Celebración de la Vida

 

 

 

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El plato fuerte que haría falta en la gastronomía peruana

Por Andrés Solari Vicente

El presente artículo es un acercamiento al tema de la unidad y disgregación de la gastronomía peruana, entendida como actividad económica que conforman chefs, cocineros y restauranteros.

Terminó con éxito la Feria turística-gastronómica “Perú, Mucho Gusto” (edición Cusco) y salta a la vista, entre diversas notas, la unión de los chefs, cocineros y restauranteros peruanos. Los mismos invitados han subrayado este aspecto, como el chef argentino Martín Baquero (El Comercio, 22/03). Dos días después un grupo de destacados chefs anunciaron la realización de una cena de recaudación de fondos para el equipamiento de los bomberos de Parral, en Chile. Antes, el 24 de febrero, organizaron una comida de apoyo a la reconstrucción de casas, cultivo y servicios en el Cusco.

No son estas acciones solidarias las que más llaman a la admiración sino el empuje de una concepción que puede señalarse claramente democrática por los nítidos rastros que va dejando su actuación, verdaderamente novedosa para el país. Porque los chefs y cocineros invitados en las ferias Mistura componen casi por completo todo el cuadro social y empresarial peruano. Es excepcional el proyecto de articulación de los productores agrarios con los restaurantes en la perspectiva de conseguir mejores condiciones para ambos y garantizar superiores calidades y mejor abasto. Difícil encontrar discriminaciones y exclusiones, como normalmente se hacen presentes en muchas de las actividades en el Perú.

Sorprende gratamente también la fortaleza de este espíritu no sólo democrático sino también unitario y solidario, que en contraste, repetimos, no se descubre fácilmente en otras ramas de la actividad empresarial peruana. Sin embargo, por el contrario, en el exterior pareciera que este espíritu unitario simplemente no existe o es todavía sumamente débil, aun en ciudades en donde la gastronomía peruana se estaría jugando un reconocimiento más general y decisivo, como en el revelador caso de los restaurantes peruanos en San Francisco, California.

San Francisco es una ciudad costera abierta a todas las influencias culturales y gastronómicas, muy similar a Lima en este punto, receptora de varias influencias migratorias (africana, china, japonesa, vietnamita, tailandesa, mexicana, española, italiana, francesa, sudamericana, árabe, etc.). Luce en sus calles esta misma diversidad en restaurantes, mezclas y estilos culturales. Lo que San Francisco ha sabido integrar en casi todos los niveles y actividades, Lima tan sólo empieza a hacerlo en la gastronomía (y quizás en parte, en la música).

La Mar es uno de los principales restaurantes insignia de la culinaria peruana en el mundo y tiene en San Francisco el mayor de sus desafíos, por estar ubicado en una plaza gastronómica prestigiada, altamente competida y por el costoso lugar donde se sitúa, el Muelle 1½ (con una buena vista a la bahía desde su andador-terraza de madera).

Observándolo de manera más amplia, en realidad no es sólo el mayor desafío para este restaurante sino, especialmente, para la toda la industria restaurantera basada en la gastronomía peruana en el exterior. Porque un fracaso de La Mar en San Francisco sería un duro golpe para todos los restaurantes de comida peruana de esta ciudad y en otras a nivel mundial. Así como La Mar de San Francisco reimpulsó  −hace año y medio−  el prestigio local de la gastronomía peruana, igualmente, un revés significaría una racha negativa sobre todos los demás restaurantes peruanos, porque lo que finalmente está en juego es una gastronomía nacional, percibida como totalidad.

Sin embargo, pareciera que esto mismo no se aprecia de igual forma cuando se ve obligado a cerrar un pequeño o mediano restaurante peruano en San Francisco. Porque se asume, equivocadamente, que no impactará sobre la gastronomía peruana de la ciudad. Pero este supuesto es peligrosamente erróneo, pues por el contrario, dado que la peruana es una gastronomía que está (recién) entrando y no una ya reconocida e instalada, lo que verdaderamente prevalecerá a nivel de los comensales es la percepción de que este nuevo tipo de comida no llegó a convencer. Será una imagen negativa sobre toda la gastronomía, o si se quiere decirlo así, sobre toda la “marca Perú”. Entendemos que el auge de una gastronomía se va construyendo a partir de miles de virtuosidades (y escasos desaciertos) de los restaurantes, huariques y carretillas que la representan en todas partes.

