo: pensar la tradición desde el futuro29

3. Mariátegui

Entonces dirige su mirada a Mariátegui. Pero, ¿qué relación tiene el siglo xvi con Mariátegui? Para AFG no es posible entender a Mariátegui si no se tiene en cuenta que

[...] entre Occidente y el mundo andino existe una desavenencia que se remonta al siglo xvi. Así como Mariátegui considera que la conquista fue un «corte» en la historia peruana como consecuencia de la cual la cultura andina terminó refugiada en la comunidad y los espacios rurales, esa misma época marcó el nacimiento del espíritu de aventura y de la modernidad. Los diversos campos coexistieron... no sólo en la sociedad; también en el alma de quienes supieron observar tanto «la escena contemporánea, como  «la realidad nacional30.

Regresamos entonces a la «historia total»: Al igual que Mariátegui, AFG estaba en busca de sí mismo y de su país. Al igual que él, asimismo, no hay separación entre vida y obra. Al describir estos rasgos en Mariátegui, AFG tal vez no se daba cuenta de que, de alguna forma, estaba hablando de sí mismo31

4. El mundo andino

El énfasis de AFG en el estudio del mundo andino hizo que sin mucha reflexión algunos lo consideraran «neo-indigenista»,  «romántico», y hasta «senderista». Pero él no quería reproducir el pasado, y ciertamente sabía que el Perú ya no era un país agrario. Su interés estaba en el futuro. «Lo andino» va mucho más allá de los habitantes reales de la región andina del Perú, como puede atisbarse en «los múltiples rostros de la plebe», su trabajo sobre Lima, o como él lo señala explícitamente:

¿Qué es lo andino? Antes que nada una antigua cultura que debería ser pensada en términos similares a los que se utilizan con los griegos, los egipcios o los chinos, pero para ello hace falta que ese concepto por crear se desprenda de toda mitificación. La historia ofrece un camino: buscar las vinculaciones entre las ideas, los mitos, los sueños, los objetos y los hombres que los producen y los consumen, viven y se exaltan con ellos32.

 Es decir, lo andino como cultura. Para Deborah Poole, es el único historiador peruano que toma seriamente la cultura como fuerza histórica y política33. AFG no se limita al deslinde de clases, sino que aborda la ecología, la expropiación a los campesinos, la desaparición de ordenamiento comunitario.

Aquí vale la pena observar, que él no se dirige a lo andino para hacer historia, sino que la historia le sirve para entender lo andino. Como en Buscando un Inca, donde recorre las iglesias en busca de la mirada de los artistas indígenas frente al mundo colonial. O cuando se introduce en los sueños de Gabriel Aguilar, o las angustias de José María Arguedas.

Llama a esto utopía porque está en la imaginación de los hombres del mundo andino: un largo proceso de idealización. No sólo una reserva de esperanza, sino una comprensión y racionalización del cataclismo social que fue la conquista. En la utopía andina coexisten la esperanza en el progreso con la vuelta al pasado.

Los levantamientos tupacamaristas fueron uno de los temas que le apasionaron. En su intento de entender las razones de la derrota de la rebelión de Túpac Amaru, desecha los razonamientos «importados» de Europa o de la ideología occidental para hurgar en «algunos elementos que tienen que ver con la estructura social del mundo andino...». Entonces se encontrará con los desgarros del Perú. El milenarismo no sólo estuvo en la mente de los dominados: los conquistadores también vinieron con fuertes componentes milenaristas, originados en el prolongado dominio de los árabes.

Así, el romper con la concepción binaria de la historia también tiene su costo: hurgar en las divisiones, las rivalidades, las rupturas, la autodestrucción:

[...] esta terrible fragmentación heredada de los tiempos pre-hispánicos, que hace que un componente en la historia del mundo andino sea la lucha de la comunidad contra la hacienda, pero que otro, igualmente importante, sean las luchas entre comunidades, muchas veces entre familias dentro de las propias comunidades sin omitir luchas entre grupos étnicos. Quizá llevados por una imagen romántica y alejada del mundo andino, se ha prestado muy poca atención a este tipo de conflictos»34.

