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En esta
edición, la sección Dossier de Ñuqanchik, se
enriquece con el aporte de Maruja Martínez Castilla y su ensayo: "Trovador de un mundo en
ocaso, Flores Galindo: la historia como pasión"
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LA PROPUESTA DE
EVO MORALES / GARCIA LINERA EN BOLIVIA:
¿UN CAPITALISMO ANDINO-AMAZÓNICO?
- Eric
Toussaint
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POBREZA,
DESIGUALDAD Y DESARROLLO EN EL PERÚ 2008-2009 -
INFORME ANUAL
-
CIUDADANIA
INTERNACIONAL
- Noam
Chomsky
-
ROMPER
EL CERCO OPRESOR: UTOPIA Y REALIDAD EN LA POESÍA
DE JOSÉ MARÍA
ARGUEDAS
- Manuel
Larrú Salazar
-
Del
Capitalismo como "sistema parásito"
- Zygmunt Bauman
-
De
Quimeras y Chiméricas (CHINA-EEUU)
-
Opinión Sur
-
EL
LENGUAJE COMO MÍSTICA, MITO Y ÉTICA - Waldimir Sierra
-
La
nueva ofensiva imperialista en America Latina - La jugada del
Caribe -
Rebelión
-
El
último capítulo del marxismo filosófico - Beatriz
Sarlo
-
El
posneoliberalismo y sus bifurcaciones - Ana
Esther Ceceña
-
"Trovador
de un mundo en ocaso, Flores Galindo: la historia como pasión"
- Maruja
Martínez C.
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LA PROPUESTA DE
EVO MORALES / GARCIA LINERA EN BOLIVIA:
¿UN CAPITALISMO ANDINO-AMAZÓNICO?
Por
Eric Toussaint
Enfrentamientos izquierda-derecha en Venezuela y Bolivia
Venezuela
y Bolivia sufren verdaderas batallas entre la izquierda en el
gobierno y la derecha que, a pesar de estar en la oposición, posee
el poder económico y mediático, sin contar los poderosos apoyos
que cuenta en el aparato del Estado —ministerios, justicia, una
parte del ejército y en la jerarquía religiosa (sobre todo
católica y protestante)—.
En Venezuela, las batallas más agresivas libradas por la derecha
comenzaron después del tercer año del gobierno de Chávez, es
decir a comienzos del 2002. Tomó la forma de grandes
enfrentamientos, como en el golpe de Estado de abril de 2002, en el
lock-out patronal de diciembre de 2002 - enero de 2002, en la
ocupación de la plaza Altamira en Caracas por generales sediciosos
y dirigentes de la oposición política. Y estos actos comenzaron a
disminuir su intensidad después de agosto 2004, gracias a la
victoria del No en el referéndum revocatorio del presidente Chávez[2]
. Desde entonces, la derecha busca ocasiones para retomar la
iniciativa, pero su capacidad de movilización se ha reducido mucho.
En Bolivia, la derecha entabló verdaderas batallas en 2007 y 2008,
después de menos de dos años de gobierno de Morales. Utilizó
muchas veces la violencia y eligió una estrategia de batallas
frontales en 2008. La victoria de Evo Morales en el referéndum
revocatorio de agosto de 2008, con el 67,43 % de los votos[3]
, no condujo a una reducción de la violencia de la derecha. Por
el contrario, esta violencia fue in crescendo durante
varias semanas después de su fracaso en el referéndum,
especialmente porque se sentía capaz de reunir una mayoría en
varios departamentos clave del este del país. La muy fuerte
reacción del gobierno y la movilización popular frente al
asesinato de partidarios de Evo Morales en el departamento de Pando
(unido a la condena internacional, en particular por UNASUR, que se
reunió de manera extraordinaria en septiembre de 2008 para aportar
su apoyo al gobierno constitucional) acabaron en un armisticio
(provisorio) . Después de un año de boicot, la derecha se
comprometió a aceptar la organización de un referéndum sobre la
nueva Constitución, que desembocó en una nueva victoria de Morales
a fines de enero de 2009, ya que fue aprobada por el 62 % de los
votantes.
Retorno sobre los enfrentamientos en Bolivia en 2008
En el año 2008 el gobierno de Evo Morales tuvo que hacer frente a
la violenta oposición de una derecha que representa los intereses
de la clase capitalista local (industriales, grandes terratenientes
y grupos financieros) , vinculada a los intereses de transnacionales
privadas que explotan los recursos naturales (petróleo gas,
diversos minerales). El vicepresidente, Álvaro García Linera,
presentó en una entrevista[4]
una visión estratégica de este enfrentamiento. Parte del hecho
comprobado de que la derecha, negándose a aceptar su posición de
fuerza política minoritaria optó por la secesión de los ricos
departamentos orientales[5]
. Describe a continuación la política seguida por el gobierno,
que rechazó repetidamente el enfrentamiento antes de recurrir a la
fuerza. He aquí algunos párrafos destacables de la entrevista:
«La derecha no estaba dispuesta a ser incluida en el proyecto
nacional-popular como fuerza minoritaria y dirigida, y optaba por la
conflagración territorial La lucha por el poder se acercaba al
momento de su resolución bélica o última, en la medida en que en
última instancia, el poder del Estado es coerción. A esto es que
denominamos “punto de bifurcación”, o momento en que la crisis
de Estado, iniciada ocho años atrás, se resuelve ya sea mediante
una restauración del viejo poder estatal o bien mediante la
consolidación del nuevo bloque de poder popular. […]
»Tras los resultados del referéndum aprobatorio en agosto, el
bloque cívico-prefectural [es decir la derecha, nota del autor]
inició su escalada golpista: toman las instituciones, esperamos;
atacan a la policía, esperamos; destruyen y saquean las
instituciones públicas en cuatro departamentos, esperamos; desarman
a soldados, esperamos; toman aeropuertos, esperamos; destruyen
ductos, esperamos. Ellos mismos se lanzan desbocados a un callejón
sin salida.[…]»
Y
viene Pando…
«El prefecto desata la masacre de Pando[6]
en un intento de dar una señal de escarmiento a los líderes
populares… y este acto colma la tolerancia de la totalidad de la
sociedad boliviana. La masacre de campesinos igualará a los
prefectos con su mentor, Sánchez de Losada [el presidente derrocado
en octubre de 2003 par la ira popular] o García Meza[7]
, y pondrá en manos del Estado la obligatoriedad de una
intervención rápida, contundente, en defensa de la democracia y la
sociedad. Y sin dudar un solo segundo, se lo hará en el eslabón
más débil de la cadena golpista, Pando. Se tratará del primer
estado de sitio en la historia boliviana dictado en defensa y
protección de la sociedad, encontrando el pleno apoyo de la
población, horrorizada por la acción de los golpistas.
Esto, sumado al rechazo internacional de los golpistas, detendrá en
seco la iniciativa cívico-prefectural, dando lugar a su repliegue
desordenado. Es el momento de una contraofensiva popular, cuya
primera línea de acción serán las organizaciones sociales y
populares del propio departamento de Santa Cruz[8]
. No sólo campesinos y colonizadores[9]
se movilizaron, sino también pobladores de los barrios plebeyos
de Santa Cruz y especialmente jóvenes urbanos, quienes, en
memorables jornadas de resistencia a las bandas fascistas,
defenderán sus distritos y quebrarán el dominio clientelar de las
logias cruceñas.
»La contundencia y la firmeza de la respuesta político-militar del
gobierno contra el golpe, sumada a la estrategia de movilización
social en Santa Cruz y hacia Santa Cruz, creó una articulación
virtuosa social-estatal pocas veces vista en la historia política
de Bolivia. Esa era la dimensión y la extensión general del “ejército”
y las “divisiones movilizadas” en contra del golpe. Esa era la
fuerza de choque que el proyecto indígena-popular desplegaba para
el momento definitorio de fuerza. La derecha evaluó sus fuerzas de
choque aisladas y en desbandada, comprobó la voluntad política del
mando indígena-popular que estaba dispuesto a todo y prefirió
abdicar de sus propósitos y rendirse. De este modo, se cierra el
ciclo de la crisis estatal, de la polarización política y se
impondrá, en una medición bélica de fuerzas sociales, la
estructura duradera del nuevo Estado.»
García Linera prosigue estableciendo un paralelo histórico:
«Una cosa parecida sucedió el año 1985[10]
, cuando los mineros, que eran el núcleo del Estado
nacionalista, se rindieron ante las divisiones del ejército que
resguardaban el proyecto neoliberal. Hoy le tocó al bloque
empresarial- terrateniente asumir la derrota y dar paso a la nueva
correlación de fuerzas políticas de la sociedad. A su modo,
septiembre-octubre del 2008 tendrá el mismo efecto estatal que la
derrota de la “marcha por la vida” de los mineros de 1986. Sólo
que ahora será el bloque plebeyo el que festejará la victoria y
las elites adineradas tendrán que asumir su derrota histórica.
[...]».
Hasta aquí, García Linera desarrolla un punto de vista optimista
sobre la derrota política de la derecha, pero más adelante en la
entrevista, él mismo señala que a ésta no le faltan puntos de
apoyo para reaccionar y tratar de recuperar la iniciativa para
acabar con la experiencia de izquierda en curso:
«La burguesía rentista e intermediaria ya no tiene a las empresas
petroleras como generosas financistas de sus ingresos. La red
clientelar agraria que los rentistas de la tierra crearon en el
ámbito agroindustrial se ha debilitado enormemente con la presencia
de la empresa estatal de alimentos EMAPA, y la presencia pública en
la cadena soyera, triguera, arrocera llega entre un
20 a
un 30 % del total de la producción. Pero aún el bloque opositor
irreductible conserva otros espacios importantes de poder agrario[11]
, comercial y financiero, y eso le da a la larga capacidad de
agregación, presión y confrontación. Pero hoy, y eso puede durar
unos años, lo que no tiene es un proyecto de Estado; cuánto tiempo
no lo tendrá, quién sabe, pero tiene un proyecto de tratar de
impedir que siga avanzando el proyecto popular.
A diferencia de las clases populares, que en 1985 son derrotadas, y
materialmente son desestructuradas para dar lugar a un ciclo lento
de reorganización n, la derecha no. La derecha ha sufrido un golpe
político, ha perdido el mando del Estado, ha perdido la capacidad
de seducir estatalmente a la sociedad, pero tiene mucho poder
económico todavía. Es distinta la forma de consolidación del
punto de bifurcación cuando es el sector popular el derrotado,
política y materialmente, que cuando se trata del sector
empresarial, porque puede perder en lo político pero conserva poder
económico que le permite tener poder de veto permanente.»
Reivindicaciones de los pueblos indígenas originarios[12]
y progresos en
la Constitución
de 2009
Para entender el proyecto político indigenista defendido por
importantes organizaciones relacionadas con el MAS, el partido que
llevó a Evo Morales a la presidencia de Bolivia, hay que remitirse
al Pacto de Unidad, hecho público en septiembre del 2006 para
preparar
la Asamblea Constituyente.
Autonomía:
«La autonomía indígena, originaria y campesina, en tanto que eje
fundamental del proceso de descolonización
y de autodeterminación, es la condición y la base de
libertad de nuestros pueblos y naciones. Ella se basa en unos
principios fundamentales, generadores de unidad y de articulación
social, económica y política, no solamente entre nuestros pueblos
y naciones, sino igualmente en la sociedad en su conjunto. Ella
tiende a la construcción permanente de una vida plena, entera,
mediante formas propias de representación, administración y
propiedad de nuestro territorio.»
Régimen de bienes raíces y territorial:
«El derecho original sobre los recursos no renovables pertenece a
las naciones y los pueblos indígenas originarios y campesinos. La
propiedad de los recursos no renovables, en cuanto a ella, en partes
iguales a las naciones y los pueblos indígenas originarios y
campesinos y al Estado unitario plurinacional.» Esta formulación
está sujeta a diferentes interpretaciones. En efecto, lo que tiende
a predominar en la política del gobierno de Evo Morales es la
explotación de los recursos naturales por el Estado, como afirma
con toda claridad el vicepresidente de
la República
en una reciente entrevista (véase más adelante «la explotación
de los recursos petroleros de la región amazónica de Bolivia»).
Latifundio:
«[El Estado] debe distribuir las tierras de manera equitativa,
garantizar los derechos y necesidades actuales y futuras de las
naciones y los pueblos originarios y campesinos y velar por el
bienestar del conjunto de la población.»
Educación:
«La prioridad del Estado plurinacional es dar a la educación,
pilar fundamental, un carácter intracultural, intercultural,
pluricultural y plurilingüe, en todos los escalones y bajo diversas
formas; conforme con la diversidad étnica y lingüística del
país, la enseñanza y la administración utilizarán
prioritariamente la lengua indígena, el español después como
lengua de comunicación intercultural.»
El Pacto de Unidad reclama también la coexistencia de los sistemas
jurídicos indígenas originarios y campesinos con el sistema
jurídico occidental y la creación de un cuarto poder independiente
del Estado: el poder social instituyente alternativo que encuentra
su fuente en los movimientos sociales. El tema del poder social
plurinacional fue ampliamente debatido, en tanto que «cuarto
poder» de carácter civil y corporativo (sus miembros serían
elegidos por los usos y costumbres y por sufragio
universal).Tendría como atribución «velar y controlar» los
poderes del Estado y la facultad de sancionar, manteniéndose
independiente de los mismos —un idea que finalmente no fue
recogida en
la Nueva Constitución
Política del Estado (NCPE)—.
La nueva Constitución, aprobada finalmente en enero del 2009 en
referéndum constitucional por el 62 % de los votos, constituye un
adelanto para los pueblos indígenas y originarios. Esta
Constitución garantiza, entre otras cosas, el reconocimiento de las
lenguas indígenas, el reconocimiento de los derechos de las
naciones y pueblos indígenas al ejercicio de su propio sistema
político, jurídico y económico, el establecimiento de territorios
«indígenas originarios campesinos» dotados de competencias en
términos de definición de la forma propia de desarrollo, de la
administración de la justicia indígena, de la gestión de los
recursos naturales renovables, etc. Estos derechos están
garantizados en varias partes de
la Constitución. A
continuación la versión integral de
la Parte I
, Título II, Capítulo 4 de la nueva constitución boliviana:
DERECHOS DE LAS NACIONES Y PUEBLOS INDÍGENAS ORIGINARIOS
CAMPESINOS
Artículo 30.
I. Es nación y pueblo indígena originario campesino, toda la
colectividad humana que comparta identidad cultural, idioma,
tradición histórica, instituciones, territorialidad y
cosmovisión, cuya existencia es anterior a la invasión colonial
española.
II. En el marco de la unidad del Estado y de acuerdo con esta
Constitución las naciones y pueblos indígena originario campesino
gozan de los siguientes derechos:
1. A existir libremente.
2. A su identidad cultural, creencia religiosa, espiritualidades,
prácticas y costumbres, y a su propia cosmovisión.
3. A que la identidad cultural de cada uno de sus miembros, si así
lo desea, se inscriba junto a la ciudadanía boliviana en su cédula
de identidad, pasaporte u otros documentos de identificación con
validez legal.
4. A la libre determinación y territorialidad.
5. A que sus instituciones sean parte de la estructura general del
Estado.
6. A la titulación colectiva de tierras y territorios.
7. A la protección de sus lugares sagrados.
8. A crear y administrar sistemas, medios y redes de comunicación
propios.
9. A que sus saberes y conocimientos tradicionales, su medicina
tradicional, sus idiomas, sus rituales y sus símbolos y vestimentas
sean valorados, respetados y promocionados.
10. A vivir en un medio ambiente sano, con manejo y aprovechamiento
adecuado de los ecosistemas.
11. A la propiedad intelectual colectiva de sus saberes, ciencias y
conocimientos, así como a su valoración, uso, promoción y
desarrollo.
12. A una educación intracultural, intercultural y plurilingüe en
todo el sistema educativo.
13. Al sistema de salud universal y gratuito que respete su
cosmovisión y prácticas tradicionales.
14. Al ejercicio de sus sistemas políticos, jurídicos y
económicos acorde a su cosmovisión.
15. A ser consultados mediante procedimientos apropiados, y en
particular a través de sus instituciones, cada vez que se prevean
medidas legislativas o administrativas susceptibles de afectarles.
En este marco, se respetará y garantizará el derecho a la consulta
previa obligatoria, realizada por el Estado, de buena fe y
concertada, respecto a la explotación de los recursos naturales no
renovables en el territorio que habitan[13]
.
16. A la participación en los beneficios de la explotación de los
recursos naturales en sus territorios.
17. A la gestión territorial indígena autónoma, y al uso y
aprovechamiento exclusivo de los recursos naturales renovables
existentes en su territorio sin perjuicio de los derechos
legítimamente adquiridos por terceros.
18. A la participación en los órganos e instituciones del Estado.
III. El Estado garantiza, respeta y protege los derechos de las
naciones y pueblos indígena originario campesinos consagrados en
esta Constitución y la ley.
Artículo 31.
I. Las naciones y pueblos indígenas originarios en peligro de
extinción, en situación de aislamiento voluntario y no contactado
serán protegidos y respetados en sus formas de vida individual y
colectiva.
II. Las naciones y pueblos indígenas en aislamiento y no
contactados gozan del derecho a mantenerse en esa condición, a la
delimitación y consolidación legal del territorio que ocupan y
habitan.
Artículo 32
El pueblo afro-boliviano goza, en todo lo que corresponda, de los
derechos económicos, sociales, políticos y culturales reconocidos
en
la Constitución
para las naciones y pueblos indígena originarios campesinos.
La prueba del poder para el MAS
El partido del presidente Evo Morales, el MAS-IPSP (Movimiento Al
Socialismo – Instrumento Político para
la Soberanía
de los Pueblos) tiene la particularidad de haber sido creado, a
finales del los años 90, por organizaciones sindicales campesinas[14]
. En lo que respecta a la naturaleza social del MAS, Pablo
Stefanoni[15]
se pregunta actualmente si no sería más interesante estudiar
este movimiento político en tanto que partido de pequeños
propietarios rurales y urbanos (comerciantes, pequeños empresarios)
de origen indígena. Desde este punto de vista se modifica la
comprensión de esta organización política, vista hasta aquí como
una emanación de los movimientos sociales de los más oprimidos. En
efecto, se trata de pequeños propietarios, que sería un error
marginar, pues encajan perfectamente en un proceso de construcción
de una sociedad alternativa a la capitalista, una sociedad de
transición hacia el socialismo. Stefanoni plantea otra pregunta que
profundiza el interrogante: «La acumulación familiar —rebautizada
“capitalismo andino”— ¿no se basa de todos modos en formas de
explotación y autoexplotación de los menos iguales, generalmente
peores, que las que prevalecen en el capitalismo formal, regulado
por el derecho del trabajo?»[16]
Disponiendo desde el año 2006 de una mayoría en
la Cámara
de diputados, el MAS ha afrontado el ejercicio del poder político.
Con el tiempo, como todo partido de izquierda que hace el ejercicio
concreto de la participación en las instituciones parlamentarias y
en el gobierno, se produce una evolución. El MAS no es una
excepción. Como dice claramente Stefanoni, el razonamiento de
cierto número de militantes cambia: «de la política debe servir
para cambiar el país», se pasa a «¿por qué no tengo derecho a
un cargo, cuando he hecho campaña y me he batido para que el MAS
gane?». Es esto tan frecuente por que, según una regla de
funcionamiento del MAS, los candidatos pagan ellos mismos los gastos
de su campaña electoral, lo que significa que cierto número de
ellos (¿la mayoría?) se endeuda para poder emprender una campaña
que le permita tener posibilidades de ser elegido[17]
. En ciertos casos, también se comprometen a fin de asegurar
los apoyos. Esto propicia el clientelismo, que ya impregnaba la vida
política del país.
Cuando el MAS, accedió al gobierno, proclamó que rompía con una
tradición que quería que el partido victorioso despidiera a un
buen número de funcionarios para reemplazarlos por sus miembros o
sus protegidos/clientes . Fijó el máximo de los reemplazos en un
nivel muy bajo, el 5 % de funcionarios, a fin de garantizar la
institucionalización no partidaria de la función pública. Esta
decisión ha sido difícilmente aceptada por una parte de los
militantes, que esperaban que su esfuerzo durante la campaña
electoral o en la lucha fuera recompensado con puestos de trabajo.
Finalmente, la dirección del MAS flexibilizó su posición y fue
más allá del límite del cinco por ciento.
En enero del 2007, estalló un escándalo en
La Paz
: ciertos militantes del MAS se hicieron pagar su apoyo a unos
candidatos funcionarios. Pero esto no adquirió proporciones
masivas. A principios del 2009, un segundo escándalo causó mas
daño: Santos Ramírez, dirigente histórico del MAS[18]
que había estado al frente de la empresa petrolera pública
YPFB, fue descubierto en flagrante delito de corrupción a gran
escala. El MAS en el gobierno reaccionó con firmeza a fin de dar el
ejemplo. Santos Ramírez fue arrestado a la espera de su proceso. El
MAS demostró a la sociedad que aunque alguno de sus dirigentes no
estén inmunizados contra la corrupción, el partido rompía con la
tradición de impunidad de los mandatarios políticos y era
favorable a su condena en caso de delito. Dicho esto, el escándalo
Santos Ramírez provocó una verdadera conmoción, que dejará
secuelas.[19]
Morales, inmediatamente después de acceder a la presidencia, tomó
una medida ejemplar a fin de demostrar que ponía fin a los
privilegios: redujo su propio sueldo. Evidentemente, esto fue muy
bien visto por la población, con toda razón. La medida implicaba
así mismo la rebaja de los sueldos de los demás mandatarios, pues
era inconcebible que éstos ganaran más que el presidente y no
dieran el mismo ejemplo rechazando sus privilegios. Luego el
gobierno creyó oportuno flexibilizar su posición para permitir que
los directivos de las empresas públicas percibieran altas
retribuciones. Están autorizados a ganar más que el presidente de
la República.
Álvaro García Linera, quien justifica esta decisión, la denomina
la NEP
boliviana, haciendo referencia a
la NEP
aplicada por recomendación de Lenin a principios de los años 20 en
la Rusia
soviética[20]
. Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia,
aboga por un «capitalismo andino-amazónico»
García Linera es partidario del desarrollo de un capitalismo
andino-amazónico en el cual el Estado desempeña un papel clave.
Sin deformar la propuesta, se puede considerar que el vicepresidente
boliviano es partidario de una forma andino-amazónica de
capitalismo de Estado. De modo metafórico, utilizando la imagen del
tren, describe con claridad la jerarquía de actores de este modelo:
«Es que el Estado es lo único que puede unir a la sociedad, es el
que asume la síntesis de la voluntad general y el que planifica el
marco estratégico y el primer vagón de la locomotora. El segundo
es la inversión privada boliviana; el tercero es la inversión
extranjera; el cuarto es la microempresa; el quinto, la economía
campesina y el sexto, la economía indígena. Éste es el orden
estratégico en el que tiene que estructurarse la economía del
país.»[21]
. La perspectiva abierta por Álvaro García Linera es
claramente diferente u opuesta a un auténtico socialismo del siglo
XXI. Hay que reconocer que no lo oculta con rimbombantes frases
socialistas. Su proyecto corresponde a uno de los posibles guiones
para el futuro.
Stefanoni atribuye a Evo Morales una perspectiva cercana o idéntica
a la de su vicepresidente:
«Lejos de alentar la lucha de clases en su acepción marxista, Evo
Morales reactualiza los clivajes ya mencionados —nación/antinación,
pueblo/oligarquía — y promueve de hecho una nueva “alianza de
clases” —sin utilizar para ello ese término, que recuerda los
años 50. Una alianza que incluye los “empresarios patriotas” y
los “militares nacionalistas” para construir un “país
productivo y moderno”, gracias a los beneficios de los recursos
naturales “recuperados por el Estado”. Lo esencial del programa
económico gubernamental se basa así en la modernización/
industrialización de una economía atrasada, bajo la dirección de
un Estado fuerte que reemplace a una inexistente burguesía
nacional.»[22]
Esto nos lleva a las antípodas de las numerosas posiciones
adoptadas por Evo Morales en otros países y en los foros
internacionales cuando denuncia el sistema capitalista y declara que
hay que desembarazar de éste al planeta.
Por otra parte, García Linera cuestiona cierta visión «ongista» [23]
:
«[Las] visiones de un mundo indígena con su propia cosmovisión,
radicalmente opuesta a Occidente, es típica de indigenistas de
último momento o fuertemente vinculados a ONG, lo cual no quita que
existan lógicas organizativas, económicas y políticas
diferenciadas. En el fondo, todos quieren ser modernos. Los
sublevados de Felipe Quispe, en el año 2000, pedían tractores e
Internet. Esto no implica el abandono de sus lógicas organizativas,
y se ve en las prácticas económicas indígenas. El desarrollo
empresarial indígena tiene una lógica muy flexible. Le apuesta a
la acumulación pero nunca lo arriesga todo en la acumulación.
Primero trabajo solo, con mi entorno familiar, núcleo básico
último e irreductible, me va bien, contrato personas y sigo
trabajando, me va muy bien, contrato más personas y dejo de
trabajar, me va mal, vuelvo al segundo piso, me va muy mal, vuelvo
al mundo familiar donde soporto todo.
Nunca se acaba de romper con la lógica familiar… Quieren
modernizarse pero lo hacen a su manera. Pueden exportar,
globalizarse, pero el núcleo familiar sigue siendo la reserva
última, que es capaz de sobrevivir a pan y agua. Cuando crece la
actividad económica a 10, 15 trabajadores, en lugar de avanzar a 30
o 40, 50, paran, surge otra empresita, del hijo, del cuñado, hay
una lógica de apostarle nunca a una sola cosa. Distinto a una
acumulación más racional, weberiana, con economías de escala,
más innovación tecnológica. En este caso, la familia nunca es el
sustento último de la actividad productiva, es un sustento de los
vínculos, de las redes, de mercados, lógicas matrimoniales… Hay
una lógica propia del mundo indígena pero no es una lógica
antagonizada, separada, con la lógica “occidental”. Quienes han
participado de los últimos movimientos fácilmente se dan cuenta de
eso.»[24]
La explotación de los recursos petroleros de la región
amazónica de Bolivia
De un modo coherente, con respecto a la perspectiva de un
«capitalismo “andino-amazónico”», García Linera se
manifiesta, en la entrevista que sigue, a favor de la explotación
de los recursos petroleros de la región amazónica. También aquí
defiende una realpolitik
apartada del frecuente discurso ecologista del presidente boliviano.
«En el caso de la exploración de gas y petróleo en el Norte
paceño, lo que buscamos es producir hidrocarburos para equilibrar
geográficamente las fuentes de riqueza colectiva de la sociedad,
generar excedente estatal y simultáneamente preservar el entorno
espacial en coordinación con las comunidades indígenas. Hoy no
estamos abriendo paso en el norte amazónico para que entre Repsol o
Petrobras. Estamos abriendo paso en
la Amazonía
para que entre el Estado. […] ¿Es obligatorio sacar gas y
petróleo del norte amazónico de
La Paz
? Sí. ¿Por qué?, porque necesitamos equilibrar las estructuras
económicas de la sociedad boliviana, porque el rápido desarrollo
de Tarija[25]
con el 90 % del gas va a generar desequilibrios a largo plazo. […]
¿Si las comunidades dicen que no igual el Estado va a entrar? Aquí
viene el debate, ¿qué ha pasado? Cuando hemos consultado a
la CPILAP
(Central de Pueblos Indígenas de
La Paz
), nos ha pedido que vayamos a negociar a Bruselas con su buffet de
abogados y que respetemos unos enunciados medio-ambientalistas
publicados por USAID.
¿Cómo es eso? ¿Quién está impidiendo que el Estado explore
petróleo en el norte de
La Paz
: las comunidades indígenas Tacanas, una ONG,[26]
o países extranjeros? Por ello, hemos ido a negociar comunidad
por comunidad y allí hemos encontrado el apoyo de las comunidades
indígenas para llevar adelante la exploración y explotación
petrolera. El gobierno indígena-popular ha consolidado la larga
lucha de los pueblos por tierra y territorio. En el caso de los
pueblos indígenas minoritarios de tierras bajas, el Estado ha
consolidado millones de hectáreas como territorialidad histórica
de muchos pueblos de pequeña densidad demográfica; pero junto al
derecho a la tierra de un pueblo está el derecho del Estado, del
Estado conducido por el movimiento indígena-popular y campesino, de
sobreponer el interés colectivo mayor de todos los pueblos. Y así
vamos a proceder hacia delante.»[27]
Esta posición adoptada no deja de recordar las diferencias
políticas que se manifiestan en Ecuador entre Rafael Correa, por
una parte, afín a las posiciones de García Linera, y, por la otra,
la CONAIE
(Confederación de Naciones Indígenas de Ecuador) y
la ONG Acción
Ecológica. Correa criticó en repetidas ocasiones las posiciones de
los «izquierdistas» y de los «ecologistas radicales» que se
oponen a la explotación de los recursos naturales del país. De
todos modos, a pesar de estas críticas, la posición oficial del
gobierno y del presidente ecuatoriano consiste hasta ahora en
proponer a la comunidad internacional no emprender la explotación
del petróleo que se encuentra en el territorio Yasuni, situado en
la Amazonía
ecuatoriana[28]
. Alberto Acosta (ex presidente de
la Asamblea Constituyente
en 2008 y miembro del mismo partido que Rafael Correa, pero defensor
de posiciones sensiblemente distintas en varios temas) es uno de los
grandes promotores y defensores de la propuesta ecuatoriana[29]
.
Es lógico plantearse las siguientes preguntas: al tratar de
convencer, en nombre del «bloque indígena-popular» (según la
expresión de García Linera), a los pueblos amazónicos de que
acepten la explotación de los recursos no renovables del subsuelo
de los territorios ancestrales que ocupan, ¿no se inscribe el
gobierno de Evo Morales en la prosecución de un modelo extractivo
productivista? Un gobierno de derecha ¿no habría tenido que
afrontar una resistencia popular muy fuerte de los pueblos
indígenas si hubiese querido explotar en su territorio el petróleo
de
la Amazonía
boliviana? Si dentro de algunos años la derecha volviera al poder,
¿no reduciría radicalmente las concesiones que el poder central ha
otorgado a los pueblos originarios cuando quiso obtener el derecho
de explotar los recursos de sus territorios? En ese caso, ¿no
habría sido mejor para los pueblos originarios indígenas rechazar
la explotación industrial de los recursos naturales no renovables?
[1]
Sobre la elección de Evo Morales a la presidencia de la
república y sus dos primeros años de mandato presidencial, ver
Eric Toussaint, “Bolivia: avances sobre los bienes comunes y la
reforma constitucional”. http://www.cadtm.
org/Bolivia- avances-sobre- los-bienes
[2]
El referéndum revocatorio constituyó una verdadera derrota
para la derecha, ya que Chávez fue plebiscitado con un 59,10 % de
sufragios a favor (5.800.629 votos), o sea una diferencia de
1.810.000 votos con los que decían sí a la revocación. http://es.wikipedia
.org/wiki/ Refer%C3% A9ndum_presidenc ial_de_Venezuela _de_2004
[3]
http://es.wikipedia
.org/wiki/ Refer%C3% A9ndum_revocator io_de_Bolivia_ de_2008 y http://www.nodo50.
org/plataformabo livariana/ Externos/ ResultadosRefRev Bolivia.pdf
[4]
La entrevista fue realizada por Maristella Svampa, Pablo
Stefanoni y Ricardo Bajo. Se tituló «La derecha no ha sido aún
derrotada en el plano económico». El texto completo se publicó en
el excelente número de Alternatives Sud, CETRI, dedicado a
Bolivia, «
La Bolivia
d’Evo. Démocratique, indianiste et socialiste?, Vol. XVI, 2009/3,
Lovaina-la-Nueva, http://www.cetri.
be/spip.php? rubrique119〈=fr
[5]
Los departamentos orientales, que forman
la Media
luna, son Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija. En conjunto, representan
el 36 % de la población del país y el 45 % del PIB.
[6]
Unos quince campesinos fueron asesinados y otras decenas
resultaron heridos el 11 de septiembre de 2008 en El Porvenir,
provincia de Pando. Su prefecto, Leopoldo Fernández, uno de los
mascarones de proa de la oposición de derecha, directamente
implicado en la masacre, está en prisión por disposición del
poder central.
[7]
Dictador que tomó el poder por un sangriento golpe de Estado el
17 de julio de
1980 a
la cabeza de un grupo de militares relacionados con el narcotráfico
y con el apoyo de la junta militar argentina. El año que se mantuvo
en el poder estuvo marcado por un auténtico terror, con cerca de
500 asesinatos y 4.000 encarcelados. Uno los asesinados en el putsch
fue el diputado Marcelo Quiroga Santa Cruz, quien había participado
en la iniciativa del proceso contra el ex-dictador Hugo Banzer. El
15 de enero de 1981 tuvo lugar el asesinato de ocho dirigentes de la
dirección clandestina del Movimiento de Izquierda Revolucionario
(MIR).
[8]
El departamento de Santa Cruz constituye el epicentro de la
reacción de la derecha.
[9]
Los colonizadores son campesinos que ocuparon nuevos terrenos,
ya sea en el marco de la política de colonización promovida par el
Estado en los años 30, o bien en el marco de movimientos de
población autoorganizadas. Es el caso de las familias que emigraron
a la provincia del Chapare, en el departamento de Cochabamba, para
cultivar coca. En una primera etapa provenían del altiplano pero
luego, a partir del plan de ajuste estructural aplicado en 1985, de
las regiones mineras de Oruro y Potosí a causa del cierre de las
minas y la consiguiente pérdida de empleo. La familia de Evo
Morales era una de estas familias campesinas que dejaron las altas
mesetas, áridas y frías, para asentase en las tierras cálidas y
húmedas de baja altitud del Chapare. De todos modos, como se ha
dicho antes, si bien los cocaleros son efectivamente parte de los
colonizadores, éstos no se reducen a los cultivadores de coca.
Así, aunque en la movilización contra Santa Cruz participaron los
cocaleros del Chapare, fueron sobre todo colonos campesinos de la
zona de San Julián los que estuvieron en primera línea.
[10]
Muy afectada por la crisis de la deuda que estalló en 1982,
Bolivia fue sometida a un plan neoliberal de choque a partir de
1985: privatización de las minas y del petróleo, reducción masiva
de salarios y de empleos, apertura económica forzada, reducción
del gasto público. El autor intelectual de este plan de ajuste
estructural fue el economista estadounidense Jeffrey Sachs, quien a
continuación concibió el plan de choque aplicado en Rusia y luego
se convirtió en un partidario de la anulación de la deuda de los
países pobres, en particular de los países del África
subsahariana. .
