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LECCIONES
DE IZQUIERDA UNIDA PARA ANDAR LEJOS
Los problemas teóricos y
políticos que dispersaron a organizaciones y líderes socialistas
agrupados en IU hace más de dos décadas surgieron de la misma
transformación que la lucha de los pueblos y de los socialistas. Graves
errores en las ideas y en la acción política terminaron
con IU. Las consecuencias de la derrota del pueblo peruano y
latinoamericano que significó esto, se han hecho más y más visibles en la
geopolítica regional y mundial con el paso de los años.
Por eso, el
objetivo de refundar la República Pluricultural y Plurinacional, o de
realizar la Gran Transformación supone aprender de los errores para poder
apoyar la organización y movilización de todas las fuerzas renovadoras y
liberadoras del país. Como Nos+Otr@s/Ñuqanchik viene formulando,
autocríticamente, ideas e iniciativas para el mismo propósito,
reseñamos en este número un par de temas:
Mercado
y Socialismo
Recuperada la tierra, los
millones de productores agropecuarios, mayoritariamente indígenas salidos
de la servidumbre feudal, enfrentaron al problema del mercado nacional
inundado y controlado por la producción agropecuaria de las grandes
potencias y las transnacionales del comercio de alimentos. Las políticas
comerciales de la oligarquía interna, gracias a los precios subsidiados
de alimentos importados, logró anudar los intereses de los importadores
de alimentos a la necesidad de la mayoritaria población urbana de contar
con subsistencias baratas. Esa política comercial, así como el desprecio
oligárquico a la investigación científica y tecnológica, a la
recuperación de saberes originarios, a la educación productora
intercultural y la ausencia de un Estado Pluricultural y Plurinacional que
apoye esos procesos, condenaron al empobrecimiento a los productores
agropecuarios, sobre todo indígenas de costa, sierra y selva.
Los socialistas,
desoyendo a Mariátegui, copiamos y calcamos del socialismo europeo ideas
que hacen sinónimos mercado con capitalismo y con capitalismo
transnacional globalizado. De allí la sospecha hacia la acumulación de
riqueza en la producción mercantil de los productores agropecuarios
indígenas. O la suposición de que la formación de las clases del
sistema capitalista terminarían homogenizando y extirpando etnias y
culturas indígenas. Ideas como estas nos alejaron de actores sociales que
habían reconocido a Izquierda Unida como su representación política a
comienzos de los años 80.
Economicismo
violentista como estrategia de poder
Muchos autores reconocen
que IU fue víctima del accionar terrorista de Sendero Luminoso y del
MRTA. Es una verdad a medias. Los pueblos percibieron intuitivamente
algún tipo de complicidad en la negativa de la mayoría de fuerzas de IU
a llevar a cabo la lucha contra SL y el MRTA. La oligarquía aprovechó
muy bien esta abstención para presentar a los socialistas como hermanos
de los terroristas. La complicidad deriva de compartir el mismo modelo
teórico, economicismo violentista. Este modelo piensa que la realidad
social tiene dos espacios o partes, la determinante infraestructura
económica y la determinada superestructura, donde están dos subespacios,
el ideológico, cultural y educativo, por un lado, y, por otro, el
político, con los aparatos coercitivos del Estado. El cambio social se
gestaría en la base económica, pero no puede culminar en ese ámbito la
toma del poder político. Y como tampoco lo puede hacer el espacio
ideológico, cultural y educativo, solo queda un factor externo, las
armas. El determinismo económico conduce al militarismo. "El Poder
Nace del Fusil" o la teoría del foco guerrillero que difundieron los
revolucionarios cubanos en los 60s, reflejaron bien esta visión.
Según este modelo, la
estrategia para tomar el poder no supone una larga etapa de lucha
ideológica para la construcción de nuevos horizontes culturales, y la
formación de nuevos contingentes humanos y sus organizaciones.
Simplemente hay que construir aparatos coercitivos en el seno del pueblo
para enfrentar los del Estado opresor. Este debate se esbozó desde los
años 60, pero sin la profundidad y persistencia necesarias para producir
cambios decisivos entre los socialistas. El colonialismo mental no
permitió lecturas críticas para encontrar en el mismo Marx, argumentos
para su refutación y mucho menos continuar la elaboración de un enfoque
socialista autónomo, el indoamericano como propuso el Amauta.
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