Durante los últimos años hemos sido testigos de esta dolorosa fragmentación. Una fragmentación que a veces ayuda a la manipulación política y económica. O a la utilización de las diferencias para sumar fuerzas a la guerra sucia, donde se cometieron asesinatos en todos los bandos.

5. La utopía andina

¿Qué es la utopía andina? Pese al cataclismo de la Conquista quedan en pie las subjetividades, las identidades, las tradiciones. Nuevamente la heterodoxia para hacer la historia. En la introducción a Buscando un Inca dice que es necesario

Buscar las vinculaciones entre las ideas, los mitos, los sueños, los objetos y los hombres que las producen y las consumen, viven y se exaltan con ellos. Abandonar el territorio apacible de las ideas desencarnadas para encontrarse con las luchas y los conflictos, con los hombres en plural, con los grupos y clases sociales, con los problemas del poder y la violencia en una sociedad35.

Justamente por eso, dice no se trata de la utopía andina, sino de utopías andinas, en plural, así como de hombres andinos en plural. No interesa a AFG establecer un modelo de hombre andino, sino atravesar las individualidades para comprender mejor: «Despejemos un malentendido: Aguilar o Arguedas no nos interesan como supuestos intérpretes del indio sino por lo que ellos mismos eran, evitando el falso problema de su representatividad»36.

¿Qué es lo que da a una propuesta la «dimensión utópica» que AFG reclamó en su carta póstuma a los amigos? Tal vez aquí está la clave de toda su obra. La utopía es, en último término, una propuesta ética:

[...] no pensar los problemas sólo para describirlos, para ver únicamente cuál es la tendencia inevitable a la que tenemos que acomodarnos, sino pensar los problemas desde una óptica más bien valorativa... preguntándonos por salidas que sean radicalmente diferentes... [E]stos problemas  no han sido suficientemente debatidos, a la vez, desde abajo y el poder, sino que han sido pensados sólo como problema para una localidad...y... requieren ser reflexionados no sólo en su conjunto, sino también implicando un cuestionamiento de la dominación37.

Pero la subversión que AFG reclama no sólo implica «sobreponerse, navegar contra la corriente», sino también, «construir una identidad». ¿Cómo? «Buscando que sus sueños se encuentren con la historia y que de esta manera la imaginación subvierta la realidad». Ese también sería el sentido de su frase «dominar los recuerdos».

La verdad es que, si se lee con atención varios pasajes de nuestra historia escrutados por la pluma de AFG, nos encontraremos con que en cuanto a los desgarros básicos de nuestro ser como peruanos, es muy poco lo que ha cambiado. 

IV. Un marxista peculiar

Desde sus inicios, en Los mineros de la Cerro.. ., en todos y cada uno de sus libros, y en sus diversas despedidas reafirma su filiación  marxista: «Sigo siendo marxista, aunque ya no esté de moda» dirá en una de sus cartas de despedida38.

En tiempos cuando el marxismo da su nombre a tantos grupos y capillas, él renuncia a una doctrina cerrada. En Los mineros de la Cerro , por ejemplo, se introduce en el mundo minero de principios de siglo, en sus orígenes, su vida cotidiana. Rompe con el «análisis de clase» —también binario— que estaba en boga en ese entonces. ¿Heterodoxia? Ciertamente. Pero explicitando su adhesión al marxismo:

Un conjunto de hombres y no una serie de abstracciones son, pues, el eje de nuestro trabajo. Esto no debe significar que vamos a caer en un «descriptivismo», en el olvido de los procesos socioeconómicos generales en el interior de los cuales los hechos humanos alcanzan toda su inteligibilidad. Los hombres hacen la historia, es cierto, pero la hacen en situaciones ya dadas, sobre realidades que acontecen muchas veces a espaldas de sus deseos e incluso de sus conocimientos39.