[11]
Según Charles André Udry, en los departamentos de Beni y Santa
Cruz, 14 familias poseen
312.966 hectáreas
. Una parte de estas tierras no se explotan. Estas familias son,
desde hace largo tiempo, pilares de los partidos de la derecha más
dura. Actualmente, estas familias —que se apropiaron del suelo
entre 1953 y 1992, en particular durante los regímenes
dictatoriales militares— se suman a las barricadas contra la
aplicación de la reforma agraria.. ("Réforme agraire et
réappropriation territoriale indigène", http://risal.
collectifs. net/spip. php?article2017)
[12]
Los pueblos autóctonos bolivianos son generalmente designados
como «originarios» en los Andes e «indígenas» en
la Amazonía. La
nueva Constitución boliviana erige como sujeto de derecho las
poblaciones «indígenas originarias campesinas» cuando se trata de
dotar a las comunidades rurales de derechos colectivos.
[13]
Hay que señalar que si bien la consulta de las poblaciones
afectadas por la explotación de los recursos naturales no
renovables es obligatorio (lo cual es positivo), ¡su resultado no
es vinculante!
[14]
Las organizaciones sindicales participantes del MAS son
la CSUTCB
(Confederación n sindical única de trabajadores campesinos de
Bolivia),
la CSCB
(Confederación n sindical de colonizadores de Bolivia) y
la CNMCIOB-«BS
» (Confederación n nacional de mujeres campesinas, indígenas y
originarias de Bolivia - «Bartolina Sisa». A partir de 1988,
la CSUTCB
, principal confederación sindical campesina boliviana (que agrupa
en su seno a una parte de los «cocaleros») se pronunció a favor
de la construcción de un instrumento político propio de los
sindicatos. Los sindicalistas, después de haber comprobado que no
llegaban a obtener un cambio político en el nivel gubernamental,
dijeron que tenían que dotarse de un brazo político a fin de estar
presentes en el Parlamento y en todos los niveles del poder, pasando
por la participación en las elecciones. A finales de los años 90,
Evo Morales y sus partidarios lanzaron el MAS-IPSP en la línea de
la orientación adoptada en 1988, concerniente a la creación de un
instrumento político del movimiento social. Con el correr del
tiempo, el MAS llegó a ser la fuerza política de izquierda más
importante, aunque también otras experiencias políticas se
desarrollaron en la misma orientación de
la CSUTCB
, en particular el MIP (Movimiento indígena Pachakuti), de Felipe
Quispe, sin hablar de numerosos partidos de izquierda que tienen un
origen más antiguo. Felipe Quispe participó junto con Álvaro
García Linera, actual vicepresidente de
la República
, en la guerrilla katarista EGTK y fue secretario ejecutivo de la
CSUTCB.
[15]
Pablo Stefanoni es coautor con Hervé Do Alto del libro Evo
Morales, de la coca al Palacio (Malatesta,
La Paz
, 2006).
[16]
Pablo Stefanoni, «L’Indianisation du nationalisme ou la
refondation permanente de
la Bolivie
», in «
La Bolivie
d’Evo. Démocratique, indianiste et socialiste?», Alternatives
Sud Vol. XVI, CETRI, Lovaina-la-Nueva, 2009/3. http://www.cetri.
be/spip.php? rubrique119〈=fr . Escribe: «El gobierno
actual replanteó la flexibilización del trabajo aprobada en los
años 90 —en particular el “despido libre”—, pero estas
reglas no rigen las economías familiares e informales, que son las
que predominan en ciudades enteras, como El Alto, vecina a
La Paz
, con cerca de un millón de habitantes. […] La superioridad de la
cosmovisión indígena [una pantalla que oculta a menudo prácticas
corporativistas o de unas identidades culturales profundamente
arraigadas] sobre la cosmovisión liberal es apenas debatida y la
voluntad de destacar la dimensión étnica de la opresión casi ha
hecho desaparecer su dimensión de clase. No es una casualidad que
los avances en materia de derechos del movimiento obrero sean
escasos o nulos.»
[17]
De hecho, esta regla cierra el acceso a los más pobres a la
candidatura a un cargo de diputado, de senador o de miembro de
la Asamblea Constituyente.
En realidad, no es raro ver que, en el momento de confeccionar las
listas electorales, dirigentes sindicales bien preparados en cuanto
a su formación política, tengan que ceder su lugar a unos
intelectuales de clase media o pequeños empresarios, con un mayor
capital económico.
[18]
Según García Linera, Santos Ramírez podía pretender ser el
sucesor de Evo Morales como candidato del MAS a la presidencia de la
República.
[19]
Véase Hervé Do Alto, «“¿Más de lo mismo” o ruptura con
los “tradicionales?” Bolivia y el MAS: un caso de
democratización paradójico», Le Monde diplomatique,
(Edición boliviana), Nº 11, febrero de 2009.
[20]
«De ahí que hayamos tenido que aprobar una ley que habilite
salarios más elevados que el del presidente para cuadros técnicos
de empresas estratégicas. Es nuestra forma local de
la NEP
leninista (Nueva Política Económica, en
la Rusia
posrevolucionaria) . El objetivo de
la NEP
, además de la alianza con los campesinos, era fundamentalmente
reclutar técnicos para administrar los niveles subalternos del
Estado, habida cuenta de que si bien el Estado es una estructura
política, tiene niveles burocrático-administrativos y
técnico-científicos que requieren conocimientos y saberes que no
pueden ser adquiridos ni transformados rápidamente. Lenin, para
terminar la catástrofe económica que se dio inmediatamente
después de la revolución, tuvo que recontratar a los técnicos del
antiguo Estado, hasta crear gradualmente una administración más
simple. E instruyó: debajo de cada técnico pongan un joven que
aprenda, y nosotros estamos haciendo lo mismo. Ya lo iniciamos en el
2006: se cambia la organización y las personas de los niveles
decisionales de la administración publica (ministros, viceministros
y algunos directores), pero no se toca la estructura secundaria de
la administración estatal del Estado, hasta formar cuadros
estatales, jóvenes, que sustituyan a los antiguos cuadros.» in
Maristella Svampa, Pablo Stefanoni y Ricardo Bajo, entrevista a
Álvaro García Linera, «La derecha aún no fue derrotada
económicamente» .
[21]
In Ortiz P. (2007), «Fue un error no liderar el pedido
autonómico» (entrevista a Álvaro García Linera), El Deber,
Santa Cruz de
la Sierra
, 21 de enero de 2007. http://www.eldeber.
com.bo/2007/ 2007-01-21/ vernotaaldia. php?id=512
[22]
Pablo Stefanoni in «L’Indianisation du nationalisme ou la
refondation permanente de
la Bolivie
», in Alternatives Sud, «
La Bolivie
d’Evo. Démocratique, indianiste et socialiste?» Vol XVI -2009/3,
Lovaina-la-Nueva,
http://www.cetri. be/spip.php? rubrique119〈=fr
[23]
Neologismo para designar lo relacionado con el mundo de las ONG.
[24]
In Svampa M., Stefanoni P. (2007), «Evo simboliza el quiebre de
un imaginario restringido a la subalternidad de los indígenas»,
(entrevista a Álvaro García Linera), in Monasterios K., Stefanoni
P. y Do Alto H. (dir.), Reinventando la nación en Bolivia,
CLACSO-Plural, La Paz,
[25]
El prefecto de la provincia de Tarija es parte de la oposición
de derecha en compañía de los prefectos de las provincias de Santa
Cruz, Beni y Pando.
[26]
En el caso de Bolivia, sin embargo, tal discurso de franca
oposición a las ONG es tanto más chocante cuando se muestra en
total contradicción con la propia composición del gobierno, donde
los ministros han salido en su mayoría de los cuadros de este tipo
de instituciones. Entre ellas, el CEJIS (Centro de Estudios
Jurídicos y de Investigaciones Sociales), reconocido por los
movimientos indígenas de Oriente como un apoyo indefectible en la
reconquista por los pueblos autóctonos de sus prerrogativas sobre
sus territorios ancestrales. Algunos pesos pesados del equipo de
Morales han hecho en ellas su formación, como Carlos Romero,
actualmente ministro de las Autonomías.
[27]
Entrevista realizada por Maristella Svampa, Pablo Stefanoni y
Ricardo Bajo titulada: «La derecha no ha sido aún derrotada en el
plano economico». Traducción Denise Comanne y Eric Toussaint. Alternatives
Sud, «
La Bolivie
d’Evo. Démocratique, indianiste et socialiste»?, Vol XVI
-2009/3, Lovaina-la-Nueva.
[28]
Rafael Correa ha defendido varias veces esta posición en las
reuniones de las Naciones Unidas así como en otras instancias
internacionales. Esta propuesta, conocida como el proyecto ITT
(siglas del nombre de sendas perforaciones de exploración en la
zona: Ishpingo-Tambococha -Tiputini) , es una de las iniciativas del
gobierno ecuatoriano con el fin de luchar contra el cambio
climático. Se trata de la no explotación de unos 850 millones de
barriles de petróleo en la zona del parque Yasuní, reserva natural
cuya biodiversidad es una de las más importantes del mundo. La
explotación de un petróleo pesado podría reportar al Estado entre
5.000 y 6.000 millones de dólares (al precio de unos 70 dólares el
barril).
[29]
Véase una entrevista sumamente importante a Alberto Acosta
realizada por Matthieu Le Quang titulada «Le projet ITT: laisser le
pétrole en terre ou le chemin vers un autre modèle de
développement» , www.cadtm.org/
Le-projet- ITT-laisser- le-petrole. En castellano, «La
moratoria petrolífera en
la Amazonía
ecuatoriana, una propuesta inspiradora para
la Cumbre
de Copenhague», www.cadtm.org/
La-moratoria- petrolifera- en-la. Alberto Acosta da su versión
sobre el origen del proyecto y presenta un gran número de factores
contradictorios que intervienen en su concreción.
.
.
.
..
.
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INFORME ANUAL
POBREZA,
DESIGUALDAD Y DESARROLLO EN EL PERÚ 2008-2009
A despecho de las
expresiones triunfalistas sobre el blindaje de nuestra economía
frente a la crisis financiera internacional, y las reiteradas
declaraciones sobre supuestos éxitos económicos que benefician
también a los pobres (el llamado goteo), este informe es
contundente en demostrar con cifras y números, de manera objetiva e
irrefutable, que la verborrea de García no es mas que parafernalia
demagógica para tratar de ocultar su verdadera vocación: ser un
gobernante para los ricos.
La
epidemia comenzó en Estados Unidos
- Oscar
Ugarteche
- El economista Oscar Ugarteche señala que las economías
abiertas como la del Perú no se pueden blindar, solo se las
administra dentro de la crisis lo mejor que se puede. Tras ocho años
de crecimiento estable, el Perú está menos mal que el resto. Pero
sin aplicar ninguna medida contracíclica que distribuya mejor los
recursos, tendrá que arrastrar el peso que significará a futuro
enfrentar un incremento de la desigualdad en un país donde eso es
lacerante y antiguo.
- El problema es la falta de una verdadera política
contracíclica, que distribuiría el ingreso de manera más
equitativa. En el Perú, a diferencia de Bolivia, Venezuela, Brasil
y Argentina, no se está apostando por políticas distributivas, que
en momentos de crisis tendrían un efecto contracíclico. Estos
países iniciaron dichas medidas antes de la crisis y ahora, en este
contexto, han decidido afianzarlas (…). Si se redistribuye con
entusiasmo para contrapesar la caída de la demanda externa, a
partir de los ingresos tributarios, se reactivaría la economía
interna, sobre todo para los más vulnerables. Esta es una manera de
hacer políticas contracíclicas. Otra es elevar la inversión
pública en infraestructura para que genere empleo y vía salario se
eleve la capacidad de compra y la dinámica económica interna.
- El gasto para la inversión pública en infraestructura está
estancado, por eso se presentan protestas regionales. Hay una
disonancia entre lo que el gobierno dice y la realidad nacional.
Entonces, ante la ausencia de una política contracíclica, se van a
ampliar las brechas de desigualdad, y la riqueza se seguirá
concentrando más. En este contexto de crisis, el gobierno, a pesar
de sus esfuerzos por mantener la inflación baja, está agudizando
la desigualdad, fabricando riqueza a costa de despojar a un sector
de la población de sus derechos, como sucede en
la Amazonía. Es
decir, se está empobreciendo a muchos para beneficiar a pocos,
perjudicando incluso el medio ambiente.
- Esta es una crisis que cambiará el mundo como lo entendemos.
Así sucedió en el siglo XV, cuando se replantearon los mercados,
aparecieron las ciudades, la imprenta y la grafía como medio de
comunicación masivo y se estableció una relación distinta entre
el hombre y la naturaleza. Así de contundente parece ser esta
crisis, que nos confronta con una nueva forma de entender el mundo
desde la economía y la política. Es una crisis epocal.
Si el gobierno quisiera
sacar de la pobreza al país
solo con el crecimiento económico del PBI, se necesitarían
más de 80 años de crecimiento, por encima de los 5 puntos. Con el
“boom”, la desigualdad no se redujo pero creció en 6% el
consumo de los más ricos.

Un milagro no fue suficiente
- Pedro Francke
- No existe
suficiente información para analizar la pobreza durante la primera
mitad del año 2009. Los datos publicados por el INEI, miden la
pobreza con casi dos años de retraso. Si revisamos las últimas
cifras de pobreza, estaríamos hablando de la pobreza del año 2007.
Ese dato, en sí mismo, ya representa una información muy
relevante: mes a mes podemos conocer, apenas con poco más de 30 días
de retraso, la evolución del PBI, las exportaciones y los
impuestos; pero tenemos que esperar entre cuatro y seis meses si
queremos información estadística sobre los salarios; y más de año
y medio para analizar el diagnóstico de la pobreza. Esto es reflejo
de la falta de interés de la política en este tema.
-En los años
de crecimiento del Perú, donde dos de cada cinco peruanos son
pobres, la desigualdad se mantuvo inamovible. Durante el llamado “milagro”,
el consumo aumentó para todos los niveles socioeconómicos, pero a
tasas diferentes. Mientras que entre los más ricos el consumo se
incrementó 6%, entre los pobres se movió algunos decimales".
-Los efectos
del crecimiento sobre la pobreza que se mantienen en 39.3% no
llegaron por igual a las distintas regiones. En efecto, según el
informe “¿Qué nos dicen los cambios en la pobreza del Perú
entre 2004 y 2007?”, del Banco Mundial?, la pobreza se redujo 2,6%
en la costa urbana, en la selva rural se contrajo 0,7% y en la
sierra rural 0,3%. Según el BM, la pobreza pudo reducirse 4 puntos
más de lo que se redujo entre el 2004 y el 2007. Es decir, pudo
bajar de 39% a 34%, pero la mala redistribución lo impidió. Las
zonas rurales andinas, que concentran el 73% de pobres, donde viven
2 de cada 3 pobres extremos, la pobreza se redujo solo en algunos
puntos decimales.
-Dos efectos
principales parecen conspirar en esta situación de pobreza y
desigualdad: el primero se refiere al comportamiento de los
salarios: el empleo aumentaba pero los salarios reales no, a pesar
de que la productividad por trabajador también aumentaba
sustancialmente. Lo segundo, es que el crecimiento económico se
concentró en Lima y la costa. En miles de millones, el PBI se
incrementó en 32% desde el 2002. El excedente de explotación
(utilidades) pasó de 58,7% a 65% en el PBI. Pero la riqueza se
concentró en sectores como la minería, agroindustria, construcción
y manufactura. Según la consultora Gerens, en el 2007 las 1.000
empresas más rentables del país generaron valor económico por
encima de los US$5.055 millones para sus accionistas. A pesar de que
entre las 1.000 empresas existían solo 52 mineras y petroleras,
estas concentraron el 80% del valor generado por todas.
- Mantener
la mano de obra con salarios deprimidos y derechos limitados reduce
la posibilidad de acabar con la pobreza, al constreñir el mercado
interno al que le venden la mayor parte de agricultores y pymes. Dar
poca importancia al gasto social (educación, salud y protección
social) reduce los efectos distributivos, limita la acumulación de
capital humano y mantiene a un ritmo lento los avances de las Metas
del Milenio. La política fiscal debe contemplar, además de
aumentar el gasto público en infraestructura, pequeñas obras
intensivas en empleo temporal y gasto social, lo que tendría
respuestas más rápidas y mayores efectos sociales en no menos de
2% del PBI (US$ 2,500 millones) para 2009, en canales de regadío,
trochas y mantenimiento de carreteras. Este gasto público adicional
deberá aplicarse mediante los gobiernos regionales y los municipios
en un 80%.
- Si el
gobierno quisiera salir de la pobreza solo con el crecimiento económico
del PBI, se necesitarían más de 80 años constantes de
crecimiento, por encima de los 5 puntos, sin índices de inflación
superiores a los 2 puntos, para que distritos andinos y rurales como
los de Huancavelica, los más pobres del país, salgan de la
pobreza.
3. En los últimos ocho años el país creció a tasas
aceleradas, pero los salarios se estancaron mientras que las
utilidades de las empresas que operan en el país crecieron por
encima de las ganancias de las 500 compañías más
importantes del mundo.

Los salarios de la inequidad -
Humberto Campodónico
-Entre el 2002 y 2007, el salario ha seguido cayéndose. En
2002, a
inicios del “boom”, los ingresos alcanzaban el 25% del PBI,
mientras que en el 2007, en pleno proceso de expansión, los
salarios se redujeron al 21.9%. O sea que durante los años de
crecimiento económico los salarios perdieron 3 puntos porcentuales.
-El 5.5% de la población de Lima Metropolitana tiene el 33% del
total de los ingresos, lo que equivale a que esa población gana
seis veces lo que le corresponde si los ingresos se distribuyeran
equitativamente. Mientras el sueldo promedio dentro del sector
socioeconómico A equivale a S/.12.118, es decir 20 veces más que
el salario promedio en el E, que es de S/.660.
- Durante los años de crecimiento económico se prometió a la
población que ya vendrían los años de “chorreo”. Se dijo que
había que ser “pacientes y tolerantes”. Pero se mantuvo en lo
esencial la legislación antiobrera promulgada por Fujimori:
flexibilización del empleo, facilitación del despido, creación de
las “services”.
- Del 2001 al 2008, el crecimiento del PBI en el Perú fue de
58%, de lejos el más alto de nuestra historia reciente. En ese
mismo periodo, la rentabilidad promedio de las empresas también
creció ininterrumpidamente, pasando del 5% anual en el 2001 al 22%
anual en el 2008. Como la rentabilidad equivale a
la Utilidad Neta
de las empresas dividida entre su patrimonio, esas tasas de
crecimiento indican que, en estos 8 años de “boom” económico,
la mayoría de las empresas recuperaron el íntegro del
capital invertido. Según Rodrigo Prialé, director gerente de la
consultora Gerens, este repunte empresarial excede generosamente la
velocidad con la que crecieron las 500 empresas más rentables del
planeta.
4. El conflicto en Bagua revela que faltan mecanismos para que
los pueblos amazónicos expresen sus necesidades. Paralelamente, el
año pasado se presentaron 245 solicitudes de revocatorias de
autoridades locales lo que revela falta de legitimidad del sistema
político.

.
Rezagos de una monarquía – Nelson
Manrique
- El racismo
anti-indígena es una de las herencias oligárquicas que con mayor
fuerza ha bloqueado los intentos de construir un orden moderno en el
Perú. La democracia no puede existir allí donde no se reconoce la
existencia de una común sustancia humana. La existencia de
ciudadanos “de primera” y “de segunda” es la consecuencia
necesaria de la convicción racista, de que existen humanos “de
primera” y “de segunda”. La incorporación de los
indígenas a la nación se acepta, asociada a una especie de
chantaje por el cual se les reconoce el derecho a incorporarse como
ciudadanos a
condición de que dejen de ser indios.
- Las comunidades están habitadas por más de 2’500.000 de
personas, lo que equivale al 40% de la población rural total. Son
importantes abastecedoras de alimentos para el mercado interno, y su
participación en la oferta agropecuaria nacional oscila entre el
25% y el 30% del valor bruto de la producción. Las comunidades
permiten la reproducción social, cultural y económica de un amplio
sector de la población peruana, en gran parte marginada por las
políticas del Estado.
- Los decretos legislativos aprobados para implementar el TLC con
EE UU y que promueven la inversión privada en los territorios de
las comunidades, vulneran múltiples derechos. Para los campesinos
la venta de sus tierras significaría perder tanto la condición de
comunero cuanto los medios materiales para la reproducción social
de su existencia. Su destino más probable, si tal cosa sucediera,
sería desarraigarse y unirse a la vasta migración hacia los
grandes cinturones de miseria creados en torno a las grandes
ciudades.
- Los indígenas contemporáneos peruanos defienden el patrimonio
cultural de quienes produjeron la más grande revolución agrícola
de la historia de la humanidad. Debería preservarse ese patrimonio
inestimable y promover su desarrollo. No tratar de liquidarlo en
nombre de una visión unilateral y reduccionista de desarrollo, que
contempla los intereses de unos pocos, amenazando un patrimonio que,
como en el caso de
la Amazonía
, es de interés de todos.

.
.
.
.
.
.
.

CIUDADANÍA
INTERNACIONAL
Guerra, drogas y política, elementos del mundo bipolar
Conferencia
magistral de Noam Chomsky en la Sala
Nezahualcóyotl (México D.F.)
A continuación se reproducen sus palabras:
Al pensar en cuestiones
internacionales, es útil tener presentes varios principios de
generalidad e importancia considerables. El primero es la máxima de
Tucídides: Los fuertes hacen lo que quieren, y los débiles sufren
como es menester. Esto tiene un importante corolario: todo Estado
poderoso descansa en especialistas en apologética, cuya tarea es
mostrar que lo que hacen los fuertes es noble y justo y lo que
sufren los débiles es su culpa. En el Occidente contemporáneo a
estos especialistas se les llama intelectuales y, con excepciones
marginales, cumplen su tarea asignada con habilidad y sentimientos
de superioridad moral, pese a lo disparatado de sus alegatos. Su
práctica se remonta a los orígenes de la historia de la que
tenemos registro.
Los principales arquitectos
Un segundo punto, que no hay
que olvidar, lo expresó Adam Smith. Él se refería a Inglaterra,
la potencia más grande de su tiempo, pero sus observaciones son
generalizables. Smith observaba que los principales arquitectos de
políticas públicas en Inglaterra eran los comerciantes y los
fabricantes, quienes se aseguraban de que sus intereses fueran bien
servidos por tales políticas, por gravoso que fuera el efecto en
otros -incluido el pueblo de Inglaterra- y pese a la severidad que
tuvieran para quienes sufren la salvaje injusticia de los europeos
en otras partes.
Smith fue una de esas raras
figuras que se apartaron de la práctica normal de retratar a
Inglaterra como una potencia angelical, única en la historia del
mundo, dedicada sin egoísmo al bienestar de los bárbaros. Un
ejemplo revelador, en estos términos exactos, es un ensayo clásico
de John Stuart Mill, uno de los más decentes e inteligentes
intelectuales occidentales, en el que explicaba por qué Inglaterra
tenía que culminar su conquista de la India en aras de los más
puros fines humanitarios. Lo escribió justo en el momento de
mayores atrocidades de Inglaterra en la India, cuando el verdadero
fin de una mayor conquista era permitir a Inglaterra apoderarse del
monopolio del opio y establecer la más extraordinaria empresa de
narcotráfico en la historia mundial, y así obligar a China, con
lanchas cañoneras y venenos, a aceptar las mercancías de
fabricación británicas, que China no quería.
La plegaria de Mill es la
norma cultural. La máxima de Smith es la norma histórica.
Hoy, los principales
arquitectos de las políticas públicas no son los comerciantes y
los fabricantes, sino las instituciones financieras y las
corporaciones trasnacionales.
Una refinada versión actual
de la máxima de Smith es la teoría de la inversión en política,
desarrollada por el economista político Thomas Ferguson, la cual
considera que las elecciones son la ocasión para que grupos de
inversionistas se unan con el fin de controlar el Estado, en esencia
comprando las elecciones.
Como muestra Ferguson, esta
teoría es un mecanismo muy bueno para predecir políticas públicas
durante un periodo largo.
Entonces, para lo ocurrido en
2008 debimos haber anticipado que los intereses de las industrias
financieras tendrían prioridad para el gobierno de Obama. Fueron
sus principales proveedoras de fondos y se inclinaron mucho más por
Obama que por McCain. Y así resultó ser. El semanario de negocios
Business Week se ufana ahora de que la industria de las aseguradoras
ganó la batalla por la atención a la salud, y de que las
instituciones financieras que crearon la crisis actual emergen
incólumes y aun fortalecidas, tras un enorme rescate público -lo
que acomoda el escenario para la siguiente crisis, apuntan los
editores. Y añaden que otras corporaciones aprendieron valiosas
lecciones de estos triunfos y ahora organizan grandes campañas para
frenar la aprobación de cualquier medida relacionada con energía y
conservación (por suave que sea), con pleno conocimiento de que
frenar esas medidas negará a sus nietos cualquier posibilidad de
supervivencia decente. Por supuesto, no es que sean malas personas,
ni son ignorantes. Ocurre que las decisiones son imperativos
institucionales. Quienes deciden no seguir las reglas son excluidos,
a veces en formas muy notables.
Las elecciones en Estados
Unidos son montajes espectaculares (extravagantes), conducidos por
la enorme industria de las relaciones públicas que floreció hace
un siglo en los países más libres del mundo, Inglaterra y Estados
Unidos, donde las luchas populares habían ganado la suficiente
libertad para que el público ya no tan fácilmente fuera controlado
por la fuerza. Entonces, los arquitectos de las políticas públicas
se dieron cuenta de que iba a ser necesario controlar las actitudes
y las opiniones. Uno de los elementos de la tarea era controlar las
elecciones.
Estados Unidos no es una
democracia guiada como Irán, donde los candidatos requieren la
aprobación de los clérigos imperantes. En sociedades libres, como
Estados Unidos, son las concentraciones de capital las que aprueban
candidatos y, entre quienes pasan por el filtro, los resultados
terminan casi siempre determinados por los gastos de campaña.
Los operadores políticos
están siempre muy conscientes de que con frecuencia el público
disiente profundamente, en algunos puntos, de los arquitectos de las
políticas públicas. Entonces, las campañas electorales evitan
ahondar en cualquier punto y favorecen las consignas, las florituras
de oratoria, las personalidades y el chismorreo. Cada año la
industria de la publicidad otorga un premio a la mejor campaña
promocional del año. En 2008 el premio se lo llevó la campaña de
Obama, derrotando incluso a las computadoras Apple. Los ejecutivos
estaban eufóricos. Se ufanaban abiertamente de que éste era su
éxito más grande desde que comenzaron a promocionar candidatos
cual si fueran pasta de dientes o fármacos que asocian con estilos
de vida, técnicas que cobraron fuerza durante el periodo
neoliberal, primero que nada con Reagan.
En los cursos de economía,
uno aprende que los mercados se basan en consumidores informados que
eligen racionalmente sus opciones. Pero quien mire un anuncio de
televisión sabe que las empresas destinan enormes recursos a crear
consumidores uniformados que eligen irracionalmente sus opciones.
Los mismos dispositivos utilizados para derruir mercados se adaptan
al objetivo de socavar la democracia, creando votantes desinformados
que tomarán decisiones irracionales a partir de una limitada serie
de opciones compatibles con los intereses de los dos partidos, que a
lo sumo son facciones competidoras de un solo partido empresarial.
Tanto en el mundo de los
negocios como en el político, los arquitectos de las políticas
públicas son constantemente hostiles con los mercados y con la
democracia, excepto cuando buscan ventajas temporales. Por supuesto,
la retórica puede decir otra cosa, pero los hechos son bastante
claros.
La máxima de Adam Smith tiene
algunas excepciones, que son muy instructivas. Un ejemplo
contemporáneo importante son las políticas de Washington hacia
Cuba desde que ésta obtuvo su independencia, hace 50 años. Estados
Unidos es una sociedad que goza de una libertad poco común, así
que contamos con buen acceso a los registros internos que revelan el
pensamiento y los planes de los arquitectos de las políticas
públicas. A los pocos meses de la independencia de Cuba, el
gobierno de Eisenhower formuló planes secretos para derrocar al
régimen e inició programas de guerra económica y de terrorismo,
cuya escala fue aumentada bruscamente por Kennedy, y que continúan
en varias formas hasta nuestros días. Desde el inicio, la
intención explícita fue castigar lo suficiente al pueblo cubano
para que derrocara al régimen criminal. Su crimen era haber logrado
desafiar políticas estadounidenses que databan de la década de
1820, cuando la doctrina Monroe declaró la intención
estadounidense de dominar el hemisferio occidental sin tolerar
interferencia alguna de fuera ni de dentro.
Aunque las políticas
bipartidistas hacia Cuba concuerdan con la máxima de Tucídides,
entran en conflicto con el principio de Adam Smith, y como tales nos
brindan una mirada especial sobre cómo se configuran las
políticas. Durante décadas, el pueblo estadounidense ha favorecido
la normalización de relaciones con Cuba. Desatender la voluntad de
la población es normal, pero en este caso es más interesante que
sectores poderosos del mundo de los negocios favorezcan también la
normalización: las agro-empresas, las corporaciones farmacéuticas
y de energía, y otros que comúnmente fijan los marcos de trabajo
básicos para la construcción de políticas. En este caso sus
intereses son atropellados por un principio de los asuntos
internacionales que no recibe el reconocimiento apropiado en los
tratados académicos en la materia: podríamos llamarlo el principio
de la Mafia. El Padrino no tolera que nadie lo desafíe y se salga
con la suya, ni siquiera el pequeño tendero que no puede pagarle
protección. Es muy peligroso. Debe, por tanto, erradicarse
brutalmente, de tal modo que otros entiendan que desobedecer no es
opción. Que alguien logre desafiar al Amo puede volverse un virus
que disemine el contagio, por tomar prestado el término usado por
Kissinger cuando se preparaba a derrocar el gobierno de Allende.
Ésa ha sido una doctrina
principal en la política exterior estadounidense durante el periodo
de su dominio global y, por supuesto, tiene muchos precedentes. Otro
ejemplo, que no tengo tiempo de revisar aquí, es la política
estadounidense hacia Irán a partir de 1979.
Tomó su tiempo cumplir los
objetivos plasmados en la doctrina Monroe, y algunos de éstos
siguen topándose con muchos impedimentos. El fin último perdura y
es incuestionable. Adquirió mucho mayor significación cuando, tras
la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se convirtió en una
potencia global dominante y desplazó a su rival británico. La
justificación se ha analizado con lucidez.
Por ejemplo, cuando Washington
se preparaba para derrocar al gobierno de Allende, el Consejo de
Seguridad Nacional puntualizó que si Estados Unidos no lograba
controlar América Latina, no podría esperar consolidar un orden en
ninguna parte del mundo, es decir, imponer con eficacia su dominio
sobre el planeta. La credibilidad de la Casa Blanca se vería
socavada, como lo expresó Henry Kissinger. Otros también podrían
intentar salirse con la suya en el desafío si el virus chileno no
era destruido antes de que diseminara el contagio. Por tanto, la
democracia parlamentaria en Chile tuvo que irse, y así ocurrió el
primer 11 de septiembre, en 1973, que está borrado de la historia
en Occidente, aunque en términos de consecuencias para Chile y más
allá sobrepase, por mucho, los terribles crímenes del 11 de
septiembre de 2001.
Aunque las máximas de
Tucídides y Smith, y el principio de la Mafia, no dan cuenta de
todas las decisiones de política exterior, cubren una gama bastante
amplia, como también lo hace el corolario referente al papel de los
intelectuales. No son el final de la sabiduría, pero se encaminan a
él.
Con el contexto proporcionado
hasta el momento, miremos el momento unipolar, que es el tópico de
gran cantidad de discusiones académicas y populares desde que se
colapsó la Unión Soviética, hace 20 años, dejando a Estados
Unidos como la única superpotencia global en vez de ser sólo la
primera superpotencia, como antes. Aprendemos mucho acerca de la
naturaleza de la guerra fría, y del desarrollo de los
acontecimientos desde entonces, mirando cómo reacciona Washington a
la desaparición de su enemigo global, esa conspiración monolítica
y despiadada para apoderarse del mundo, como la describía Kennedy.
Unas semanas después de la
caída del Muro de Berlín, Estados Unidos invadió Panamá. El
propósito era secuestrar a un delincuente menor, que fue llevado a
Florida y sentenciado por crímenes que había cometido, en gran
medida, mientras cobraba en la CIA. De valioso amigo se convirtió
en demonio malvado por intentar adoptar una actitud desafiante y
salirse con la suya, al andarse con pies de plomo en el apoyo a las
guerras terroristas de Reagan en Nicaragua.
La invasión mató a varios
miles de personas pobres en Panamá, según fuentes panameñas, y
reinstauró el dominio de los banqueros y narcotraficantes ligados a
Estados Unidos. Fue apenas algo más que una nota de pie de página
en la historia, pero en algunos aspectos rompió la tendencia. Uno
de ellos fue que se hizo necesario contar con un nuevo pretexto, y
éste llegó rápido: la amenaza de narcotraficantes de origen
latino que buscan destruir a Estados Unidos. Richard Nixon ya había
declarado la guerra contra las drogas, pero ésta asumió un nuevo y
significativo papel durante el momento unipolar.
Sofisticación tecnológica
en el tercer mundo
La necesidad de un nuevo
pretexto guió también la reacción oficial en Washington ante el
colapso de la superpotencia enemiga. El gobierno de Bush padre
trazó el nuevo rumbo a los pocos meses: en resumidas cuentas, todo
se mantendrá bastante igual, pero tendremos nuevos pretextos.
Todavía requerimos de un enorme sistema militar, pero ahora hay un
nuevo justificante: la sofisticación tecnológica de las potencias
del tercer mundo. Tenemos que mantener la base industrial de
defensa, eufemismo para describir la industria de alta tecnología
apoyada por el Estado. Debemos mantener fuerzas de intervención
dirigidas a las regiones ricas en energéticos de Medio Oriente,
donde no haríamos responsable al Kremlin de las amenazas
significativas a nuestros intereses, a diferencia de las décadas de
engaño cuando eso ocurría.
Todo lo anterior pasó muy en
silencio, apenas si se notó. Pero para quienes confían en entender
el mundo, es bastante ilustrativo.
Como pretexto para una
intervención, fue útil invocar una guerra a las drogas, pero como
pretexto es muy estrecho. Se necesitaba uno de más arrastre.
Rápidamente las elites se volcaron a la tarea y cumplieron su
misión. Declararon una revolución normativa que confería a
Estados Unidos el derecho a una intervención por razones
humanitarias escogida por definición, por la más noble de las
razones.