Veamos más de cerca. El restaurante La Mar de San Francisco no llegó en aguas calmas. Existían en la ciudad no menos de 15 restaurantes de comida peruana, ampliamente reconocidos, que se habían abierto paso desde hace más de 15 o 20 años, a partir de las primeras cebicherías. Destacan ahora los restaurantes: Fresca (con 3 locales), Mochica, Limón, Yunza, Pachamama, Rincón Peruano, Fina Estampa, Piqueo's, Barracuda, Mi lindo Perú, El Perol, Golden Inca, Destino, La Limeñita , Inka’s, por señalar los más conocidos.

Descartamos de esta relación a otra docena ubicados en localidades colindantes con San Francisco y a aquellos que se presentan como fusiones gastronómicas de la peruana con la italiana, mexicana, japonesa, china, etc. que son otros 15 restaurantes más. No consideramos tampoco a los cafés, grills, pastelerías con influencia peruana. Vale señalar el influjo de la gastronomía peruana en restaurantes de otros países (colombianos y bolivianos, por ejemplo) que ofrecen platillos peruanos en sus cartas, como “ají de gallina peruano”, “papa a la huancaína”, “ceviche peruano”, etc.

Así se fue conformando en San Francisco una amplia y consistente masa crítica de restaurantes, gastronomía y de chefs peruanos que pusieron lo mejor para abrir caminos y crear oleajes pioneros sobre la bahía. Desde fines de los años ‘80s hubo restaurantes peruanos que se ubicaron (y todavía están allí) muy cerca del principal mercado de pescados y mariscos de la ciudad. Años después se fueron instalando algunos chefs creativos y tenaces, como Carlos Altamirano, James Schenk, José Calvo Pérez, Martín Castillo, entre otros. A fines del 2008 se elevaría la marea con la apertura de La Mar y el renombre de Gastón Acurio.

Pero ¿hubiera sido posible esta apertura sin todos los oleajes y esfuerzos previos?  De la misma forma ¿esta corriente que se forjó durante dos décadas y media podía haber alcanzado la proyección que tiene ahora sin la presencia de La Mar ?  Las dos preguntas tienen respuestas necesariamente negativas.

Cuando La Mar abrió en San Francisco la gastronomía peruana ya tenía un buen sitial en los paladares locales. Incluso algunos de los restaurantes peruanos (Limón, Fresca y Piqueo’s) ostentaban distinciones otorgadas por la ciudad. Pocos tiempo después, en septiembre de 2009 la edición para San Francisco de la revista Where (para el turismo, con casi 2 millones de ejemplares mensuales) incluiría dentro de sus recomendaciones frecuentes a los restaurantes Fresca, Destino y La Mar , y luego lo haría también con Piqueo’s.

Estos prestigios han ido impregnando a los demás restaurantes peruanos. Si bien los restaurantes en San Francisco están estratificados según precios y barrios, sus divisiones no son abismales (como en nuestros países), y es entonces que los prestigios (o desprestigios) que ganan unos restaurantes de determinadas gastronomías nacionales, se transmiten más fácil y rápidamente sobre los demás del mismo tipo.

La edición Sagat.com para San Francisco (07/set/2007, que puede verse en el sitio de La Mar , lamarcebicheria.com), visualizaba los restaurantes peruanos en San Francisco como partes de una misma entidad gastronómica. Su titular “¿Será todavía la cebichería peruana La Mar lo más atractivo?” daba cuenta de ello comentando precisamente la excelencia que ya habían mostrado dos restaurantes peruanos existentes en la ciudad, Piqueo’s y Essencia.

Lo que sostenemos aquí es que no obstante estas evidentes percepciones que se tienen de la gastronomía peruana como una entidad unitaria, ella no llega a actuar en el exterior de la misma manera como se la percibe. Se la aprecia y entiende como una unidad pero actúa de manera disgregada. Aunque a nivel nacional haga precisamente todo lo contrario, actuando de manera articulada, unitaria y solidaria. He aquí una debilidad estratégica que creemos es importante, y cuya superación podría darle un nuevo y definitivo impulso de gran alcance.

El caso del restaurante Essencia (que se presentaba bajo el lema “Esencia de nuestra herencia peruana”) parece ser un ejemplo. Este restaurante se ubicaba a sólo 3 cuadras del City Hall, a 4 del centro cultural y administrativo de San Francisco y a 200 metros del Davies Symphony Hall. Es decir, era un restaurante ubicado en el mismo corazón de San Francisco.

Los comentarios que recibimos en la calle sobre Essenci, a bocajarro, fueron muy favorables: “Comida muy bien hecha y sana, una lástima que haya tenido que cerrar, pero pueden conseguir también buena comida peruana en Fresca, donde hay un cebiche excelente, o si no, en Limón, o en uno nuevo que han abierto en Embarcadero… [refiriéndose a La Mar ]”. Nótese que los comensales perciben claramente a los distintos restaurantes (peruanos en este caso) como partes de una misma identidad gastronómica.