Manuel Burga, con quien compartió una fecunda amistad personal y de ideas, señala la forma peculiar como Flores Galindo asume el marxismo y las ciencias sociales, dice que en Los mineros de la Cerro.. ., además de «conceptos operativos clásicos...: obreros, proletarios, acumulación, proletarización, capitalismo e imperialismo», también hay «conceptos esenciales: lucha de clases, explotación, elites de poder y poblaciones andinas»:

[...] buscó todas las manifestaciones a diversos niveles: la expropiación de los campesinos, la destrucción de la ecología local, la descomposición de los ordenamientos comunitarios y la influencia que estos acontecimientos produjeron en la cultura y memoria colectiva de trabajadores mineros40.

¿Un marxismo trasnochado? También en esto, AFG tendrá una posición peculiar, sin dogmas ni adaptaciones. Un artículo de Pierre Vilar le sirve para autoafirmar su afiliación marxista y, a la vez, dar forma a su propia manera de hacer historia:

[...] la historia marxista, la verdadera, [es] una Historia en perenne replanteamiento, una Historia en proceso de construcción. Muy lejos estamos aquí del dogmatismo. También alejados de esa escuela dogmática que consiste en imaginar la investigación como la simple aplicación de un marco teórico... [E]l problema del marxismo no es el problema de un léxico... Su propósito definitivo  es entender, comprender, hacer inteligible su lógica interna: desmontar sus mecanismos. Y esta tarea exige pensar toda la historia: es decir todas las épocas... y también todos los tipos de historia, todos los aspemos del fenómeno histórico, desde lo económico hasta lo ideológico, desde lo cuantitativo hasta lo cualitativo. Para ello no bastan los conceptos: el método exige tener el mayor andamiaje empírico posible para poder distinguir entre lo pertinente y lo no pertinente41.

Pero no es en absoluto complaciente con la historia hecha por los historiadores marxistas, ni en general, ni en el caso de los historiadores marxistas peruanos en particular. Para entender la peculiar imbricación entre su marxismo y su propia metodología, vale la pena reproducir in extenso las siguientes líneas:

[...] al lado de la historia impuesta por las clases dominantes existieron otras posibilidades y alternativas. El interés por los movimientos campesinos... ha permitido descubrir en fechas más recientes la existencia de esa constante del mundo andino que son las rebeliones indígenas y la esperanza mesiánica. No obstante, la historiografía marxista en el Perú, al lado de estos y otros aportes, ha mostrado deficiencias igualmente notorias. La historia de los movimientos sociales corre el riesgo de encallar en una retórica descripción de acontecimientos, consecuencia de la sustitución de los personajes de la historia tradicional por los héroes populares: cambio de nombres, pero no de métodos y menos de contenidos. A su vez la historia de las clases populares tiende a ser interpretada de una manera mecánica: reacción o reflejo frente a la explotación, dando lugar a ecuaciones tan simples como «a más explotación, más rebeliones»42. 

A modo de conclusión: La tensión moral en la obra de AFG

Dice Ruggiero Romano, el asesor de la tesis de doctorado de AFG que siempre le reprochaba saltar de un tema a otro, pero que había un aspecto en el cual temas aparentemente dispersos mantienen una unidad: la tensión moral43. Esta tensión trasunta en el autor y también en sus personajes. Toma distancia de ellos, pero a la vez se sumerge en historias personales que muestran al sujeto de la historia: el ser humano concreto. Pero no el protagonista de una biografía, sino la parte de un colectivo, poniendo énfasis en sus sentimientos de pertenencia, identidad, reivindicaciones, etcétera. Esta tensión se observa particularmente en los personajes de Buscando un Inca y de La agonía de Mariátegui.