Para expresarlo con sutileza,
ni las víctimas tradicionales se inmutaron. Las conferencias de
alto nivel en el Sur global condenaron con amargura "el así
llamado 'derecho' a una intervención humanitaria". Era
necesario un refinamiento adicional, por lo que se diseñó el
concepto de responsabilidad de proteger. Quienes prestan atención a
la historia no se sorprenderán al descubrir que las potencias
occidentales ejercen su responsabilidad de proteger de modo muy
selectivo, en adherencia estricta a las tres máximas descritas. Los
hechos perturban de tan obvios, y requieren considerable agilidad de
las clases intelectuales: otra reveladora historia que debo dejar de
lado.
Conforme el momento unipolar
se iluminó, otra cuestión que se puso al frente fue el destino de
la OTAN. La justificación tradicional para la organización era la
defensa contra las agresiones soviéticas. Al desaparecer la Unión
Soviética se evaporó el pretexto. Las almas ingenuas, que tienen
fe en las doctrinas del momento, habrían esperado que la OTAN
desapareciera también; por el contrario, se expandió con rapidez.
Los detalles revelan mucho acerca de la guerra fría y de lo que
siguió. A nivel más general revelan cómo se forman y ejecutan las
políticas de los estados.
A medida que se colapsó la
Unión Soviética, Mijail Gorbachov hizo una pasmosa concesión:
permitió que una Alemania unificada se uniera a una alianza militar
hostil encabezada por la superpotencia global, pese a que Alemania
por sí sola casi había destruido Rusia en dos ocasiones durante el
siglo XX. Sin embargo, fue un quid pro quo, un esto por aquello, una
reciprocidad. El gobierno de Bush prometió a Gorbachov que la OTAN
no se extendería a Alemania oriental, y que desde luego no
llegaría más al oriente. También le aseguró al mandatario
soviético que la organización se transformaría en un ente más
político. Gorbachov propuso también una zona libre de armas
nucleares desde el Ártico al Mar Negro, un paso hacia una zona de
paz que eliminara cualquier amenaza a Europa occidental u oriental.
Tal propuesta se pasó por alto sin consideración alguna.
Poco después llegó Bill
Clinton al cargo. Muy pronto se desvanecieron los compromisos de
Washington. No es necesario abundar sobre la promesa de que la OTAN
se convertiría en un ente más político. Clinton expandió la
organización hacia el este, y Bush fue más allá. En apariencia
Barack Obama intenta continuar la expansión.
Un día antes del primer viaje
de Barack Obama a Rusia, su asistente especial en Seguridad Nacional
y Asuntos Eurasiáticos informó a la prensa: No vamos a dar
seguridades a los rusos, ni a darles ni intercambiar nada con ellos
respecto de la expansión de la OTAN o la defensa con misiles.
Se refería a los programas de
defensa con misiles estadunidenses en Europa oriental y a la
posibilidad de convertir en miembros de la OTAN a dos vecinos de
Rusia, Ucrania y Georgia. Ambos pasos eran vistos por los analistas
occidentales como serias amenazas a la seguridad rusa, por lo que,
de igual modo, podían inflamar las tensiones internacionales.
Ahora, la jurisdicción de la
OTAN es todavía más amplia. El asesor de Seguridad Nacional de
Obama, el comandante de Marina James Jones, hace llamados a que la
organización se amplíe al sur y también al este, de modo que se
refuerce el control estadunidense sobre las reservas energéticas de
Medio Oriente. El general Jones también aboga por una fuerza de
respuesta de OTAN, que confiera a la alianza militar encabezada por
Estados Unidos mucho mayor capacidad y flexibilidad para efectuar
acciones con rapidez y en distancias muy largas, objetivo que ahora
Washington se empeña en lograr en Afganistán.
El secretario general de la
OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, informó a la conferencia de la
organización que las tropas de la alianza tienen que custodiar los
ductos de crudo y gas que van directamente a Occidente y, de modo
más general, proteger las rutas marinas utilizadas por los buques
cisternas y otras cruciales infraestructuras del sistema
energético. Dicha decisión expresa de forma más explícita las
políticas posteriores a la guerra fría: remodelar la OTAN para
volverla una fuerza de intervención global encabezada por Estados
Unidos, cuya preocupación especial sea el control de los
energéticos. Supuestamente, la tarea incluye la protección de un
ducto de 7 mil 600 millones de dólares que conduciría gas natural
de Turkmenistán a Pakistán e India, pasando por la provincia de
Kandahar, en Afganistán, donde están desplegadas las tropas
canadienses. La meta es bloquear la posibilidad de que un ducto
alterno brinde a Pakistán e India gas procedente de Irán, y
disminuir la dominación rusa de las exportaciones energéticas de
Asia central, según informó la prensa canadiense, bosquejando con
realismo algunos de los contornos del nuevo gran juego en el que la
fuerza de intervención internacional encabezada por Estados Unidos
va a ser un jugador principal.
Desde los primeros días
posteriores a la guerra fría, se entendía que Europa occidental
podría optar por un curso independiente, tal vez con una visión
gaullista de Europa, del Atlántico a los Urales. En este caso el
problema no es un virus que pueda diseminar el contagio, sino una
pandemia que podría desmantelar todo el sistema de control global.
Se supone que, al menos en parte, la OTAN intenta contrarrestar esa
seria amenaza. La expansión actual de la alianza, y los ambiciosos
objetivos de la nueva organización, dan nuevo empuje a esos fines.
Los acontecimientos continúan
atravesando el momento unipolar, adhiriéndose bien a los principios
que rigen los asuntos internacionales. Más en específico, las
políticas se conforman muy cerca de las doctrinas del orden mundial
formuladas por los planificadores estadunidenses de alto nivel
durante la Segunda Guerra Mundial. A partir de 1939, reconocieron
que, fuera cual fuese el resultado de la guerra, Estados Unidos se
convertiría en una potencia global y desplazaría a Gran Bretaña.
En concordancia, desarrollaron planes para que Estados Unidos
ejerciera control sobre una porción sustancial del planeta. Esta
gran área, como le llaman, habría de comprender por lo menos el
hemisferio occidental, el antiguo imperio británico, el Lejano
Oriente y los recursos energéticos de Asia occidental. En esta gran
área, Estados Unidos habría de mantener un poder incuestionable,
una supremacía militar y económica, y actuaría para garantizar
los límites de cualquier ejercicio de soberanía por parte de
estados que pudieran interferir con sus designios globales. Al
principio los planificadores pensaron que Alemania predominaría en
Europa, pero conforme Rusia comenzó a demoler la Wermacht (las
fuerzas armadas nazis), la visión se hizo más y más expansiva, y
se buscó que la gran área incorporara la mayor extensión de
Eurasia que fuera posible, por lo menos Europa occidental, el
corazón económico de Eurasia.
Se desarrollaron planes
detallados y racionales para la organización global, y a cada
región se le asignó lo que se le llamó su función. Al Sur en
general se le asignó un papel de servicio: proporcionar recursos,
mano de obra barata, mercados, oportunidades de inversión y más
tarde otros servicios, tales como recibir la exportación de
desperdicios y contaminación. En ese entonces, Estados Unidos no
estaba tan interesado en África, así que la pasó a Europa para
que explotara su reconstrucción a partir de la destrucción de la
guerra. Uno podría imaginar relaciones diferentes entre África y
Europa a la luz de la historia, pero no se tuvieron en cuenta. En
contraste, se reconoció que las reservas de petróleo de Medio
Oriente eran una estupenda fuente de poder estratégico y uno de los
premios materiales más grandes en la historia del mundo: la más
importante de las áreas estratégicas del mundo, para ponerlo en
palabras de Eisenhower. Y los planificadores se daban cuenta de que
el control del crudo de Medio Oriente proporcionaría a Estados
Unidos el control sustancial del mundo.
Quienes consideran
significativas las continuidades de la historia tal vez recuerden
que los planificadores de Truman hacían eco de las doctrinas de los
demócratas jacksonianos al momento de la anexión de Texas y de la
conquista de medio México, un siglo antes. Tales predecesores
anticiparon que las conquistas proporcionarían a Estados Unidos un
virtual monopolio del algodón, el combustible de la primera
revolución industrial: Ese monopolio, ahora asegurado, pone a todas
las naciones a nuestros pies, declaró el presidente Tyler. En esa
forma, Estados Unidos podría esquivar el disuasivo británico, el
mayor problema de esa época, y ganar influencia internacional sin
precedente.
Concepciones semejantes
guiaron a Washington en su política petrolera. De acuerdo con ella
-explicaba el Consejo de Seguridad Nacional de Eisenhower-, Estados
Unidos debe respaldar regímenes rudos y brutales y bloquear la
democracia y el desarrollo, aunque eso provoque una campaña de odio
contra nosotros, como observó el presidente Eisenhower 50 años
antes de que George W. Bush preguntara en tono plañidero por qué
nos odian y concluyera que debía ser porque odiaban nuestra
libertad.
Con respecto a América
Latina, los planificadores posteriores a la Segunda Guerra Mundial
concluyeron que la primera amenaza a los intereses estadunidenses la
representan los regímenes radicales y nacionalistas que apelan a
las masas de población y buscan satisfacer la demanda popular de
mejoramiento inmediato de los bajos estándares de vida de las masas
y el desarrollo a favor de las necesidades internas del país. Estas
tendencias entran en conflicto con las demanda de un clima
económico y político que propicie la inversión privada, con la
adecuada repatriación de las ganancias y la protección de nuestras
materias primas. Gran parte de la historia subsiguiente fluye de
estas concepciones que nadie cuestiona.
TLC, cura recomendada
En el caso especial de
México, el taller de desarrollo de estrategias para América
Latina, celebrado en el Pentágono en 1990, halló que las
relaciones Estados Unidos-México eran extraordinariamente
positivas, y que no las perturbaba ni el robo de elecciones, ni la
violencia de Estado, ni la tortura o el escandaloso trato dado o
obreros y campesinos, ni otros detalles menores. Los participantes
en el taller sí vieron una nube en el horizonte: la amenaza de
"una 'apertura a la democracia' en México", la cual,
temían, podría poner en el cargo a un gobierno más interesado en
desafiar a Estados Unidos sobre bases económicas y nacionalistas.
La cura recomendada fue un tratado Estados Unidos-México que
encerrara al vecino en su interior y proponerle las reformas
neoliberales de la década de 1980, que ataran de manos a los
actuales y futuros gobiernos mexicanos en materia de políticas
económicas.
En resumen, el TLCAN, impuesto
puntualmente por el Poder Ejecutivo en oposición a la voluntad
popular.
Y al momento en que el TLCAN
entraba en vigor, en 1994, el presidente Clinton instituía también
la Operación Guardián, que militarizó la frontera mexicana. Él
la explicó así: no entregaremos nuestras fronteras a quienes
desean explotar nuestra historia de compasión y justicia. No
mencionó nada acerca de la compasión y la justicia que inspiraron
la imposición de tales fronteras, ni explicó cómo el gran
sacerdote de la globalización neoliberal entendía la observación
de Adam Smith de que la libre circulación de mano de obra es la
piedra fundacional del libre comercio.
La elección del tiempo para
implantar la Operación Guardián no fue para nada
accidental. Los analistas racionales anticiparon que abrir México a
una avalancha de exportaciones agroindustriales altamente
subsidiadas tarde o temprano socavaría la agricultura mexicana, y
que las empresas mexicanas no aguantarían la competencia con las
enormes corporaciones apoyadas por el Estado que, conforme al
tratado, deberían operar libremente en México. Una consecuencia
probable sería la huída de muchas personas a Estados Unidos junto
con quienes huyen de los países de Centroamérica, arrasados por el
terrorismo reaganiano. La militarización de la frontera fue un
remedio natural.
Las actitudes populares hacia
quienes huyen de sus países -conocidos como extranjeros ilegales
son complejas. Prestan servicios valiosos en su calidad de mano de
obra superbarata y fácilmente explotable. En Estados Unidos las
agro empresas, la construcción y otras industrias descansan
sustancialmente en ellos, y ellos contribuyen a la riqueza de las
comunidades en que residen. Por otra parte, despiertan tradicionales
sentimientos antiemigrantes, persistente y extraño rasgo en esta
sociedad de emigrantes que arrastra una historia de vergonzoso trato
hacia ellos. Hace pocas semanas, los hermanos Kennedy fueron
vitoreados como héroes estadounidenses. Pero a fines del siglo XIX
los letreros de ni perros ni irlandeses no los habrían dejado
entrar a los restaurantes de Boston. Hoy los emprendedores
asiáticos son una fulgurante innovación en el sector de alta
tecnología. Hace un siglo, acciones racistas de exclusión
impedían el acceso de asiáticos, porque se les consideraba
amenazas a la pureza de la sociedad estadunidense.
Sean cuales fueren la historia
y las realidades económicas, los inmigrantes han sido siempre
percibidos por los pobres y los trabajadores como una amenaza a sus
empleos, sus modos de vida y su subsistencia. Es importante tener en
cuenta que la gente que hoy protesta con furia ha recibido agravios
reales. Es víctima de los programas de manejo financiero de la
economía y de globalización neoliberal, diseñados para transferir
la producción hacia fuera y poner a los trabajadores a competir
unos con otros a escala mundial, bajando los salarios y las
prestaciones, mientras se protege de las fuerzas del mercado a los
profesionales con estudios. Los efectos han sido severos desde los
años de Reagan, y con frecuencia se manifiestan de modos feos y
extremos, como muestran las primeras planas de los diarios en los
días que corren. Los dos partidos políticos compiten por ver cuál
de ellos puede proclamar en forma más ferviente su dedicación a la
sádica doctrina de que se debe negar la atención a la salud a los
extranjeros ilegales. Su postura es consistente con el principio,
establecido por la Suprema Corte, de que, de acuerdo con la ley,
esas criaturas no son personas, y por tanto no son sujetos de los
derechos concedidos a las personas. En este mismo momento la Suprema
Corte considera la cuestión de si las corporaciones deben poder
comprar elecciones abiertamente en lugar de hacerlo de modos más
indirectos: asunto constitucional complejo, porque las cortes han
determinado que, a diferencia de los inmigrantes indocumentados, las
corporaciones son personas reales, de acuerdo con la ley, y así, de
hecho, tienen derechos que rebasan los de las personas de carne y
hueso, incluidos los derechos consagrados por los tan mal nombrados
acuerdos de libre comercio. Estas reveladoras coincidencias no me
provocan comentario alguno. La ley es en verdad un asunto solemne y
majestuoso.
El espectro de la
planificación es estrecho, pero permite alguna variación. El
gobierno de Bush II fue tan lejos, que llegó al extremo del
militarismo agresivo y ejerció un arrogante desprecio, inclusive
hacia sus aliados. Fue condenado duramente por estas prácticas, aun
dentro de las corrientes principales de opinión. El segundo periodo
de Bush fue más moderado. Algunas de sus figuras más extremistas
fueron expulsadas: Rumsfeld, Wolfowitz, Douglas Feith y otros. A
Cheney no lo pudieron quitar porque él era la administración. Las
políticas comenzaron a retornar más hacia la norma. Al llegar
Obama al cargo, Condoleeza Rice predecía que seguiría las
políticas del segundo periodo de Bush, y eso es en gran medida lo
que ha ocurrido, más allá del estilo retórico diferente, que
parece haber encantado a buena parte del mundo… tal vez por el
descanso que significa que Bush se haya ido.
En el punto más candente de
la crisis de los misiles cubanos, un asesor de alto rango del
gobierno de Kennedy expresó muy bien algo que hoy es una diferencia
básica entre George Bush y Barack Obama. Los planificadores de
Kennedy tomaban decisiones que literalmente amenazaban a Gran
Bretaña con la aniquilación, pero sin informar a los británicos.
En ese punto, el asesor
definió la relación especial con el Reino Unido. "Gran
Bretaña -dijo- es nuestro teniente"; el término más de moda
hoy sería socio. Gran Bretaña, por supuesto, prefiere el término
en boga. Bush y sus cohortes se dirigían al mundo tratando a todos
como nuestros tenientes. Así, al anunciar la invasión de Irak,
informaron a Naciones Unidas que podía obedecer las órdenes
estadounidenses, o volverse irrelevante. Es natural que una
desvergonzada arrogancia así levante hostilidades.
Obama adopta un curso de
acción diferente. Con afabilidad saluda a los líderes y pueblos
del mundo como socios y únicamente en privado continúa
tratándolos como tenientes, como subordinados. Los líderes
extranjeros prefieren con mucho esta postura, y el público en
ocasiones queda hipnotizado por ella. Pero es sabio atender a los
hechos, y no a la retórica o a las conductas agradables. Porque es
común que los hechos cuenten una historia diferente. En este caso
también.
Tecnología de la
destrucción
El actual sistema mundial
permanece unipolar en una sola dimensión: el ámbito de la fuerza.
Estados Unidos gasta casi lo mismo que el resto del mundo junto en
fuerza militar, y está mucho más avanzado en la tecnología de la
destrucción. Está solo también en la posesión de cientos de
bases militares por todo el mundo, y en la ocupación de dos países
situados en cruciales regiones productoras de energéticos. En estas
regiones está estableciendo, además, enormes mega-embajadas; cada
una de ellas es en realidad es una ciudad dentro de otra: clara
indicación de futuras intenciones. En Bagdad se calcula que los
costos de la mega-embajada asciendan de mil 500 millones de dólares
este año a mil 800 millones en los años venideros. Se desconocen
los costos de sus contrapartes en Pakistán y Afganistán, como
también se desconoce el destino de las enormes bases militares que
Estados Unidos instaló en Irak.
El sistema global de bases se
comienza a extender ahora por América Latina. Estados Unidos ha
sido expulsado de sus bases en Sudamérica; el caso más reciente es
el de la base de Manta, en Ecuador, pero recientemente logró
arreglos para utilizar siete nuevas bases militares en Colombia, y
se supone que intenta mantener la base de Palmerola, en Honduras,
que jugó un papel central en las guerras terroristas de Reagan. La
Cuarta Flota estadounidense, desbandada en los años 50 del siglo
XX, fue reactivada en 2008, poco después de la invasión colombiana
a Ecuador. Su responsabilidad cubre el Caribe, Centro y Sudamérica,
y las aguas circundantes. La Marina incluye, entre sus variadas
operaciones, acciones contra el tráfico ilícito, maniobras
simuladas de cooperación en seguridad, interacciones
ejército-ejército y entrenamiento bilateral y multilateral. Es
entendible que la reactivación de la flota provoque protestas y
preocupación de gobiernos como el de Brasil, el de Venezuela y
otros.
La preocupación de los
sudamericanos se ha incrementado por un documento de abril de 2009,
producido por el comando de movilidad aérea estadounidense (US Air
Mobility Command), que propone que la base de Palanquero, en
Colombia, pueda convertirse en el sitio de seguridad cooperativa
desde el cual puedan ejecutarse operaciones de movilidad. El informe
anota que, desde Palanquero, casi medio continente puede ser
cubierto con un C-17 (un aerotransporte militar) sin recargar
combustible. Esto podría formar parte de una estrategia global en
ruta, que ayude a lograr una estrategia regional de combate y con la
movilidad de los trayectos hacia África. Por ahora, la estrategia
para situar la base en Palanquero debe ser suficiente para fijar el
alcance de la movilidad aérea en el continente sudamericano,
concluye el documento, pero prosigue explorando opciones para
extender el sistema a África con bases adicionales, todo como parte
de un sistema global de vigilancia, control e intervención.
Estos planes forman parte de
una política más general de militarización de América Latina. El
entrenamiento de oficiales latinoamericanos se ha incrementado
abruptamente en los últimos 10 años, mucho más allá de los
niveles de la guerra fría.
La policía es entrenada en
tácticas de infantería ligera. Su misión es combatir pandillas de
jóvenes y populismo radical, término este último que debe de
entenderse muy bien en América Latina.
El pretexto es la guerra
contra las drogas, pero es difícil tomar eso muy en serio, aun si
aceptáramos la extraordinaria suposición de que Estados Unidos
tiene derecho a encabezar una guerra en tierras extranjeras. Las
razones son bien conocidas, y fueron expresadas una vez más a fines
de febrero por la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y
Democracia, encabezada por los ex presidentes Cardoso, Zedillo y
Gaviria. Su informe concluye que la guerra al narcotráfico ha sido
un fracaso total y demanda un drástico cambio de política, que se
aleje de las medidas de fuerza en los ámbitos interno y externo e
intente medidas menos costosas y más efectivas.
Los estudios llevados a cabo
por el gobierno estadounidense, y otras investigaciones, han
mostrado que la forma más efectiva y menos costosa de controlar el
uso de drogas es la prevención, el tratamiento y la educación. Han
mostrado además que los métodos más costosos y menos eficaces son
las operaciones fuera del propio país, tales como las fumigaciones
y la persecución violenta. El hecho de que se privilegien
consistentemente los métodos menos eficaces y más costosos sobre
los mejores es suficiente para mostrarnos que los objetivos de la
guerra contra las drogas no son los que se anuncian. Para determinar
los objetivos reales, podemos adoptar el principio jurídico de que
las consecuencias previsibles constituyen prueba de la intención. Y
las consecuencias no son oscuras: subyace en los programas una
contrainsurgencia en el extranjero y una forma de limpieza social en
lo interno, enviando enormes números de personas superfluas, casi
todas hombres negros, a las penitenciarías, fenómeno que condujo
ya a la tasa de encarcelamiento más alta del mundo, por mucho,
desde que se iniciaron los programas, hace 30 años.
Aunque el mundo es unipolar en
la dimensión militar, no siempre ha sido así en la dimensión
económica. A principios de la década de 1970, el mundo se había
vuelto económicamente tripolar, con centros comparables en
Norteamérica, Europa y el noreste asiático. Ahora la economía
global se ha vuelto aún más diversa, en particular tras el rápido
crecimiento de las economías asiáticas que desafiaron las reglas
del neoliberal Consenso de Washington.
También América Latina
comienza a liberarse por sí sola de este yugo. Los esfuerzos
estadunidenses por militarizarla son una respuesta a estos procesos,
particularmente en Sudamérica, la cual por vez primera desde las
conquistas europeas comienza a enfrentar los problemas fundamentales
que han plagado el continente. He ahí el inicio de movimientos
encaminados a la integración de países que tradicionalmente se
orientaban hacia Occidente, no uno hacia el otro, y también un
impulso por diversificar las relaciones económicas y otras
relaciones internacionales. Están también, por último, algunos
esfuerzos serios por dar respuesta a la patología latinoamericana
de que son los estrechos sectores acaudalados los que gobiernan en
medio de un mar de miseria, quedando los ricos libres de
responsabilidades, excepto la de enriquecerse a sí mismos. Esto
último es muy diferente de Asia oriental, como se puede medir
observando la fuga de capitales. En Asia oriental tales fugas se han
controlado con mucha fuerza. En Corea del Sur, por ejemplo, durante
su periodo de rápido crecimiento, la exportación de capitales
podía acarrear la pena de muerte.
Estos procesos en América
Latina, en ocasiones encabezados por impresionantes movimientos
populares de masas, son de gran significación. No es sorpresivo que
provoquen amargas reacciones entre las elites tradicionales,
respaldadas por la superpotencia hemisférica. Las barreras son
formidables, pero, si logran remontarse, los resultados van a
cambiar en forma significativa el curso de la historia
latinoamericana, y sus impactos más allá de ella no serán
pequeños.
Traducción: Ramón Vera
Herrera
La Jornada 28-09-2009
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ROMPER
EL CERCO OPRESOR: UTOPIA Y REALIDAD
EN LA POESÍA DE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS
Manuel Larrú Salazar
-
Universidad de San Marcos
Introducción
Aunque
muchos críticos peruanos y peruanistas como Alberto Escobar (1972),
Antonio Cornejo Polar (1973), Martin Lienhard 1981), William Rowe
(1979), Roland Forgues (1989), por citar sólo algunos estudiosos de
la obra arguediana habían subrayado el intenso lirismo que aflora
en la narrativa de nuestro gran escritor, cuya filiación parece
obedecer antes que a una voluntad estilística, a la percepción de
un mundo repleto de vitalidad aun en sus componentes mínimos,
percepción que tiene como núcleo liminar un modo de asumir la
realidad desde claves culturales quechuas, visible por ejemplo en la
noción de kausay, lo viviente, aquello que alienta y unimisma al
sujeto que percibe con todo lo percibido, es en Katatay (Temblar),
el breve pero extraordinario poemario de Arguedas, donde esa fuerza
lírica y esa articulación coparticipatoria se muestra con claridad
indudable.
Este
nexo entre lenguaje y realidad fue puesto de relieve por el propio
escritor andahuaylino en
diversos trabajos y testimonios.
En su "Introducción" al poema Tupac Amaru kamaq
Taytanchisman ("A nuestro padre creador Túpac Amaru"),
dice:
"Palabras del quechua contienen con una densidad y vida
incomparable la materia del hombre y de la naturaleza y el vínculo
intenso que por fortuna
aún existe entre lo uno y lo otro. El indígena peruano está
abrigado, consolado, iluminado, bendecido por la naturaleza; su amor
y su odio, cuando son desencadenados, se precipitan por eso, con
toda esa materia, y también su lenguaje" (Arguedas 1972, 68).
Ese
amor y odio que el agente poético de Katatay desencadena haciendo
uso de la palabra quechua que al igual que la naturaleza abriga,
consuela, ilumina, están concentrados en un proyecto necesario:
"romper el cerco oEpresor" que durante siglos había
separado a las dos cumunidades lingüísticas, cerco injusto que no
sólo se traduce en marginación socio-económica, sino en el
secular conflicto entre oralidad y escritura.
Esta relación conflictiva entre ambas tecnologías comunicativas
tuvo su bautismo en el trágico encuentro de Cajamarca, graficado
por la voz suprema y sagrada del Inca y por la sagrada escritura, el
breviario, que levanta, como un pendón de Conquista, el
representante de esa letra, el padre Valverde, como atinadamente señalara
Antonio Cornejo Polar en su hermoso libro Escribir en el aire.
Pero si hiciéramos un ejercicio de imaginación y en un gran
contrapicado, en un plano general, pudiéramos espectar desde lejos
a ambos actores del drama que se estaba desarrollando en Cajamarca
veríamos, acaso, a una sola silueta, silueta dual, cuyos límites
estarían marcados por la ausencia de filtros que pudieran hacer
posible una comunicación genuina, verdadera.
Yuri Lotman, en sus estudios acerca de la semiósfera cultural,
propone que la comunicación entre dos esferas semióticas, digamos
entre dos culturas diferentes, solo
es posible cuando existen filtros traductores bilinguales que
permiten el tránsito a través de las fronteras de cada unidad
cultural. La ausencia de
estos filtros, que implica la generación, la creación como dice
Lotman, de imágenes falsas acerca del otro, o su uso incompetente,
tendrá larga consecuencia en la compleja relación entre lo indiígena
y lo criollo produciéndose, por ejemplo en la cuentística oral
quechua , relatos que justamente ponene de relieve esta problemática.
Esto es, la incapacidad de distinguir y diferenciar, de conocer al
otro, con quaien secularmente no existió una genuine comunicación.
Ilustra
lo aquí señalado el relato quechua "Hablar castellano cuesta
caro", que recoge Alejandro Ortiz Rescaniere en su ya clásico
libro De Adaneva a Inkarri.
Hablar
castellano cuesta caro
Un apretado resumen del relato nos informa que una comunidad de las
alturas de Huanta (Ayacucho) está perdiendo el litigio, por la
posesión de la tierra, que mantienen con el gamonal de la región.
Las leyes están en castellano, que ellos no hablan, y se han
dado cuenta que el tinterillo que pudieron contratar se ha vendido
al abogado del terrateniente. Entonces, reunidos en cabildo, deciden
comprar castellano en la propia mata, en Lima. Eligen a los tres más
memoriosos para este fin.
Los
tres huantinos llegan a Lima y se alojan en casa de un paisano
acriollado, quien acepta venderles castellano.
Este paisano incrementa el precio de cada palabra cuando se
da cuenta que los viajeros desconocen el valor del dinero.
Contando lo poco que han traído, los alojados ven que no les
alcanza para mucho, así que eligen tres palabras que asumen
fundamentales: “Nosotros” (Ñoqayku); “Porque queremos”
(Munaspayku), “Eso mismo queremos” (Chaytam munaspaykum).
Memorizando cada palabra retornan a su tierra, pero en las
alturas se topan con un cadáver recién degollado. Apeándose de
sus mulas se acercan y comienzan a despedir el alma de ese pobre
muerto. En eso llega la Guardia Civil; los policias, entre insultos,
los acusan del crimen. Ellos, que no comprenden esa lengua, sin
embargo perciben el problema y para aclarar las cosas deciden
utilizar el castellano recién comprado.
Ante la pregunta de un guardia: “¿Quién mató a este
pobre hombre?”, uno de los huantinos responde: “¡Nosotros!”;
“¿Por qué lo mataron?” –interroga el uniformado, “¡Porque
queremos!”, responde el otro. “¡Ahora irán a la cárcel!”,
concluye el Celador de la Ley, “¡Eso mismo queremos!”, replica
el tercer huantino.
Conducidos
ante el juez, éste les hace las mismas preguntas que hiciera el
guardia, recibiendo –por supuesto- las mismas respuestas que antes
dieran los huantinos. El
juez entonces los condena a 25 años de cárcel. El narrador de
“Hablar castellano cuesta caro”, relato contado en quechua,
concluye solicitando a los escuchas que se compadezcan de los tres
huantinos llevándoles siquiera un poco de coca a la cárcel de
Huamanga.
Este
no es un texto extraño ni inusual en la narrativa oral andina. Por
el contrario, abundan los relatos sobre el tópico de la
incomunicación lingüística (por ejemplo los publicados por Johny
Payne: Cuentos cusqueños o el testimonio de Máximo Damián en El
violín de Isua, recopilado por J. Gushikén). Un elemento común
une sin embargo a todos ellos: el lograr la jocosidad y la risa en
el auditorio, como en una operación perlocutiva, no obstante
estarse narrando una frustación o una desgracia. De ahí que en su
mayoría estos relatos tomen como actores del suceso a individuos
provenientes de zonas más ”atrasadas”, menos ”decentes”,
zonas identificadas inmediatamente por el receptor del relato que,
por tanto, es capaz de leer las claves que el texto encierra. En
rigor estos espacios se hayan ocupados por el quechua y por la
incompetencia de sus usuarios respecto del uso de la “letra”.
Asumimos aquí la noción de la letra como el lugar donde impera
semióticamente la escritura. Si bien en su conjunto en estos textos
se relieva el problema que genera el entrecruzamiento de dos
competencias, culturales y lingüísticas, parecen subrayar a través
de la risa, la parodia o el sarcasmo, la necesidad de aprehender el
funcionamiento e incluso de apropiarse de los mecanismos de dominio
del otro, en la medida que la incapacidad supone la represión, el
castigo o incluso la muerte del incompetente.
Otra
característica común a estas narraciones es la de presentar a los
actores en movimiento. Son forasteros que se ubican en el lugar de
lo ajeno sin haberse aclimatado en los múltiples usos del otro
espacio cultural. Estos
textos en los que el nivel dialógico interno presenta un grado cero
corresponden a lo que llamaremos “relatos de frontera”.
Entendemos por frontera al encuentro conflictivo de lenguajes alosémióticos
entre sí, en los que aún no se han insertado filtros que hagan
posible una traducción
Los relatos dan cuenta de la separación y el impacto, al mismo
tiempo, entre dos culturas, dos lenguas, entre oralidad y escritura.
Desde el eje de la recepción, sin embargo, implican a dos
receptores relacionados por un “locus” común: su pertenencia
a un mismo sistema cultural, aunque diferenciados por el tránsito
realizado al interior de otro espacio por uno de ellos. Desde esta
perspectiva el emisor del relato es aquél cuya competencia le
permite la distinción. Se trata, por tanto, de un sujeto
enunciatario que ha atravesado la frontera, el cerco entre dos
culturas, y se encuentra
instalado en el espacio cultural del otro.
Quisiéramos acercarnos, ahora, a los mecanismos de ruptura y
superación de tal cerco, que fluye del discurso emitido por la
intensa voz del yo-poético presente en los poemas de Katatay, el
hermoso libro de poemas de José María Arguedas , y cuya propuesta
central implica en el poemario una relación más igualitaria, capaz
de fundar una nueva realidad entre los dos grandes conformantes del
espacio social peruano: los usuarios de las tradiciones vernáculas
y los recipientarios de las hispano-criollas.
Hay que indicar de inmediato que no obstante estar escritos
originariamente en quechua, lo que supondría una acción
comunicativa hacia lectores de este idioma milenario, Arguedas
traduce la mayoría de ellos (Jesús Ruiz Durand concluyó la
traducción de "Ima Guayasamín" -"Qué Guayasamín"-
y Leo Casas tradujo el último poema de homenaje a Cuba:
"Cubapaq"), dirigiéndose entonces nuestro escritor a dos
receptores, por mucho que el "yo" poético asuma un carácter
representacional de lo quechua, con voz colectiva inicialmente:
"Estoy gritando. Soy tu pueblo, tu hiciste de nuevo mi alma;
mis lágrimas las hiciste de nuevo; mi herida ordenaste que no se
cerrara, que doliera cada vez más."
("A nuestro Padre Creador...") , o por ejemplo en
"Oda al Jet", individualmente: "Dios Padre, Dios
Hijo, Dios Espíritu Santo: no os encuentro, ya no sois, he llegado
al estadio que vuestros sacerdotes, y los antiguos, llamaron el
Mundo de Arriba. / En este mundo estoy, sentado, más cómodamente
que en ningún sitio, sobre un lomo de fuego, / hierro encendido,
blanquísimo, hecho por la mano del hombre, pez de viento"
(Arguedas, op. cit., 37). El receptor es dual y la dualidad es uno
de los signos marcados de la cultura andina.
El
Proyecto
En
el discurso general de Arguedas, en el que incluimos a su obra
narrativa, sus trabajos como antropólogo, como recopilador y
traductor de poesía oral, y a su producción poética, detectamos
el tránsito no excluyente de tres núcleos significativos, o códigos
de base: 1) el proceso de identificación, 2) el encuentro con el
otro, y 3) la transformación producida por ese encuentro.
Identificación,
encuentro y transformación constituyen unidades básicas que se
ejemplifican especialmente, aunque no únicamente, en su obra
narrativa.
Denominamos
identificación a la etapa en que Arguedas describe, desde adentro,
cómo es el mundo andino, sus conflictos, sus valores, su
estructuración. Se trata de un hacer visible y comprensible un
espacio socio-cultural asumido por la cultura hegemónica como
impenetrable, extraño, ajeno. Sobre lo andino "sólo los
acorraladores hablaban mirándola a distancia y con repugnancia o
curiosidad" afirma nuestro autor en su texto "No soy un
aculturado". (Arguedas, 1990: 256). Esta etapa, que en su obra
narrativa va desde Agua hasta Yawar Fiesta también implica,
perlocutivamente, la identificación del escritor como representante
válido de una visión del mundo.