Los comentarios que pueden verse sobre Essencia en el sitio sanfrancisco.citysearch.com brindan igualmente magníficas referencias (salvo excepción), sobre la calidad de la comida, la buena atención y lo innovativo. Por ejemplo:

“Es mi restaurante favorito. [...] Perfecto para la despedida de mi mejor amigo que viajó a París en 2001 para estudiar en la escuela de cocina Le Cordon Bleu: noche mágica y trascendente para el paladar [...]”

¿Cómo es que un restaurante peruano de esta calidad y reconocimiento se vio obligado a cerrar? Podemos ensayar algunos elementos explicativos en base a información tomada en el lugar:

a) Estaba ubicado en una zona de alquileres caros y muy competida (rodeado de por lo menos unos 10 buenos restaurantes, contra esquina de uno italiano, a una cuadra de otro tailandés, cerca del Paul K famoso por sus carnes, etc., la lista es larga);

b) Disponía de un espacio bastante pequeño (como se puede apreciar incluso en la foto) que significa pocas pequeñas mesas (8 o 9), que con precios moderados para enfrentar la competencia, inclusive teniendo todas las mesas llenas y una rotación normal de comensales, lo más probable es que no alcanzase a cubrir sus costos y,

c) Enfrentaron una situación crítica sin tener apoyos para mantenerse.

Pero una gastronomía que quiere continuar en auge a nivel global, parte de cuyo éxito actual se basa en su unidad de acción, en su visión social democrática e incluyente, así como en la colaboración a nivel nacional, ¿puede dejar cerrar, así nomás, a uno de sus mejores representantes en una plaza tan importante como es San Francisco? 

Para contestar esta pregunta hay que encarar el tema de fondo, es decir, si es que este esquema y cultura de colaboración, que se abre paso proverbialmente en el Perú en esta rama, será capaz de proyectarse al exterior con este mismo impulso básico que la ha hecho fuerte.

Tratamos aquí de llamar la atención sobre la necesidad de pasar a un nivel de mayor desarrollo de la rama, que podría darse a través del despliegue de estas capacidades y ventajas colaborativas en distintas plazas, empezando quizás por San Francisco. Esto requiere profundizar en algunas características y vencer ciertas limitaciones. 

 

Vista externa del restaurante Essencia

Vale hacer un alto, obligado para poner en perspectiva algunas experiencias y conceptos. Sin remontarnos hasta los distritos industriales ingleses, salvo excepciones y hasta la década de los años ‘80s, lo predominante en las diversas ramas de la economía, a nivel mundial, era orientarse y regirse por pautas de competencia abierta y casi irrestricta. Por la crisis económica mundial y dadas las necesidades de relanzar las economías, las pequeñas empresas se acercaron a diversas formas de colaboración entre ellas en ámbitos territoriales compartidos, con excelentes resultados. Sucedió también con la participación de empresas de mayor envergadura en conjunción con las pequeñas empresas, formando conglomerados territoriales (clústeres), cadenas productivas y otras modalidades que combinaban en distintas proporciones, a la vez, la competencia y la colaboración entre ellas. Normalmente establecían acuerdos de provisión de insumos o servicios pautados en calidad, cantidad y fechas de entrega, que garantizaban el abasto y las ventas, imprimiendo ciertos niveles de certidumbre dentro de situaciones altamente inciertas.

Por otro lado, estas empresas podían competir (y competían) entre ellas a cierto nivel, para estimular insumos de mayor calidad, por ejemplo, pero bajo acuerdos que les garantizaban un nivel básico de producción y abastecimiento seguro. De tal forma que las empresas podían avanzar en calidad, productividad y organizacionalmente, sin tener que eliminarse entre ellas, aunque obviamente las que más avanzaban podían ser mejor recompensadas. A tal punto se expandió este esquema que, desde fines de los años ‘90s, algunos autores empezaron a tratar teóricamente a la colaboración como a una de las ventajas competitivas más importantes que, inicialmente, incluso el mismo Michael Porter no había considerado.  

Este esquema de competir-y-colaborar en simultáneo tiene ya casi medio siglo con buenos resultados en distintos países (casi independientemente de qué tipo sean las políticas nacionales). Quizás el caso más conocido es de la colaboración de las grandes empresas japonesas con las medianas y pequeñas de las mismas ramas industriales, incluyendo aspectos productivos, financieros, comerciales y tecnológicos. El caso más prestigiado y paradigmático, es el de las micro, pequeñas y medianas empresas de la región de Emilia Romaña en Italia. Abundan ejemplos.