No se trata, en modo alguno, de una moral mojigata, sino de una pasión. Una pasión por el Perú, una pasión por la verdad. Y para ello, no vacila en ir «contra la corriente». No sólo en la vida académica, sino en la amistad, en la apreciación de la política, en su postura frente al poder. Cuando realiza la compilación para Tiempo de Plagas (1988), titula a uno de sus capítulos justamente «Contra la corriente», donde reúne aquellos artículos que en una forma más clara ponen sobre el tapete aspectos particularmente conflictivos de la vida peruana: el nunca bien estudiado problema regional en «Región y regionalismo», el rol del progreso y modernización en los Andes, en «Las sociedades andinas: pasado y futuro», el terror estatal en «Uchuraccay: el psicoanálisis como metáfora» y «Pensando el horror», la escisión entre jerarquía eclesiástica y religiosidad popular» en «Antes y después del Papa», el trasfondo conservador de la supuesta modernidad propuesta en El otro sendero. El capítulo se cierra con «El socialismo a la vuelta de la esquina: caminar por La Habana », donde analiza su propia mirada a Cuba, mirada respetuosa y también crítica, para terminar poniendo énfasis en las tradiciones históricas, y formulando, a su modo, la visión antropocentrista del modernismo:

Los modelos de sociedad no se trasplantan. Este es un terreno en el que toda importación es un fracaso y donde la creatividad resulta ineludible. ¿Romanticismo? Es cierto, pero este no es un término necesariamente negativo. Convicciones como estas permiten esperar, como lo diría el mismo Arguedas en un poema... que «el mundo será el hombre, el hombre el mundo, todo a su medida»44.

[Trabajo terminado a fines de 1999.]

* * *


Notas

1 Eduardo Cáceres: «Introducción» a Obras Completas de Alberto Flores Galindo, tomo i, p. xv.

2 No obstante, habría que recordar que pidió a su familia y sus amigos que si le hacían alguna ceremonia después de muerto, fuera en la Casona de la Universidad de San Marcos. Hay que observar, de igual manera, que nunca enseñó Historia en la Universidad Católica : sus propuestas desafiaban a los historiadores tradicionales que dominan —y creo que siguen dominando— el Departamento de Historia.

3 Alberto Flores Galindo: Los mineros de la Cerro de Pasco 1900-1930. Lima: Fondo Editorial de la Universidad Católica , 1974, p. 4. Incluido en sus Obras Completas, vol. I, p. 16.

4 Alberto Flores Galindo: Obras Completas, vol. I, p. 19.

5 En sus «Apuntes sobre el estilo de Alberto Flores Galindo», Antonio Melis repara en el rol central que tienen las preguntas en todos los libros de Flores Galindo. Márgenes No. 8, 1991, pp. 105-108.

6 Eduardo Cáceres: op. cit., p.  xxxiii.

7 "Para una historia inteligente" reseña del libro Historia del Perú. Primero de Secundaria de Pablo Macera, El Caballo Rojo, No 157, 15 de abril 1983, p. 15.

8 AFG: «Presentación a La historia como ciencia social, I», p. 339.

9 AFG: «Clase y nación en el siglo XIX», tomo IV, p. 264.

10 Por lo demás, la fragilidad de esta concepción binaria ha sido cuestionada abiertamente por, ejemplo, por Nelson Manrique en Llegaron los sarracenos: el imaginario colonial en la conquista de América, Desco, 1997.

11 No obstante, es necesario señalar que Flores Galindo se proclamaba marxista, aunque al estilo de Mariátegui: «la ocasión de pensar los problemas peruanos con categorías universales pero sin perder la especificidad nacional» : «La imagen y el espejo: la historiografía peruana 1910-1986», en Márgenes No. 4, 1988,  p. 62.

12 Ibíd., p. 63.

13 AFG: «Introducción» a Apogeo y crisis, OC, tomo I, p. 20.

14 AFG: Presentación a La Historia como ciencia social, II», vol. IV, pp. 435.

15 Ibíd., p. 78. Esta confusión entre la propia biografía y la historia del Perú es un tema recurrente: en «Región y regionalismo» reprocha a «muchos... intelectuales de izquierda» confundir su propia biografía con el país que quieren transformar».

16 AFG: Presentación a La Historia como ciencia social, I», vol. IV, pp. 341-342.

17 Ibíd., p. 79.

18 AFG: «Introducción» a Apogeo y crisis, OC, tomo i, p. 17. Esta idea del luchador contra su tiempo, que AFG toma de Nietzsche, volverá a ser planteada en la introducción a La agonía de Mariátegui, pp. 378 y 379.