El
periodo que llamamos encuentro con el otro, alude a un espacio
referencial de intersección y conflicto entre dos visiones del
mundo, dos culturas; situación harto problemática que debe
superarse mediante la destrucción del cerco. Esta etapa en la
narrativa se cumple con dos novelas: Los Ríos profundos y Todas las
sangres. La última secuencia que conformaría su proyecto de
quebrar "el cerco opresor", expresada mediante el núcleo
significativo que aquí
llamamos transformación, ya no sólo supone el encuentro con el
otro sino que a partir de los mencanismos de comprensión y lectura
de la realidad generados desde el mundo quechua
se interesa por el desarrollo, la transculturación y la
continuidad de lo andino en el choque producido entre ambas
culturas. Los zorros..., obra plural y polifónica, es demostrativa
de esta última etapa.
Hemos
indicado que se trata de un proceso no excluyente.
La síntesis de ese proceso- recordemos que Katatay fue
escrito entre 1962 y 1969, es decir entre los dos últimos momentos
aquí descritos de manera harto esquemática-, implica la condensación
y la profundización de ese proceso.
Universos más que narrativos, discursivos, que suponen la
identificación poética del mundo andino, con su marco de valores,
de testimonio de pervivencia, como ocurre con el Himno-canción a
Tupac Amaru, hasta su proceso transformativo, de incorporación a la
modernidad ejemplificada en la opción liberadora que trasunta
"Oda al Jet", o el poema dedicado a Cuba.
El
lenguaje poético
En
la poesía de Arguedas nos encontramos con una forma que el autor
denomina haylli-taki y que traduce como "himno-canción".
El Haylli así como el Taki, constituyen estructuras versales
provenientes de la tradición oral quechua, cuyas raíces son
prehispánicas.
Jean-Philippe Husson (1993) indica que el Haylli es una pieza
caracterizada por su ardor y alegría.
En propiedad, se trata de una forma poética cantada, acompañada
de música, de carácter triunfal, cuya estructura es interiormente
dialógica, Es decir,
implica una dualidad de emisores que en su intervención completan
el sentido del texto. La secuencia completa de este diálogo
constituye el canto triunfal y de regocijo, cuyos tema pueden ser de
corte amoroso, agrario o de adoración a los apus tutelares o dioses
montaña.
El
siguiente Haylli recogido por Guaman Poma de Ayala y citado por
Husson, es demostrativo de esta descripción:
!Ayaw
haylli, yaw haylli!
! Triunfo, triunfo!
¿Uchuyuqchu
chakrayki?
¿Lleva pimientos tu parcela?
Uchuy
tumpalla samusaq.
So color de los pimientos vendré.
¿Tikayuqchu
chakrayki?
¿Lleva flores tu parcela?
Tikay
tumpalla samusaq.
So color de las flores, vendré.
!Chaymi
Quya!
!He aquí la reina!
!Ahaylli! !triunfo!
!Chaymi
paya!
!He aquí la dama!
!Ahaylli! !Triunfo!
!Patallampi!
!En su terraza!
!Ahaylli! !Triunfo!
!Chaymi
ñusta!
!He aquíla princesa!
!Ahaylli! !Triunfo!
!Chaymi
siklla!
! He aquí la hermosa!
!Ahaylli! !Triunfo!
El
Taki a su vez implica el carácter más subjetivo e íntimo del
emisor poético. Son versos y música construidos para ser emitidos
no dialógicamente, como el Haylli, sino personalmente. Supone un
lirismo mayor que trasunta estados de ánimo del yo poético.
Lo
ejemplificaremos con esta estrofa recogida por Arguedas en su texto
Canto Kechwa (1989):
Sapay
rikukuni
Qué solo
me veo
mana
piqnillayoq
sin nadie,
sin nadie
puna
wayta jina
como flor
de la puna
llaki
llantullayoq
mi sombra nomás tengo
como flor
de la puna.
Como puede apreciarse, se trata de dos formas muy distintas
una de otra en su aparato formal, en su modulación (una
colectiva, la otra individual), en su funcionalidad y aun en su
significación. Arguedas, conocedor experto (como recopilador,
traductor y usuario) de estas formas de la retórica quechua, las
transforma completamente, hace estallar su estructura para
introducir contenidos nuevos. No es que sea sólo un renovador de la
literatura peruana producida en castellano, sino que hace también
lo propio con la tradición poética quechua.
El
poema "A nuestro padre creador Tupac Amaru" constituye un
contrapunto, una dialogía interna, entre el Haylli y el Taki.
El primero, en este poema, se caracteriza por su
narratividad, por su carácter épico, por su inserción en las
categorías míticas andinas, mientras que el segundo, Taki, por su
concisión y brevedad, su lirismo más intenso, su dimensión más
íntima. Veamos una
parte del Haylli:
"Tupac
Amaru, Amaruq churin, Apu Salkantaypa ritinmanta ruwasqa;
llantuykin, Apu suyu sombran hina sonqo ruruykupi mastarikun, may
pachakama"
"Tupac Amaru, hijo del Dios Serpiente; hecho con la nieve
del Salkantay, tu sombra llega al profundo corazón como la sombra
del dios montaña, sin cesar y sin límites".
Y una parte de un Taki en este poema:
Mayun
takisian
Está cantando el río,
tuyan
waqasian,
está llorando la calandria,
wayran
muyusian,
está dando vueltas el viento,
ichu,
tuta punchay sukasian
día y noche la paja de la estepa vibra.
Este
tratamiento renovador de la poesía quechua no supone el cambio
completo del sentido de ambas formas, sino más bien un llevarlo más
allá, una estrategia escritural para ampliar sus posibilidades
comunicativas. En efecto, si el Haylli tradicional se caracteriza
por ser una canción que incorpora el diálogo interno, en Arguedas
este diálogo supone la participación del lector; es el receptor
que se incorpora a la secuencia poética completando el sentido
triunfal del texto.
¿Cuál
es ese sentido triunfal? Ciertamente,
y como lo precisa Antonio Cornejo Polar:
"[se
trata de] la plasmación más intensa del proceso de fundación de
(una) nueva realidad y de la índole profunda del mundo que se
avecina con vigor indetenible. El haylli-taki expresa la voz plural
de los indios contemporáneos. Arguedas los sitúa en una dimensión
histórica: son los runas que han logrado sobrevivir a la opresión
secular y que ahora invaden y comienzan a dominar las ciudades que
siempre les fueron hostiles" (Cornejo, 1990:298).
Pero
la renovación del nivel formal, con el uso por ejemplo del verso
libre manteniendo un ritmo, una cadencia fónica proveniente de la
poesía oral quechua, aunque en sí misma resulte importante para
una historia de la escritura poética en este idioma, está al
servicio de una necesidad: el encuentro igualitario con el
"otro" de la cultura nacional.
Pachacuti
y Tinkuy
En
las operaciones del sistema dual andino: hanan y hurin (arriba y
abajo), existen dos mecanismos que aluden a la relación con el
otro. Los conocidos como kuti y tinkuy, y que algunos estudiosos han
denominado, con riesgo, mesianismo.
El
primero, que se realiza en la voz pachacuti, implica el relevo de
contrarios, el cambio de roles entre lo de arriba y lo de abajo, la
inversión del cosmos y del orden. El segundo,
tinkuy, alude al encuentro tensional entre ambas unidades de
la dualidad, en una suerte de danza discursiva que permite el
intercambio y la relación asimétrica.
A
lo largo de los siglos ese encuentro con el otro fue reconocido como
pachacuti: mundo al revés, como lo atestiguan la Crónica de Guaman
Poma o el movimiento Taki Onqoy.
Ese pachacuti generado por la conquista y manifestado en
todas las formas de la marginación y de la desestructuracíon del
mundo andino, es en rigor el producto
de la ausencia de intercambio equivalente.
¿Cómo
superar esta situación? ¿Cómo tender puentes posibles para el tránsito
intercultural equitativo? Toda
la literatura de Arguedas, su vida misma, su obra poética, nos
habla de ese tránsito posible.
Si
el taki onqoy, el canto de la enfermedad generada por una relación
no igualitaria, metafóricamente hablando, produjo una tradición
oral que alude al mundo al revés en la vinculación mundo
andino-mundo criollo, como ocurre en los relatos de pishtakos,
asesinos temibles, identificados siempre como blancos o mestizos, o
en Inkarri, la divinidad sumergida capaz de transformar el mundo
para superar una realidad injusta, en la poesía de Arguedas se
trata más bien de producir un wañuy onqoy, esto es, matar a la
enfermedad. El mecanismo
para ello es el tinkuy, el encuentro coparticipatorio que haga
posible el reconocimiento mutuo de las capacidades y potencialidades
de los dos actores culturales del Perú.
El
poema "Llamado a los doctores" es exactamente eso. Es la
apelación al otro para demostrarle la capacidad creativa del hombre
andino, su fuerza milenaria, en la búsqueda de una conjunción que
haga posible la fundación de un nuevo mundo. Veamos algunos
fragmentos de este poema:
"Dicen
que ya no sabemos nada, que somos el atraso, que nos han de cambiar
la cabeza por otra mejor.
Dicen
que nuestro corazón
tampoco conviene a los tiempos, que está lleno de temores, de lágrimas
(…) Dicen que algunos doctores afirman eso de nosotros; doctores
que se reproducen en nuestra misma tierra, que aquí engordan o que
se vuelven amarillos (…) ¿Qué hay a la orilla de esos ríos que
tú no conoces, doctor? Acércate a mí; levántame hasta la cabina
de tu helicóptero. Yo te invitaré el licor de mil savias
diferentes. (…) Curaré tus fatigas que a veces te nubla como bala
de plomo; te recrearé con la luz de las cien flores de quinua, con
la imagen de su danza al soplo de los
vientos (…). ¿Trabajé siglos
de años y meses para que alguien que no me conoce y a quien
no conozco me corte la cabeza con una máquina pequeña?
No,
hermanito mío. No
ayudes a afilar esa máquina contra mí, acércate, deja que te
conozca. (…) Sabemos que pretenden desfigurar nuestros rostros con
barro, mostrarnos así, desfigurados, ante nuestros hijos para que
ellos nos maten (…). No sabemos bien qué ha de pasar (…), somos
hijos del padre de todos los ríos, del padre de todas las montañas.
¿Es que ya no vale nada el mundo, hermanito doctor?"
De
este modo, el cerco opresor contra el que se levanta la escritura
apasionada de Arguedas puede ser destruido. Aprender mutuamente, el
uno del otro, es el mecanismo de salida.
El
itinerario de ese aprendizaje, desde la perspectiva quechua que
adopta el emisor poético de Katatay, supone un tránsito. Tránsito
que va desde el uso de un yo colectivo y plural que apela a la
divinidad mítica: el dios-serpiente Tupac Amaru, testimoniándole
su inserción y gradual dominio de otro espacio cultural, hasta el
uso de un yo personal, como ocurre en "Oda al Jet" o
"A Cuba", donde el agente poético ha transformado esa
dimensión mítica, de apelación al apu tutelar indígena, por una
dimensión histórica: esto es, el ser humano concreto y su
maravillosa capacidad creativa:
"El
hombre es dios. Yo soy hombre. El
hizo este incontable pez golondrina de viento", dice acerca del
Jet, "!Gracias hombre! No hijo del Dios Padre sino su hacedor.
Gracias, padre mío, mi contemporáneo. Nadie sabe hasta qué mundo
lanzarás tu flecha. Hombre
dios, mueve este pez golondrina para que tu sangre creadora se
ilumine más cada hora. (...) Que esta golondrina de oro de los
cielos fecunde otros dioses en tu corazón cada día" (Katatay,
39).
Aprendizaje del otro sin renunciar a las raíces propias. Creo
que esa es la gran enseñanza que nos propone Arguedas, cuya
actualidad es tan evidente en estos tiempos en que la tecnología y
la modernización, ciertamente necesarias, también producen confusión
sobre nuestra identidad plural y sobre nuestras raíces culturales,
sobre nuestras memorias.
José María Arguedas no sólo supo detectar la presencia de
fronteras culturales cuyo tránsito era secularmente injusto y
destructivo para uno de los componentes, el más antiguo, de la nación
(y en el fondo la misma injusticia también dañaba y oprimía al
propio agente de la opresión) sino que al proponer en su intensa
poesía la necesidad de aprender a mirarnos y reconocernos, esto es
de desarrollar las posibilidades de una articulación equitativa,
nos estaba (nos sigue) señalando una tarea integrativa necesaria y
en verdad nada utópica como algunos han querido ver, en tanto que
quebrar el cerco opresor no puede sino potenciar y enriquecer
-curar- a ese gran cuerpo vivo, el país, nutrido por todas las
sangres y tan urgido, superando sus traumas históricos y recientes,
de encontrar una vía posible para su propio desarrollo.
Bibliografía
citada
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El zorro de arriba y el zorro de abajo. Edición crítica de
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POLAR, Antonio. Los universos narrativos en José María Arguedas.
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.
Del
capitalismo como "sistema parásito"
Por: Zygmunt Bauman
"Todavía no empezamos a
pensar con seriedad en la sustentabilidad de nuestra sociedad
impulsada a crédito y consumo", afirma el sociólogo polaco.
Para el autor de Modernidad líquida gobiernos e instituciones han
aprendido muy poco de la crisis económica reciente: la respuesta a
la quiebra fue endeudarse aun más. Por
º Tal como el reciente
"tsunami financiero" demostró a millones de personas que
creían en los mercados capitalistas y en la banca capitalista como
métodos evidentes para la resolución exitosa de problemas, el
capitalismo se especializa en la creación de problemas, no en su
resolución.
Al
igual que los sistemas de los números naturales del famoso teorema
de Kurt Gödel, el capitalismo no puede ser al mismo tiempo
coherente y completo. Si es coherente con sus propios principios,
surgen problemas que no puede abordar; y si trata de resolverlos, no
puede hacerlo sin caer en la falta de coherencia con sus propias
premisas. Mucho antes de que Gödel escribiera su teorema, Rosa
Luxemburgo publicó su estudio sobre la "acumulación
capitalista" en el que sugería que el capitalismo no puede
sobrevivir sin economías "no capitalistas"; puede
proceder según sus principios siempre cuando haya "territorios
vírgenes" abiertos a la expansión y la explotación, si bien
cuando los conquista con fines de explotación, el capitalismo los
priva de su virginidad precapitalista y de esa forma agota las
reservas que lo nutren. En buena medida es como una serpiente que se
devora la cola: en un primer momento la comida abunda, pero pronto
se hace cada vez más difícil de tragar, y poco después no queda
nada que comer ni tampoco quien lo coma...
El capitalismo es en esencia
un sistema parásito. Como todos los parásitos, puede prosperar un
tiempo una vez que encuentra el organismo aún no explotado del que
pueda alimentarse, pero no puede hacerlo sin dañar al anfitrión ni
sin destruir tarde o temprano las condiciones de su prosperidad o
hasta de su propia supervivencia.
Rosa Luxemburgo, que escribió
en una era de imperialismo rampante y conquista territorial, no pudo
prever que las tierras premodernas de continentes exóticos no eran
los únicos posibles "anfitriones" de los que el
capitalismo podía alimentarse para prolongar su vida e iniciar
sucesivos ciclos de prosperidad. El capitalismo reveló desde
entonces su asombroso ingenio para buscar y encontrar nuevas
especies de anfitriones cada vez que la especie explotada con
anterioridad se debilitaba. Una vez que anexó todas las tierras
vírgenes "precapitalistas", el capitalismo inventó la
"virginidad secundaria". Millones de hombres y mujeres que
se dedicaban a ahorrar en lugar de a vivir del crédito fueron
transformados con astucia en uno de esos territorios vírgenes aún
no explotados.
La introducción de las
tarjetas de crédito fue el indicio de lo que se avecinaba. Las
tarjetas de crédito habían hecho irrupción en el mercado con una
consigna elocuente y seductora: "elimine la espera para
concretar el deseo". ¿Se desea algo pero no se ahorró lo
suficiente para pagarlo? Bueno, en los viejos tiempos, que por
fortuna ya quedaron atrás, había que postergar las satisfacciones
(esa postergación, según Max Weber, uno de los padres de la
sociología moderna, era el principio que hizo posible el
advenimiento del capitalismo moderno): ajustarse el cinturón,
negarse otros placeres, gastar de manera prudente y frugal y ahorrar
el dinero que se podía apartar con la esperanza de que con el
debido cuidado y paciencia se reuniría lo suficiente para concretar
los sueños.
Gracias a Dios y a la
benevolencia de los bancos, ya no es así. Con una tarjeta de
crédito, ese orden se puede invertir: ¡disfrute ahora, pague
después! La tarjeta de crédito nos da la libertad de manejar las
propias satisfacciones, de obtener las cosas cuando las queremos, no
cuando las ganamos y podemos pagarlas.
A los efectos de evitar
reducir el efecto de las tarjetas de crédito y del crédito fácil
a sólo una ganancia extraordinaria para quienes prestan, la deuda
tenía que (¡y lo hizo con gran rapidez!) transformarse en un
activo permanente de generación de ganancia. ¿No puede pagar su
deuda? No se preocupe: a diferencia de los viejos prestamistas
siniestros, ansiosos de recuperar lo que habían prestado en el
plazo fijado de antemano, nosotros, los modernos prestamistas
amistosos, no pedimos el reembolso de nuestro dinero sino que le
ofrecemos darle aun más crédito para devolver la deuda anterior y
quedarse con algún dinero adicional (vale decir, deuda) para pagar
nuevos placeres. Somos los bancos a los que les gusta decir
"sí". Los bancos amistosos. Los bancos sonrientes, como
afirmaba uno de los comerciales más ingeniosos.
La trampa
del crédito
Lo que ninguno de los
comerciales declaraba abiertamente era que en
realidad los bancos no querían que sus deudores reembolsaran los
préstamos. Si los deudores devolvieran con puntualidad lo prestado,
ya no estarían endeudados. Es su deuda (el interés mensual que se
paga sobre la misma) lo que los prestamistas modernos amistosos (y
de una notable sagacidad) decidieron y lograron reformular como la
fuente principal de su ganancia ininterrumpida. Los clientes que
devuelven con rapidez el dinero que pidieron son la pesadilla de los
prestamistas. La gente que se niega a gastar dinero que no ganó y
se abstiene de pedirlo prestado no resulta útil a los prestamistas,
así como tampoco las personas que (motivadas por la prudencia o por
un sentido anticuado del honor) se apresuran a pagar sus deudas a
tiempo. Para beneficio suyo y de sus accionistas, los bancos y
proveedores de tarjetas de crédito dependen ahora de un
"servicio" ininterrumpido de deudas y no del rápido
reembolso de las mismas. Por lo que a ellos concierne, un
"deudor ideal" es el que nunca reembolsa el crédito por
completo. Se pagan multas si se quiere reembolsar la totalidad de un
crédito hipotecario antes del plazo acordado... Hasta la reciente
"crisis del crédito", los bancos y emisores de tarjetas
de crédito se mostraban más que dispuestos a ofrecer nuevos
préstamos a deudores insolventes para cubrir los intereses impagos
de créditos anteriores. Una de las principales compañías de
tarjetas de crédito de Gran Bretaña se negó hace poco a renovar
las tarjetas de los clientes que pagaban la totalidad de su deuda
cada mes y, por lo tanto, no incurrían en interés punitorio
alguno.
Para resumir, la "crisis
del crédito" no fue resultado del fracaso de los bancos. Al
contrario, fue un resultado por completo esperable, si bien
inesperado, el fruto de su notable éxito: éxito en lo relativo a
transformar a la enorme mayoría de los hombres y mujeres, viejos y
jóvenes, en un ejército de deudores. Obtuvieron lo que querían
conseguir: un ejército de deudores eternos, la auto perpetuación
de la situación de "endeudamiento", mientras que se
buscan más deudas como la única instancia realista de ahorro a
partir de las deudas en que ya se incurrió.
Ingresar a esa situación se
hizo más fácil que nunca en la historia de la humanidad, mientras
que salir de la misma nunca fue tan difícil. Ya se tentó, sedujo y
endeudó a todos aquellos a los que podía convertirse en deudores,
así como a millones de otros a los que no se podía ni debía
incitar a pedir prestado.
Como en todas las mutaciones
anteriores del capitalismo, también esta vez el Estado asistió al
establecimiento de nuevos terrenos fértiles para la explotación
capitalista: fue a iniciativa del presidente Clinton que se
introdujeron en los Estados Unidos las hipotecas subprime
auspiciadas por el gobierno para ofrecer crédito para la compra de
casas a personas que no tenían medios para reembolsar esos
préstamos, y para transformar así en deudores a sectores de la
población que hasta el momento habían sido inaccesibles a la
explotación mediante el crédito...
Sin embargo, así como la
desaparición de la gente descalza significa problemas para la
industria del calzado, la desaparición de la gente no endeudada
anuncia un desastre para el sector del crédito. La famosa
predicción de Rosa Luxemburgo se cumplió una vez más: otra vez el
capitalismo estuvo peligrosamente cerca del suicido al conseguir
agotar la reserva de nuevos territorios vírgenes para la
explotación...
Hasta ahora, la reacción a la
"crisis del crédito", por más impresionante y hasta
revolucionaria que pueda parecer una vez procesada en los titulares
de los medios y las declaraciones de los políticos, fue "más
de lo mismo", con la vana esperanza de que las posibilidades
vigorizadoras de ganancia y consumo de esa etapa aún no se hayan
agotado por completo: un intento de recapitalizar a los prestadores
de dinero y de hacer que sus deudores vuelvan a ser dignos de
crédito, de modo tal que el negocio de prestar y tomar prestado, de
endeudarse y permanecer así, pueda retornar a lo
"habitual".
El Estado benefactor para los
ricos (que, a diferencia de su homónimo para los pobres, nunca vio
cuestionada su racionalidad, y mucho menos interrumpidas sus
operaciones) volvió a los salones de exposición tras abandonar las
dependencias de servicio a las que se había relegado sus oficinas
de forma temporaria para evitar comparaciones envidiosas.
Lo que los bancos no podían
obtener -por medio de sus habituales tácticas de tentación y
seducción-, lo hizo el Estado mediante la aplicación de su
capacidad coercitiva, al obligar a la población a incurrir de forma
colectiva en deudas de proporciones que no tenían precedentes:
gravando/hipotecando el nivel de vida de generaciones que aún no
habían nacido...
Los músculos del Estado, que
hacía mucho tiempo que no se usaban con esos fines, volvieron a
flexionarse en público, esta vez en aras de la continuación del
juego cuyos participantes hacen que esa flexión se considere
indignante, pero inevitable; un juego que, curiosamente, no puede
soportar que el Estado ejercite sus músculos pero no puede
sobrevivir sin ello.
Ahora, centenares de años
después de que Rosa Luxemburgo diera a conocer su pensamiento,
sabemos que la fuerza del capitalismo reside en su asombroso ingenio
para buscar y encontrar nuevas especies de anfitriones cada vez que
la especie que se explotó antes se debilita demasiado o muere, así
como en la expedición y la velocidad virulentas con que se adapta a
las idiosincrasias de sus nuevas pasturas. En el número de
noviembre de 2008 de The New York Review of Books (en el
artículo "La crisis y qué hacer al respecto"), el
inteligente analista y maestro del arte del marketing George Soros
presentó el itinerario de las empresas capitalistas como una
sucesión de "burbujas" de dimensiones que excedían en
mucho su capacidad y explotaban con rapidez una vez que se alcanzaba
el límite de su resistencia.
La "crisis del
crédito" no marca el fin del capitalismo; sólo el agotamiento
de una de sus sucesivas pasturas... La búsqueda de un nuevo prado
comenzará pronto, tal como en el pasado, alentada por el Estado
capitalista mediante la movilización compulsiva de recursos
públicos (por medio de impuestos en lugar de a través de una
seducción de mercado que se encuentra temporariamente fuera de
operaciones). Se buscarán nuevas "tierras vírgenes" y se
intentará por derecha o por izquierda abrirlas a la explotación
hasta que sus posibilidades de aumentar las ganancias de accionistas
y las bonificaciones de los directores quede a su vez agotada.
Como siempre (como también
aprendimos en el siglo XX a partir de una larga serie de
descubrimientos matemáticos desde Henri Poincaré hasta Edward
Lorenz) un mínimo paso al costado puede llevar a un precipicio y
terminar en una catástrofe. Hasta los más pequeños avances pueden
desencadenar inundaciones y terminar en diluvio...
Los anuncios de otro
"descubrimiento" de una isla desconocida atraen multitudes
de aventureros que exceden en mucho las dimensiones del territorio
virgen, multitudes que en un abrir y cerrar de ojos tendrían que
volver corriendo a sus embarcaciones para huir del inminente
desastre, esperando contra toda esperanza que las embarcaciones
sigan ahí, intactas, protegidas...
La gran pregunta es en qué
momento la lista de tierras disponibles para una
"virginización secundaria" se agotará, y las
exploraciones, por más frenéticas e ingeniosas que sean, dejarán
de generar respiros temporarios. Los mercados, que están dominados
por la "mentalidad cazadora" líquida moderna que
reemplazó a la actitud de guardabosques premoderna y a la clásica
postura moderna de jardinero, seguramente no se van a molestar en
plantear esa pregunta, dado que viven de una alegre escapada de caza
a otra como otra oportunidad de posponer, no importa qué tan
brevemente ni a qué precio, el momento en que se detecte la verdad.
Todavía
no empezamos a pensar con seriedad en la sustentabilidad de nuestra
sociedad impulsada a crédito y consumo. "El regreso a la
normalidad" pronostica un regreso a vías malas y siempre
peligrosas. La intención de hacerlo es alarmante: indica que ni la
gente que dirige las instituciones financieras, ni nuestros
gobiernos, llegaron al fondo del problema con sus diagnósticos, y
mucho menos con sus actos.
Parafraseando a Héctor Sants,
el director de la Autoridad de Servicios Financieros, que hace poco
confesó la existencia de "modelos empresarios mal equipados
para sobrevivir al estrés (...), algo que lamentamos", Simon
Jenkins, un analista de The Guardian de extraordinaria agudeza,
observó que "fue como si un piloto protestara porque su avión
vuela bien a excepción de los motores". Bauman Básico | Znan
(Polonia), 1925, Sociólogo.
Formado en la Universidad de
Varsovia, donde enseñó hasta que las purgas antisemitas del
gobierno lo obligaron a exiliarse, Bauman desarrolló en Israel,
EE.UU. e Inglaterra (donde es profesor emérito) sus estudios sobre
la relación estrecha entre holocausto y modernidad. Desde los años
90 trabaja la contraposición entre una pasada Modernidad sólida y
la actual, como una Modernidad "líquida", caracterizada
por la incapacidad de individuos e instituciones de solidificar sus
lazos. Entre sus libros se destacan Modernidad líquida y El arte de
la vida. [giecoleon]
Fuente:
Revista Ñ
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DE
QUIMERAS Y CHIMÉRICAS
RELACION
CHINA-USA 
Por: Juan Eugenio Corradi
La relación
China-Estados Unidos (Chimérica) se ha vuelto problemática,
mientras que las nuevas relaciones entre China y América Latina
(Chiméricas) se vuelve una realidad promisoria. Nace un mundo nuevo
con perspectivas de desarrollo insospechadas en el pasado. El
desarrollo del Brasil ejemplifica el nuevo mundo; el de México
ejemplifica los antiguos problemas de la dependencia.
En un capítulo de
mi libro Los hilos del desorden (Opinión Sur, 2006) traté
de presentar de manera anecdótica y folclórica los principales
contornos de una nueva división internacional del trabajo que
combinaba los intereses de los Estados Unidos y de China. Las
exportaciones chinas y el consumo norteamericano impulsaban entonces
a toda la economía mundial. Desde el año 2000 en adelante, esa
simbiosis produjo tasas de crecimiento robustas en los Estados
Unidos y tasa espectaculares para China. Parecía, de primera
impresión, que en ese negocio ganaban todos. Sin embargo, cuando me
puse a mirar en forma pormenorizada a esa relación, pude constatar
que tenía rasgos extraños y desequilibrados. 
Ya en 2005, para un
observador que no se dejase obnubilar por la exuberancia irracional
de los mercados, el arreglo se había hecho muy poco sostenible. El
desequilibrio en los términos de intercambio era tal que anunciaba
una crisis. El acuerdo sino-americano se reducía a la extensión de
una larga línea de crédito por parte de la República Popular
China a los Estados Unidos para que los norteamericanos pudiese
consumir a un nivel superior al de sus medios, es decir, mucho más
allá de sus ingresos reales. Se trataba de una indulgencia por la
que los propios Estados Unidos habían castigado a los países
latinoamericanos durante muchos años. Esta vez, parecía que los
norteamericanos habían contraído, y con creces, el hábito
dispendioso de sus vecinos del sur.
Por largo tiempo,
el control del gasto excesivo era el meollo de las recetas de
estabilización pregonadas e impuestas por el Fondo Monetario
Internacional en los países en vías de desarrollo, bajo la
influencia indiscutida de los Estados Unidos. Con frecuencia se
traducían en políticas pro-cíclicas que dejaron a más de un
país en la cuneta. Esta experiencia desagradable y asaz repetida
mostró, a la larga, que "ser prudente" en circunstancias
criticas no es nada prudente. Se confirmó la sentencia del poeta
William Blake: "Prudencia es una vieja rica, solterona y fea a
quien le hace la corte un señor llamado Incapaz."
La situación es
muy distinta hoy en día. Los países latinoamericanos han ordenado
sus cuentas. Son las economías centrales las que hoy reciben las
viejas recetas prudenciales y las que deberán tarde o temprano
tomar la amarga medicina que otrora dispensaban a los países en
vías de desarrollo. El 3 de noviembre de 2009 el Fondo Monetario
Internacional advirtió a los bancos centrales de los países
industrializados: "Si bien seria prematuro comenzar a abandonar
el soporte financiero, los gobiernos no deben dudar en anunciar una
estrategia de salida ya en este momento." En esencia ese fue un
llamado a la austeridad fiscal, aunque matizado por el riesgo de que
un ajuste de cinturón prematura podría detener la recuperación.
Este es un dilema nuevo para los países avanzados. Para los
latinoamericanos, ser trata de un terreno peligroso pero bien
conocido.
Durante los
gloriosos años de la globalización reciente, los historiadores
Niall Ferguson y Moritz Schularick inventaron el vocablo
"Chimérica" para referirse a la combinación de las
economías china y norteamericana, respectivamente. La expresión
suscitó interés en la intelectualidad occidental y entre los
periodistas también. Recientemente, los autores nos advierten que
eligieron el vocablo porque "creímos que el binomio era una
quimera -un híbrido monstruoso como la bestia de leyenda: en parte
un león, en parte una cabra, en parte una víbora," y
agregaron una advertencia sombría: "Ahora estamos presenciando
los estertores de agonía de aquel monstruo." La causa de su
muerte es simple: no existe una línea de crédito infinita, y los
norteamericanos han llegado al final de la suya. De ahora en
adelante deberán consumir menos y ahorrar más para poder salir del
hueco de deudas en el que se han enterrado. Y efectivamente, la
crisis económica mundial comenzó con un cierre del crédito. La
consecuencia más grave e inmediata ha sido la deflación. De ahí
el recurso a medidas desesperadas de rescate financiero y los
distintos programas de estímulo improvisados para reflotar la
economía y restablecer el intercambio. Sin embargo, ese proceso de
"cura" llevara largo tiempo, y en el mejor de los
escenarios proyectivos las tasas futuras de crecimiento en casi todo
el mundo serán modestas. El proceso más significativo del periodo
actual es el re-equilibrio en el crecimiento.
¿Cuál será el
perfil de tal re-equilibrio en las distintas partes del planeta?
¿Qué desalineamientos y nuevos alineamientos geopolíticos se
sucederán? El futuro no es predecible porque depende de la acción
y la elección. Se presenta, eso si, como un terreno de senderos que
se bifurcan. Me ocupare aquí de dos bifurcaciones: del futuro de la
mentada "Chimérica", y en consecuencia, de las opciones
que se presentan a los diversos países latinoamericanos. Más
precisamente, me pregunto si existe la opción
"Chiméricas", es decir China y las Américas al sur del
Rio Grande.
Para comenzar,
¿cuáles son las perspectivas de Chimérica? ¿Quiénes ganan y
quienes pierden en este problemático matrimonio? Como señalan
Ferguson y Schularick, "Con el 13 por ciento (combinados) de la
superficie de la superficie física del mundo y con un cuarto de su
población, Chimérica sin embargo se atribuyó un tercio de la
producción global y dos quintos del crecimiento mundial entre 1998
y 2007." Es impresionante.
Pero si
desagregamos esas cifras y analizamos el impacto diferencial entre
los socios, llegamos rápidamente al meollo problemático de su
asociación. Los Estados Unidos pudieron mantener un alto nivel de
vida y la apariencia de un crecimiento sano (tanto en productividad
como en el PBI) gastando en exceso de su ingreso nacional, emitiendo
deuda en su propia moneda, un sesgo que ayudó mucho a prolongar el
simulacro de prosperidad. Una vez alcanzado el limite sostenible del
endeudamiento privado (hoy transferido en parte importante al sector
público) deberá reconvertir su economía y dedicarse mucho más a
producir bienes tangibles, no ficticios, en el comercio mundial.
Tiene el potencial para hacerlo en varias áreas estratégicas: el
sector aeroespacial, innovaciones bio-médicas, energía
alternativa, y servicios especializados, al mismo tiempo que es
capaz de mantener la delantera en tecnologías de información y
comunicación. Todos estos sectores tienen un fuerte componente
militar, lo que le da una ventaja importante a los EE.UU. en la
medida en que el país continúe a producir, aunque con bastante
desperdicio y errores, un bien público global, a saber, la
seguridad internacional (no tenemos espacio en esta nota para
describir la transición entre el imperialismo clásico y la
seguridad global).
Para los Estados
Unidos, el desafío es considerable, ya que se trata de hacer marcha
cuesta arriba en un contexto económico depresivo. Durante los
alegres años del consumo exagerado, los EE.UU. dejaron de ocuparse
de tres sectores fundamentales: las educación básica, la salud
pública, y la infraestructura física. Tomaré la educación como
ejemplo ilustrativo. En el siglo 19, la educación publica en
Norteamérica fue todo un éxito y una inspiración para el resto
del mundo. Los planes y las propuestas de Horace Mann inspiraron al
estadista argentino Domingo Faustino Sarmiento, a desarrollar un
programa de educación publica y gratuita, en los niveles primario y
secundario, que fue el primero en América Latina y que le dio a la
Argentina una ventaja de desarrollo por encima de sus hermanas
repúblicas, ya que mantuvo la delantera en desarrollo social y
económico aun en los periodos de decadencia posteriores. Avancemos
ahora hacia el siglo 21. En el año 2006, en un ranking de capacidad
y desempeño escolar de jóvenes de 15 anos en 30 países
industrializados, los adolescentes norteamericanos ocupaban tan solo
el puesto número 21 en ciencias y el 25 en matemáticas. En otras
palabras, los EE.UU. se han retrasado en forma notable. Las cifras
para la Argentina son igualmente alarmantes.