Digamos también, asimismo, que estos casos pueden tener componentes de identidad cultural y de identidad más específicamente local. Por ejemplo, es muy probable que si los problemas se le hubiesen presentado a empresas de libaneses, coreanos o judíos en Chicago o en el Distrito Federal en México, el apoyo de los demás empresarios (y no empresarios) con estas identidades culturales no habría tardado mucho. Igualmente, si pequeñas o medianas empresas de algunas localidades suecas, noruegas, italianas o suizas entraran en problemas, lo más probable es que recibirían la atención de la población y de las demás empresas locales, más aún si pertenecieran a alguna de las ramas emblemáticas de la localidad (como en el caso de ciertos quesos, vinos y artesanías, entre otros).

En esta perspectiva y para visualizar de manera más específica el problema y posibles alternativas, preguntémonos ¿qué podrían hacer los chefs y restauranteros peruanos en San Francisco? Entre muchas otras opciones, que tendrían que valorarse cuidadosamente, podríamos sugerir, a manera de ejemplo:

a) Encarar su posicionamiento y expansión considerando al mercado local y a la oferta gastronómica peruana como partes de una misma unidad que los integra, por tanto, especialmente susceptibles de ser mejoradas a través de una estrategia de conjunto y articulada;

b) Abastecerse conjuntamente de insumos básicos, a menores precios y de mayor calidad, incluyendo las importaciones que se hacen desde Perú, a veces incluso a micro escalas;

c) Disponer y manejar una bodega común, que bien podría asumir al mismo tiempo, y en un espacio contiguo, funciones de mercado abierto de especias, productos e insumos peruanos que albergara igualmente a pequeños huariques y pequeños puestos (del tipo vianderas);

d) Enfrentar de manera colaborativa las dificultades que puedan tener algunos restaurantes peruanos, apoyando a los que puedan eventualmente enfrentar algunos problemas;

e) Atender requerimientos de mayor volumen en base a la suma de sus capacidades productivas (sobre la base de normalizar ciertos platillos claves);

f) Desplegar un esquema local de especialización relativa y complementaria entre ellos (unos podrían inclinarse más hacia el lado de los platillos ligeros, otros hacia los frutos del mar, o bien con insumos orgánicos, etc.), sin dejar de brindar bases gastronómicas comunes e impulsar la creatividad, conocedores que una gran diversidad de platillos será siempre más difícil de manejar y representará un mayor riesgo;

g) Adoptar un plan de distribución espacial en la ciudad que contemple evadir la competencia cercana entre restaurantes del mismo tipo y abarcar más ampliamente las diversas zonas de la ciudad.

h) Formar una asociación de chefs, cocineros, restauranteros y amantes de la gastronomía peruana, que pueda servir para realizar mejores tratos, acuerdos y negociaciones frente a las instancias del gobierno local, para la organización de demostraciones itinerantes, ferias, paquetes turísticos en combinación con agencias locales, campañas de difusión que serían incosteables para los restaurantes individualmente, etc.

La gastronomía peruana es la nueva entrante que se abre paso exitosamente por sus novedosas preparaciones, sabores y componentes, pero también por un clima de décadas de relativo estancamiento e invariancia en otras gastronomías. No obstante, en la situación actual parecería que se va haciendo cada vez más difícil el ingreso de nuevas gastronomías, porque simultáneamente, se empieza a gestar un movimiento más general de redespliegue de las diversas culinarias a nivel mundial (tema para otro artículo), en donde, entre otras cosas, también las capacidades colaborativas se harán cada vez más decisivas. Las mejores posibilidades girarán, al lado de las calidades gastronómicas, en torno al establecimiento de esquemas de competencia sobre la base de acuerdos locales de colaboración estratégica, de lo contrario, las dificultades serán mucho mayores. El peor error será creer que las demás gastronomías están congeladas, que la nuestra es superior porque sí y que su diversidad es garantía espontánea de calidad perpetua. Errores que rondan abundantemente entre las mesas de cebiches, tiraditos, secos, patascas y tacachos.

Habría varios otros temas para tratar más adelante, como la transnacionalización de la rama y su asimilación a las localidades, las remuneraciones y la calidad de la gastronomía, lo nacional y lo civilizatorio en la gastronomía, el tema que nos coloca en la paradoja de ser un país de hambre con una gastronomía de excelencia, etc.

 

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