19 AFG, «Introducción» a Apogeo y crisis, OC, tomo i , pp. 19-20.

20 Manuel Burga: «Alberto Flores Galindo: Historiador e intelectual de nuestra generación», en Márgenes No. 8, 1991, p. 83.

21 AFG: Presentación a La Historia como ciencia social, II», vol. IV, pp. 433.

22 AFG: «La terca apuesta por el sí», en Escritos IV, p.105.

23 AFG: Introducción a Arequipa y el sur andino, Obras Completas, tomo I, p. 239.

24 Ibíd., p. 241.

25 Ibíd., p. 242. El énfasis es mío.

26 AFG: «Región y regionalismo», pp. 142-144.

27 Burga, p. 84.

28 AFG: «Nuestras paradojas». Transcripción de una conferencia, en Punto Crítico No. 1, 1989.

29 Esta frase preferida de AFG podría tiene un parentesco evidente con uno de los epígrafes que pone en su Apogeo y crisis: «Sin memoria, no hay estrategia; si no conocemos el pasado, es imposible dominar el porvenir (Jorge Semprún)». Obras completas, tomo II, p.11.

30 AFG: «Introducción» a La agonía de Mariátegui, vol. II, p. 376.

31 AFG: «Introducción» a La agonía de Mariátegui, vol. II, p. 377.

32 Introducción a Buscando un Inca, p. 12.

33 Deborah Poole: «Fotografía, fantasía y modernidad», en Márgenes No 8, 1991, p. 109.

34 AFG: «Las sociedades andinas. Pasado y futuro», vol. IV, p. 148.

35 Introducción a Buscando un Inca, p. 12.

36 Ibíd., pp. 12-13.

37 AFG: «Las sociedades andinas. Pasado y presente», tomo IV, p. 152.

38 AFG: Carta a Maruja Martínez.

39 Los mineros..., op. cit., p. 8. 

40 Burga: p. 83.

41 AFG: «Pierre Vilar, el marxismo y la historia», tomo iv, p. 249.

42 AFG: «Marxismo e historia en el Perú», tomo v, pp. 146-147.

43 Ruggiero Romano: «Buscando un Inca se encontró un gran historiador», en Márgenes No. 8, pp. 96 y 94.

44 AFG: «El socialismo a la vuelta de la esquina, tomo IV, p. 196.


Bibliografía citada

Burga, Manuel: «Alberto Flores Galindo: Historiador e intelectual de nuestra generación», en Márgenes No. 8, 1991.

Cáceres, Eduardo: «Introducción» a Alberto Flores Galindo: Obras completas, vol. i, pp. xi-xxxvii.

Flores Galindo, Alberto: «La imagen y el espejo: la historiografía peruana 1910-1986», en Márgenes No. 4.

Flores Galindo, Alberto: Carta a Maruja Martínez., 1989.

Flores Galindo, Alberto: Obras Completas, vols. I (1993), II (1995), IV (1996) y V (1997).

Manrique, Nelson: Llegaron los sarracenos: el imaginario colonial en la conquista de América, Desco, 1997.

Melis, Antonio: «Apuntes sobre el estilo de Alberto Flores Galindo, en Márgenes No. 8, 1991.

Poole, Deborah: «Fotografía, fantasía y modernidad», en Márgenes No 8, 1991.

Romano, Ruggiero: «Buscando un Inca se encontró un gran historiador», en Márgenes No. 8.

   

* Maruja Martínez Castilla (1947-2000), luego de publicar Entre el amor y la furia. Crónicas y testimonio (SUR, Lima, 1997), su muy comentado libro de memorias, decidió volver a las aulas universitarias luego de casi 30 años. En la Universidad de San Marcos, en 1999, escribió algunos ensayos para sus cursos universitarios. Publicamos hoy, 16 de agosto, día del cumpleaños de Maruja, un trabajo acerca del historiador Alberto Flores Galindo (1949-1990), su mentor y amigo. Los recordamos a ambos, por su amistad y por sus ideas, así como por su entrega permanente y limpia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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