Este fenómeno no
es ni único ni nuevo. Ha sido estudiado por una disciplina que se
llama economía institucional comparada. Se han ofrecido varias
explicaciones al respecto. Por ejemplo, el economista Thorstein
Veblen explicó como los países de desarrollo industrial tardío
hacían grandes avances en materia de tecnología y superaban a los
viejos países industriales que habían inventado esa tecnología en
primer lugar. En ellos la necesidad de proteger los valores
nominales capitalizados de la inversión era un obstáculo al
desarrollo de nuevas iniciativas e innovaciones tecnológicas. Tal
es el caso hoy de los Estados Unidos y de algunos países europeos.
Veblen hacía hincapié en la influencia negativa de algunas
estructuras de propiedad y en la concentración financiera de los
países que perdían impulso.
Veblen sostenía
que otros países crecían con gran velocidad por no tener el lastre
del desarrollo previo. Llamó a este fenómeno: "la penalidad
de los pioneros." En su época (1915) el país
"emergente" más fuerte era la Alemania Imperial. En
nuestra época es sin duda la República Popular China. Son países
que, en su momento, se vieron libres de restricciones por no tener
que mantener una vieja trama de capital invertido. Dan un salto por
sobre los países de desarrollo anterior.
Por su parte, el
teórico de la acción colectiva Mancur Olson, en su libro Auge y
Decadencia de las Naciones (1982) elaboró la tesis de Veblen,
imprimiéndole un carácter más sociológico. Olson sostenía que a
medida que pasa el tiempo, en varios países desarrollados se forman
coaliciones distribucionistas, como por ejemplo la coalición de
granjeros del algodón en el sector agrario, o de los productores de
acero en el sector industrial, o de fuertes sindicatos en el sector
del mercado de trabajo, que tienen un poderoso incentivo para formar
grupos de presión y así influenciar diversas políticas a su
favor. Esas políticas tienden a ser proteccionistas y a resistir la
innovación tecnológica, y por lo tanto comprometen el desarrollo
económico general de un país.
Pero, como los
beneficios sectoriales de esas políticas se concentran en unas
pocas coaliciones mientras el peso negativo se diluye en toda la
sociedad, los grupos de interés no encuentran gran resistencia
pública en su actuar. Es una ley del comportamiento que Olson
denomina "la lógica de la acción colectiva" (que es
asimétrica). A medida que pasa el tiempo, se acumulan las
coaliciones distribucionistas y el país que las cobija entra en un
proceso de decadencia económica.
Podemos sacar un
corolario práctico de esta tesis. La dificultad que hoy encuentra
una reforma cabal y sostenida del modelo económico en los países
de capitalismo occidental tardío se debe a lo siguiente: las buenas
políticas se ven obstaculizadas por la mala política, y la mala
política está enraizada en un sistema bloqueado de intereses
contrapuestos.
China,
al contrario, aprovechó su relación desequilibrada con los Estados
Unidos para desarrollar una base industrial formidable. Es
posiblemente el caso más impresionante de industrialización de la
historia universal. La industrialización a su vez trajo a cientos
de millones de campesinos a trabajar como obreros en las ciudades.
Generó también una nueva clase media, baja sin duda y por el
momento, pero de enorme peso numérico (estos estratos son
equivalentes a la población total de los Estados Unidos). El
"casamiento de conveniencia" con los Estados Unidos tal
vez no dure mucho más, pero entretanto ha desarrollado en forma
espectacular todas las dimensiones del "capital" en China:
capital económico, capital social, capital cultural, y capital
simbólico, más allá del sueño más audaz de los revolucionarios
más avizores. Si bien Marx primero y Mao después enfatizaron el
carácter revolucionario del capitalismo, jamás se les ocurrió
pensar que el comunismo desarrollista seria una manera de
"quemar etapas" para llegar a un capitalismo avanzado y
dinámico. Sin embargo fue así, a partir del "giro
copernicano" que imprimió Deng Xiao Ping a China.
Sin duda el
progreso chino ha acarreado un costo considerable y hoy da señales
de stress estructural: el medio ambiente ha sido muy dañado, el
gobierno es autoritario aunque menos totalitario que antes, el
régimen se muestra nervioso e irritado frente a cualquier atisbo de
oposición, no se respetan los derechos humanos, y la población
envejece. Todo esto tenderá a la larga a frenar el impulso
económico. Pero el impulso es hasta el momento impresionante.
Separarse del modelo "Chimérica" será difícil y no muy
rápido. Pero representa una tarea fascinante, ya que tarde o
temprano China desarrollará su mercado interno, el nivel de vida
mejorará para las grandes mayorías, y lo hará de manera más
respetuosa del medio ambiente que lo que hizo en una etapa
equivalente el mundo occidental -aunque sólo sea por necesidad.
En ese sentido,
China tiene algo que aprender del Brasil. A pesar de una notable
reducción de la pobreza, el coeficiente Gini de desigualdad de
ingresos ha aumentado en China mientras que ha disminuido en Brasil.
De acuerdo con las cifras del economista Francisco Ferreira del
Banco Mundial, Brasil ha reducido las brecha de ingresos unos 6
puntos porcentuales desde 2001 -más que toda América Latina en
esta década. Mientras el 10 por ciento del sector de más altos
ingresos vio incrementar su ingreso acumulativo en un 7 por ciento
del 2001 al 2006, la base de la pirámide social (el 10 por ciento
de más bajos ingresos) tuvo un aumento acumulativo del 58 por
ciento, de acuerdo con los cálculos de Marcelo Cortes Neri,
director del Centro de Políticas Sociales de la Fundación Getulio
Vargas en Rio de Janeiro (1).
Para China, una
estrategia de corte brasileño sería buena para las masas y buena
para la economía, a medida que el país se libere de su dependencia
excesiva de las exportaciones, es decir del "desarrollo hacia
afuera," y centra su economía en la estrategia que hizo en
otra época el milagro norteamericano. Porque debemos recordar,
mientras hoy recorremos las ruinas industriales de ciudades
norteamericanas como Detroit, que los Estados Unidos fueron en su
época un lugar donde se producían objetos tangibles, donde se
generaban puestos de trabajo sólidos y seguros, donde se pagaban
buenos salarios, y donde la producción en masa para el mercado
interno era escuela para el resto del mundo y la cuna de una pujante
clase media.
En la próxima
transición hacia una sociedad industrial más prospera y compleja,
China encontrará otros socios de intercambio, y socios en la
producción de bienes y servicios, y flujos de personas y de ideas
con otras naciones. Algunas de éstas serán precisamente los
países de América Latina, con los que los lazos se harán más
estrechos y densos que los que ya existen. Se abre la perspectiva
halagüeña de un mundo multipolar, en el que puede sobresalir la
relación China-América Latina, que cabe bautizar con la sigla
"Chiméricas." 
Algunos países
latinoamericanos ya están en pleno proceso de estrechar esos lazos.
Como sostiene el economista argentino Carlos Garramon en un reciente
artículo publicado en Opinión Sur, los países latinoamericanos
productores de commodities están en una posición
estratégica muy favorable para encontrar en China un socio fuerte,
a medida que ese país reemplace a los Estados Unidos como
locomotora de la recuperación económica mundial. Solamente el Cono
Sur produce un alto porcentaje mundial de granos, carnes y
minerales, y tiene reservas energéticas que rivalizan con las del
Medio Oriente. Y el Cono Sur tiene, por añadidura, un país de
tamaño continental equiparable a China continental. China y Brasil
son dos gigantes antes dormidos que han despertado en nuestra
época. Brasil es ya uno de los países más atractivos del conjunto
de los BRICs: ha alcanzado un cierto grado de diversidad económica,
de estabilidad política, y de continuidad democrática, que puede
conjugar con las ventajas de la economía de escala.
Las nueva clase
media brasileña impulsa no sólo el mercado interno sino que
dinamiza también las economías de los países vecinos. Brasil es
un gran polo económico regional. Al mismo tiempo Brasil tiene por
lo general buenas relaciones con los Estados Unidos, por lo que es
capaz de mediar en los conflictos más agudos que a veces surgen
entre los EEUU y otros países latinoamericanos. Hay más: Brasil,
junto a varios otros países de la región, esta en condiciones de
capear la tormenta económica que se ha desencadenado en el planeta
por tener sus cuentas en orden. Debemos recordar al respecto que
para los países latinoamericanos, la crisis es una crisis de
comercio más que una crisis financiera. Como concluye Garramon, en
un futuro cercano la recuperación asomará temprano en
Latinoamérica, con tasas de crecimiento del orden del 3 al 4 por
ciento. El 2010, año del bicentenario, se muestra más promisorio
en América Latina que en otras regiones. Y es justamente con las
otras regiones prósperas, en especial China, que se formaran nuevas
alianzas productivas y comerciales.
Al contrario de
Chimérica, las Chiméricas no son quimeras. omo prueba a contrario
de esta tesis, citaré para concluir, el caso de México, que es el
caso estructuralmente negativo entre los grandes países
latinoamericanos en el escenario posterior a la crisis. Desde que
abrió su rígido sistema político y al mismo tiempo su economía a
través de la Asociación de Libre Comercio de América del Norte
(ALCA; NAFTA en ingles), México ató sus destinos muy estrechamente
al de los Estados Unidos. La relación, ambigua en su desarrollo, se
ha vuelo un freno para el potencial de crecimiento justo y
equilibrado de México en el contexto de la crisis actual. En el
pasado, las crisis financieras mexicanas terminaban en un rescate de
su economía por parte del gran vecino del norte.
En la crisis
actual, originaria en los Estados Unidos, México no logra zafar de
la caída por estar precisamente atado a la economía
norteamericana. La situación es aun más difícil porque a causa de
su relación bilateral con los EE.UU. México se dio el lujo de
postergar reformas internas que hoy le hubiesen abierto vías
alternativas de desarrollo. En otras palabras, la asociación
demasiado estrecha con el Norte ha terminado aislando a México de
otras regiones del mundo. La recuperación mexicana depende, mucho
más que la de otros países latinoamericanos, de la recuperación
norteamericana, y ésta se hace esperar. El tratado de libre
comercio trajo a México inversiones industriales de frontera que
aprovechaban la gran diferencia en costos laborales: maquilas,
automotores, construcción y turismo fueron motores de un
crecimiento que dependía del consumo norteamericano. Por otra
parte, la gran desigualdad social y la proximidad geográfica
hicieron de México un exportador masivo de mano de obra, y una
economía dependiente de las remesas de sus emigrantes. Con la
crisis, todos esos valores positivos se han invertido y hasta los
emigrantes hoy dependen de la ayuda de sus familiares en México.
Al contrario del
Brasil y de otros países grandes de América Latina, México entró
en recesión muy temprano y tardará más tiempo en salir de ella.
Se encuentra en desventaja porque en el pasado desatendió otros
lazos que no fueran norteamericanos. Al final de cuentas, ALCA
resultó una quimera, mientras que la opción Chiméricas se esta
volviendo una realidad. ALCA no trajo cambios positivos en la
estructura económica y social mexicana. Al contrario, permitió la
supervivencia de monopolios y oligopolios, y de una arcaica
organización laboral, justo cuando la reforma de esas estructuras
le hubiese permitido salir airoso de la crisis y asomarse a otro
mundo que nace y que ya alcanza a sus hermanas repúblicas. A la
larga, México despertará también, pero será un proceso más
lento y pesado que el que esta en marcha en América del Sur. Por el
momento, es primavera en Brasilia e invierno en tierra azteca.
Fuente:
OPINION SUR: Revista Mensual / Nº76, diciembre 2009
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EL
LENGUAJE COMO MÍSTICA, MITO Y ÉTICA, CON BENJAMIN Y ARGUEDAS HACIA
LA NORMATIVIDAD SOCIAL
Por:
Wladimir
Sierra
A Bea
¿Qué tan próximo puede estar el pensamiento de un filósofo
judeo-alemán con el de un literato andino-americano? Ésta es la
pregunta que anima este ensayo. Creemos que a pesar de la distancia
histórico-cultural que separa la producción de Walter Benjamin de
la de José María Arguedas, sus concepciones sobre el lenguaje
terminan siendo complementarias. Las formulaciones hechas por
Benjamin en Sobre el lenguaje en general y el lenguaje humano
inspiradas en la mística judía se complementan con las que nos
dejara el pensamiento mítico de Arguedas en Los ríos profundos. El
reto que nos proponemos es explorar las posibilidades de recuperación
de postulados inquietantes respecto a la filosofía contemporánea
del lenguaje.
El texto, en su primera parte,
reconstruye las tesis principales formuladas por Walter Benjamin en
su ensayo de juventud; en un segundo momento transformaremos en
postulados filosóficos las ideas que sobre el lenguaje se
encuentran en la poética arguediana, finalmente trataremos de
complementar estos dos pensamientos y desde ahí proponer una crítica
a la filosofía contemporánea del lenguaje que desemboque en
los prolegómenos de una ética con base en la historicidad lingüística.
EL
LENGUAJE COMO ESPIRITUALIDAD DEL SER
Conocida es la influencia que la mística judaica ejerció sobre
el pensamiento de Benjamin, curiosa es, por ejemplo, la fusión que
se produce entre misticismo y materialismo histórico en su célebre
texto Sobre el concepto de historia. Sin embargo, creemos que donde
de modo más diáfano se da la unidad entre el logos occidental y la
mística judía es precisamente en el ensayo Sobre el lenguaje
en general y sobre el lenguaje del hombre (1916). A continuación
trataremos de separar analíticamente las tesis principales que
articulan este ensayo.
La primera tesis con que se
abre el texto nos dice que el lenguaje no es reducible al lenguaje
humano hablado, sino que “cada expresión de la vida espiritual
del hombre puede ser entendida como un tipo de lenguaje”2
(30). Así toda actividad humana no fonética también es una forma
de expresión lingüística. No se trata solo de las actividades
pragmático-humanas como el comer o el caminar, sino también de los
productos del trabajo humano, por ejemplo, la urbanidad3.
Benjamin lo formula de este modo: “Toda comunicación del
contenido espiritual es lenguaje”4.
(30)
La segunda tesis, no obstante,
da el salto místico dentro de la comprensión del lenguaje. No sólo
aquello que tiene que ver con lo humano posee su propio lenguaje,
sino que el lenguaje es común a todo lo existente. “No hay ningún
acontecimiento o cosa —escribe— ni en la naturaleza viva o
muerta que no participe de algún modo del lenguaje, pues a todos
les es esencial comunicar su parte espiritual”5.
(30) Pero no se trata de que las cosas, para tener existencia,
requieran del artilugio lingüístico humano, no es un
antropologismo o un antropomorfismo lingüístico, sino que el ser
mismo está constituido lingüístico-espiritualmente. Esto va a
probarse en las tesis posteriores.
La tercera tesis afirma que el
lenguaje se funda en el espíritu pero el espíritu no puede
presentarse sino a través del lenguaje. Lo espiritual tiene su
expresión y su existencia óntica en el lenguaje, en la capacidad
de ser comunicado. Sin embargo, lo espiritual rebasa lo lingüístico:
este último sólo es su forma de manifestación particular.
La cuarta tesis establece el
fundamento místico del lenguaje: las palabras no expresan cosas
sino transmiten la esencia lingüística de éstas, no es lo mismo
la esencia espiritual de una cosa que su esencia lingüística.
Lo lingüístico hace alusión al logos, a la razón lingüística
humana; lo espiritual, en cambio, refiere a la pertenencia ontológica
de las cosas. En relación al ser, la esencia de la cosa es
espiritual, en cuanto al hombre esta esencia deviene lengua. Leamos
a Benjamin:
Qué comunica el lenguaje: él
comunica su esencia espiritual. Es fundamental saber que esa esencia
espiritual se transmite en el lenguaje y no a través del lenguaje
[...] La esencia espiritual es idéntica a la esencia lingüística
solo en tanto es comunicable. Lo que es comunicable de un ser
espiritual es su esencia lingüística.6
(31, 32)
La esencia espiritual de los
entes se transmite hacia su exterioridad como esencia lingüística,
no se debe confundir la esencia lingüística de los entes con el
lenguaje humano, esencia lingüística de los entes significa su
capacidad expresivo-comunicativa, de ahí la afirmación tajante de
Benjamin: “Todo lenguaje se comunica a sí mismo”7
(32).
El lenguaje del ser humano es
una de las formas expresivo-comunicativas de los entes. En el
lenguaje humano se comunica la esencia lingüística del hombre;
esto significa que “el hombre comunica su propia esencia
espiritual en su lenguaje”8
(33). Como se ve, solo en el ser humano la esencia lingüística
coincide con su esencia espiritual, por cuanto el lenguaje del
hombre es nominativo y está articulado en palabras; “la esencia
lingüística del hombre es, por tanto, el nominar las cosas.9”
(33)
De esta última afirmación se
desprende la quinta tesis: el lenguaje que nombra no es igual al
lenguaje en general. El lenguaje que nombra es el humano, el
lenguaje que expresa es el de los entes. La lámpara comunica
su esencia lingüística, el hombre la nombra, si ella no comunicase
su esencia lingüística el hombre no podría nombrarla. En el
nombrar la lámpara el hombre comunica su esencia lingüística y
espiritual.
Pero
en el nombrar las cosas el hombre comunica su esencia espiritual
porque “en los nombres se comunica la esencia espiritual del
hombre con Dios”10
(34). De ahí que el lenguaje humano es el único que puede
comunicar en sí mismo la totalidad de la esencia espiritual del
hombre. Esa esencia espiritual es el nombrar las esencias lingüísticas
de las cosas.
La creación divina se
completa, en tanto las cosas en el hombre conservan sus nombres,
desde el cual el lenguaje habla en nombres. Se puede señalar a los
nombres como el lenguaje de la lengua.11
(35)
En los nombres se encuentra la
esencia espiritual de las cosas en cuanto parte comunicativa con la
esencia espiritual del hombre, por eso el lenguaje humano es el
espacio de expresividad de las esencias espirituales de las cosas,
de lo único espiritual que puede ser comunicado.
Finalmente, el origen de la
espiritualidad, de la esencia espiritual de las cosas, es dado por
Dios en el acto de la creación, ésta es la sexta tesis. La palabra
divina (das Wort) funda espiritualmente —en el momento de su
enunciación— la esencialidad de las cosas. Las cosas poseen
esencia espiritual porque son creaciones divinas, en su
espiritualidad las cosas pertenecen a la divinidad.
El ser humano, único ente no
creado por la palabra, sino del barro, es dotado con la capacidad de
nombrar, con lenguaje oral. En el nombrar las cosas el hombre
recupera de ellas su esencia lingüística, la parte espiritual que
puede ser traducida al lenguaje humano. Éste, como queda claro, no
atrapa la totalidad de la espiritualidad de la cosa, sino sólo
aquello pronunciable: su esencia lingüística. Benjamin afirma:
“En los nombres no queda la palabra de Dios como creadora, queda
recogida en una parte, aunque sea recogida lingüísticamente.12”
(41)
La divinidad, la palabra de
Dios, su esencia, se conecta de modo deficiente con el ser humano en
su lenguaje. En la lengua humana, a través de las esencialidades
lingüísticas de las cosas, se transmite parte de la esencia
divina. La palabra divina deviene nombre en el lenguaje humano y
entre la palabra y el nombre pende la esencialidad espiritual y lingüística
de las cosas, vale decir, la creación toda. El nombre propio es lo
común del hombre con la palabra creadora de Dios.13
(41)
La deficiencia del lenguaje
humano —el lenguaje que nombra— es reconstruida por Benjamín
desde la conmoción significativa que nos causó la expulsión del
paraíso. Dentro del Edén, afirma Benjamin, la palabra de Dios se
mostraba de modo diáfano a los seres humanos, la violación del
mandato divino condenó, al ser humano, al oscurecimiento de la
palabra divina, a la incapacidad de ser atrapada en su totalidad, de
ahí que no sólo el trabajo es producto de la expulsión del paraíso,
sino sobre todo la necesidad humana del conocimiento. Leamos a
Benjamín:
El pecado es el momento del
nacimiento de la palabra humana, en la cual en nombre ya no vive sin
ser violentado, el cual salió del lenguaje de los nombres, del
conocimiento, se puede decir, de su propia magia, para volverse
desde afuera igualmente mágico. La palabra debe comunicar algo
(fuera de sí misma). Eso es en verdad el pecado del espíritu de la
lengua14.
(44)
Producida —para los
hombres— la fractura entre palabra divina y esencialidad
espiritual de las cosas, éstos van a tener, a través del
conocimiento, que posibilitar el restablecimiento del contacto con
la divinidad: conocer es nombrar, vale decir, recuperar
limitadamente la esencialidad divina en la esencia lingüística de
las cosas.
Resumiendo, podemos señalar
que para Benjamin el ser se funda ontológicamente en la palabra
divina y que su reconstrucción —la del ser— se da de modo
parcial a través del lenguaje que nombra, es decir, a través del
lenguaje humano. Esta afirmación abre un abismo cognoscitivo de carácter
místico, sin con esto caer en ningún agnosticismo, la coincidencia
parcial entre palabra (Dios) y nombre (ser humano) asegura la
pertenencia de todos los entes al ser y funda su existencia en la
espiritualidad. En el tercer punto volveremos sobre las
consecuencias filosóficas de esta postura.
EL
LENGUAJE COMO MATERIALIDAD DEL SER
A pesar de que en las
intenciones de José María Arguedas nunca estuvo esbozar cierta
filosofía andina, ni tampoco formular alguna teoría sobre el
lenguaje, en su poética se encuentran muchos elementos que, previa
sistematización, nos pueden llevar a la formulación de nociones
extremadamente interesantes sobre el lenguaje y el ser, vale decir,
a pensar en una filosofía del lenguaje.
La visión que sobre el
lenguaje se extrae de la literatura arguediana tiene un fuerte
trasfondo mítico. Parte de su literatura, especialmente Los ríos
profundos, está dedicada a la reconstrucción del mundo simbólico
de las comunidades agrarias andinas. En otro lugar tratamos de
explicar la relación que entre luminosidad y sonoridad se da en la
articulación del ser en la concepción arguediana15.
Por necesidades propias de este ensayo trataremos de tocar sólo las
tesis referentes a la sonoridad, advirtiendo, sin embargo, que esta
reducción compromete la totalidad de la reflexión del peruano.
Además es pertinente recordar, como será notorio, que en las citas
de las obras de Arguedas se constatará su pertenencia a la
literatura, sin embargo, intentemos no tomarlas como metáforas,
sino como postulados propios de un mundo mítico.
Seguidamente señalaremos las
tesis principales que sobre el lenguaje se pueden extraer de la poética
de Arguedas.
Para Arguedas, el ser humano
está dotado de lenguaje como lo están todos los seres del cosmos,
entendiendo por seres del cosmos tanto los que solemos llamar
animados, como también los inanimados. A diferencia de Benjamin,
los lenguajes de estos últimos, para Arguedas, son sonoros, lo que
supone que los seres naturales se hallan en constante sonoridad y el
ser humano como todos los seres también se halla sonando. El
hombre, queda claro, no tiene ningún privilegio sobre los otros
seres. Así, refiriéndose a ciertas sonoridades Arguedas nos dice:
“El Pachachaca brama en el silencio; el ruido de sus aguas se
extiende como otro universo en el universo, y bajo esa superficie se
puede oír a los insectos, aún el salto de las langostas
entre los arbustos”. (139) Queda claro, pues, que el río como
también los insectos y las langostas poseen sus propios lenguajes,
todos éstos —el humano incluido— se desplazan en el silencio.
El lenguaje humano está
constituido para Arguedas de los sonidos de los otros seres del
cosmos. Pero no porque éste los nombre, sino porque el sonido de
estos seres fluye a través de la boca de los hombres, el lenguaje
humano es, pues, acumulación de la sonoridad de los seres del
cosmos y nada más. Arguedas lo relata de este modo: la «tuya»
“no sube a las regiones frías. Su canto trasmite los secretos de
los valles profundos. Los hombres del Perú, desde su origen, han
compuesto música, oyéndola, viéndola cruzar el espacio, bajo las
montañas y las nubes que en ninguna otra región del mundo son tan
extremas. ¡Tuya, tuya! Mientras oía su canto, que es, seguramente,
la materia de que estoy hecho, la difusa región de donde me
arrancaron para lanzarme entre los hombres…” (145)
En la poética de Arguedas se
desgaja la pertenencia del ser del hombre a la sonoridad de los
otros seres naturales. La esencia del ser del hombre —como también
de los otros seres— son las sonoridades cósmicas, y ésta es la
difusa región de donde me arrancaron, el arché griego.
Del mismo modo, el lenguaje de
cualquiera de los seres es exterioridad de los sonidos de los otros
seres. En los sonidos de cualquier ser se hacen presentes los
sonidos de los otros seres. Notemos, en esta cita, cómo el lenguaje
humano aparece en los otros lenguajes: “la voz aguda de las
mujeres… como una llamarada que alcanza las cumbres heladas de las
montañas y envuelve el cielo, la llanura y los ríos. Nada en el
horizonte queda sin que le haya tocado ese coro.” (I, M, S. 190)
No es pues ni uno de los seres, ni tampoco el hombre el origen de la
sonoridad. Todas ellas pueden expresarse por cualquiera de los seres
que pueblan el cosmos sonoro. El ser es por eso ciclicidad
sonora.
El sonido posee significación
y esta significación es inseparable de su ubicación y de su
vibración sentimental. Los sonidos de cualquiera de los entes del
cosmos llevan en su sonoridad su significación, vale decir, su
esencia como existente, sin embargo, esta esencia no es autónoma
sino que va determinada por el campo sonoro al que se pertenece, o más
bien, por el espacio de la sonoridad donde se ubica, su
existir es siempre un existir con los otros y a través de éstos
con el todo. “El canto del zumbayllu se interna en el oído, aviva
en la memoria la imagen de los ríos, de los árboles negros que
cuelgan en las paredes de los abismos”. (45) El Zumbayllu puede
avivar la memoria porque su terminación -yllu está inscrita en un
campo sonoro propio: de aquellos objetos que producen un tipo específico
de música.16
Por otro lado, la significación
compromete siempre emoción y sensibilidad, el sonido de los seres
es sonido emotivo y sensible. Sonar significa transmitir ubicación
sonoro-sensible, el sonido nos ubica en campos de existencia
emotiva. “Los waynos más dulces, los cantos de amor más
apasionados y los más tristes (…) fueron hechos por la tuya.”
(I.M.S. 154) O en otra parte: La voz del río, confundido, en
el canto que es su fruto más verdadero, su entraña, su imán
viviente, su voz humana, cargada de dolor y de furia, mejor y más
poderosa que su propia voz del río, río gigante que clavó mil
leguas de abismos en la roca dura.” (I.M.S. 155) De este modo se
hace extensible el carácter sensible y sobre todo emotivo del
sonido a todos los seres del cosmos, así como la voz humana puede
transmitir en su tonalidad emociones, también la voz del río o la
de la tuya pueden transmitir emotividad.
El sonido finalmente nos
proporciona dimensión histórica, vale decir, pertenencia temporal.
El sonido nos ubica en la distancia de la temporalidad, en los
tiempos que propician la existencia de ciertas sonoridades. Los
sonidos no se encuentran produciéndose incesantemente, sino que su
aparecer constante depende de condiciones determinadas en que se
presentan los seres. Veámoslo:
… mi padre decidía
irse de un pueblo a otro, cuando las montañas, los caminos, los
campos de juego, el lugar donde duermen los pájaros, cuando el
detalle del pueblo comenzaba a formar parte de la memoria. A mi
padre le gustaba oír huaynos; no sabía cantar, bailaba mal, pero
recordaba a qué pueblo, a qué comunidad, a qué valle pertenecía
tal o cual canto”. (57)
La sonoridad es producida en
condiciones especiales de existencia, de ahí que ciertos sonidos
nos re-ubican en esas condiciones, en ese tiempo histórico. Los
seres y las condiciones que produjeron cierta sonoridad pueden no
estar presentes (momentáneamente) pero su sonoridad queda grabada
en las sonoridades de los otros seres, y cuando ésta se expresa
hace presente nuevamente las condiciones fundacionales.
Para Arguedas, entonces, el
fundamento del ser de los entes es la sonoridad. Esta sonoridad es
absolutamente material, nace de la misma materialidad de estos
entes, porque la materialidad es sonora; sin embargo, no se trata de
una sola materialidad, sino de muchas materialidades agrupadas en
campos de sonoridad y conectadas a través de su presencia en la
sonoridad —la lengua— de los otros seres. Arguedas nos propone
una multi-onto-fonología, es decir una pluralidad de campos
fundados en sus propias sonoridades en constante movilidad.
El lenguaje como historicidad
del ser: otro tipo de onto-ética lingüística
A pesar de sus diferencias,
tanto la propuesta filosófica de Benjamin cuanto la postura
literaria de Arguedas fundamentan el lenguaje en un más allá lingüístico.
El primero lo hace en la palabra divina, el segundo en la sonoridad
material. Ambos soportan la fortaleza y perennidad del lenguaje en
un origen trascendente y absoluto, para ellos los seres humanos —y
todos los otros seres existentes— fundan su ser desde la apropiación
de un trascendente lingüístico. Ambos nos ponen sobre el supuesto
de una fono-ontología, material para el uno, divina para el otro.
Nuestro propósito es
recuperar, en las siguientes líneas, la tesis principal de estos
autores sin recaer en la necesidad metafísica de fundamentar el
lenguaje desde un más allá humano, pero manteniendo su dimensión
trascendental. Sobre esta recuperación intentaremos montar algunas
líneas argumentales de una posible ética histórico-lingüística.
Arguedas y Benjamín tienen
claro en sus textos que el lenguaje en su ejecución —es decir, en
el habla— nos conecta con un espacio trascendente: para el uno,
religioso; para el otro, mítico. Ese más allá del habla nos
obliga a mantener con ella una relación de subordinación ontológica,
nos abre hacia el respeto de la lengua porque esta nos trasciende,
determina y constituye existencialmente. En la práctica lingüística
los seres humanos accedemos, por un lado, a la comunión con el ser
y, por el otro, a nuestra afirmación trascendental.
El desarrollo de las teorías
lingüísticas y de la filosofía del lenguaje, en un dialogar
profundo con la racionalización moderna, fue minando de a poco el
supuesto trascendental ontológico de la lengua y transformando a ésta
en pura inmanencia humana. En la visión actual la lengua no nos
conecta ni con la divinidad ni con la naturaleza, nuestros lenguajes
no son pues el resultado de ninguna expresividad trascendental,
sino, por el contrario, creación contextual de determinados grupos
humanos. El lenguaje devino, entonces, instrumento de comunicación
y nada más, destruyendo de este modo su carácter ontológico
determinante.
¿Es posible, sobre los
resultados de la racionalización moderna, recuperar este carácter
sin recaer en la metafísica? Creemos que sí. El supuesto
trascendental del lenguaje no solo puede estar en la mística
religiosa o en la naturaleza mitificada, sino sobre todo —y desde
la Modernidad
— en la misma historia humana. El lenguaje no es trascendente por
ser creación histórica humana, sino porque la historia de la
lengua (la historia humana) nos trasciende en tanto individuos y en
tanto historias sociales determinadas. El lenguaje es nuestra conexión
con un más allá que desde nuestra inmanencia física nos queda
superado fácticamente. De ahí que sea el habla humana el único
puente con nuestra propia historicidad.
El lenguaje es el medio que nos
permite nacer como seres simbólicos. Es a través de su apropiación
que los seres humanos nos ubicamos en la estructura simbólica de
una época dada. Sin embargo, el lenguaje no pertenece solo a esa época,
sino que es sedimentación de la historia humana acumulada. Todas
las lenguas concentran y llevan en sí la historia humana, en cada
expresión que se actualiza en el habla diaria desde el presente
aparece el legado de muchas generaciones. Desde ahí el lenguaje es
trascendental: toda la historia humana se expresa en el habla, más
allá de nuestra individualidad y de la contingencia epocal.
El lenguaje nos trasciende y nos determina porque a través de
él se hace presente el-ya-no-estar de muchas —quizá de todas—
las experiencias humanas. En su actualización los seres humanos y
las sociedades presentes traen a sonoridad toda la riqueza de la
historia pasada; en el habla cotidiana reaparecen, codificadas como
lenguas, miles de relaciones que fueron configurando y construyendo
la historia humana.
La historia humana, nuestro
real trascendente, queda para nosotros codificada como lenguaje y en
cada enunciado de toda lengua los seres humanos nos apropiamos de
nuestra historia al mismo tiempo que nos constituimos como tales.
Comprendido el carácter histórico-trascendental
del lenguaje, éste se convierte en el horizonte y reservorio de
sedimentación de las culturas humanas y en el espacio de
actualización de este horizonte.
Estar frente al lenguaje es
estar frente a la historia humana como único trascendente; un
horizonte desde donde naturaleza y divinidad, entre muchas otras
cosas, cobran significación, estar en el lenguaje es estar en el más
allá histórico que nos fundamenta y desde ahí queremos abrir una
posibilidad ética.
Estamos en el lenguaje cuando
hablamos, estamos frente al lenguaje cuando escuchamos. Los dos
modos son trascendentes, sin embargo, esta trascendencia aparece de
manera diáfana cuando estamos frente al lenguaje, cuando entramos
en diálogo, cuando enfrentamos a otro ser humano que nos invita
hacia el lenguaje. En ese otro ser humano el lenguaje se despliega
como trascendencia histórica humana y nos introduce en la
recuperación de ese más allá, nos vuelve trascendentes a nuestra
individualidad y a nuestra propia época.
El ser humano que nos abre
hacia el lenguaje se vuelve trascendente porque a través de su voz
se actualiza la historia humana. El lugar de aparecimiento del
momento ético está en el reconocimiento de esa trascendencia
vivificada en el habla del otro. El acto ético se construye en el
respeto absoluto a ese ser humano que me abre a la dimensión histórica,
en el respeto a mi concreción como humanidad determinada por la
apertura lingüística de historia17.
La totalidad histórica concentrada en la expresión lingüística
se nos da siempre en su modo concreto, en la enunciación del otro
lingüístico determinada por una práctica vital humana, en esa
concreción se abre el puente hacia la recuperación de la historia
humana.
Desde esta perspectiva, el otro
del habla se convierte en la única posibilidad de mi realización
como ser humano, en la condición indispensable de mi existencia
histórico-cultural. El respeto al otro de la comunicación no solo
implica el respeto a la historia concentrada en su habla, sino y
sobre todo a la posibilidad de mi realización como ser humano.
Violentar, desconocer al otro comunicativo es violentar y desconocer
a la historia humana y a través de ella violentarme y desconocerme.
La ética, pues, está
fundamentada en el trascendente histórico-lingüístico que
representa todo ser humano. La ética es el respeto, la consideración
y el mantenimiento del otro porque a través y en ese otro se
despliega la historia humana, historia que me constituye y me
determina como existente cultural. La ética deviene ontología
relacional: sólo el respeto y la pervivencia del otro comunicativo
me permite configurarme como ser social, mi condición humana me
exige el respeto al otro de la comunicación, al otro de la apertura
lingüístico-histórica.
¿Qué sucede si violentamos al
otro comunicativo y a través de éste a nosotros mismos? ¿qué
pasa, entonces, si no actuamos éticamente? La violencia sobre el
otro de la comunicación se puede dar de dos modos: 1) cuando
desconocemos intencionalmente en sus enunciaciones la validez semántica
o pragmática que pretende comunicarnos y, 2) cuando no otorgamos a
ese otro la totalidad de la riqueza acumulada en la lengua
determinada para cada época.
El desconocimiento sostenido de
la intencionalidad lingüística del otro determinado por causas
estratégicas (en el sentido habermasiano) provoca, en él, la erosión
de la continuidad con el legado histórico expresada en el
vaciamiento parcial del nivel semántico y/o pragmático. Pero como
la recuperación de mi propia historicidad me es abierta por ese
otro comunicativo, ella misma se ve afectada y llevada a su
desconstitución. De ahí que en la violencia del habla del otro de
la comunicación se funda la imposibilidad de mi propia realización
como ser humano.
La restricción de cualquier
ser humano a la adquisición plena del lenguaje ocasionada sobre
todo por desigualdades e injusticias sociales, se revierte en formas
de socialización comunicativa deficientes. No adquirir
lenguaje de modo pleno es idéntico a no convertirse en ser humano
de modo pleno, la deficiencia lingüística es deficiencia en la
apropiación de la historia humana. Mientras más individuos en una
sociedad posean formas deficientes de apropiación lingüística
menor será el nivel de humanización de esa misma sociedad y
menores serán las posibilidades de conexión con la historia que
determina su grado de humanidad.
El comportamiento ético
correcto, entonces, no aparece como una opción a ser considerada en
nuestras relaciones socio-comunicativas, sino como un imperativo que
nos obliga a respetar al otro lingüístico so pena de perder
nuestra única posibilidad de humanizarnos. El respeto al otro es el
fundamento necesario de nuestro propio respeto y de nuestra propia
humanización.
* * *
Notas
1
Este texto es el desarrollo de una exposición libre hecha al
interior de un círculo de estudiantes latinoamericanos a mediados
de 2002 en la ciudad de Berlín. El deseo de algunos de ellos que se
transforme en un ensayo escrito tuvo que esperar cuatro años. El
texto va dedicado a la querida Beatriz Pantin, quien animara estos
encuentros en su propia casa.
2
Jede Äusserung mensschlichen
Geisteslebens kann als eine Art der Sprache aufgefasst warden. (La
traducción al castellano de ésta y las demás citas pertenece al
autor.)
3
Desde aquí se vuelve comprensible
por qué Benjamín pretende reconstruir la historia del capitalismo
europeo desde el análisis (semiótico diríamos hoy) de los
Pasajes de París. En los productos humanos está contenida
—cifrada lingüísticamente— la historia que los produjo.
4
jede Mitteilung geistiger Inhalte
ist Sprache.
5
Es gibt kein Geschehen oder Ding
weder in der belebten noch in der unbelebten Natur, das nicht in
gewisser Weise an der Sprache teilhätte, denn es ist jedem
wesentlich, seinen geistigen Inhalt mitzuteilen.
6
Was teilt die Sprache mit? Sie teilt
das ihr entsprechende geistige Wesen mit. Es ist fundamental zu
wissen, dass dieses geistige Wesen sich in der Sprache mitteilt und
nicht durch die Sprache (…) Das geistige Wesen ist mit dem
sprachlichen indentisch, nur sofern es mitteibar ist. Was an
einem geistigen Wesen mitteilbar ist, das ist sein sprachliches
Wesen.
7
jede Sprache teilt sich selbst mit.
8
Der Mensch teil sein eigenes
geistiges Wesen in seiner Sprache mit.
9
Das sprachliche Wesen des Menschen
ist also, das er die Dinge benennt.
10
im Namen teilt das geistige Wesen des Menschen sich Gott mit.
11
Gottes Schöpfung vollendet sich,
indem die Dinge ihren Namen von Menschen erhalten, aus dem im Namen
die Sprache allein spricht. Mann kann den Namen als die Sprache der
Sprache bezeichnen.
12
Im Namen ist das Wort Gottes nicht
schaffend gebliben, es ist an einem Teil empfangend, wenn auch
sprachempfangend, geworden.
13
Der Eigenname ist die Gemeinschaft
des Menschen mit dem schöpferischen Wort Gottes.
14
Der Sündenfall ist die
Geburtsstunde des menschlichen Wortes, in dem der Name nicht mehr
unverletzt lebte, das aus der Namesprache, der rkennenden, man darf
sagen: der immanenten eigenen Magie heraustrat, um ausdrücklich,
vor aussen gleichsam, magisch zu werden. Das Wort soll etwas
mitteilen (ausser sich selbst). Das ist wirklich der Sündenfall des
Sprachgeistes.
15
Véase: Sierra, Wladimir,
Heterogeneidad Estructural: http://www.diss.fu-berlin.de/2002/109/
16
La terminación quechua yllu es una
onomatopeya. Yllu representa en una de sus formas la música que
producen las pequeñas alas en vuelo; música que surge del
movimiento de objetos leves.
17
Desde la perspectiva de Benjamin y
Arguedas el acto ético tendría que estar fundamentado en el
respeto a Dios y a
la Naturaleza
como origen creador.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
La
nueva ofensiva imperialista en America Latina.
La
jugada del Caribe
Por: Ana
Esther Ceceña, Humberto Miranda, David Barrios, Rodrigo Yedra
(Rebelión)
Ay! Haití la negra, llorando está
Pablo Milanés
El
12 de enero de 2010 fue un día de mucha incertidumbre, pero también
de muchas confirmaciones. Puerto Príncipe, lo más cercano a un
centro urbano moderno en el país más pobre del hemisferio
occidental, amaneció con un terremoto de 7 grados de intensidad que
dejó al pueblo, al Presidente y al propio Dios sin casa, al
derrumbarse incluso el Palacio Presidencial y
la Catedral.
Ese
pequeño pedazo de
La Española
, pionero en la sublevación independentista, se debate hoy entre
una catástrofe económica que lo ha sumido en la pobreza y le ha
cancelado la autosuficiencia alimentaria1, una catástrofe
natural comparable a un bombardeo nuclear aunque sin efectos
radioactivos, y una nueva ocupación que refuerza su condición de
colonia.
La
inmediata respuesta solidaria de la comunidad mundial enviando
alimentos, medicinas y cobijas, se combinó con la presencia de médicos
cubanos que desde hace 11 años trabajan apoyando al pueblo de Haití
y que en estos momentos jugaron un papel central en la atención a
las víctimas. Las difíciles condiciones del país, no obstante, no
facilitaron la distribución rápida de la ayuda humanitaria, y los
medios de comunicación, en cierta medida lidereados por
la CNN
, fueron colocando como sentido común la idea de una situación de
creciente caos e ingobernabilidad, que justificaba la presencia
militar no sólo de los integrantes de
la MINUSTAH
2, sobre terreno desde 2004, sino de nuevos
contingentes de ¡tropas de asalto!
Si
bien al inicio se había autorizado a
la MINUSTAH
colocar hasta 6.700 efectivos militares en Haití, ese tope fue
incrementándose hasta alcanzar el 30 de noviembre de 2009 una cifra
de 9.065 efectivos uniformados, incluidos 7.031 soldados3
y 2.034 policías4, apoyados por 488 funcionarios
internacionales, 1.212 funcionarios nacionales y 214 voluntarios de
la ONU. Esta
Misión, con un presupuesto anual promedio de 600 millones de dólares,
ha sido denunciada por la organización inglesa Save the Children
(No one to turn on to, 2008) por las sistemáticas violaciones
sexuales, maltrato o incitación a la prostitución de niñas y niños
haitianos, además de ser denunciada por organizaciones de derechos
humanos y misiones de observación de la sociedad civil por los
atropellos que con toda impunidad se cometen en nombre del
restablecimiento de la paz.
Fuerza
supuestamente de paz compuesta por uniformados de muchos países,
notoriamente latinoamericanos,
la MINUSTAH
ha sido repudiada desde un inicio por la población haitiana por
tratarse de una imposición que conculca las facultades de
autodeterminación y el ejercicio de una democracia plena en Haití,
además de estar autorizada para reprimir a los haitianos hasta en
caso de sospecha.5
Hoy,
en una jugada muy audaz, es directamente el Comando Conjunto de
Estados Unidos, a través del Comando Sur, quien se erige como
autoridad suprema controlando movimientos aéreos, marinos y
terrestres.
La MINUSTAH
y sus efectivos quedan bajo las órdenes de las divisiones del
Comando Sur en virtud de la atención al desastre.
Nadie
objeta estos movimientos del ajedrez del poder hegemónico que en
muy pocas horas transformaron la geopolítica continental. La
comunidad internacional parece haberse hecho cargo de Haití como si
fuera un desierto sin capacidad de organización propia desde 2004,
y mucho más ahora después del terremoto. La comunidad
internacional parece aceptar que las disposiciones de las Fuerzas
Armadas de Estados Unidos son universales y que las tropas son
necesarias para apaciguar a ese pueblo indómito.
Descartando
la hipótesis de que el propio Estados Unidos haya provocado el
terremoto,6 lo cierto es que unas horas después
del desastre ya estaba en suelo haitiano la dramáticamente célebre
82 División Aerotransportada del ejército de Estados Unidos,
responsable de las invasiones a Dominicana (1965), Granada (1983) y
Panamá (1989), y, para el 26 de enero, el número de soldados que e
movió hacia Haití, sumando los que hay en tierra y mar, asciende a
12,500.7 Nadie sabe a ciencia cierta qué función
puedan estar cumpliendo los integrantes de una brigada netamente
ofensiva, equipada con armamento sofisticado que incluye misiles, y
con capacidad de neutralización y aniquilamiento de fuerzas vivas y
la toma de territorios en muy breve plazo. Es decir, una fuerza de
asalto de respuesta rápida. Habría sólo que recordar que en
Granada y Panamá se trataba de operativos de invasión y ahora de
uno, en principio, humanitario.
Dadas
las circunstancias podría en verdad hablarse de una invasión
limpia, al no necesitar despliegue de fuerza aérea y artillería
para el bombardeo previo. El terremoto hizo el trabajo sucio, sin
bajas para el invasor.
No
hay mejor teatro de operaciones.
Estados
Unidos desplegó eficientemente todo un operativo de guerra y se ha
ocupado mucho más de controlar que de apoyar. Se hizo cargo de las
comunicaciones controlando no sólo el aeropuerto sino todos los
movimientos en las costas, al punto que el Vicepresidente de
Bolivia, Álvaro García Linera, sostiene que Estados Unidos
".está aprovechando una desgracia terrible de un pueblo
hermano para asentar presencia militar permanente, en una estrategia
de militarización, de control en el continente"8,
y el presidente Evo Morales está llamando a una reunión de las
Naciones Unidas para detener la escalada. Pero ni
la ONU
está en condiciones de interpelar las decisiones interventoras de
Estados Unidos, ni los halcones están en disposición de soltar la
presa. El imperio ha tomado muy en serio la pérdida estratégica
que han significado los procesos revolucionarios recientes en
Latinoamérica.
Además
del buque hospital USNS Comfort, con cerca de mil elementos de
personal médico que curiosamente atienden sólo alrededor de 100
pacientes diarios, se colocó en las costas de Haití, que por la
cercanía (
74 km
.) son también las costas de Cuba, un portaviones nuclear (USS Carl
Vinson) y dos buques de asalto anfibio (USS Bataan, USS Nassau).
Todas estas naves, en realidad, son bases militares itinerantes que
complementan las posiciones en tierra y que otorgan una mayor
versatilidad y flexibilidad a las redes de control militarizado.
De
acuerdo con información oficial, se han creado oportunamente dos
nuevas Fuerzas de Tarea:
El
Comando Sur de Estados Unidos ha establecido
la Fuerza
de Tarea Conjunta- Haití (JTF-H) para observar los esfuerzos de
ayuda de los militares de Estados Unidos en Haití y ha nombrado al
Teniente General del Ejército de Estados Unidos Ken Keen9
como su comandante. Más de 20,000 militares norteamericanos, 23 navíos
y más de 120 aviones están apoyando las operaciones para proveer
ayuda y cuidado a más de tres millones de haitianos afectados por
el terremoto del 12 de enero.10
La
otra Fuerza de Tarea, la 48, tiene sede ni más ni menos que en
Cuba, en la base de Guantánamo, y por ahora se ocupa de coordinar
".los activos de tierra y aire para entregar oportunamente la
ayuda humanitaria a Haití" según Patricia Wolfe, comandante
de
la Fuerza
, quien recuerda que:
El
suministro oportuno de esta ayuda es sólo posible por la estrecha
proximidad de
la Base Naval
de
la Bahía
de Guantánamo (GTMO) con el área afectada. GTMO es obviamente una
posición clave para atender los requerimientos estratégicos en
esta región. (http://www.navy.mil/search/display.asp?story_id=50733)
De
manera que si esto no es una ofensiva de guerra contra Haití tal
vez sí lo sea para sus vecinos. Las nuevas posiciones ocupadas no sólo
rodean el Caribe sino que cortan el paso entre Cuba y Venezuela y,
mediante triangulaciones con las bases de la zona crean condiciones
de aislamiento para cada una de las islas caribeñas.
Cuba,
por lo pronto, queda cubierta por todos los flancos.
Con
estas dos nuevas Fuerzas de Tarea a partir del desastre, una con
sede en Haití y otra ubicada en Guantánamo, se puede pensar que
estamos en el inicio de una reorganización completa de la
estrategia militar en esta región o, por lo menos, de una
reorganización operativa con miras más ambiciosas que en el
pasado, y preparando condiciones de intervención inmediata en
cualquier situación y lugar que así lo requiera, desde su
perspectiva, en el área.
Con
las viejas y nuevas bases en Colombia, las potenciales bases en
Panamá, Palmerola, Guantánamo, Aruba y Curaçao, Estados Unidos
tiene una situación de total control de movimientos en la región
caribeña, o amazónico-caribeña. México queda cercado en el Golfo
y sometido por
la Inciativa Mérida
, y en coordinación con Colombia como parte del corredor de
contención que Estados Unidos ha ido propiciando para detener los
procesos de transformación en el continente.
Buena
jugada! Haití queda ocupado, Cuba rodeada,
la IV
flota ondeando sus banderas en todo el Caribe y Venezuela acosada.
Pero
en el Caribe no hay guerra. El Caribe es una zona de paz... y catástrofes.
NOTAS
[1]
Hasta los años 70 del siglo XX Haití fue autosuficiente en arroz,
que es la base de la alimentación. A partir de entonces y como
producto de una combinación de políticas neoliberales, se perdió
la suficiencia al punto que hoy se importa más del 80 % del arroz
que se consume. Pero en general de una dieta alimenticia que se
producía en un 90 % dentro del país, hoy se importa el 55 % (Rodríguez,
José Luis, citado en Sánchez, José Tomás, ¿Qué hacemos en Haití?
, www.ea.com.py).
[2]
Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití.
[3]
Los países que aportan personal militar, con Brasil a la cabeza,
son: Argentina, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Ecuador, Estados
Unidos, Filipinas, Francia, Guatemala, Jordania, Nepal, Paraguay,
Perú, República de Corea, Sri Lanka y Uruguay.
[4]
Países que aportan personal policiaco: Argentina, Benin,
Bangladesh, Brasil, Burkina Faso, Camerún, Canadá, Chad, Chile,
China, Colombia, Côte d'Ivoire, Croacia, Egipto, El Salvador, España,
Estados Unidos, Federación de Rusia, Filipinas, Francia, Guinea,
Jordania, India, Jamaica, Madagascar, Malí, Nepal, Níger, Nigeria,
Pakistán, República Centroafricana, Rwanda, Rumanía, Senegal,
Serbia, Sri Lanka, Suiza, Togo, Turquía, Uruguay y Yemen.
[5]
La sospecha se ha ido instalando como elemento de justificación
para acciones punitivas de parte de las fuerzas públicas, negando
así las atribuciones de las instancias de justicia. En el caso de
las misiones humanitarias o de paz, cuyo propósito debería ser
restablecer y/o garantizar las condiciones para un funcionamiento
regular de las instituciones democráticas, no debería permitirse
tal grado de impunidad a las tropas que están autorizadas a
disparar si creen que alguien parece sospechoso.
[6]
Lo mismo ocurrió con el ataque a las torres gemelas. Algunos
investigadores y periodistas han sostenido que se trató de un
autoatentado para justificar los cambios drásticos de política
militar que le sucedieron. Y en este caso ya circulan escritos
basados en informaciones sobre el Proyecto HAARP con base en Alaska,
sosteniendo la hipótesis de la capacidad de generar cambios climáticos
y catástrofes como el terremoto en Haití.
[7]
http://www.abn.info.ve/noticia.php?articulo=217451&lee=16
[8]
"Bolivia teme que Haití se convierta en otra base militar
estadounidense". En DiarioCoLatino.com, San Salvador, enero 28,
2010. http://www.diariocolatino.com/es/20100119/internacionales/75895/
[9]
Ken Keen es el Military Deputy Commander (Comandante suplente o
adjunto) del Comando Sur y tiene amplia experiencia en la región,
además de haber comandado
la Fuerza
de Tarea Ranger en
la Operación Tormenta
en el Desierto y de haber formado parte del Comando Conjunto del
EUCOM en 2007-2009. Se trata de un militar de la más alta categoría
y experiencia en zonas de guerra y conflicto, en plenas funciones,
con trabajo reciente en áreas de alto riesgo estratégico. En América
Latina fungió como Oficial de las Fuerzas Especiales en Panamá
(1977-1980); Oficial del Grupo de Entrenamiento Militar en Honduras
(1980); Comandante del Grupo Militar de Estados Unidos en Colombia
(2001-2003); Comandante del Ejército del Sur de Estados Unidos
(2005-2007) y estudiante en el Comando Brasileño y el Colegio del
Comando General en Brasil (Brazilian Command and General Staff
College) (1987-1988). ( http://www.southcom.mil/AppsSC/pages/dcdrBio.php
). No hay que descuidar este último dato y los vínculos que
implica, sobre todo teniendo en cuenta el papel de las Fuerzas
Armadas brasileñas como comandantes de
la MINUSTAH.
[10]
Consultado en la página de internet del Comando Sur el día viernes
29 de enero de 2009 http://www.southcom.mil/AppsSC/factFiles.php?id=138
Rebelión publicó
este artículo a petición expresa de los autores, respetando su
libertad para publicarlo en otras fuentes.
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El
último capítulo del marxismo filosófico
Por
Beatriz Sarlo
Adorno,
, Benjamin, Marcuse, Habermas son apellidos centrales del
pensamiento del siglo XX ligados a
la Teoría Crítica
y rescatados por "
La Escuela
de Fráncfort", una monumental biografía intelectual
colectiva, recién editada en castellano. Beatriz Sarlo analiza la
obra de ese grupo excepcional, que exploró la dialéctica, el
marxismo y el freudismo. Luis Ignacio García escribe sobre la
influencia en el país.
THURINGEN,
1923. Participantes de una semana de estudios marxistas y parte del
entorno del Instituto para
la Investigación Social.
Entre ellos, Georg Luckacs (arriba, el 4° de la derecha) y Felix
Weil (arriba, el 2° de la izquierda).
1 de 2
Inútil
buscar una definición sintética de
la Escuela
de Fráncfort. Existieron diferencias (no siempre las mismas ni en
el mismo momento) entre sus integrantes más ilustres como Theodor
W. Adorno, Max Horkheimer y Herbert Marcuse. Cada uno de ellos
exploró a su manera y con distintos acentos la dialéctica, el
marxismo y el freudismo. Algunos hicieron sus contribuciones más
profundas en la estética y otros, en lo social. Finalmente, un
nombre icónico, como el de Walter Benjamin, no perteneció
realmente al Instituto que fue la base administrativa de
la Escuela
; y la teoría de la acción comunicativa de Jürgen Habermas no es
una consecuencia inevitable del pensamiento de sus mentores de
juventud.
Sin
embargo, casi todos creemos saber de qué se habla cuando se
menciona a
la Escuela
de Fráncfort y
la Teoría Crítica.
Versiones difundidas en el sentido común culto fusionan las
posiciones de Adorno sobre estética y su intervención decisiva en
el campo de la música moderna, la mirada detallista e innovadora de
Benjamin sobre la cultura urbana y material, la gran suma filosófico-histórica
de Horkheimer y Adorno sobre la razón ilustrada, las exploraciones
de Marcuse sobre la subjetividad en el capitalismo. Ellos, los
francfortianos, discutieron largamente mientras mantenían una
identidad que, pese a los conflictos, es rara en otros grupos. Son
un mosaico, pero los unía una tarea común que hoy ya podemos
definir (sin olvidar, por supuesto, el proyecto de Sartre) como el
último gran capítulo de la dialéctica, el último capítulo
posible del marxismo filosófico.
La Escuela
de Fráncfort, de Rolf Wiggershaus,
publicado en alemán en 1986 y ahora editado en castellano, es una
historia de este grupo excepcional.
Los
comienzos
En
1940, murió, después de años de parálisis física e inhabilidad
mental, el primer director del Instituto para
la Investigación Social
que se fundó en 1924 con dinero aportado por Felix Weil, hijo de un
exportador de cereales que se había enriquecido en
la Argentina. Los
tres años y medio que lo dirigió Carl Grünberg son un comienzo.
Las autoridades universitarias alemanas miraban con desconfianza a
ese Instituto financiado por un joven mecenas marxista, que promovía
un programa marxista de investigaciones y repartía sus becas entre
estudiantes también marxistas, muchos de ellos militantes del
Partido Comunista.
Providencialmente,
la enfermedad de Grünberg hizo posible un nuevo comienzo. Cuando,
en 1930, dejó la dirección del Instituto, el nombramiento de un
casi desconocido Max Horkheimer fue una decisión administrativa que
contenía en su centro el futuro institucional de
la Teoría Crítica.
Los anales del Instituto pasaron a llamarse Zeitschrift für
Sozialforschung, nombre que se volvió clásico. En su conferencia
inaugural, Horkheimer establecía un delicado equilibrio entre el
programa francamente marxista de su antecesor (suscripto por el
mecenas Weil) y una fórmula que pudiera sonar aceptable en el medio
universitario alemán que, aunque singularmente avanzado en Fráncfort,
de todos modos no habría tolerado por mucho tiempo un programa de
investigación exclusivamente centrado sobre el marxismo.
Así,
Horkheimer se refiere a la filosofía clásica alemana, a la idea de
totalidad en Hegel y extrae de allí la fundación metodológica y
teórica de un proyecto que investigara las relaciones de economía,
sociedad y cultura.
Como
queda ampliamente probado por Rolf Wiggershaus, la llegada de
Horkheimer fue inesperada, estratégicamente astuta y finalmente
providencial. Con todo detallismo, Wiggershaus cita las cartas, las
instrucciones y las observaciones ministeriales que armaron el
tinglado en el cual pareció prudente aprovechar la enfermedad de Grünberg
para imprimir un giro.
En
la extensa lista de nombres que protagonizan o son figuras
secundarias de este primer capítulo, Wiggershaus ofrece pruebas de
una recurrencia: son muchos los judíos (conservadores o liberales,
pero siempre ilustrados y de sentimientos profundamente alemanes, es
decir, judíos integrados), burgueses urbanos, grandes comerciantes
o industriales con inclinaciones a la acción pública prestigiosa y
el mecenazgo de las artes y las ciencias.
Aunque
Wiggershaus no lo subraya especialmente, es significativa esta
tipología porque, frente a ella, las persecuciones del nazismo, que
sucederían muy pocos años después, no se vuelven incomprensibles
para quienes las desataron, pero sí, en gran medida, para quienes
las padecieron en esta franja que no estaba habituada ni a la
segregación ni al desprecio.
Personalidades
Después
del "relato de comienzos", se pasa a las biografías
tempranas de los principales integrantes del grupo: desde las
novelas escritas por Horkheimer en su juventud a la formación
judaica y psicoanalítica de Erich Fromm, que se plantea el cruce teórico
entre la teoría de los instintos y la teoría de clases, y termina
fijando en el Instituto la primera sede universitaria del psicoanálisis
en Alemania.
Estas
detalladas e interesantes "vidas francfortianas", de todos
modos, interrumpen el curso de una historia. Arman un friso biográfico,
donde no es posible detenerse en lo que quizás hubieran sido
algunos paralelos significativos (Horkheimer como una especie de
Engels joven y judío, por ejemplo, poniendo de manifiesto, por si
hiciera falta una vez más, la pertenencia de los judíos al suelo
de la cultura alemana, y también las insospechadas supervivencias
de romanticismo social en sus obras juveniles). Quizás, el
intercalado de las vidas en curso de formación intelectual no haya
sido la mejor estrategia expositiva, aunque cada vida tomada en sí
misma es interesante como una miniatura. Otra estrategia de exposición
habría partido de los grandes teóricos leídos por casi todos,
como Lukacs o Korsch o Weber, para delinear un trayecto común a la
época.
Sin
embargo, aunque las biografías juveniles interrumpan la historia de
los primeros años del Instituto, abren una perspectiva desde la que
se comprueba que allí se reunieron tendencias que estaban un poco
por todas partes en la izquierda marxista alemana intelectual y
juvenil, que se consolidaron porque el Instituto les dio una
adscripción académica y el dinero que la universidad de Fráncfort
no habría invertido.
El
capítulo donde transcurren estos primeros años lleva el nombre
significativo pero intrigante de "El ocaso" (Dämmerung,
que la edición en inglés traduce, menos herméticamente, por
"Amanecer", tal como lo permite la palabra alemana). El título
es el de un libro de Horkheimer, publicado en 1934, donde
Wiggershaus encuentra la prueba de que tenía ya el programa de una
filosofía futura y de una "teoría científica de la
sociedad". Ese programa atravesó más de tres décadas, como
convicción, como promesa, como horizonte discutido por la propia
Teoría Crítica. José Sazbón, gran especialista argentino
desparecido hace dos años, sintetizó el conflicto finalmente
generado por la idea de totalidad que los lineamientos de Horkheimer
compartían con Lukacs. Sazbón concluye que el hegelianismo
totalizante del programa de Horkheimer se "dislocará" en
las vías recorridas por muchos francfortianos: el psicoanálisis,
la antropología, la crítica nietzscheana.
Las
historias intelectuales que incluye Wiggershaus en este primer capítulo
son una demostración de que, desde el comienzo, la teoría crítica
era mucho más y mucho menos de lo que prometía. Lo muestra el
itinerario, en los años veinte, de Theodor Adorno, que hace un
pasaje breve y frustrante por el Instituto, se va a Berlín donde
tiene una relación fundamental con Benjamin y regresa para trabajar
con Paul Tillich y establecerse en ese marco institucional, aunque
desconfiando o recusando la idea de una totalidad inalcanzable en la
filosofía contemporánea.
Pero
un verdadero ocaso, no simplemente el de la idea hegeliana de
totalidad, amenazaba a los jóvenes de Fráncfort. El mismo día en
que Hitler fue nombrado canciller del Reich, las SA (tropas de
choque de camisas pardas) se apoderaron de la casa de Horkheimer.
Comenzó el exilio que llevó a los francfortianos a Estados Unidos.
Adorno, siempre siguiendo un camino diferido o diferente, intentó
una carrera en Oxford, donde se lo ubicó, para su humillación, en
el lugar del estudiante de doctorado. Wiggershaus cita largamente la
correspondencia de 1934 entre Adorno y Horkheimer: "Usted (le
escribe Horkheimer) si no ha cambiado mucho, es una de las pocas
personas de las cuales el Instituto y la especial tarea teórica que
busca cumplir tienen algo que esperar en el plano intelectual".
Aunque
la afirmación fuera, en ese momento, injusta con Erich Fromm, todo
acontece en el relato de Wiggershaus como si Horkheimer conociera el
borrador del futuro o como si algunos rasgos personales de Adorno
alcanzaran para explicarlo. "Fijaciones" o celos,
desconfianza hacia otros intelectuales como Kracauer, disidencias
pequeñas pero significativas que terminaron en separaciones, como
con Erich Fromm. Ambos, Adorno y Horkheimer, sentían en cambio una
rara atracción por Benjamin, precisamente el que no llegó nunca al
exilio.
Wiggershaus
deja dos cosas en claro. La primera, más indiscutible por menos
teleológica, es que tanto Horkheimer como Adorno estaban fascinados
con Benjamin, y se lo comunicaban mutuamente en varias cartas de
1936, aunque quizá nunca pensaron que pudiera integrarse del todo a
la empresa común, por la persistencia en Benjamin en
"conceptos teológicos" insertados en una filosofía donde
tampoco terminaba de reconocerse la dialéctica. La segunda, que era
casi inevitable que Adorno y Horkheimer terminaran trabajando juntos
en
la Dialéctica
de
la Ilustración
, como si el nazismo, los desencuentros del año 34, en que uno ya
estaba en Nueva York y el otro todavía tentado en seguir una
carrera como crítico musical en Alemania, hubieran sido detalles de
una historia empírica que nunca llegaron a poner en peligro esa
obra esencial. Sin embargo, Wiggershaus también muestra que
Horkheimer, siempre tajante en sus intervenciones como organizador,
vaciló entre una colaboración filosófica de gran alcance con
Adorno y el camino multidisciplinario inscripto en el programa
fundador nunca abandonado, incluso cuando el Instituto regresó a su
primera sede alemana después de la guerra.
Diálogos
en el exilio
Durante
el período norteamericano, esa vía multidisciplinaria hizo posible
la alianza con Paul Lazarsfeld, trazando un desvío más académico
y empirista. Eran, sin embargo, hombres de texturas intelectuales
muy diferentes: Lazarsfeld, cuando en 1938 Adorno se sumó al
proyecto de investigación sobre la radio y sus efectos, le estampó
el estereotipo del "profesor alemán que, no obstante, dice una
cantidad de cosas interesantes". Por esta misma extrañeza de
origen y formación, Horkheimer se ve obligado a explicar varias
veces por qué
la Zeitschrift
für Sozialforschung siguió siendo publicada en alemán hasta 1939,
evitando las traducciones siempre peligrosas (por su tendencia a las
"simplificaciones y popularizaciones"), y también porque
en ese momento era la única revista independiente publicada en esa
lengua. Precisamente en su último número en alemán, se publicó
un artículo de alto impacto de Horkheimer: "Los judíos y
Europa".
Es
característico del relato de Wiggershaus recorrer cuántos caminos
laterales aparezcan. El proyecto inconcluso de Benjamin sobre París,
capital del siglo XIX es abordado en una pequeña monografía
intercalada en uno de los capítulos dedicados al Instituto en
Estados Unidos. Con excelentes fuentes documentales sigue el
tortuoso itinerario del intercambio entre Adorno y Benjamin, y las
objeciones de Horkheimer, que son menos significativas. Sin duda, el
intercambio entre Adorno y Benjamin es un punto muy alto de debate y
colaboración, de desacuerdo, reconocimiento y también ceguera,
pero surge el legítimo interrogante de si también lo fue en la
historia del Instituto, donde Benjamin no aparece nunca como una
figura central, sino como aquel intelectual magnético que atrae a
algunos de sus miembros.
Otro
ejemplo de excelente análisis intercalado es el de Filosofía de la
nueva música; Wiggershaus rastrea las razones del extraordinario
impacto y la "felicidad intelectual" que el texto de
Adorno le produjo a Horkheimer. Esas páginas, como las dedicadas a
Benjamin, son también intermezzi felices dentro del tono
predominante de análisis de relaciones intelectuales e
institucionales. La tercera inserción monográfica de estas
características es dedicada a la génesis y discusión de Dialéctica
de
la Ilustración
, esa obra magna que se convierte en una clave de bóveda del
proyecto, recoge líneas inconclusas del pensamiento benjaminiano y
le da una centralidad a Horkheimer y Adorno, desplazando hacia otros
espacios, de manera definitiva o por bastantes años, a Fromm,
Pollock y Marcuse.
El
libro de Wiggershaus es una historia de la línea central y de múltiples
caminos laterales. Cada una de las ocasiones en que Adorno disiente
con Horkheimer (por ejemplo acerca del ensayo de Marcuse sobre el
carácter afirmativo de la cultura, para mencionar sólo un caso),
prueba que el mismo término de Escuela es poco apropiado. Parece
mejor, referirse al Instituto, ya que esta denominación
administrativa y académica no establece los mismos compromisos de
unidad que estuvo siempre amenazada por las desavenencias filosóficas
de un grupo que se diferencia a medida que pasa el tiempo.
Pero
las disensiones no fueron solamente teóricas o metodológicas.
Sobre todo en los Estados Unidos, en los difíciles años de fines
de los treinta y comienzos de los cuarenta, cuando llegan
definitivamente todos los emigrados, valen también los conflictos
por la escasez de fondos; los manejos financieros de Horkheimer que,
secretamente, se reserva una parte importante de los de
la Fundación
que había financiado al Instituto en Alemania; su tenacidad para
presentar proyectos que intersectaran aquello que los financiadores
académicos americanos y también del American Jewish Committee podían
aceptar y lo que la gente del Instituto podía y se interesaba en
hacer. Horkheimer, por otra parte, incitaba a los miembros con
quienes simpatizaba menos a buscar sus medios de vida en otras
agencias, especialmente en las del Estado norteamericano, como en
los casos de Marcuse y Pollock.
El
proyecto sobre antisemitismo fue el último gran proyecto diseñado
en los Estados Unidos. En el comité consultivo de la investigación
se alinearon celebridades no sólo originadas en el Instituto sino
también grandes nombres como Margaret Mead o Robert Merton.
Wiggershaus, al compilar esos nombres, pone en evidencia que,
originarios de Fráncfort, sólo quedaban Adorno y Horkheimer, además
de Leo Löwenthal. En las infinitas maniobras que exigió la
aceptación del proyecto queda de manifiesto no sólo la destreza
administrativa de Horkheimer sino también la inserción lograda en
el exilio.
El
regres
o
Llega,
justo en ese momento, el fin de la guerra. Quienes, como Marcuse,
trabajaban en agencias de los Estados Unidos especializadas en los
problemas del conflicto, se quedaron sin trabajo y Horkheimer les
hizo saber que no les estaban esperando sus antiguos puestos, aunque
el futuro de
la Zeitschrift
ocupara a Marcuse tanto como a él y a Adorno. En la nueva situación,
la revista podía recuperar un espacio público europeo que estuvo
clausurado durante el nazismo. Europa, visitada en esos años de
posguerra, puede que "esté condenada por la historia",
pero "el hecho de que todavía existe pertenece también a la
imagen histórica y abriga la débil esperanza de que algo de lo
humano sobreviva" (escribía Adorno a Horkheimer en 1949).
Muchos
de los exiliados regresaron. En este punto del relato de Wiggershaus
podría hacerse un señalamiento. Su historia es increíblemente
detallada en lo que concierne a la génesis de obras y proyectos;
los desplazamientos internos del grupo por afinidades filosóficas y
personales; y las infinitas tácticas ensayadas frente a las
instituciones norteamericanas en los planos financiero y académico.
Una dimensión se extraña en toda esta prodigiosa reconstrucción:
la del campo del exilio en su conjunto y la del impacto en estos
europeos pura cepa de la sociedad americana en la que se insertaron.
En este punto, el relato, que sigue todos los desvíos necesarios,
no se propone la reconstrucción de una escena más amplia. Digamos
que no es suficientemente materialista en lo que concierne al
paisaje urbano, cultural y social en el que los exiliados vivieron y
que había provocado en ellos el famoso reflejo del "espléndido
aislamiento".
Esa
ausencia de atmósfera no ocurre, en cambio, en el comienzo del
sexto capítulo, el del regreso definitivo a Fráncfort. El choque
es violento porque los hombres del Instituto habían emigrado de una
Alemania donde la cultura producida por judíos e influida por ellos
era esencial. La nación dividida a la que regresaban les presenta sólo
el vacío donde esa cultura había vivido enérgicamente.
Fráncfort
los recibió en triunfo. Sin embargo, para refundar el Instituto,
era necesario conseguir los fondos. Para convencer no a inexistentes
mecenas judíos sino a la burocracia estatal, Horkheimer argumenta
casi con las mismas palabras de su programa inicial: unir la tradición
filosófica y social alemana con las investigaciones empíricas, sólo
que, en esta ocasión acaecida veinte años después, sumando los
aportes metodológicos de la sociología norteamericana (con la que
Adorno ya no tendrá más nada que ver). En 1951 se reabre el
Instituto. Pero sus miembros van y vienen. En 1952, Adorno vuelve a
Estados Unidos, en un viaje que le resulta más duro que el exilio.
Marcuse, que desea regresar a Fráncfort y estrechar una colaboración
con Horkheimer, una vez más, fracasa. Pero en 1955 él publica Eros
y civilización, el libro que Wiggershaus llama con justicia
la Dialéctica
de
la Ilustración
de Marcuse.
Fue
la consagración intelectual y pública de los fundadores. Pero
también la aparición de nuevos personajes, como Jürgen Habermas,
nacido en 1929 cuando se estaba fundando el Instituto, y que elegía
escribir en los diarios sobre autores por los que Adorno sentía
lejanía y hostilidad. Habermas recuerda el impacto de su primera
reunión con Adorno: lo escuchó como si estuvieran hablándole Marx
o Freud, los grandes de la cultura alemana en el pasado. Prevaleció
la continuidad y, en 1965, Habermas obtuvo la cátedra que había
sido de Horkheimer.
La
doble imagen que se le ocurre a Habermas (la de una envergadura pretérita
aunque presente) es también la que ilustra el final del libro de
Wiggershaus. Los jóvenes de los sesenta encontraron una referencia
en Fráncfort y, sobre todo, en las fórmulas que sintetizaban su
proyecto marxista y dialéctico original. Pero quienes habían
escrito y hecho posible ese proyecto estaban cada vez más lejos de
ese nuevo mundo insurreccional y culturalmente revulsivo. Quizá la
única excepción fuera Marcuse, que miraba intensamente esa
sociedad capitalista tardía mientras Adorno, alejado, coronaba su
obra filosófica y estética.
Wiggershaus
reconstruye, con testimonios muy próximos a los hechos, el año
1967, donde Adorno va de un malentendido a otro en reuniones y
conferencias con los estudiantes radicalizados. El relato deja ver
perfectamente la naturaleza cultural, ideológica y generacional de
una comunicación casi imposible: ni a Adorno le interesa la reforma
de la universidad (que fue la bandera con la que comenzaron muchas
de las revueltas juveniles de esos años), ni los estudiantes están
en condiciones de seguirlo en el proyecto más duro, más difícil,
con que el filósofo está terminando su vida. Malentendidos
diferentes, pero igualmente insalvables, separaron a los estudiantes
de Marcuse, que fue recibido por ellos como una voz de la revolución
para escuchar que, en vez de darles un lugar de primera fila en ese
futuro, les dice que no son ellos, los estudiantes, los principales
protagonistas.
Este
final, melancólico pero inevitable en esta gran biografía
intelectual colectiva, tiene una vibración personal y el lector
adivina en Rolf Wiggershaus (nacido en 1944) un testigo muy próximo
de los avatares con los que compone su historia de la génesis y
realización de
la Teoría Crítica
, de la revista y el Instituto. Toda ella provocaba a construir un
libro al que es difícil llamar simplemente extenso. Es, al mismo
tiempo, agotador e imprescindible. Wiggershaus ha sido implacable en
la recopilación de fuentes documentales inéditas y en la revisión
de las ya conocidas; se mueve en un terreno que le es familiar desde
su doctorado con Habermas, pero no da nada por descontado: revisa
todo y no se permite una elipsis en el relato; no da respiro, porque
es un investigador que tampoco se lo permite. La escuela de Fráncfort
es un atlas, una guía exhaustiva, un repertorio bibliográfico
completo y una enciclopedia razonada.
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El
posneoliberalismo y sus bifurcaciones
Por:
Ana
Esther Ceceña *
El
fin del neoliberalismo
El
neoliberalismo tocó fin definitivamente con la crisis estallada en
2008. No hay vuelta atrás. El mercado, por sí mismo, es
autodestructivo. Necesita soportes y contenedores. La sociedad
capitalista, arbitrada por el mercado, o bien se depreda, o bien se
distiende. No tiene perspectivas de largo plazo.
Después
de 30 años de neoliberalismo ocurrieron las dos cosas. La voracidad
del mercado llevó a límites extremos la apropiación de la
naturaleza y la desposesión de los seres humanos. Los territorios
fueron desertificados y las poblaciones expulsadas. Los pueblos se
levantaron y la catástrofe ecológica, con un altísimo grado de
irreversibilidad, comenzó a manifestarse de manera violenta.
Los
pueblos se rebelaron contra el avance del capitalismo bloqueando los
caminos que lo llevaban a una mayor apropiación. Levantamientos
armados cerraron el paso a las selvas; levantamientos civiles
impiden la edificación de represas, la minería intensiva, la
construcción de carreteras de uso pesado, la privatización de petróleo
y gas y la monopolización del agua. El mercado, solo, no podía
vencer a quienes ya estaban fuera de su alcance porque habían sido
expulsados y desde ahí, desde el no-mercado, luchaban por la vida
humana y natural, por los elementos esenciales, por otra relación
con la naturaleza, por detener el saqueo.
El
fin del neoliberalismo inicia cuando la medida de la desposesión
toca la furia de los pueblos y los obliga a irrumpir en la escena.
Los
cambios de fase
La
sociedad capitalista contemporánea ha alcanzado un grado de
complejidad que la vuelve altamente inestable. De la misma manera
que ocurre con los sistemas biológicos (Prigogine, 2006), los
sistemas sociales complejos tienen una capacidad infinita y en gran
medida impredescible de reacción frente a los estímulos o cambios.
El abigarramiento con el que se edificó esta sociedad, producto de
la subsunción pero no eliminación de sociedades diferentes, con
otras cosmovisiones, costumbres e historias, multiplica los
comportamientos sociales y las percepciones y prácticas políticas
a lo largo y ancho del mundo y abre con ello un espectro inmenso de
sentidos de realidad y posibilidades de organización social.
La
potencia cohesionadora del capitalismo ha permitido establecer
diferentes momentos de lo que los físicos llaman equilibrio, en los
que, a pesar de las profundas contradicciones de este sistema y del
enorme abigarramiento que conlleva, disminuyen las tendencias
disipadoras. No obstante, su duración es limitada. En el paso del
equilibrio a la disipación aparecen constantemente las
oportunidades de bifurcación que obligan al capitalismo a encontrar
los elementos cohesionadores oportunos para construir un nuevo
equilibrio o, en otras palabras, para restablecer las condiciones de
valorización del capital. Pero siempre está presente el riesgo de
ruptura, que apunta hacia posibles dislocamientos epistemológicos y
sistémicos.
Los
equilibrios internos del sistema, entendidos como patrones de
acumulación en una terminología más económica, son modalidades
de articulación social sustentadas en torno a un eje dinamizador u
ordenador. Un eje de racionalidad complejo que, de acuerdo con las
circunstancias, adopta diferentes figuras: en la fase fordista era
claramente la cadena de montaje para la producción en gran escala y
el estado en su carácter de organizador social; en el
neoliberalismo el mercado; y en el posneoliberalismo es simultáneamente
el estado como disciplinador del territorio global, es decir, bajo
el comando de su vertiente militar, y las empresas como medio de
expresión directa del sistema de poder, subvirtiendo los límites
del derecho liberal construido en etapas anteriores del capitalismo.
Los
posneoliberalismos y las bifurcaciones
La
incertidumbre acerca del futuro lleva a caracterizarlo más como
negación de una etapa que está siendo rebasada. Si la modalidad
capitalista que emana de la crisis de los años setenta, que
significó una profunda transformación del modo de producir y de
organizar la producción y el mercado, fue denominada por muchos
estudiosos como posfordista; hoy ocurre lo mismo con el tránsito
del neoliberalismo a algo diferente, que si bien ya se perfila,
todavía deja un amplio margen a la imprevisión.
Posfordismo
se enuncia desde la perspectiva de los cambios en el proceso de
trabajo y en la modalidad de actuación social del estado;
neoliberalismo desde la perspectiva del mercado y del relativo
abandono de la función socializadora del estado. En cualquiera de
los dos casos no tiene nombre propio, o es un pos, y en ese
sentido un campo completamente indefinido, o es un neo, que
delimita aunque sin mucha creatividad, que hoy están dando paso a
otro pos, mucho más sofisticado, que reúne las dos
cualidades: pos-neo-liberalismo. Se trata de una categoría con poca
vida propia en el sentido heurístico, aunque a la vez polisémica.
Su virtud, quizá, es dejar abiertas todas las posibilidades de
alternativa al neoliberalismo –desde el neofascismo hasta
la bifurcación civilizatoria–, pero son inciertas e insuficientes
su fuerza y cualidades explicativas.
En
estas circunstancias, para avanzar en la precisión o modificación
del concepto es indispensable detenerse en una caracterización de
escenarios, entendiendo que el espectro de posibilidades incluye
alternativas de reforzamiento del capitalismo –aunque sea un
capitalismo con más dificultades de legitimidad–; de construcción
de vías de salida del capitalismo a partir de las propias
instituciones capitalistas; y de modos colectivos de concebir y
llevar a la práctica organizaciones sociales no-capitalistas.
Trabajar todos los niveles de abstracción y de realidad en los que
este término ocupa el espacio de una alternativa carente de
apelativo propio, o el de alternativas diversas en situación de
coexistencia sin hegemonismos, lo que impide que alguna otorgue un
contenido específico al proceso superador del neoliberalismo.
El
posneoliberalismo del capital
Aun
antes del estallido de la crisis actual, ya eran evidentes los límites
infranqueables a los que había llegado el neoliberalismo. La
bonanza de los años dorados del libre mercado permitió expandir el
capitalismo hasta alcanzar, en todos sentidos, la escala planetaria;
garantizó enormes ganancias y el fortalecimiento de los grandes
capitales, quitó casi todos los diques a la apropiación privada;
flexibilizó, precarizó y abarató los mercados de trabajo; y colocó
a la naturaleza en situación de indefensión. Pero después de su
momento innovador, que impuso nuevos ritmos no sólo a la producción
y las comunicaciones sino también a las luchas sociales, empezaron
a aparecer sus límites de posibilidad.
Dentro
de éstos, es importante destacar por lo menos tres, referidos a las
contradicciones inmanentes a la producción capitalista y su expresión
específica en este momento de su desarrollo y a las contradicciones
correspondientes al proceso de apropiación y a las relaciones
sociales que va construyendo:
1.
El éxito del neoliberalismo en extender los márgenes de expropiación,
lo llevó a corroer los consensos sociales construidos por el
llamado estado del bienestar, pero también a acortar los mercados.
La baja general en los salarios, o incluso en el costo de reproducción
de la fuerza de trabajo en un sentido más amplio, fue expulsándola
paulatinamente del consumo más sofisticado que había alcanzado
durante el fordismo. La respuesta capitalista consistió en
reincorporar al mercado a esta población, cada vez más abundante,
a través de la producción de bienes precarios en gran escala. No
obstante, esta reincorporación no logra compensar ni de lejos el
aumento en las capacidades de producción generadas con las tecnologías
actuales, ni retribuir las ganancias esperadas. El grado de
apropiación y concentración, el desarrollo tecnológico, la
mundialización tanto de la producción como de la comercialización,
es decir, el entramado de poder objetivado construido por el capital
no se corresponde con las dimensiones y características de los
entramados sociales. Es un poder que empieza a tener problemas
serios de interlocución.
2.
Estas enormes capacidades de transformación de la naturaleza en
mercancía, en objeto útil para el capital, y la capacidad
acumulada de gestión económica, fortalecida con los cambios de
normas de uso del territorio y de concepción de las soberanías,
llevaron a una carrera desatada por apropiarse todos los elementos
orgánicos e inorgánicos del planeta. Conocer las selvas,
doblegarlas, monopolizarlas, aislarlas, separarlas en sus
componentes más simples y regresarlas al mundo convertidas en algún
tipo de mercancía fue –es– uno de los caminos de afianzamiento
de la supremacía económica; la ocupación de territorios para
convertirlos en materia de valorización. Paradójicamente, el
capitalismo de libre mercado promovió profundos cercamientos y
amplias exclusiones. Pero con un peligro: Objetivar la vida es
destruirla.
Con
la introducción de tecnologías de secuenciación industrial, con
el conocimiento detallado de genomas complejos con vistas a su
manipulación, con los métodos de nanoexploración y transformación,
con la manipulación climática y muchos otros de los desarrollos
tecnológicos que se han conocido en los últimos 30 años, se
traspasó el umbral de la mayor catástrofe ecológica registrada en
el planeta. Esta lucha del capitalismo por dominar a la naturaleza e
incluso intentar sustituirla artificialmente, ha terminado por
eliminar ya un enorme número de especies, por provocar
desequilibrios ecológicos y climáticos mayores y por poner a la
propia humanidad, y con ella al capitalismo, en riesgo de extinción.
Pero
quizá los límites más evidentes en este sentido se manifiestan en
las crisis de escasez de los elementos fundamentales que sostienen
el proceso productivo y de generación de valor como el petróleo; o
de los que sostienen la producción de la vida, como el agua, en
gran medida dilapidada por el mal uso al que ha sido sometida por el
propio proceso capitalista. La paradoja, nuevamente, es que para
evitar o compensar la escasez, se diseñan estrategias que refuerzan
la catástrofe como la transformación de bosques en plantíos de
soja o maíz transgénicos para producir biocombustibles, mucho
menos rendidores y tan contaminantes y predatorios como el petróleo.
El
capitalismo ha demostrado tener una especial habilidad para saltar
obstáculos y encontrar nuevos caminos, sin embargo, los niveles de
devastación alcanzados y la lógica con que avanza hacia el futuro
permiten saber que las soluciones se dirigen hacia un callejón
sin salida en el que incluso se van reduciendo las condiciones de
valorización del capital.
3.
Aunque el neoliberalismo ha sido caracterizado como momento de
preponderancia del capital financiero, y eso llevó a hablar de un
capitalismo desterritorializado, en verdad el neoliberalismo se
caracterizó por una disputa encarnizada por la redefinición del
uso y la posesión de los territorios, que ha llevado a redescubrir
sociedades ocultas en los refugios de selvas, bosques, desiertos o
glaciares que la modernidad no se había interesado en penetrar. La
puesta en valor de estos territorios ha provocado una ofensiva de
expulsión, desplazamiento o recolonización de estos pueblos, que,
evidentemente, se han levantado en contra.
Esto,
junto con las protestas y revueltas originadas por las políticas de
ajuste estructural o de privatización de recursos, derechos y
servicios promovidas por el neoliberalismo, ha marcado la escena política
desde los años noventa del siglo pasado. Las condiciones de
impunidad en que se generaron los primeros acuerdos de libre
comercio, las primeras desregulaciones, los despojos de tierras y
tantas otras medidas impulsadas desde la crisis y reorganización
capitalista de los años setenta-ochenta, cambiaron a partir de los
levantamientos de la década de los noventa en que se produce una
inflexión de la dinámica social que empieza a detener las riendas
sueltas del neoliberalismo.
No
bastaba con darle todas las libertades al mercado. El mercado funge
como disciplinador o cohesionador en tanto mantiene la capacidad
desarticuladora y mientras las fuerzas sociales se reorganizan en
correspondencia con las nuevas formas y contenidos del proceso de
dominación. Tampoco podía ser una alternativa de largo plazo, en
la medida que la voracidad del mercado lleva a destruir las
condiciones de reproducción de la sociedad.
El
propio sistema se vio obligado a trascender el neoliberalismo
trasladando su eje ordenador desde la libertad individual (y la
propiedad privada) promovida por el mercado hacia el control social
y territorial, como medio de restablecer su posibilidad de futuro.
La divisa ideológica del “libre mercado” fue sustituida por la
“seguridad nacional” y una nueva fase capitalista empezó a
abrirse paso con características como las siguientes:
1.
Si el neoliberalismo coloca al mercado en situación de usar el
planeta para los fines del mantenimiento de la hegemonía
capitalista, en este caso comandada por Estados Unidos, en esta
nueva fase, que se abre junto con la entrada del milenio, la misión
queda a cargo de los mandos militares que emprenden un proceso de
reordenamiento interno, organizativo y conceptual, y uno de
reordenamiento planetario.
El
cambio de situación del anteriormente llamado mundo socialista ya
había exigido un cambio de visión geopolítica, que se corresponde
con un nuevo diseño estratégico de penetración y control de los
territorios, recursos y dinámicas sociales de la región centroasiática.
El enorme peso de esta región para definir la supremacía económica
interna del sistema impidió, desde el inicio, que ésta fuera
dejada solamente en las manos de un mercado que, en las
circunstancias confusas y desordenadas que siguieron al derrumbe de
la Unión Soviética
y del Muro de Berlín, podía hacer buenos negocios pero no
condiciones de reordenar la región de acuerdo con los criterios de
la hegemonía capitalista estadounidense. En esta región se empieza
a perfilar lo que después se convertiría en política global: el
comando militarizado del proceso de producción, reproducción y
espacialización del capitalismo de los albores del siglo XXI.
2.
Esta militarización atiende tanto a la potencial amenaza de otras
coaliciones hegemónicas que dentro del capitalismo disputen el
liderazgo estadounidense como al riesgo sistémico por
cuestionamientos y construcción de alternativas de organización
social no capitalistas. Sus propósitos son el mantenimiento de las
jerarquías del poder, el aseguramiento de las condiciones que
sustentan la hegemonía y la contrainsurgencia. Supone mantener una
situación de guerra latente muy cercana a los estados de excepción
y una persecución permanente de la disidencia.
Estos
rasgos nos llevarían a pensar rápidamente en una vuelta del
fascismo, si no fuera porque se combinan con otros que lo
contradicen y que estarían indicando las pistas para su
caracterización más allá de los “neos” y los “pos”.
Las
guerras, y la política militar en general, han dejado de ser un
asunto público. No solamente porque muchas de las guerras contemporáneas
se han enfocado hacia lo que se llama “estados fallidos”, y en
ese sentido no son entre “estados” sino de un estado contra la
sociedad de otra nación, sino porque aunque sea un estado el que
las emprende lo hace a través de una estructura externa que una vez
contratada se rige por sus propias reglas y no responde a los
criterios de la administración pública.
El
outsourcing, que se ha vuelto recurrente en el capitalismo de
nuestros días, tiene implicaciones muy profundas en el caso que nos
ocupa. No se trata simplemente de privatizar una parte de las
actividades del estado sino de romper el sentido mismo del estado.
La cesión del ejercicio de la violencia de estado a particulares
coloca la justicia en manos privadas y anula el estado de derecho.
Ni siquiera es un estado de excepción. Se ha vaciado de autoridad y
al romper el monopolio de la violencia la ha instalado en la
sociedad.
En
el fascismo había un estado fuerte capaz de organizar a la sociedad
y de construir consensos. El estado centralizaba y disciplinaba. Hoy
apelar al derecho y a las normas establecidas colectivamente ha
empezado a ser un disparate y la instancia encargada de asegurar su
cumplimiento las viola de cara a la sociedad. Ver, si no, los
ejemplos de Guantánamo o de la ocupación de Irak.
Con
la reciente crisis las instituciones capitalistas más importantes
se han desfondado. El FMI y el Banco Mundial son repudiados hasta
por sus constructores. Estamos entrando a un capitalismo sin
derecho, a un capitalismo sin normas colectivas, a un capitalismo
con un estado abiertamente faccioso. Al capitalismo mercenario.
El
posneoliberalismo nacional alternativo
Otra
vertiente de superación del neoliberalismo es la que protagonizan
hoy varios estados latinoamericanos que se proclaman socialistas o
en transición al socialismo y que han empezado a contravenir, e
incluso revertir, la política neoliberal impuesta por el FMI y el
Banco Mundial. Todas estas experiencias que iniciaron disputando
electoralmente la presidencia, aunque distintas entre sí, comparten
y construyen en colaboración algunos caminos para distanciarse de
la ortodoxia dominante. Bolivia, Ecuador y Venezuela, de diferentes
maneras y con ritmos propios, impulsan políticas de recuperación
de soberanía y de poder participativo, que se ha plasmado en las
nuevas Constituciones elaboradas por sus sociedades1.
La
disputa con el FMI y el Banco Mundial ha determinado un alejamiento
relativo de sus políticas y de las propias instituciones, al tiempo
que se inicia la creación de una institucionalidad distinta, todavía
muy incipiente, a través de instancias como el ALBA, el Banco del
Sur, Petrocaribe y otras que, sin embargo, no marcan una pauta
anticapitalista en sí mismas sino que apuntan, por el momento, a
constituir un espacio de mayor independencia con respecto a la
economía mundial, que haga propicia la construcción del
socialismo. Considerando que, aun sin tener certeza de los
resultados, se trata en estos casos por lo menos de un escenario
posneoliberal diferente y confrontado con el que desarrollan las
potencias dominantes, es conveniente destacar algunos de sus desafíos
y paradojas.
1.
Para avanzar en procesos de recuperación de soberanía,
indispensable en términos de su relación con los grandes poderes
mundiales --ya sea que vengan tras facetas estatales o
empresariales--, y para emprender proyectos sociales de gran escala
bajo una concepción socialista, requieren un fortalecimiento del
estado y de su rectoría. Lo paradójico es que este estado es una
institución creada por el propio capitalismo para asegurar la
propiedad privada y el control social.
2.
Los procesos de nacionalización emprendidos o los límites
impuestos al capital transnacional, pasándolo de dueño a prestador
de servicios, o a accionista minoritario, marca una diferencia
sustancial en la capacidad para disponer de los recursos estratégicos
de cada nación. La soberanía, en estos casos, es detentada y
ejercida por el estado, pero eso todavía no transforma la concepción
del modo de uso de estos recursos, al grado de que se estimulan
proyectos de minería intensiva, aunque bajo otras normas de
propiedad. Para un “cambio de modelo” esto no es suficiente, es
un primer paso de continuidad incierta, si bien representa una
reivindicación popular histórica.
3.
El reforzamiento del interés nacional frente a los poderes globales
o transnacionales va acompañado de una centralización estatal que
no resulta fácilmente compatible con la plurinacionalidad postulada
por las naciones o pueblos originarios, ni con la idea de una
democracia participativa que acerque las instancias de deliberación
y resolución a los niveles comunitarios.
4.
Las Constituyentes han esbozado las líneas de construcción de una
nueva sociedad. En Bolivia y Ecuador se propone cambiar los
objetivos del “desarrollo” por los del “buen vivir”2,
marcando una diferencia fundamental entre la carrera hacia delante
del desarrollo con la marcha horizontal e incluso circular del buen
vivir, que llamaría a recordar la metáfora zapatista de caminar al
paso del más lento. La dislocación epistemológica que implica
trasladarse al terreno del buen vivir coloca el proceso ya en el
camino de una bifurcación societal y, por tanto, la discusión ya
no es neoliberalismo o posneoliberalismo sino eso otro que ya no es
capitalista y que recoge las experiencias milenarias de los pueblos
pero también la crítica radical al capitalismo. Los apelativos son
variados: socialismo comunitario, socialismo del siglo XXI,
socialismo en el siglo XXI, o ni siquiera socialismo, sólo buen
vivir, autonomía comunitaria u horizontes emancipatorios.
Ahora
bien, la construcción de ese otro, que genéricamente podemos
llamar el buen vivir, tiene que salirse del capitalismo pero a la
vez tiene que transformar al capitalismo, con el riesgo, siempre
presente, de quedar atrapado en el intento porque, entre otras
razones, esta búsqueda se emprende desde la institucionalidad del
estado (todavía capitalista), con toda la carga histórica y política
que conlleva.
El
posneoliberalismo de los pueblos
Otro
proceso de salida del neoliberalismo es el que han emprendido los
pueblos que no se han inclinado por la lucha electoral,
fundamentalmente porque han decidido de entrada distanciarse de la
institucionalidad dominante. En este proceso, con variantes, se han
involucrado muchos de los pueblos indios de América, aunque no sólo,
y su rechazo a la institucionalidad se sustenta en la combinación
de las bifurcaciones con respecto a la dominación colonial que
hablan de rebeliones larvadas a lo largo de más de 500 años, con
las correspondientes a la dominación capitalista. Las naciones
constituidas en el momento de la independencia de España y Portugal
en realidad reprodujeron las relaciones de colonialidad interna y
por ello no son reconocidas como espacios recuperables.
La
resistencia y las rebeliones se levantan a veces admitiendo la nación,
más no el estado, como espacio transitorio de resistencia, y a
veces saltando esta instancia para lanzarse a una lucha
anticapitalista-anticolonial y por la construcción-reconstrucción
de formas de organización social simplemente distintas.
Desde
esta perspectiva el proceso se realiza en los espacios comunitarios,
transformando las redes cotidianas y creando condiciones de
autodeterminación y autosustentación, siempre pensadas de manera
abierta, en interlocución y en intercambio solidario con otras
experiencias similares.
Recuperar
y recrear formas de vida propias, humanas, de respeto con todos los
otros seres vivos y con el entorno, con una politicidad libre y sin
hegemonismos. Democracias descentradas. Este es el otro camino de
salida del neoliberalismo, que sería muy empobrecedor llamar
posneoliberalismo porque, incluso, es difícil de ubicar dentro del
mismo campo semántico. Y todos sabemos que la semántica es también
política y que también ahí es preciso subvertir los sentidos para
que correspondan a los nuevos aires emancipatorios.
Lo
que viene después del neoliberalismo es una abanico abierto con múltiples
posibilidades. No estrechemos el horizonte cercándolo con términos
que reducen su complejidad y empequeñecen sus capacidades creativas
y emancipatorias. El mundo está lleno de muchos mundos con
infinitas rutas de bifurcación. A los pueblos en lucha toca ir
marcando los caminos.
Bibliografía
Acosta,
Alberto 2008 “La compleja tarea de construir democráticamente una
sociedad democrática” en Tendencia N° 8 (Quito).
Prigogine,
Ilya 2006 (1988) El nacimiento del tiempo (Argentina:
Tusquets).
Constitución
de
la República
del Ecuador
2008.
Asamblea
Constituyente de Bolivia 2007 Nueva Constitución Política del
Estado (documento oficial)
*
Rebelión
ha publicado este artículo a petición expresa de la
autora, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
.
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Trovador
de un mundo en ocaso,
Flores Galindo: la historia como pasión
Por
Maruja
Martínez Castilla *
Hemos pasado de la obsesión por el pasado, al nacimiento de un
nuevo tipo de
relación
con la memoria y los recuerdos:
dejamos
de estar dominados por los muertos y queremos hacer de
la Historia
sólo un instrumento
para
edificar —como diría Basadre— una nueva morada.
Alberto Flores Galindo, 1988.
Introducción
Sin
duda alguna, no se podría hablar de la historia del Perú en este
siglo [XX] sin consultar a Alberto Flores Galindo (1949-1990).
Muerto tempranamente, dejó una obra vasta, que todavía no se ha
recopilado en su totalidad: siete libros y centenares de artículos
y ensayos nos hablan de esta forma de hacer historia, con esa rara
combinación entre erudición académica y lenguaje claro y
sencillo.
Sería
legítimo pensar que esa característica es algo de segundo orden.
Mas no es así. Me atrevería a afirmar que fue intencionado. Escribía
para los anónimos, para los menos. Quienes trabajamos con él
recordamos su preocupación por los jóvenes y por los provincianos.
Los temas que aborda en su corta vida tienen un centro: el ser
peruano concreto.
En
1968, año paradigmático, ingresó a
la Facultad
de Historia de
la Universidad Católica
, luego de los dos años de rigor en
la Facultad
de Letras. También ese año comienza a dictar clases en esa misma
universidad, actividad que no cesaría hasta el 12 de diciembre de
1989, cuando su clase fue una conversación con sus estudiantes del
Post-Grado de Ciencias Sociales sobre un tema que era muy querido
por él y que quedó inconcluso: Arguedas.
Fue
en las aulas de esa misma universidad donde conoció a Sartre y se
identificó con la preocupación de éste por la condición humana1,
un tema que no abandonaría jamás2.
Cuando presentó su tesis de bachillerato, Los mineros de
la Cerro
de Pasco 1900-1930, formuló
la pregunta que rondaría la totalidad de su obra: «¿Quiénes son
en realidad estos hombres? 3».
Tenía entonces veintidós años. Cuando la tesis se convierte en
libro, en 1974, señala de una forma aún más clara lo que sería
el norte de su obra histórica:
Interesados
en los mineros no por un quehacer puramente académico, sino por su
importancia en función de la transformación de la sociedad
peruana, ellos y los campesinos con los que están estrechamente
ligados, constituyen el centro de nuestro trabajo... Nos va a
interesar no sólo el grado de explotación económica a que
estuvieron sometidos, sino también sus relaciones sociales, su vida
cotidiana, sus canciones, sus sentimientos, etc.4
Desde
entonces declaró la guerra a las certezas, a las ideas sin aristas,
e instauró la interrogación como su método favorito de hacer
historia: buscar no con el objetivo de encontrar,
sino más bien de entender a sus
protagonistas. En palabras de Antonio Melis, «[d]espués de tantos
años de trabajo, lo que se exhibe no son certidumbres sino dudas
fecundas5.
Cada
uno de sus libros fue una ruptura: en Los
mineros de
la Cerro
de Pasco rompe con la noción
estrecha de «clase»; En Arequipa y el sur andino:
con el análisis económico tradicional; en Aristocracia y plebe:
con la imagen binaria de Lima; en Apogeo y crisis de la república aristocrática
(escrito con Manuel Burga): con la historia lineal y bipolar,
incorporando las rebeliones campesinas; en La agonía de Mariátegui:
con la imagen estereotipada y dogmática que le atribuía cuanto
tipo de doctrina dogmática hay («megáfono de
ideas ajenas» le llama Eduardo Cáceres, parafraseando a AFG6).
Ya
desde la década de los setenta, había sentado los puntos focales
que constituyeron su contribución a la historia del Perú: Mariátegui,
el movimiento obrero de los 20-30, la polémica con Haya y el primer
aprismo, y los inicios del Partido Comunista; Túpac Amaru y el sur
andino, temas a los que dedicó dos de sus libros; la fragmentación
del país con miradas específicas a Lima, por un lado, y al
campesinado por otro. Buscando
un Inca sintetiza tal vez
todas estas miradas, donde todo lo dicho anteriormente «se
entrelaza».
El presente trabajo intenta trazar, en primer lugar, los rasgos
mayores de la manera como Flores Galindo entendió e hizo la
historia, incluyendo el concepto de totalidad y las diversas
metodologías. Luego la visión que fue desarrollando sobre el Perú
y la relación con el pasado, así como las temáticas
regionalistas. En tercer lugar, la peculiar relación que construyó
entre la historia y el marxismo. Y en cuarto lugar, la utopía
andina, el radical intento totalizador que de alguna manera
culminaría sus estudios anteriores.
I. La
historia total
Quienes
pertenecemos a la generación de Flores Galindo o a otras
generaciones anteriores, en nuestra educación escolar aprendimos la
historia alrededor de culturas «muertas», héroes y batallas. Los
personajes no sólo eran presidentes o generales. También había
pescadores como Olaya, o rebeldes como Túpac Amaru o Pumacahua.
Pero no tenían ninguna relación con el Perú que vivimos ni con
las personas que conocimos. Había, pues, que romper ese modelo, no
sólo en la universidad sino también en la escuela, como AFG lo señala
saludando la publicación de un libro para primero de secundaria,
redactado por Pablo Macera:
En
la escuela... estudiar el pasado requiere únicamente de la memoria:
nombres, fechas acontecimientos repetidos año tras año, terminan
por delinear la imagen de una disciplina menor, aburrida y torpe,
donde el presente no mantiene ninguna relación con el pasado y el
país aparece desligado del mundo. Un saber inútil. De esta manera
la enseñanza de la historia lejos de cimentar una conciencia
nacional, sólo sirve para empobrecerla7.
Y,
en el caso de la enseñanza superior, critica que en el Perú ha
habido una tendencia a pensar en el pasado «como un simple relato
de acontecimientos», como lo dice en el prólogo de una antología
publicada en 1975 para los estudiantes de Ciencias Sociales de
la Universidad Católica.
El expreso propósito era introducirlos en las nuevas corrientes
historiográficas que surgían para negar lo que había sido «la
descripción en lugar del análisis; el apego exclusivo a la
documentación erudita, anulando la inteligencia del investigador».
Esta visión, acota, está siendo reemplazada por el interés en «los
procesos estructurales y coyunturales, por el estudio de los
sistemas sociales y el análisis de la lógica interna que los
rige...
La Historia
contemporánea busca constituirse efectivamente en un dominio científico.
Para este proceso han sido decisivos los aportes de otras ciencias
sociales»8.
No sólo fuentes, sino vinculación multidisciplinaria: literatura,
economía, teoría política, sociología, antropología, y psicoanálisis.
«Un libro de historia, sobre todo en el Perú, deber ser tenido en
cuenta no sólo por lo que dicen, por lo que soluciona, sino también
por los nuevos caminos que abre, los incentivos que puede despertar
para futuras investigaciones»9.
De
un modo similar, distancia de aquella otra visión tan común que
reduce la historia del Perú a la división de dos grandes
vertientes: la indígena/andina y la hispana, que deberían unirse.
El mestizaje resultante resolvería la formación de una nación,
objetivo que no había podido lograrse en los tiempos. El énfasis
en una u otra vertiente darían forma a las tendencias indigenista e
hispanista. Flores Galindo no vacila en saludar la intervención de
las otras ciencias para poner en cuestión este paradigma binario de
la historia peruana10.
Lejos
de establecer las generalizaciones, su mirada fue más bien hacia
las peculiaridades. Los historiadores peruanos, atrincherados en el
indigenismo, el hispanismo o el marxismo, realizaban
interpretaciones que fueran adecuadas para sus propias tendencias11.
Flores Galindo no duda en reconocer que el oxígeno que la historia
requería para deshacerse de tales corsés vendría de fuera: John
Rowe, John Murra y Tom Zuidema, quienes «renovarían los
conocimientos sobre los incas y, en general, sobre el mundo andino»,
buscando lo específico de éste12.
Sin
embargo, lo que le interesa no son «los hechos» sino más bien las
motivaciones, o las «mentalidades» colectivas.
Los «hechos» sólo se explican por sus protagonistas,
particularmente aquellos anónimos. O, como él mismo lo afirma:
Nuestros
propósitos se inscriben dentro de la concepción de una «historia
total», que sin olvidar la historia política (de acontecimientos,
fechas y personajes) atienda a los fenómenos estructurales,, a los
grandes procesos de la economía y la sociedad, y no olvide el rol
que desempeñan las ideologías y las mentalidades colectivas»13.
La
historia es
una historia social, citando a Goubert y a Vilar, este último uno
de sus maestros predilectos, dice que el interés es «por ‘todos
los hombres’ y no solamente por aquellos que brillaron en su
nacimiento», y recalca
Todos
los hombres. A la historia tradicional sólo le interesan los hechos
individuales, únicos irrepetibles. A la nueva historia le interesan
todos los hechos. Los hechos por excelencia... son los hechos de
masas: «masas de hombres (demografía),
masas de bienes (economía), masas de pensamientos y creencias (fenómenos
de mentalidades, pesados y lentos, fenómenos de opinión, más
fugitivos)»14.
Pero
el término masas podría conducir a la equívoca concepción de un
conjunto de seres humanos anónimo y sin vida propia. Todo lo
contrario, la historia que Flores Galindo postula intenta atravesar
la vida de estos seres anónimos para darles un nombre en su relación
con la historia que ellos viven, para hacer un «descubrimiento de
lo cotidiano».
En
su iluminador trabajo sobre la historiografía peruana, deslinda con
las historias «biográficas», donde el historiador —Riva Agüero,
o Garcilaso, por ejemplo— se identifica con una de las vertientes
—hispanista o indigenista— confundiendo el pasado con su propia
imagen personal. Lo que hay que cambiar es la
mirada: es necesario Ǭ[r]omper
el espejo», dice Flores Galindo15.
Examinando
esas tendencias encasilladoras en la historiografía tradicional, no
duda en señalar dos excepciones notables: reconoce el valor que
para él y toda la generación de —los entonces— jóvenes
historiadores (Manuel Burga, Humberto Kapsoli, Heraclio Bonilla),
tuvieron Jorge Basadre y Pablo Macera, «historiadores mayores»16
quienes —dice— han recorrido «itinerarios particulares», pues
se han basado en la investigación, y en una visión de conjunto.
No
obstante, sería la obra de un antropólogo la que para él
constituiría el «fin de una forma de entender la historia peruana».
La sal de los cerros,
donde su autor, Stéfano Varese, «distingue con claridad entre la
historia de la parte del país a la que pertenece y la historia de
esos otros,
habitantes de
la Amazonía
», logrando así quebrar la visión binaria de la historia peruana,
y mostrar su imagen múltiple, compuesta por diversas tradiciones
culturales: «Lo marginal y radicalmente distinto... niega la obsesión
por el centro y la unidad»17.
No
hay, pues, casualidades en su epígrafe a Apogeo
y crisis de la república aristocrática:
«... no hay que buscar la verdad en ningún lugar que no sea todo.
Cada producto social y cada actitud, la más íntima, la más pública,
encarnan alusivamente esa verdad. Una anécdota refleja toda una época
lo mismo que una Constitución política. (Sartre)».
II. Metodologías
1.
La interrogación a la historia
Alberto
Flores Galindo solía decir que la tarea era «interrogar a la
historia», para lograr hacerla «desde el futuro». Ciertamente,
encontraremos en toda la obra de AFG el uso del verbo interrogar,
y también las interrogaciones. Su forma de hacer historia residía
en la complejidad de la formulación de las preguntas.
Y,
respecto al presente, no se trataba sólo una manera de interrogar
al pasado: «La lectura del pasado no puede ser ajena a los
conflictos y tensiones del presente», afirma en
la Introducción
a Apogeo
y crisis de la república aristocrática,
libro publicado en 1980, al inicio del gobierno aprista. El estudio
tradicional siempre había partido de los escritos de Mariátegui
o Haya. «Sugerimos un derrotero diferente —dice— que intenta
ubicar a apristas y socialistas en el interior de la época en que
surgieron y contra la cual terminarían enfrentándose» 18.
El libro comienza por 1895, con la derrota de Cáceres por las
montoneras pierolistas, y se cierra con el movimiento popular
originado por la revolución aprista de 1932. Mas no hay una línea
recta:
Hemos
optado, liberándonos de un excesivo apego a las fechas, por tratar
de referir y discutir algunos problemas centrales, teniendo presente
en cada una de las páginas, los problemas que estuvieron en debate
durante esos mismos años...: la persistencia en pleno siglo Xx de
la feudalidad andina como una pesada herencia colonial, la presencia
del capital mercantil como elemento organizador de un espacio en el
sur andino y el surgimiento del capitalismo agrario en los dinámicos
valles azucareros de la costa»19.
Así,
la historia de los hombres concretos se entendía sólo recorriendo
con ellos el mundo personal, económico y social que les tocó
vivir. El uso de las interrogaciones sintetiza su actitud: más
importante que las respuestas definitivas es la capacidad de
plantearse nuevos problemas.
2.
El diálogo con otras disciplinas
De
hecho, conforme su horizonte histórico se ensanchaba, se hacía más
fecundo el diálogo con otras disciplinas, no sólo aquellas
relacionadas como podrían ser
la Sociología
,
la Filosofía
y
la Antropología
, sino también con otras como el Psicoanálisis o
la Literatura. Los
logros de este diálogo pueden verse particularmente en Buscando
un Inca, y en su trabajo
inconcluso sobre José María Arguedas.
Manuel
Burga señala certeramente esta actitud abierta de AFG hacia otras
disciplinas, particularmente en el caso de la ecología, y no por
una razón menor:
...
así como antes influyeron en su trabajo Pablo Macera, Ruggiero
Romano, Robert Paris y José Aricó, su amistad con Juan Martínez
Alier en el año final de su vida fue decisiva para completar su
visión de la historia peruana: la historia social andina, al igual
que la ecológica, es la historia de un deterioro progresivo, donde
los intentos ciegos de modernización abortaron en resultados
contrarios a los que se esperaban. Los sistemas andinos los había
detectado ya a nivel de lo ideológico (utopía), lo económico
(comunidades supervivientes), política (movimientos campesinos), y
ahora de la ecología. La degradación parecía ser progresiva y
provenir esencialmente de esa complicada relación entre la tradición
andina (una forma de racionalidad) y la modernidad occidental
(expresada en múltiples maneras)20.
Finalmente,
en SUR, la institución que fundó en 1986, convocó, junto a
historiadores, sociólogos y antropólogos, a artistas de teatro y
críticos de arte, a físicos y matemáticos, y también a jóvenes
estudiantes de Literatura.
3.
Los métodos cuantitativos
La
cuantificación, la demografía, las computadoras, todo ello le
produce un sincero deslumbramiento y, de hecho, los utilizaría de
una forma importante en toda su obra, aunque señalando en todo
momento sus límites y la necesidad de articularlo a su
especificidad. En el prólogo al segundo volumen de
La
Historia
como ciencia social,
antología de textos para los estudiantes de Ciencias Sociales de
la Universidad Católica
, en 1975, dice que en el ámbito de
la Historia
hay «dos procedimientos que han llegado a tener un desarrollo casi
autónomo: la historia de los precios y la demografía histórica»21.
III. El
Perú
1.
El estudio regional
Aún
hasta hoy, no es fácil reconocerse peruano. Tenemos una vieja
tradición de autodesprecio o de fracaso adelantado sobre las
posibilidades de nuestro país. AFG acude a Basadre, para quien «el
Perú como nación no sólo sería... un problema a encarar sino
también una posibilidad que podía entreverse rastreando su pasado»,
lo que lo diferenció de muchos intelectuales de su generación,
para quienes el nombre del Perú era sinónimo de frustración
colectiva. Entre ellos, González Prada, que veía la historia de la
república como el «festín plutocrático del guano» que terminaría
en la derrota de
la Guerra
del Pacífico, o como Francisco García Calderón, cuyo pesimismo le
hacía decir que en el Perú «toda empresa parece de antemano
condenada al fracaso»22.
Había
una forma peculiar de entender el país, este país diverso y
desgarrado. Ya en su segundo libro, Arequipa
y el sur andino (1976),
estudia Arequipa desde una perspectiva regional, siguiendo el camino
trazado por Mariátegui, Castro Pozo y Romero, como lo señala la
introducción23.
No la región vista sólo respecto al centro, sino
también, y particularmente, las tensiones a su interior. La región
no se diferencia del país por «un tipo de relaciones sociales de
producción, sino más bien a partir de una articulación comercial
(flujos mercantiles y monetarios)»24.
No obstante, considera que Arequipa y el sur andino
no es un libro sino un ensayo destinado a la discusión. Saliendo
del ámbito académico esboza su otro norte: llegar a públicos
amplios, principalmente a los maestros:
Nos
interesaría poder llegar a un público más amplio, donde se
encuentren quienes estén comprometidos con la historia presente del
Perú, quienes la enseñan en los colegios y aquellos que recién se
inician en su conocimiento. Creemos que no basta con criticar a la
historia tradicional; es urgente proponer alternativas de
interpretación por más provisionales que ellas sean. Estamos
convencidos con Jean Chesneaux, de la necesidad colectiva del
conocimiento histórico, creemos
en la utilidad de la memoria para transformar el presente
y pensamos, por lo tanto, que los problemas que nos preocupan (nación,
el desarrollo desigual, el regionalismo) competen a un círculo
mayor que el de los especialistas: la historia y la discusión sobre
la historia o es asunto exclusivo de los historiadores25.
En
su artículo «Región y regionalismo», publicado en 1981
profundiza en la importancia de la región en la historia peruana,
tema que ya había comenzado a estudiar no sólo en Arequipa
y el sur andino (1977), sino
también en Apogeo
y crisis de la república aristocrática
(1980) y La
agonía de Mariátegui
(1981). No fue casual que todas las miradas regionales fueran hacia
el sur andino: centro político de poder y rebeliones, circuitos
comerciales en Arequipa, Cusco y Potosí, con rutas campesinas,
coloniales y republicanas. «[L]a región es una geografía modelada
por la historia pero a costa de conflictos y enfrentamientos», dice
Flores Galindo, observando empero el hecho de que «no ha sido
frecuente el encuentro con los campesinos y la cuestión regional».
¿Indigenismo o neo-indigenismo? Tal vez adivinando los epítetos
que tan fácilmente se lanzan en los medios académicos peruanos,
dice que esto no es razón para «convertir en... criterio de
verdad... el tener en cuenta la óptica campesina»26.
También
intentando ubicar las coordenadas precisas, ahora en el caso de
Lima, en 1989 cambia el título de Aristocracia
y plebe por La ciudad sumergida.
Ya hacía mucho tiempo que sabía que la aristocracia y también la
plebe tiene múltiples rostros, y que no hay entre ellos la clara
división escolar. Por eso estudia lo formal (comercio colonial,
aristocracia, esclavos, economías rurales), y lo informal
(pescadores artesanales, los mil rostros de la plebe, violencia
cotidiana)27.
Este libro, iluminador de los desgarros actuales de Lima, tuvo como
intención entender las causas de la longevidad colonial. No es
—en palabras de su autor— una historia urbana, ni tampoco una
historia política. Los personajes centrales de este libro son
entidades colectivas: grupos y posibles clases sociales.
2.
Tradición y modernidad
«¿Es
positivo que la humanidad y en particular para sociedades como la
nuestra, que las culturas tradicionales desaparezcan?...», fue una
pregunta que AFG se hizo durante los últimos años. Le gustaba
utilizar la frase mariateguiana de «la heterodoxia de la tradición».
Tradición y modernidad no sólo están en conflicto. También
pueden mirarse desde otras ópticas, como se vio en el diálogo
entre Marx y los populistas rusos, quienes creían que el progreso
no necesariamente tiene que pasar por caminos tan dolorosos.
«Sin adelantar una respuesta —se responde— considero que las
convicciones que se abrigaron al terminar los años 70 sobre la
irremediable disminución de los campesinos o la desaparición de
las culturas tradicionales, no parecen haber sido del todo
confirmadas», para concluir:
[...]
el proceso de avance de la modernización capitalista, de expansión
del mercado interno, ha sido frenado por la crisis económica que a
diferencia de la crisis del 30 afecta no sólo a la ciudad, sino al
campo. Una crisis que ya viene durando largo tiempo y que parece
constituir no sólo un fenómeno pasajero sino una verdadera quiebra
dentro de la estructura social y económica del Perú28.
Es
necesario redescubrir el mundo andino: «No se trata de «buscar un
Inca», sino de dominar los recuerdos, utilizando la carga pasional
de la utopía para formular un discurso nuevo: pensar la tradición
desde el futuro29.
3.
Mariátegui
Entonces
dirige su mirada a Mariátegui. Pero, ¿qué relación tiene el
siglo xvi con Mariátegui? Para AFG no es posible entender a Mariátegui
si no se tiene en cuenta que
[...]
entre Occidente y el mundo andino existe una desavenencia que se
remonta al siglo xvi. Así como Mariátegui considera que la
conquista fue un «corte» en la historia peruana como consecuencia
de la cual la cultura andina terminó refugiada en la comunidad y
los espacios rurales, esa misma época marcó el nacimiento del espíritu
de aventura y de la modernidad. Los diversos campos coexistieron...
no sólo en la sociedad; también en el alma de quienes supieron
observar tanto «la escena contemporánea, como «la realidad
nacional30.
Regresamos
entonces a la «historia total»: Al igual que Mariátegui, AFG
estaba en busca de sí mismo y de su país. Al igual que él,
asimismo, no hay separación entre vida y obra. Al describir estos
rasgos en Mariátegui, AFG tal vez no se daba cuenta de que, de
alguna forma, estaba hablando de sí mismo31.
4.
El mundo andino
El
énfasis de AFG en el estudio del mundo andino hizo que sin mucha
reflexión algunos lo consideraran «neo-indigenista», «romántico»,
y hasta «senderista». Pero él no quería reproducir el pasado, y
ciertamente sabía que el Perú ya no era un país agrario. Su interés
estaba en el futuro. «Lo andino» va mucho más allá de los
habitantes reales de la región andina del Perú, como puede
atisbarse en «los múltiples rostros de la plebe», su trabajo
sobre Lima, o como él lo señala explícitamente:
¿Qué
es lo andino? Antes que nada una antigua cultura que debería ser
pensada en términos similares a los que se utilizan con los
griegos, los egipcios o los chinos, pero para ello hace falta que
ese concepto por crear se desprenda de toda mitificación. La
historia ofrece un camino: buscar las vinculaciones entre las ideas,
los mitos, los sueños, los objetos y los hombres que los producen y
los consumen, viven y se exaltan con ellos32.
Es
decir, lo andino como cultura. Para Deborah Poole, es el único
historiador peruano que toma seriamente la cultura como fuerza histórica
y política33.
AFG no se limita al deslinde de clases, sino que aborda la ecología,
la expropiación a los campesinos, la desaparición de ordenamiento
comunitario.
Aquí
vale la pena observar, que él no se dirige a lo andino para hacer
historia, sino que la historia le sirve para entender lo andino.
Como en Buscando un Inca,
donde recorre las iglesias en busca de la mirada de los artistas indígenas
frente al mundo colonial. O cuando se introduce en los sueños de
Gabriel Aguilar, o las angustias de José María Arguedas.
Llama
a esto utopía
porque está en la imaginación
de los hombres del mundo andino: un largo proceso de idealización.
No sólo una reserva de esperanza, sino una comprensión y
racionalización del cataclismo social que fue la conquista. En la
utopía andina coexisten la esperanza en el progreso con la vuelta
al pasado.
Los
levantamientos tupacamaristas fueron uno de los temas que le
apasionaron. En su intento de entender las razones de la derrota de
la rebelión de Túpac Amaru, desecha los razonamientos «importados»
de Europa o de la ideología occidental para hurgar en «algunos
elementos que tienen que ver con la estructura social del mundo
andino...». Entonces se encontrará con los desgarros del Perú. El
milenarismo no sólo estuvo en la mente de los dominados: los
conquistadores también vinieron con fuertes componentes
milenaristas, originados en el prolongado dominio de los árabes.
Así,
el romper con la concepción binaria de la historia también tiene
su costo: hurgar en las divisiones, las rivalidades, las rupturas,
la autodestrucción:
[...]
esta terrible fragmentación heredada de los tiempos pre-hispánicos,
que hace que un componente en la historia del mundo andino sea la
lucha de la comunidad contra la hacienda, pero que otro, igualmente
importante, sean las luchas entre comunidades, muchas veces entre
familias dentro de las propias comunidades sin omitir luchas entre
grupos étnicos. Quizá llevados por una imagen romántica y alejada
del mundo andino, se ha prestado muy poca atención a este tipo de
conflictos»34.
Durante
los últimos años hemos sido testigos de esta dolorosa fragmentación.
Una fragmentación que a veces ayuda a la manipulación política y
económica. O a la utilización de las diferencias para sumar
fuerzas a la guerra sucia, donde se cometieron asesinatos en todos
los bandos.
5.
La utopía andina
¿Qué
es la utopía andina? Pese al cataclismo de
la Conquista
quedan en pie las subjetividades, las identidades, las tradiciones.
Nuevamente la heterodoxia para hacer la historia. En la introducción
a Buscando
un Inca dice que es
necesario
Buscar
las vinculaciones entre las ideas, los mitos, los sueños, los
objetos y los hombres que las producen y las consumen, viven y se
exaltan con ellos. Abandonar el territorio apacible de las ideas
desencarnadas para encontrarse con las luchas y los conflictos, con
los hombres en plural, con los grupos y clases sociales, con los
problemas del poder y la violencia en una sociedad35.
Justamente
por eso, dice no se trata de la
utopía andina, sino de utopías andinas, en
plural, así como de hombres
andinos en plural. No interesa a AFG establecer un modelo de hombre
andino, sino atravesar las individualidades para comprender mejor:
«Despejemos un malentendido: Aguilar o Arguedas no nos interesan
como supuestos intérpretes del indio sino por lo que ellos mismos
eran, evitando el falso problema de su representatividad»36.
¿Qué
es lo que da a una propuesta la «dimensión utópica» que AFG
reclamó en su carta póstuma a los amigos? Tal vez aquí está la
clave de toda su obra. La utopía es, en último término, una
propuesta ética:
[...]
no pensar los problemas sólo para describirlos, para ver únicamente
cuál es la tendencia inevitable a la que tenemos que acomodarnos,
sino pensar los problemas desde una óptica más bien valorativa...
preguntándonos por salidas que sean radicalmente diferentes...
[E]stos problemas no han sido suficientemente debatidos, a la
vez, desde abajo y el poder, sino que han sido pensados sólo como
problema para una localidad...y... requieren ser reflexionados no sólo
en su conjunto, sino también implicando un cuestionamiento de la
dominación37.
Pero
la subversión que AFG reclama no sólo implica «sobreponerse,
navegar contra la corriente», sino también, «construir una
identidad». ¿Cómo? «Buscando que sus sueños se encuentren con
la historia y que de esta manera la imaginación subvierta la
realidad». Ese también sería el sentido de su frase «dominar los
recuerdos».
La
verdad es que, si se lee con atención varios pasajes de nuestra
historia escrutados por la pluma de AFG, nos encontraremos con que
en cuanto a los desgarros básicos de nuestro ser como peruanos, es
muy poco lo que ha cambiado.
IV. Un
marxista peculiar
Desde
sus inicios, en Los
mineros de
la Cerro..
.,
en todos y cada uno de sus libros, y en sus diversas despedidas
reafirma su filiación marxista: «Sigo siendo marxista,
aunque ya no esté de moda» dirá en una de sus cartas de despedida38.
En
tiempos cuando el marxismo da su nombre a tantos grupos y capillas,
él renuncia a una doctrina cerrada. En Los
mineros de
la Cerro
, por ejemplo, se introduce
en el mundo minero de principios de siglo, en sus orígenes, su vida
cotidiana. Rompe con el «análisis de clase» —también
binario— que estaba en boga en ese entonces. ¿Heterodoxia?
Ciertamente. Pero explicitando su adhesión al marxismo:
Un
conjunto de hombres y no una serie de abstracciones son, pues, el
eje de nuestro trabajo. Esto no debe significar que vamos a caer en
un «descriptivismo», en el olvido de los procesos socioeconómicos
generales en el interior de los cuales los hechos humanos alcanzan
toda su inteligibilidad. Los hombres hacen la historia, es cierto,
pero la hacen en situaciones ya dadas, sobre realidades que
acontecen muchas veces a espaldas de sus deseos e incluso de sus
conocimientos39.
Manuel
Burga, con quien compartió una fecunda amistad personal y de ideas,
señala la forma peculiar como Flores Galindo asume el marxismo y
las ciencias sociales, dice que en Los
mineros de
la Cerro..
., además de «conceptos operativos
clásicos...: obreros, proletarios, acumulación, proletarización,
capitalismo e imperialismo», también hay «conceptos esenciales:
lucha de clases, explotación, elites de poder y poblaciones andinas»:
[...]
buscó todas las manifestaciones a diversos niveles: la expropiación
de los campesinos, la destrucción de la ecología local, la
descomposición de los ordenamientos comunitarios y la influencia
que estos acontecimientos produjeron en la cultura y memoria
colectiva de trabajadores mineros40.
¿Un
marxismo trasnochado? También en esto, AFG tendrá una posición
peculiar, sin dogmas ni adaptaciones. Un artículo de Pierre Vilar
le sirve para autoafirmar su afiliación marxista y, a la vez, dar
forma a su propia manera de hacer historia:
[...]
la historia marxista, la verdadera, [es] una Historia en perenne
replanteamiento, una Historia en proceso de construcción. Muy lejos
estamos aquí del dogmatismo. También alejados de esa escuela dogmática
que consiste en imaginar la investigación como la simple aplicación
de un marco teórico... [E]l problema del marxismo no es el problema
de un léxico... Su propósito definitivo es entender,
comprender, hacer inteligible su lógica interna: desmontar sus
mecanismos. Y esta tarea exige pensar toda la historia: es decir
todas las épocas... y también todos los tipos de historia, todos
los aspemos del fenómeno histórico, desde lo económico hasta lo
ideológico, desde lo cuantitativo hasta lo cualitativo. Para ello
no bastan los conceptos: el método exige tener el mayor andamiaje
empírico posible para poder distinguir entre lo pertinente y lo no
pertinente41.
Pero
no es en absoluto complaciente con la historia hecha por los
historiadores marxistas, ni en general, ni en el caso de los
historiadores marxistas peruanos en particular. Para entender la
peculiar imbricación entre su marxismo y su propia metodología,
vale la pena reproducir in
extenso las siguientes líneas:
[...]
al lado de la historia impuesta por las clases dominantes existieron
otras posibilidades y alternativas. El interés por los movimientos
campesinos... ha permitido descubrir en fechas más recientes la
existencia de esa constante del mundo andino que son las rebeliones
indígenas y la esperanza mesiánica. No obstante, la historiografía
marxista en el Perú, al lado de estos y otros aportes, ha mostrado
deficiencias igualmente notorias. La historia de los movimientos
sociales corre el riesgo de encallar en una retórica descripción
de acontecimientos, consecuencia de la sustitución de los
personajes de la historia tradicional por los héroes populares:
cambio de nombres, pero no de métodos y menos de contenidos. A su
vez la historia de las clases populares tiende a ser interpretada de
una manera mecánica: reacción o reflejo frente a la explotación,
dando lugar a ecuaciones tan simples como «a más explotación, más
rebeliones»42.
A modo de
conclusión: La tensión moral en la obra de AFG
Dice
Ruggiero Romano, el asesor de la tesis de doctorado de AFG que
siempre le reprochaba saltar de un tema a otro, pero que había un
aspecto en el cual temas aparentemente dispersos mantienen una
unidad: la tensión moral43.
Esta tensión trasunta en el autor y también en sus personajes.
Toma distancia de ellos, pero a la vez se sumerge en historias
personales que muestran al sujeto
de la historia: el ser humano concreto.
Pero no el protagonista de una biografía, sino la parte de un
colectivo, poniendo énfasis en sus sentimientos de pertenencia,
identidad, reivindicaciones, etcétera. Esta tensión se observa
particularmente en los personajes de Buscando un Inca y de La
agonía de Mariátegui.
No
se trata, en modo alguno, de una moral mojigata, sino de una pasión.
Una pasión por el Perú, una pasión por la verdad. Y para ello, no
vacila en ir «contra la corriente». No sólo en la vida académica,
sino en la amistad, en la apreciación de la política, en su
postura frente al poder. Cuando realiza la compilación para Tiempo
de Plagas (1988), titula a
uno de sus capítulos justamente «Contra la corriente», donde reúne
aquellos artículos que en una forma más clara ponen sobre el
tapete aspectos particularmente conflictivos de la vida peruana: el
nunca bien estudiado problema regional en «Región y regionalismo»,
el rol del progreso y modernización en los Andes, en «Las
sociedades andinas: pasado y futuro», el terror estatal en «Uchuraccay:
el psicoanálisis como metáfora» y «Pensando el horror», la
escisión entre jerarquía eclesiástica y religiosidad popular» en
«Antes y después del Papa», el trasfondo conservador de la
supuesta modernidad propuesta en El otro sendero. El capítulo
se cierra con «El socialismo a la vuelta de la esquina: caminar por
La Habana
», donde analiza su propia mirada a Cuba, mirada respetuosa y también
crítica, para terminar poniendo énfasis en las tradiciones históricas,
y formulando, a su modo, la visión antropocentrista del modernismo:
Los
modelos de sociedad no se trasplantan. Este es un terreno en el que
toda importación es un fracaso y donde la creatividad resulta
ineludible. ¿Romanticismo? Es cierto, pero este no es un término
necesariamente negativo. Convicciones como estas permiten esperar,
como lo diría el mismo Arguedas en un poema... que «el mundo será
el hombre, el hombre el mundo, todo a su medida»44.
[Trabajo
terminado a fines de 1999.]
* * *
Notas
1 Eduardo Cáceres: «Introducción» a Obras
Completas de Alberto Flores Galindo, tomo i, p. xv.
2 No obstante, habría que recordar que pidió a su familia
y sus amigos que si le hacían alguna ceremonia después de muerto,
fuera en
la Casona
de
la Universidad
de San Marcos. Hay que observar, de igual manera, que nunca enseñó
Historia en
la Universidad Católica
: sus propuestas desafiaban a los historiadores tradicionales que
dominan —y creo que siguen dominando— el Departamento de
Historia.
3 Alberto Flores Galindo: Los mineros de
la Cerro
de Pasco 1900-1930. Lima: Fondo Editorial de
la Universidad Católica
, 1974, p. 4. Incluido en sus Obras
Completas, vol. I, p. 16.
4 Alberto Flores Galindo: Obras Completas, vol. I, p. 19.
5 En sus «Apuntes sobre el estilo de Alberto Flores
Galindo», Antonio Melis repara en el rol central que tienen las
preguntas en todos los libros de Flores Galindo. Márgenes
No. 8, 1991, pp. 105-108.
6 Eduardo Cáceres: op. cit., p. xxxiii.
7 "Para una historia inteligente" reseña del
libro Historia del Perú.
Primero de Secundaria de Pablo Macera, El
Caballo Rojo, No 157, 15 de abril 1983, p. 15.
8 AFG: «Presentación a La
historia como ciencia social, I», p. 339.
9 AFG: «Clase y nación en el siglo XIX», tomo IV, p. 264.
10 Por lo demás, la fragilidad de esta concepción binaria
ha sido cuestionada abiertamente por, ejemplo, por Nelson Manrique
en Llegaron los sarracenos: el
imaginario colonial en la conquista de América, Desco,
1997.
11 No obstante, es necesario señalar que Flores Galindo se
proclamaba marxista, aunque al estilo de Mariátegui: «la ocasión
de pensar los problemas peruanos con categorías universales pero
sin perder la especificidad nacional» : «La imagen y el espejo: la
historiografía peruana 1910-1986», en Márgenes
No. 4, 1988, p. 62.
12 Ibíd., p.
63.
13 AFG: «Introducción» a Apogeo y crisis, OC, tomo I, p.
20.
14 AFG: Presentación a
La Historia
como ciencia social, II», vol. IV, pp. 435.
15 Ibíd., p.
78. Esta confusión entre la propia biografía y la historia del Perú
es un tema recurrente: en «Región y regionalismo» reprocha a «muchos...
intelectuales de izquierda» confundir su propia biografía con el
país que quieren transformar».
16 AFG: Presentación a
La Historia
como ciencia social, I», vol. IV, pp. 341-342.
17 Ibíd., p.
79.
18 AFG: «Introducción» a Apogeo y crisis, OC, tomo i, p.
17. Esta idea del luchador contra
su tiempo, que AFG toma de Nietzsche, volverá a ser planteada en la
introducción a La agonía de
Mariátegui, pp. 378 y 379.
19 AFG, «Introducción» a Apogeo y crisis, OC, tomo i , pp.
19-20.
20 Manuel Burga: «Alberto Flores Galindo: Historiador e
intelectual de nuestra generación», en Márgenes
No. 8, 1991, p. 83.
21 AFG: Presentación a
La Historia
como ciencia social, II», vol. IV, pp. 433.
22 AFG: «La terca apuesta por el sí», en Escritos IV,
p.105.
23 AFG: Introducción a Arequipa
y el sur andino, Obras Completas, tomo I, p. 239.
24 Ibíd., p.
241.
25 Ibíd., p.
242. El énfasis es mío.
26 AFG: «Región y regionalismo», pp. 142-144.
27 Burga, p. 84.
28 AFG: «Nuestras paradojas». Transcripción de una
conferencia, en Punto Crítico
No. 1, 1989.
29 Esta frase preferida de AFG podría tiene un parentesco
evidente con uno de los epígrafes que pone en su Apogeo y crisis: «Sin memoria, no hay estrategia; si no
conocemos el pasado, es imposible dominar el porvenir (Jorge Semprún)».
Obras completas, tomo II, p.11.
30 AFG: «Introducción» a La agonía de Mariátegui, vol.
II, p. 376.
31 AFG: «Introducción» a La agonía de Mariátegui, vol.
II, p. 377.
32 Introducción a Buscando
un Inca, p. 12.
33 Deborah Poole: «Fotografía, fantasía y modernidad», en
Márgenes No 8, 1991, p. 109.
34 AFG: «Las sociedades andinas. Pasado y futuro», vol. IV,
p. 148.
35 Introducción a Buscando
un Inca, p. 12.
36 Ibíd., pp.
12-13.
37 AFG: «Las sociedades andinas. Pasado y presente», tomo
IV, p. 152.
38 AFG: Carta a Maruja Martínez.
39 Los mineros...,
op. cit., p. 8.
40 Burga: p. 83.
41 AFG: «Pierre Vilar, el marxismo y la historia», tomo iv,
p. 249.
42 AFG: «Marxismo e historia en el Perú», tomo v, pp.
146-147.
43 Ruggiero Romano: «Buscando un Inca se encontró un gran
historiador», en Márgenes No. 8, pp. 96 y 94.
44 AFG: «El socialismo a la vuelta de la esquina, tomo IV,
p. 196.
Bibliografía
citada
Burga,
Manuel: «Alberto Flores Galindo: Historiador e intelectual de
nuestra generación», en Márgenes
No. 8, 1991.
Cáceres,
Eduardo: «Introducción» a Alberto Flores Galindo: Obras
completas, vol. i, pp.
xi-xxxvii.
Flores
Galindo, Alberto: «La imagen y el espejo: la historiografía
peruana 1910-1986», en Márgenes
No. 4.
Flores
Galindo, Alberto: Carta a Maruja Martínez., 1989.
Flores
Galindo, Alberto: Obras
Completas, vols. I (1993),
II (1995), IV (1996) y V (1997).
Manrique,
Nelson: Llegaron
los sarracenos: el imaginario colonial en la conquista de América,
Desco, 1997.
Melis,
Antonio: «Apuntes sobre el estilo de Alberto Flores Galindo, en
Márgenes
No. 8, 1991.
Poole,
Deborah: «Fotografía, fantasía y modernidad», en Márgenes
No 8, 1991.
Romano,
Ruggiero: «Buscando un Inca se encontró un gran historiador»,
en Márgenes
No. 8.
*
Maruja Martínez Castilla (1947-2000), luego
de publicar Entre el amor y la furia. Crónicas
y testimonio (SUR, Lima,
1997), su muy comentado libro de memorias, decidió volver a las
aulas universitarias luego de casi 30 años. En
la Universidad
de San Marcos, en 1999, escribió algunos ensayos para sus cursos
universitarios. Publicamos hoy, 16 de agosto, día del cumpleaños
de Maruja, un trabajo acerca del historiador Alberto Flores Galindo
(1949-1990), su mentor y amigo. Los recordamos a ambos, por su
amistad y por sus ideas, así como por su entrega permanente y
limpia.
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